Este es un libro que habla sobre la vida de los Africanos, luego de los procesos de descolonización, que mas bien yo diría, "luego de que al hombre blanco algo ya no le sirve y se va". Mejor dicho por el autor:
He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he
vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las
figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a camiones encontrados por casualidad,
recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un
tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos.
De manera que éste no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con
ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un
planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por
comodidad, decimos «África». En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.
He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he
vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las
figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a camiones encontrados por casualidad,
recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un
tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos.
De manera que éste no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con
ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un
planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por
comodidad, decimos «África». En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.