Aprovechando
el post sobre Hiroshima
hilamos temas para hablar de una de las teorías más sugerentes sobre la II Guerra Mundial, los Estados Unidos lanzaron una tercera bomba atómica sobre Japón además de las de Hiroshima y Nagasaki.
Jim Smith era operador de radio de un B-29 durante la II Guerra Mundial, un vez finalizada, y ya como civil, realizó una investigación especulativa durante 20 años que le llevó a escribir el libro The Last Mission en el que aborda el tema de la tercera bomba atómica.
La historia nos dice que los americanos lanzarón la segunda bomba atómica el 9 de agosto de 1945 sobre la ciudad japonesa de Nagasaki, el Imperio del Japón firmaba la rendición incondicional el 15 de agosto, pues bien, según Smith, un día antes, el 14, se lanzó la tercera bomba atómica de la historia.
Aunque parezaca mentira, los japoneses, tras dos ataques nucleares, no estaban todavía dispuestos a rendirse y, a los americanos, les corría prisa la rendición de Japón, si el conflicto se prolongaba la URSS se inmiscuiría en el Pacífico, implantando la política de conquista que había llevado a cabo en Europa del este.
Los japoneses esgrimian como principal argumento para continuar la guerra las grandes reservas de petroleo que almacenaban en las islas, lo que proporcionaba a su flota una gran capacidad operativa, los americanos lo sabían, y en consecuencia fijarón el objetivo de una nueva bomba.
El blanco era la Refinería de Petróleo Japonesa en Tsuchizaki cerca de la ciudad de Akita que está situada a poco menos de 500 Kms de Tokio en la costa noroeste de Japón.
Esta era la última misión, encargada de terminar la destrucción de los depósitos de combustible y de capacidad de refinamiento de petroleo de Japón.
No se puede dudar, que la intención del comando americano era evitar la invasión del Imperio Japonés que hubiera costado millones de vidas en ambos bandos.
La última de las 15 misiones efectuadas entre el 25 de Junio de 1945 y el 14 de Agosto de 1945, se realizó con 134 aviones B-29 pertenecientes al 315 Ala de Bombardeo, estacionados en la isla de Guam -en las Marianas- con una dotación de 1300 hombres. Entre ellos se contaba la tripulación del "For The Luvva Mike" B-29 encargado de llevar la bomba atómica.
La refinería Tsuchizaki se encontraba tan distante de Guam -5984 Kms- que los mandos japoneses nunca pensaron que no podía ser blanco de los bombarderos. Los 143 bombarderos volaron la misión más larga de la guerra desde las bases en Guam.
A las 4pm del 14 de Agosto, la flota estaba en camino, los navegantes esforzándose al máximo para lograr ahorrar el combustible que los llevaría de regreso. Después de 8 horas en el aire, los aviones adquirieron el blanco por medio del radar. Ya era la media noche... y atacaron.
La rendición incondicional de Japón fue cuestión de los minutos que tardo el alto mando japones en enterarse del ataque.
Los Estados Unidos, que empezaban a ser conscientes de la mala imagen asociada al empleo anterior de las otras bombas, decidieron silenciar este bombardeo, para no tener que justificar un ataque así, minutos antes de la rendición japonesa.
La historia es creíble, y está bien argumentada, pero no olvideís que, por ahora, no es más que una leyenda.
Jim Smith era operador de radio de un B-29 durante la II Guerra Mundial, un vez finalizada, y ya como civil, realizó una investigación especulativa durante 20 años que le llevó a escribir el libro The Last Mission en el que aborda el tema de la tercera bomba atómica.
La historia nos dice que los americanos lanzarón la segunda bomba atómica el 9 de agosto de 1945 sobre la ciudad japonesa de Nagasaki, el Imperio del Japón firmaba la rendición incondicional el 15 de agosto, pues bien, según Smith, un día antes, el 14, se lanzó la tercera bomba atómica de la historia.
Aunque parezaca mentira, los japoneses, tras dos ataques nucleares, no estaban todavía dispuestos a rendirse y, a los americanos, les corría prisa la rendición de Japón, si el conflicto se prolongaba la URSS se inmiscuiría en el Pacífico, implantando la política de conquista que había llevado a cabo en Europa del este.
Los japoneses esgrimian como principal argumento para continuar la guerra las grandes reservas de petroleo que almacenaban en las islas, lo que proporcionaba a su flota una gran capacidad operativa, los americanos lo sabían, y en consecuencia fijarón el objetivo de una nueva bomba.
El blanco era la Refinería de Petróleo Japonesa en Tsuchizaki cerca de la ciudad de Akita que está situada a poco menos de 500 Kms de Tokio en la costa noroeste de Japón.
Esta era la última misión, encargada de terminar la destrucción de los depósitos de combustible y de capacidad de refinamiento de petroleo de Japón.
No se puede dudar, que la intención del comando americano era evitar la invasión del Imperio Japonés que hubiera costado millones de vidas en ambos bandos.
La última de las 15 misiones efectuadas entre el 25 de Junio de 1945 y el 14 de Agosto de 1945, se realizó con 134 aviones B-29 pertenecientes al 315 Ala de Bombardeo, estacionados en la isla de Guam -en las Marianas- con una dotación de 1300 hombres. Entre ellos se contaba la tripulación del "For The Luvva Mike" B-29 encargado de llevar la bomba atómica.
La refinería Tsuchizaki se encontraba tan distante de Guam -5984 Kms- que los mandos japoneses nunca pensaron que no podía ser blanco de los bombarderos. Los 143 bombarderos volaron la misión más larga de la guerra desde las bases en Guam.
A las 4pm del 14 de Agosto, la flota estaba en camino, los navegantes esforzándose al máximo para lograr ahorrar el combustible que los llevaría de regreso. Después de 8 horas en el aire, los aviones adquirieron el blanco por medio del radar. Ya era la media noche... y atacaron.
La rendición incondicional de Japón fue cuestión de los minutos que tardo el alto mando japones en enterarse del ataque.
Los Estados Unidos, que empezaban a ser conscientes de la mala imagen asociada al empleo anterior de las otras bombas, decidieron silenciar este bombardeo, para no tener que justificar un ataque así, minutos antes de la rendición japonesa.
La historia es creíble, y está bien argumentada, pero no olvideís que, por ahora, no es más que una leyenda.