Torres Gemelas: 11-S, enigma resuelto
¿Cómo es posible que un grupo de talibanes atentará en pleno centro del mayor imperio de la humanidad? ¿Por qué fallaron todos los servicios de seguridad?
El enigma está resuelto. Una abrumadora catarata de hechos demuestran que Washington permitió, conscientemente, los atentados contra las Torres Gemelas.
De Verdad plasmó, días después del 11-S, la hipótesis de que los atentados correspondían a un autoataque consentido, necesario para impulsar los proyectos de dominio mundial. Ahora muchos hechos y opiniones nos dan la razón.
Ese artículo, que reproducimos en estas páginas, ha sido utilizado como herramienta para desentrañar el carácter de la línea Bush por muchas organizaciones revolucionarias. Y para eso debe servir también ahora.
No conocíamos los perfiles de la trama, pero teníamos la memoria de lucha de los pueblos contra el imperialismo. Un bagaje que nos ha hecho conscientes de su carácter criminal.
Sabemos que detrás de cada crimen contra la humanidad han estado las ambiciones de las grandes potencias imperialistas. ¿Que cómo fueron capaces de permitir un atentado contra su propio pueblo? ¿Pero no han utilizado a su pueblo como carne de cañón en todas las guerras imperialistas? ¿Acaso no han sido capaces de asesinar a un presidente norteamericano si eso era necesario para sus proyectos militares? ¿Existe algún límite moral que no hayan pulverizado ya miles de veces?
Ahora sabemos con certeza que los cadáveres de las Torres Gemelas están escondidas en el mismo armario que las víctimas de Irak o Afganistán, Corea o Vietnam, Chile o Argentina... No son unilateralistas. No son militaristas. Son las esferas del infierno de Dante. Dispuestos a cualquier cosa para conseguir su índice de explotación. En Afganistán o en Nueva York, en Irak o en España.
Las pruebas...
El autoataque ya es denunciado por personalidades como Michael Maecher, ex ministro de medio ambiente de Tony Blair, representante del ala izquierda del laborismo que se ha opuesto con firmeza a la guerra de Irak.
Reproducimos un artículo suyo publicado en The Guardian y el Mundo, que confirma punto por punto lo que De Verdad afirmó en septiembre del 2001.
Maecher parte de noticias ya aparecidas en varios medios británicos y norteamericanos (Daily Telegraph, Newsweek, BBC). Fragmentadas son inquietantes, pero reunidas forman un cuadro coherente, que si se enlaza con los proyectos de expansión hegemonista gestados antes de los atentados, son, como afirma Maecher, «una explicación plausible de lo que realmente ha ocurrido antes, durante y después del 11 de septiembre».
En primer lugar, está claro que las autoridades norteamericanas hicieron poco o nada para impedir los hechos del 11 de septiembre.
(...) En agosto del 2001, dos expertos de alto rango del Mosad ponen en alerta a la CIA y al FBI de que una célula de 200 terroristas estaba preparando una operación de gran envergadura. En la lista que facilitaron se incluían los nombres de cuatro de los secuestradores de aviones del 11 de septiembre, ninguno de lo cuales fue detenido.
(...) En 1999, un informe del National Intelligence Council (Consejo Nacional de Información) de EEUU hacía notar que «los terroristas suicidas de Al Qaeda podrían estrellar un avión cargado con explosivos de gran potencia en el Pentágono, en la sede de la CIA o en la Casa Blanca».
(...) Se ha informado asimismo de que, en los años 90, cinco de los secuestradores recibieron instrucción en instalaciones militares de EEUU.
(Newsweek, 15 de septiembre del 2001).
El francomarroquí Zacarías Moussaoui, estudiante de Aeronáutica (del que se piensa que fue el vigésimo secuestrador) fue detenido en agosto del 2001 a raíz de que uno de sus instructores denunciara que mostraba un interés sospechoso en aprender a pilotar grandes aviones de pasajeros. Cuado los agentes norteamericanos se enteraron, informados por los servicios franceses de información, de que el susodicho mantenía lazos con islamistas radicales, solicitaron un mandamiento judicial para intervenir su ordenador, que contenía claves para la misión del 11 de septiembre. Sin embargo, recibieron una negativa del FBI. Uno de los agentes escribió, un mes antes del 11-S, que era posible que Moussaoui estuviera preparando estrellar un avión contra las Torres Gemelas (Newsweek, 20 de mayo de 2002).
(...) A finales de septiembre del año 2001, los jefes de los dos partidos paquistaníes negociaron la extradición de Bin Laden a Pakistán para que fuera procesado por los atentados del 11 de septiembre. Sin embargo, un miembro del Gobierno de EEUU dijo, cosa que tiene su miga, que «fijarse unos objetivos muy ambiciosos» podría dar lugar «a una relajación prematura de los esfuerzos a escala internacional si, por una de esas casualidades, Bin Laden caía atrapado».
(...) La prueba más clara consiste en que los planes de intervención militar contra Afganistán e Irak circulaban ya mucho antes del 11-S.
La BBC ha informado de que Niaz Niak, un exsecretario de Asuntos Exteriores de Pakistán, fue informado por altos cargos estadounidenses en una reunión en Berlín, a mediados de julio del 2001, de que «a mediados de octubre se llevaría adelante una operación militar contra Afganistán».
... del autoataque
«Con semejantes antecedentes, no resulta sorprendente que haya quienes han visto en la incapacidad de EEUU a la hora de prevenir los atentados del 11-S el montaje de un magnífico pretexto para atacar Afganistán con una guerra que, sin duda alguna, había sido cuidadosamente planificada con antelación. No faltan antecedentes.
Los archivos nacionales de EEUU han puesto de manifiesto que el presidente Roosevelt recurrió exactamente a esta argucia en relación con Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941. Se recibieron por adelantado noticias de los ataques, pero la información nunca legó a la flota estadounidense. La consiguiente indignación nacional convenció a la hasta entonces reticente opinión publica a entrar en la II Guerra Mundial
De manera semejante, el borrador del PNAC de septiembre del 2000 da por sentado que es probable que el proceso de transformación de EEUU en «la fuerza dominante del futuro» se prolongue durante mucho tiempo si no se produce «algún acontecimiento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbour». Los atentados del 11 de septiembre permitieron que EEUU apretara el botón de adelante en una estrategia que se corresponde exactamente con las prioridades del PNAC que, de no haber sido así, habría resultado imposible de llevar a la práctica».



















