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La experiencia : tribunal preferencial ? ( Entrega primera )

¿PUEDE CONSIDERARSE A LA EXPERIENCIA COMO UN
TRIBUNAL NEUTRAL DE LA RACIONALIDAD EN NUESTRA CULTURA? ( Dr. San Bruno de la Cruz . Lisardo Fermín : dedicado a la ilustre memoria de mi madre sin cuyo constante estímulo mi pasión por la erudicción habría sido anegado por el ingrato oficio de la docencia ) .
Las sociedades post – industriales han confeccionado una auto – percepción de sí
mismas altamente desajustada. Entre el ámbito de las ciencias de la naturaleza y el ámbito de
las ciencias del espíritu se abre un gran hiato onto - gnoseológico infranqueable. Se respeta al
físico como a un “cuasi- dios” dominador de las técnicas altamente desarrolladas, y se
escruta con cierta desconfianza las labores prácticas del moralista o del político. Miramos a
nuestra comunidad desde la incómoda perplejidad que brota de la dicotomía drástica que,
artificiosamente, hemos elaborado a lo largo de los años en nuestra tradición socio – cultural.
Parece una cuestión de hecho, una praxis ejercitada comúnmente en los diálogos habituales,
el que las cuestiones meramente técnico – formales se decidan entre especialistas en
ingeniería, y los interrogantes de factura ideológica se encuentren en manos de los ideólogos,
los moralistas, los políticos. Esta situación de decidires bifrontes, esta “doble contabilidad”
, como dice Putnam, necesita ser revisada y criticada desde su propia génesis de constitución,
para alcanzar a comprender que es irreal, hasta cierto punto. Acusamos a la ética y a la
política de ser subjetivas porque sus afirmaciones o enunciados son imposibles de verificar,
pero; en cierta forma ,compartimos o participamos de ciertas adherencias ético – ideólogas;
esta es la aporía insoslayable.
Putnam ilustra este punto reconstruyendo el argumento utilitarista de Bentham en
el que se defendía la no – existencia de un juicio objetivo u objetivable que nos instara a
preferir racionalmente entre jugar un juego infantil y leer una obra de arte o escuchar música.
En última instancia, la preferencia entre un refresco de limón o uno de naranja es básicamente
semejante a preferir jugar al escondite antes que leer a Cervantes. Bentham expone que,
únicamente, el interés inter – subjetivo de nuestros pares culturales, gestado en la tradición,
de donar mayor valor al arte que a los juegos infantiles, puramente lúdicos, es sobre lo que se
edifica subjetivamente las preferencias comunitarias. En otras palabras, no hay objetividad
alguna entre una y otra preferencia, simplemente nos interesa más, a muchos, la poesía que
jugar a la comba; independientemente claro está, de que existen momentos para todo.
Para contestar a Bentham, Putnam muestra un ejemplo en el que la preferencia es
claramente aleatoria. Juan y Pedro llegan a una cafetería, y piden un refresco de limón y uno
- de naranja respectivamente. Esta elección subjetiva de refrescos podría interpretarse como
sigue: Existen dos sabores L (Limón) y N (Naranja) de los refrescos y existen dos
sensaciones gustativas de esos sabores gustar (G) y aborrecer (A), mediante un cálculo de
placeres y aborreceres utilitarios, cuando Pedro elige el refresco de naranja sucede,
experimenta N + G, y si hubiera elegido limón el resultado hubiera sido L + A, resultado no
deseado, y otro tanto experimenta Juan en su cálculo hedonista utilitario.
No obstante, este cálculo hedonista presupone ingenuamente una identidad de
sabores. El refresco de limón le gusta a Juan, su sabor no es el mismo para Pedro, quien lo
aborrece. Lo que sucede es que Pedro prefiere la cualidad del sabor de la naranja, el gusto
que “interiormente experimenta” llamésmole Np , en tanto Lp , la cualidad del limón para
Pedro, sería inherentemente desagradable. El léxico usado antes presupone una adicción N +
G, cuando es un todo integral fenomenológico que no puede ser disociado en términos
analíticos. En resumen, la preferencia de Pedro por el refresco de naranja la concebimos
como realmente subjetiva al igual que la de Juan, el interrogante que se nos plantea es, si
tratamos de desvirtuar la afirmación de Bentham `todos los juicios de valor son subjetivos´,
cuáles son las diferencias objetivas entre una preferencia por el limón y una preferencia por
el arte; siendo una subjetiva y la otra objetiva (justificable), según Putnam.
Podíamos preguntarnos si las parejas homosexuales, un tema candente en nuestra
tiempo, debendeben o no deben contar con idénticos derechos que las parejas heterosexuales
institucionalizadas. Putnam, insiste en el hecho de que brotará la discordia, pero cada parte
discordante argumenta, da razones, pretende justificar, dar corrección objetiva a su
posicionamiento. El desacuerdo en el espinoso tema aludido parece, en cierto modo,
justificar convicciones éticas, pero cuando Juan prefiere el limón a la naranja no se debe al
hecho de que existan preferencias mayoritarias por los refrescos de limón; esta elección es una
elección puramente subjetiva, una cuestión de gusto. Obviamente, la mentalidad y el carácter,
la idiosincrasia personal de los individuos en nada interviene en una preferencia propiamente
subjetiva. No asociamos la corrección, la objetividad, la bondad a elecciones como las de
Juan y Pedro. Los tribunales morales edifican sus juicios correlacionando preferencias con
caracteres idiosincrásicos; ahora bien, existen preferencias en sí mismas demasiado
relevantes como para asociarlas a una batería de caracteres temperamentales. No es una
_cuestión de gusto la preferencia que maximiza la utilidad en cálculo hedónico para el mayor
número en la contemplación de torturas a inocentes, por ejemplo. El juicio objetivamente
correcto sobre el particular es que es algo horrible, es un producto eminentemente espantoso.
Las valoraciones no se dan aisladamente, forman grupos de sentido holístico indicadores de
que esa batería de juicios de valor muestra correlaciones con caracteres de la personalidad; el
que Juan prefiera un refresco de limón, a parte de su intrascendencia axiológica, es
absolutamente irrelevante e independiente de su configuración de carácter e idiosincrasia.
Juan elige subjetiva, pero no aleatoriamente, el refresco de limón por la mejor y la más obvia
de las razones porque es el sabor que prefiere. En la elección por el limón juega la relatividad
preferencial en el elenco de posibles sabores, pero la máxima objetividad para Juan es, que
elige el sabor que más le gusta, y esto es lo objetivo de su preferencia subjetivo-relativa.
Para Putnam, tanto los relatos positivistas como los existencialistas creían que la
estructura cognitiva humana, la racionalidad, mostraba algo así como facticidades neutrales e
inocuas a la voluntad, y sobre esta presunta muestra neutral se efectuaba una preferenciatotalmente aleatoria de unos juicios de valor sobre otros. La razón no mueve la voluntad a
preferir, solo muestra hechos neutrales, habida cuenta de lo cual nos quedamos sin un móvil
en las elecciones. La conclusión es, pues, hacer gravitar los juicios de valores sobre
conceptos que rehuyen la naturalización como el `instinto ´, `la emoción´, `el placer ´, ese
peculiar tono hedónico a la Bentham. _
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