Si sos argentino tal vez nunca te contaron que acá pasó esto.
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El bombardeo de la Plaza de Mayo.
El bombardeo de la Plaza de Mayo, también conocido como la Masacre de Plaza de Mayo, fue el bombardeo cometido el 16 de junio de 1955 en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). Ese día un grupo de militares y civiles opuestos al gobierno del presidente Juan Domingo Perón intentó asesinarlo y llevar adelante un golpe de estado y, si bien fracasaron en su propósito, durante el mismo varios escuadrones de aviones pertenecientes a la Aviación Naval, bombardearon y ametrallaron la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, ubicada a su vera, el edificio de la Confederación General del Trabajo y el edificio que en aquella época servía como residencia presidencial, causando la muerte de 308 personas y más de 700 heridos siendo, irónicamente, el bautismo de fuego de la Aviación Naval (contra su propia gente). Perón se había retirado al Ministerio de Guerra ubicado a 200 metros de la Casa Rosada por lo cual no estaba en ella al comenzar los ataques aéreos y el intento de asalto por fuerzas de tierra. La violencia, de una magnitud nunca vista anteriormente en Argentina, con la cual se ejecutó el hecho y el desprecio por la vida de las personas hace que se lo vincule con el terrorismo de Estado aparecido años después en el país. En febrero de 2008 el juez Claudio Bonadío, entendió que ese episodio no fue un genocidio, sino un intento de eliminación del entonces presidente, Juan Perón declarando que no fue un delito de "lesa humanidad", como solicitaba que se declare un planteo presentado.
Infografía proporcionada por @ausgeht por mp.

El Ataque.
En horas de la mañana del 16 de junio el vicealmirante Gargiulo arengó a sus hombres del Batallón de Infantería de Marina 4, quienes no estaban al corriente de la acción que se les pediría emprender, para que actuaran por la Patria y por su comandante, enviando luego a la tropa para que tomara la Casa Rosada. A los pocos minutos se les ordenó regresar: el despegue de los rebeldes de Punta Indio (estipulado para las 8 de la mañana) se había retrasado hasta las 10.45 por la niebla matinal, y el plan requería la coordinación con el ataque aéreo. La Flota de Mar tampoco pudo salir de Puerto Belgrano por falta de coordinación y por supuestos problemas técnicos en las calderas de sus buques.
Para el mediodía Perón fue notificado de estos extraños movimientos por el Ministro de Guerra, general Franklin Lucero, en el Ministerio de Guerra. Mientras se desarrollaba esta junta se produjo el ataque aéreo y el presidente se refugió en el Ministerio de Guerra y "se dispuso a sofocar la rebelión".

El Bombardeo.
A las 12.40, la escuadra de treinta y cuatro aviones de la Marina de Guerra argentina que había estado sobrevolando la ciudad desde hacia bastante tiempo (22 North American AT-6, 5 Beechcraft AT-11, 3 hidroaviones de patrulla y rescate Catalina), iniciaron sus bombardeos y ametrallamientos al área de la Plaza de Mayo.1
La sorpresa del ataque hizo que el mismo cayera sobre la población, que realizaba sus actividades normales debido a que era un día hábil. Entre las primeras víctimas se contaron los ocupantes de los vehículos de transporte público de pasajeros. Un trolebús repleto recibió una bomba de lleno, muriendo todos sus ocupantes.
Este ataque a la población civil de su propio país fue el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina (hubo un segundo bautismo el 1 de mayo de 1982, en la guerra de las Malvinas). Y también fue el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, que los repelieron. Se arrojaron 9500 kg de bombas, causando la muerte a 308 personas y heridas a más de 800.22 1 Como los confabulados no consiguieron bombas de alto poder explosivo emplearon contra la ciudad abierta bombas de fragmentación de 50 kg de trotil,23 provocando rápidamente cientos de víctimas y daños materiales.
Fue el cuarto bombardeo sobre Buenos Aires; el primero en ocasión de las invasiones Inglesas de 1806 y 1807, el segundo en ocasión del Combate de Los Pozos (1826) y el tercero cuando se produjo la Revolución del Parque (1890).
Las evacuaciones médicas se iniciaron de inmediato, algunas incluso entre los bombardeos aéreos y fueron realizadas por los habitantes que se encontraban en las inmediaciones. Esto provocó que algunos más cayeran heridos o muertos.

Combates en la urbe
Desde el interior de la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra comenzó a organizarse la resistencia armada. Las tropas rebeldes del Batallón 4 fueron transportadas presurosamente en camiones a primeras horas de la tarde y desplegadas en Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, pero fueron repelidos desde el interior por efectivos del Regimiento de Granaderos a Caballo y desde el exterior por tropas del Ejército que marchaban desde el sector del Ministerio de Hacienda bajo el mando del general Lucero. Las tropas leales fueron acompañadas por simpatizantes peronistas que empuñaron las armas.
Si bien Perón no deseaba que en la lucha se incluyeran civiles, estos fueron convocados por el Secretario General de la CGT Hugo Di Pietro, y por los dirigentes de la Alianza Libertadora Nacionalista. Los hombres se concentraron pronto en el sector noroeste de la plaza, y desde el Ministerio de Guerra también se hacía fuego contra los rebeldes.
El Batallón 4 se replegó en desorden hasta el Ministerio de Marina (a poca distancia de la Casa de Gobierno) combatiendo por las calles, quedando los rebeldes allí cercados junto con su líder Samuel Toranzo Calderón y el Ministro de Marina Aníbal Olivieri, plegado éste último al golpe por un acto de «identificación moral» con los rebeldes. Los comandos civiles rebeldes entraron en acción bajo el mando de Zavala Ortíz, hostigando a los leales y enfrentándose con la policía. Durante la tarde, desde el sector del Correo Central, tropas adicionales del Batallón 4 de infantería de Marina intentaron perforar el cerco establecido por los leales sobre el Ministerio de Marina.
Después de la primera hora de bombardeo los gremios empezaron a convocar a los obreros para organizar una Marcha de Resistencia a la Plaza de Mayo en defensa de Perón. Una bomba cayó sobre la convocatoria a las 13.30 y mató a Armando Fernández, de la Asociación de Trabajadores Jaboneros, Perfumistas y afines. Su cuerpo entró en la morgue de La Matanza horas más tarde.

La lucha en el aire
Mientras se acentuaban los tiroteos en el centro porteño, el mando leal ordenó a la Base Aérea Militar de la Fuerza Aérea en Morón el despegue de interceptores a reacción. Los pilotos se encontraban entonces en acaloradas discusiones sobre si debían adherirse o no al movimiento revolucionario. Rápidamente se hizo al aire una escuadrilla de cuatro Gloster Meteor leales al gobierno. Si bien no pudieron llegar a tiempo para impedir el bombardeo, lograron interceptar una escuadrilla naval rebelde que se retiraba de la zona. La escuadrilla de interceptores Meteor Leales estaba al mando del 1er. Tte. Juan García (volando el Meteor I-039), 1er. Tte. Mario Olezza (I-077), 1er. Tte. Osvaldo Rosito (I-090) y el Tte. Ernesto Adradas (I-063), frente a las máquinas rebeldes AT-6 Texan, pilotadas por el Tte. de Corbeta Máximo Rivero Kelly (en el Texan 0342/3-A-29) y el guardamarina Armando Román (0352/3-A-23). El combate se produce a baja altura sobre el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery y el Río de la Plata, cayendo el Texan del rebelde Román bajo los cañones de Adradas. Román pudo saltar en paracaídas cayendo al río y Adradas logró el primer derribo de la FAA y el primer derribo de un reactor en el continente americano.
Fue el verdadero primer bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, que volvería a actuar contra guerrilleros en Tucumán, en 1975, y en el Atlántico Sur, en 1982, contra las fuerzas británicas durante la Guerra de las Malvinas.
La Base Aérea de Morón caería entonces por poco tiempo en manos rebeldes, con lo que estos pudieron hacerse con 4 Meteors. Los hicieron despegar para continuar ametrallando la zona de Plaza de Mayo en apoyo a los rebeldes emplazados en la zona del Ministerio de Marina, extendiendo sus acciones hasta las 17.20. Al no contar con bombas uno de estos aviadores empleó su tanque de combustible como si fuese una bomba de napalm, que cayó sobre los automóviles que se encontraban en el estacionamiento de la Casa de Gobierno.

Retirada y rendición
Ante el fracaso del combate en tierra y tras sufrir dos derribos por las baterías antiaéreas montadas en la zona, los aviadores rebeldes reciben la orden de huir al territorio uruguayo, pidiendo asilo. Miguel Ángel Zavala Ortiz logró llegar en avión a Uruguay junto con otros 50 conspiradores. Algunos aparatos no llegaron a aterrizar en el territorio uruguayo por el excesivo consumo de combustible invertido en los ametrallamientos por lo que sus pilotos debieron descender forzosamente al Río de la Plata o en campos de la zona de Carmelo (Uruguay).
Treinta aviones rebeldes se dirigieron al aeropuerto de Carrasco, Uruguay, para buscar refugio en el vecino país. Iba con ellos Zavala Ortiz, y "en el camino bombardearon todo lo que se movía en la Plaza de Mayo". Hasta que la autodenominada Revolución Libertadora derrocara al segundo periodo del gobierno del general Perón los sediciosos fugados siguieron exiliados en territorio oriental.
Tras el duro combate terrestre, que incluyó un incidente de falsa rendición por parte de los rebeldes, éstos decidieron entregar el Ministerio de Marina a las unidades del Ejército. Gargiulo se suicidó en horas de la noche.
En un mensaje radial emitido a las 17.15, el General Perón afirmó que "la situación está totalmente dominada. El Ministerio de Marina, donde estaba el comando revolucionario, se ha entregado y está ocupado, y los culpables, detenidos", e instó a la población: "nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión".

Consecuencias.
La noche del 16 de junio, como represalia al bombardeo, simpatizantes peronistas en el conocimiento de la estrecha relación entre los sediciosos que provocaron el levantamiento y la cúpula eclesiástica, incendiaron la Curia Metropolitana, las catedrales de Santo Domingo y San Francisco, junto con otras ocho iglesias, sin que los policías y bomberos presentes hicieran nada por impedirlo. Según el informe entregado al gobierno, preparado por los servicios de informaciones, esa noche hubo tres grupos organizados de personas que partiendo del Ministerio de Salud Pública, del Servicio de Informaciones y del local del Partido Peronista se dirigieron separadamente a las iglesias atacadas. Este último grupo, integrado por unas 65 personas, fue el que inició el ataque a la Curia y la Catedral y habría estado bajo la responsabilidad del vicepresidente Tessaire. El grupo que salió del Ministerio de Salud Pública atacó las iglesias de Santo Domingo, San Ignacio, San Francisco y La Merced y el proveniente del Servicio de Informaciones se dirigió a San Nicolás y el Socorro.27
Si bien se decretó estado de sitio Perón intentó una política de reconciliación con los sectores opositores, abandonando su política de confrontación e intentando calmar mediante llamamientos por radio a la clase trabajadora.
El bombardeo es uno de los antecedentes directos del levantamiento cívico-militar que se produciría tres meses después, logrando deponer el 16 de septiembre al Presidente Perón e instaurándose la autodenominada Revolución Libertadora.
Si bien los cabecillas de la intentona temieron recibir la pena de muerte por «traición a la Patria», la pena más dura fue impuesta contra Toranzo Calderón (condenado a cadena perpetua). Los militares que se asilaron en Uruguay fueron dados de baja por el cargo de rebelión. Pero tras la «Revolución Libertadora» fueron reintegrados por los nuevos mandos.
El Batallón de Infantería de Marina 4 fue disuelto y la Marina de Guerra fue despojada de su poder de fuego (se les quitaron las municiones para sus cañones navales de grueso calibre) y militares involucrados o simpatizantes solicitaron la baja al jefe de la fuerza. El resto de los culpables no fueron juzgados.
Claras huellas de los impactos de bala producto de las acciones de los sediciosos se aprecian aún hoy en el revestimiento de granito de la fachada del Ministerio de Economía de la Nación, en el lado sur de la Plaza de Mayo.















Mientras el vuelo continuo de 28 bombarderos arrojaban casi 100 bombas en menos de tres horas de ataque. Estos aviones no sólo atacaron la Casa de Gobierno, sino que también lo hicieron con la CGT, el Ministerio de Guerra, el Departamento de policía, el ex Palacio Unzué, de Agüero y Libertador, hoy Biblioteca Nacional, y todas las calles de los alrededores (tratemos de imaginarnos si esto ocurriera hoy).
En esos aviones de la Marina, no sólo iban pilotos de esa fuerza. El Dr. Miguel Ángel Zavala Ortiz, quien después fuera Canciller de Illia, iba en uno de ellos.
Fue piloto de la partida criminal el capitán Osvaldo Cacciatore quien años más tarde se desempeñaría como Intendente de Buenos Aires en el gobierno de la dictadura militar.
Pero es de resaltar que La Convención de Ginebra condena expresamente los bombardeos aéreos sobre una ciudad abierta como Buenos Aires para el caso de guerras entre naciones, sin embargo no obstante lo que establece el tratado debemos decir que estos asesinos tuvieron una conducta doblemente reprochable: porque bombardearon a miles de inocentes y además intentaron derrocar a un gobierno elegido democráticamente por el casi 70% de la población.
Del resultado de semejante masacre no hay números de victimas confiables, pero lo más cercano a la realidad fueron 350 muertos y más de 1000 heridos, todos inocentes trabajadores. Y todo esto pasó un día cualquiera sin que nada anticipara semejante barbarie.

INFORME SOBRE LAS VÍCTIMAS DEL BOMBARDEO DE 1955.
La Plaza de Mayo tuvo 308 muertos, segun un informe oficial.
El Gobierno presentó los resultados de la investigación sobre el atentado contra el entonces presidente Juan Perón. Ubicó a Massera, Cacciatore y Suárez Mason como los responsables de la acción militar. La causa judicial sigue abierta.
por Martina Noailles. 17.06.2009
Tras cincuenta y cuatro años de silencio oficial, el Estado le puso número y nombre a los muertos del 16 de junio de 1955. Según pudo reconstruir una comisión creada por la Secretaría de Derechos Humanos, 308 personas fueron asesinadas bajo las bombas del frustrado golpe cívico militar contra el gobierno de Juan Perón. La investigación también puso el ojo sobre los culpables de aquella masacre que, aunque la Justicia ya la consideró delito de lesa humanidad, continúa impune. El juez Ariel Lijo está a cargo del caso.
En un sangriento anticipo de la dictadura de 1976, Eduardo Massera, Carlos Suárez Mason y Osvaldo Cacciatore conforman la extensa lista de militares responsables de la maniobra golpista.
Hace dos años, el Archivo Nacional de la Memoria decidió llenar de información un agujero negro de la historia argentina. Si bien la fecha quedó registrada en la memoria como el prólogo de un derrocamiento que finalmente se concretó tres meses después, la cantidad de hombres, mujeres y niños asesinados por toneladas de explosivos siempre fue una incógnita. En realidad, se trató de “una decisión política aunque equivocada”, como la definió el secretario Eduardo Luis Duhalde. Después de leer extractos del informe preliminar, el funcionario consideró que en pos de “no exacerbar los ánimos, el gobierno peronista no dio el número oficial de muertos y heridos, lo que le terminó quitando dimensión al genocidio perpetrado”.
Los datos que conforman el rompecabezas de la investigación fueron tomados de registros de cementerios y hospitales, actas de defunción, relevamiento de fuentes documentales, archivos periodísticos y entrevistas. También, de las búsquedas que en todos estos años hicieron las propias víctimas y familiares como Daniela Marino, nieta de uno de los asesinados. “Mi abuelo trabajaba en la Aduana y como ese día dieron asueto, estaba yendo a tomarse el subte para volver a casa. Una bomba lo mató en la entrada”, relata la joven que decidió continuar con la investigación que inició su papá y que llegó a la Justicia cuando solicitó, sin éxito, formar parte de las reparaciones del Estado a las víctimas de la última dictadura.
En la conferencia de prensa en la que se dio a conocer el informe, Duhalde leyó uno a uno los nombres de los 308 muertos. Sentado en primera fila, Francisco Robledo escuchó en silencio. Minutos después, cuando le dieron el micrófono, este granadero que aquel mediodía defendió como conscripto la Casa de Gobierno, dejó una reflexión: “Después del bombardeo los pilotos se fugaron a Uruguay. Los aviones tenían que entrar a aquel país vacíos de municiones. En lugar de tirar sus explosivos sobre el Río de la Plata, regresaron a Plaza de Mayo y volvieron a tirar sus bombas sobre la gente”.
El bombardeo del 16 de junio de 1955 regó la ciudad con más de diez toneladas de explosivos, la mitad de lo que utilizó la aviación alemana en el ataque a Guernica durante la Guerra Civil Española. El intento de golpe fue coordinado por oficiales y suboficiales de la Armada con el apoyo de un sector de la Aeronáutica. Su objetivo era matar a Perón. Los muertos fueron 308.

Los militares y civiles detrás de la masacre.
La investigación sobre el bombardeo del 16 de junio de 1955 no sólo echa luz sobre las víctimas. También hace hincapié en los militares y civiles que estuvieron detrás de la masacre. Muchos de ellos fueron partícipes de las distintas dictaduras que gobernaron el país años después. El informe subraya algunos ejemplos del continuismo golpista: “Los tres ayudantes del contraalmirante Aníbal Olivieri –uno de los jefes de la conspiración– eran los capitanes de fragata Eduardo Massera, Horacio Mayorga y Oscar Montes. El primero fue miembro de la junta militar de 1976; el segundo estuvo involucrado en la Masacre de Trelew y en la última dictadura, de la que Montes fue canciller”.
Los aviones que escaparon a Uruguay fueron recibidos, según la investigación, por el capitán Carlos Guillermo Suárez Mason, luego comandante del Primer Cuerpo de Ejército. Entre los pilotos también se repiten los nombres: Osvaldo Cacciatore (intendente porteño en la dictadura), Jorge Mones Ruiz (ex delegado de la SIDE en La Rioja) y Horacio Estrada (luego jefe de grupo de tareas de la ESMA).

Aquí otros testimonios fílmicos:
Una parte de "perón sinfonía del sentimiento" de Leonardo Favio:
La versión Gorila de los bombardeos.

Ojalá que nunca más vuelva a suceder algo así entre hermanos,
enfrentados por pensar diferente, movidos por la intolerancia.
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