Hildegarda de Bingen, líder de la liga de las mujeres extraordinarias
Si hiciéramos un casting de la mujer más completa de la Historia, Hildegarda de Bingen ganaría por goleada.
Si hubiera una Liga de las Mujeres Extraordinarias, Hildegarda de Bingen debería presidirla. Pero una vez más, la historia de las mujeres es la historia silenciada. Y poco tendría que envidiar a Leonardo da Vinci, pero este es popular y universalmente reconocido, mientras Hildegarda queda opacada.
No era fácil para una mujer destacar en la sociedad del siglo XII, pero Hildegarda de Bingen logró ser abadesa, mística, teóloga, científica, médica, música, escritora... y vivir 81 años plenos. Además, su fama de visionaria, legitimada por el Vaticano, le dio fama en toda Europa; hasta el punto de que emperadores como Federico Barbarroja, reyes y cargos de la Iglesia le consultaran sobre diversas cuestiones, por lo que también influyó en el mundo de la política y la diplomacia.
Sus padres eran muy creyentes y la entregaron a la Iglesia como un diezmo (por ser la menor de sus diez hijos) cuando ella tenía ocho años.
Este tipo de abandono sería impensable hoy en día, sin embargo, en aquella época era un símbolo de los tiempos (su nacimiento coincidió con la Primera Cruzada que llegó a Jerusalén en 1099) y parece que esto encajó con su ferviente disposición desde niña.
Allí aprendió latín, griego, liturgia, música, oración y ciencias naturales. A los 38 ya era la madre superiora, y compaginó la dirección del convento con la escritura de nueve libros sobre temas diversos. Como científica-médica trató los elementos de la naturaleza, el cuerpo humano y las causas de las enfermedades desde una perspectiva global que incluía conocimientos de botánica y biología. Fue pionera en el estudio del cuerpo femenino por separado del masculino, relacionando sus observaciones con las características de género. Además, se atrevió a describir el acto sexual como una unión que iba más allá de la procreación, y consideró la condición social y la educación de la mujer.
Sus días de abadesa
Hildegard avanzó rápidamente en las filas de la iglesia.
En 1136 fue elegida por unanimidad como magistra entre sus hermanas y compañeras y llegó tan lejos como para convencer a la iglesia de su época de que tomara una medida inusual y le permitiera fundar dos monasterios en 1150 y 1165.
Una mujer incansable
Destacó también en la música. Su original creación musical –la Sinfonía de las revelaciones celestiales, que ha sobrevivido en manuscrito– comprende 77 canciones y una ópera. Desde 1977, el grupo alemán Sequentia se dedica a interpretar su obra, que también interesó al movimiento New Age.
Hildegard escribió Physica, un texto sobre las ciencias naturales, así como el tratado médico Causae et Curae.
En ambos textos, describe el mundo natural y muestra un particular interés en las propiedades curativas de las plantas, los animales y las rocas.
Physica es una obra extensa de nueve volúmenes que se ocupa principalmente del uso medicinal de las plantas, los árboles, las piedras preciosas, los metales y los animales.
Por ejemplo, en una de las entradas, describe a las flores Cinquefoil como: “…. beneficiosas para la salud y útiles para combatir la fiebre causada por la mala alimentación.”
Los cinco volúmenes del Causae et Curae son esencialmente un tratado de medicina, mezcla de influencias griegas y cristianas.
Junto con algunos inverosímiles remedios (tales como sumergir a una perra en agua y usar este agua para humedecer la frente como una cura para la resaca) hay algunos que parecen bastante razonables.
Estos incluyen consejos rudimentarios sobre cómo mantener los dientes sanos y firmes o cómo enriquecer la dieta de las mujeres que sufrían amenorrea (ausencia de menstruación), algo habitual en la época debido la desnutrición.
Una nota interesante, se supone que por su condición de creyente ferviente, ella seria virgeny aún así fue una de las primeras personas en describir un orgasmo femenino.
Si, posiblemente sea una de las primeras virgas taringueras conocidas, pero vamos a suponer que le dio al FAP para poder llegar a semejante descripción.
Y menos mal que no fue conceptuada como bruja, porque desde niña, Hildegarda tuvo visiones –luces y figuras misteriosas en el cielo...– que la Iglesia atribuyó a la inspiración divina. La causa probablemente fuera neurológica, por las fuertes migrañas que sufría. (Esa parte, se las dejo para nuestros queridos taringueros paranormales).
Hildegarda murió en el monasterio de Rupertsberg, que había fundado ella misma cuando tenía 50 años y donde durante tres décadas desplegó una febril actividad más propia de una figura renacentista que de una monja del medievo.
Fue una mujer extraordinaria que merece ser recordada.
Si hiciéramos un casting de la mujer más completa de la Historia, Hildegarda de Bingen ganaría por goleada.
Si hubiera una Liga de las Mujeres Extraordinarias, Hildegarda de Bingen debería presidirla. Pero una vez más, la historia de las mujeres es la historia silenciada. Y poco tendría que envidiar a Leonardo da Vinci, pero este es popular y universalmente reconocido, mientras Hildegarda queda opacada.
No era fácil para una mujer destacar en la sociedad del siglo XII, pero Hildegarda de Bingen logró ser abadesa, mística, teóloga, científica, médica, música, escritora... y vivir 81 años plenos. Además, su fama de visionaria, legitimada por el Vaticano, le dio fama en toda Europa; hasta el punto de que emperadores como Federico Barbarroja, reyes y cargos de la Iglesia le consultaran sobre diversas cuestiones, por lo que también influyó en el mundo de la política y la diplomacia.
Sus padres eran muy creyentes y la entregaron a la Iglesia como un diezmo (por ser la menor de sus diez hijos) cuando ella tenía ocho años.
Este tipo de abandono sería impensable hoy en día, sin embargo, en aquella época era un símbolo de los tiempos (su nacimiento coincidió con la Primera Cruzada que llegó a Jerusalén en 1099) y parece que esto encajó con su ferviente disposición desde niña.
Allí aprendió latín, griego, liturgia, música, oración y ciencias naturales. A los 38 ya era la madre superiora, y compaginó la dirección del convento con la escritura de nueve libros sobre temas diversos. Como científica-médica trató los elementos de la naturaleza, el cuerpo humano y las causas de las enfermedades desde una perspectiva global que incluía conocimientos de botánica y biología. Fue pionera en el estudio del cuerpo femenino por separado del masculino, relacionando sus observaciones con las características de género. Además, se atrevió a describir el acto sexual como una unión que iba más allá de la procreación, y consideró la condición social y la educación de la mujer.
Sus días de abadesa
Hildegard avanzó rápidamente en las filas de la iglesia.
En 1136 fue elegida por unanimidad como magistra entre sus hermanas y compañeras y llegó tan lejos como para convencer a la iglesia de su época de que tomara una medida inusual y le permitiera fundar dos monasterios en 1150 y 1165.
Una mujer incansable
Destacó también en la música. Su original creación musical –la Sinfonía de las revelaciones celestiales, que ha sobrevivido en manuscrito– comprende 77 canciones y una ópera. Desde 1977, el grupo alemán Sequentia se dedica a interpretar su obra, que también interesó al movimiento New Age.
Hildegard escribió Physica, un texto sobre las ciencias naturales, así como el tratado médico Causae et Curae.
En ambos textos, describe el mundo natural y muestra un particular interés en las propiedades curativas de las plantas, los animales y las rocas.
Physica es una obra extensa de nueve volúmenes que se ocupa principalmente del uso medicinal de las plantas, los árboles, las piedras preciosas, los metales y los animales.
Por ejemplo, en una de las entradas, describe a las flores Cinquefoil como: “…. beneficiosas para la salud y útiles para combatir la fiebre causada por la mala alimentación.”
Los cinco volúmenes del Causae et Curae son esencialmente un tratado de medicina, mezcla de influencias griegas y cristianas.
Junto con algunos inverosímiles remedios (tales como sumergir a una perra en agua y usar este agua para humedecer la frente como una cura para la resaca) hay algunos que parecen bastante razonables.
Estos incluyen consejos rudimentarios sobre cómo mantener los dientes sanos y firmes o cómo enriquecer la dieta de las mujeres que sufrían amenorrea (ausencia de menstruación), algo habitual en la época debido la desnutrición.
Una nota interesante, se supone que por su condición de creyente ferviente, ella seria virgeny aún así fue una de las primeras personas en describir un orgasmo femenino.
Si, posiblemente sea una de las primeras virgas taringueras conocidas, pero vamos a suponer que le dio al FAP para poder llegar a semejante descripción.
Y menos mal que no fue conceptuada como bruja, porque desde niña, Hildegarda tuvo visiones –luces y figuras misteriosas en el cielo...– que la Iglesia atribuyó a la inspiración divina. La causa probablemente fuera neurológica, por las fuertes migrañas que sufría. (Esa parte, se las dejo para nuestros queridos taringueros paranormales).
Hildegarda murió en el monasterio de Rupertsberg, que había fundado ella misma cuando tenía 50 años y donde durante tres décadas desplegó una febril actividad más propia de una figura renacentista que de una monja del medievo.
Fue una mujer extraordinaria que merece ser recordada.