¿PUEDE CONSIDERARSE A LA EXPERIENCIA COMO UN
TRIBUNAL NEUTRAL DE LA RACIONALIDAD EN NUESTRA CULTURA? ( Dr. San Bruno ) . _En segundo lugar, la verdad es consumida en amplios marcos de la comunidad
social.
En tercer lugar, la verdad se propaga bajo el poder político – económico en vigor
a través de sus instituciones, el control institucional de la propagación de la verdad es casi
exclusivo.
En cuarto lugar, sobre la verdad versan los debates políticos y las luchas sociales
en mayor o menor grado. Las luchas ideológicas no son extirpables, lo que Foucoult quiere
es una práctica tecno científica generada en un marco ideológico justo, la verdad no es
extirpable de los constructos de poder, la verdad es poder.
En quinto lugar, las luchas en torno a la verdad no son luchas por
descubrimientos o aceptaciones, sino tensiones sobre la batería de reglas a construir, batería
que permite demarcar la corrección ligada a efectos políticos de poder que pretenden
establecerse. La lucha no es si estamos o no en contra de la verdad, sino sobre cuál es su
estatuto y los roles económico-políticos que ha de desempeñar.
Fijémonos en el mundo medieval en el que la monarquía significaba la forma de
poder adecuada y natural. Esta creencia estaba incardinada y justificada dentro de un paquete
credencial en el que la institución eclesiástica con la constatación de su Dios contaban con un
papel medular. Argumenta Putnam que esta ideología pretérita para los historiadores
relativistas es bastante semejante, en su base irracional, a los fundamentos de las más firmes
creencias de nuestro mundo contemporáneo. Bajo un prisma internalista se trata de cercenar
estas falaces intuiciones relativistas de los historiadores y de los filósofos. Las posibles
justificaciones del derecho divino de los monarcas para gobernar fueron y serán siempre
pseudo – legitimaciones, no son adecuadas racionalmente; esta no validez en la justificación
de tal creencia la muestra – no racional tanto en su época como en la nuestra. Las creencias se
forman a partir de estructuras socio – políticas concreto – históricas y a partir de rasgos
psicológicos característicos de ese momento epocal: la confianza en un “cielo protector” que
se expresa a través de sus instituciones eclesiástico – políticas. Esta creencia se modela sobre
tales pseudo fundamentos, se genera como ideología. La cuestión es si nuestros cánones de
aceptabilidad racional están montados sobre bases ideológicas al igual que la creencia en el
gobierno absoluto de los reyes emanado de Dios y avalado por las instituciones eclesiásticas.
_Los “maestros de la sospecha” desvelaron un ingrediente irracional inconfesado
en nuestras baterías credenciales éticas, institucionalizadas o no. Los historiadores y filósofos
relativistas citan a estos pensadores para cimentar una concepción poco optimista del pulular
humano en su historia. En el intradós de una cúpula socio – cultural determinada puede
defenderse inteligente persuasiva o retóricamente ciertos presupuestos comúnmente aceptados,
pero este es un sesgo de lo que significa racionalidad sobre el que no se pueden fundamentar
ciertas creencias. Ha de postularse, como enfatiza Putnam, un concepto límite normativo –
ideal de racionalidad que sirva para criticar posturas que degradan la propia noción de
`racionalidad ´. Considerar la creencia del derecho divino de los reyes o la creencia de la
inferioridad psico – genética del sujeto femenino como creencias correctas, racionales o
adecuadas, significa convertirnos en ideólogos inconsistentes; y en algunos casos , seres
psicóticos . Parafraseando a Putnam: “ ... los cánones aceptados por una cultura o subcultura, ya
sea explícita o implícitamente, no pueden definir lo que es la razón, incluso dentro de un contexto,
porque presuponen la razón (razonabilidad) en su interpretación ... La razón es, en este sentido, al
mismo tiempo inmanente –no se puede encontrar fuera de los juegos lingüísticos e instituciones
concretas- y trascendente una idea regulativa que usamos para criticar la conducta de toda actividad e institución ´´. (2).
De acuerdo con Putnam, el “concepto límite de racionalidad” es olvidado por los
autores relativistas sacrificando el significado de tal concepto por un historicismo ideológico
en el que todas las baterías de idearios son observadas desde idéntica perspectiva. Los
teóricos relativistas han de pensar desde algún posicionamiento, no pueden relativizarlo todo.
Un pensador marxiano como Althusser, quizá el “último gran rojo de Occidente”, concibe
todas las ideologías como carentes de apoyaturas racionales, nacen amamantándose de
intereses específicos de clase. Ahora bien, lo peculiar en este marxiano es la demarcación
que establece entre una proposición científica demostrable formalmente y/o comprobable
empíricamente, a las que reconoce como racionales y susceptibles de soportar condiciones
veritativas; y las proposiciones filosóficas que son “tesis “ a las que no se pueden aplicar la
metodología físico – matemática, no son racionales, ni verdaderas o falsas, son dogmas
ideológicos anclados en otro ámbito de justificación: su mayor o menor bondad, su mayor o
menor grado de justicia. Consecuentemente, la ideología que surge del interés de la clase
trabajadora es más justa, mejor que la viciada ideología burguesa. Este ámbito relativista
_pretende eludir el juzgar las ideologías sobre patrones de aceptabilidad racional
considerándolas a todas como productos no – racionales. Con Putnam : “La idea es que aunque
toda ideología es adoptada por causas irracionales o no – racionales, algunas de estas ( las que
defiende los intereses de la clase trabajadora) son buenas, y producen buenas ideologías ( por
definición) , mientras que otras son malas y producen malas ideologías . En lugar de juzgar las
ideologías por sus razones ( - que son siempre racionalizadoras) hemos de juzgarlas por sus causas”
(3).
Lo relevante en la crítica de Putnam a los diversos enfoques relativistas es
mostrar su carácter auto - referencialmente inconsistente. En el caso que nos ocupa podría
preguntarse a Althusser cómo podría garantizar una mayor bondad o justicia en una sociedad
en la que imperasen los intereses de la clase trabajadora, si contesta que lo sabe por definición
su postura será contemplada desde la perplejidad. Las baterías credenciales han de ser
racionalmente justificables, no son irracionalidades, de lo contrario, solo brotaría la
incomprensión cuando se defiende pasionalmente que un programa político es más justo que
otro. Los pensadores de rasante relativista, culturalista o historicista declaran como locuras
inconscientes, deseos profundos, en fin irracionalidades auténticas a las ideologías. Más aún,
nuestro paquete credencial de “andar por casa” también parece encontrarse contaminado de
raíz por intereses no racionales. Nuestras creencias quedan confinadas y relativizadas a una
cultura empírico – concreta epocalmente determinada, los presupuestos que motivan nuestras
inclinaciones credenciales brotan de una ideología específica, de una ciénaga no – racional.
La crítica relativista trata de cercenar nuestra noción de `racionalidad ´ desde su propio
intradós teórico, trata de mostrar su incoherencia interna, y en este punto es donde se produce
un malestar generalizado para todos nosotros. Pero, una vez más, con Putnam: “Es verdad que
hablamos un lenguaje público, que heredamos interpretaciones, que hablar de verdad o falsedad solo
cobra sentido en el contexto de una tradición heredada ... pero también es verdad que rehacemos
nuestro lenguaje, que construimos nuevas versiones a partir de las antiguas, y, que tenemos que usar
la razón para hacerlo y, por decirlo todo, incluso para entender o aplicar las normas que no
cambiamos ni criticamos”. (4).
TRIBUNAL NEUTRAL DE LA RACIONALIDAD EN NUESTRA CULTURA? ( Dr. San Bruno ) . _En segundo lugar, la verdad es consumida en amplios marcos de la comunidad
social.
En tercer lugar, la verdad se propaga bajo el poder político – económico en vigor
a través de sus instituciones, el control institucional de la propagación de la verdad es casi
exclusivo.
En cuarto lugar, sobre la verdad versan los debates políticos y las luchas sociales
en mayor o menor grado. Las luchas ideológicas no son extirpables, lo que Foucoult quiere
es una práctica tecno científica generada en un marco ideológico justo, la verdad no es
extirpable de los constructos de poder, la verdad es poder.
En quinto lugar, las luchas en torno a la verdad no son luchas por
descubrimientos o aceptaciones, sino tensiones sobre la batería de reglas a construir, batería
que permite demarcar la corrección ligada a efectos políticos de poder que pretenden
establecerse. La lucha no es si estamos o no en contra de la verdad, sino sobre cuál es su
estatuto y los roles económico-políticos que ha de desempeñar.
Fijémonos en el mundo medieval en el que la monarquía significaba la forma de
poder adecuada y natural. Esta creencia estaba incardinada y justificada dentro de un paquete
credencial en el que la institución eclesiástica con la constatación de su Dios contaban con un
papel medular. Argumenta Putnam que esta ideología pretérita para los historiadores
relativistas es bastante semejante, en su base irracional, a los fundamentos de las más firmes
creencias de nuestro mundo contemporáneo. Bajo un prisma internalista se trata de cercenar
estas falaces intuiciones relativistas de los historiadores y de los filósofos. Las posibles
justificaciones del derecho divino de los monarcas para gobernar fueron y serán siempre
pseudo – legitimaciones, no son adecuadas racionalmente; esta no validez en la justificación
de tal creencia la muestra – no racional tanto en su época como en la nuestra. Las creencias se
forman a partir de estructuras socio – políticas concreto – históricas y a partir de rasgos
psicológicos característicos de ese momento epocal: la confianza en un “cielo protector” que
se expresa a través de sus instituciones eclesiástico – políticas. Esta creencia se modela sobre
tales pseudo fundamentos, se genera como ideología. La cuestión es si nuestros cánones de
aceptabilidad racional están montados sobre bases ideológicas al igual que la creencia en el
gobierno absoluto de los reyes emanado de Dios y avalado por las instituciones eclesiásticas.
_Los “maestros de la sospecha” desvelaron un ingrediente irracional inconfesado
en nuestras baterías credenciales éticas, institucionalizadas o no. Los historiadores y filósofos
relativistas citan a estos pensadores para cimentar una concepción poco optimista del pulular
humano en su historia. En el intradós de una cúpula socio – cultural determinada puede
defenderse inteligente persuasiva o retóricamente ciertos presupuestos comúnmente aceptados,
pero este es un sesgo de lo que significa racionalidad sobre el que no se pueden fundamentar
ciertas creencias. Ha de postularse, como enfatiza Putnam, un concepto límite normativo –
ideal de racionalidad que sirva para criticar posturas que degradan la propia noción de
`racionalidad ´. Considerar la creencia del derecho divino de los reyes o la creencia de la
inferioridad psico – genética del sujeto femenino como creencias correctas, racionales o
adecuadas, significa convertirnos en ideólogos inconsistentes; y en algunos casos , seres
psicóticos . Parafraseando a Putnam: “ ... los cánones aceptados por una cultura o subcultura, ya
sea explícita o implícitamente, no pueden definir lo que es la razón, incluso dentro de un contexto,
porque presuponen la razón (razonabilidad) en su interpretación ... La razón es, en este sentido, al
mismo tiempo inmanente –no se puede encontrar fuera de los juegos lingüísticos e instituciones
concretas- y trascendente una idea regulativa que usamos para criticar la conducta de toda actividad e institución ´´. (2).
De acuerdo con Putnam, el “concepto límite de racionalidad” es olvidado por los
autores relativistas sacrificando el significado de tal concepto por un historicismo ideológico
en el que todas las baterías de idearios son observadas desde idéntica perspectiva. Los
teóricos relativistas han de pensar desde algún posicionamiento, no pueden relativizarlo todo.
Un pensador marxiano como Althusser, quizá el “último gran rojo de Occidente”, concibe
todas las ideologías como carentes de apoyaturas racionales, nacen amamantándose de
intereses específicos de clase. Ahora bien, lo peculiar en este marxiano es la demarcación
que establece entre una proposición científica demostrable formalmente y/o comprobable
empíricamente, a las que reconoce como racionales y susceptibles de soportar condiciones
veritativas; y las proposiciones filosóficas que son “tesis “ a las que no se pueden aplicar la
metodología físico – matemática, no son racionales, ni verdaderas o falsas, son dogmas
ideológicos anclados en otro ámbito de justificación: su mayor o menor bondad, su mayor o
menor grado de justicia. Consecuentemente, la ideología que surge del interés de la clase
trabajadora es más justa, mejor que la viciada ideología burguesa. Este ámbito relativista
_pretende eludir el juzgar las ideologías sobre patrones de aceptabilidad racional
considerándolas a todas como productos no – racionales. Con Putnam : “La idea es que aunque
toda ideología es adoptada por causas irracionales o no – racionales, algunas de estas ( las que
defiende los intereses de la clase trabajadora) son buenas, y producen buenas ideologías ( por
definición) , mientras que otras son malas y producen malas ideologías . En lugar de juzgar las
ideologías por sus razones ( - que son siempre racionalizadoras) hemos de juzgarlas por sus causas”
(3).
Lo relevante en la crítica de Putnam a los diversos enfoques relativistas es
mostrar su carácter auto - referencialmente inconsistente. En el caso que nos ocupa podría
preguntarse a Althusser cómo podría garantizar una mayor bondad o justicia en una sociedad
en la que imperasen los intereses de la clase trabajadora, si contesta que lo sabe por definición
su postura será contemplada desde la perplejidad. Las baterías credenciales han de ser
racionalmente justificables, no son irracionalidades, de lo contrario, solo brotaría la
incomprensión cuando se defiende pasionalmente que un programa político es más justo que
otro. Los pensadores de rasante relativista, culturalista o historicista declaran como locuras
inconscientes, deseos profundos, en fin irracionalidades auténticas a las ideologías. Más aún,
nuestro paquete credencial de “andar por casa” también parece encontrarse contaminado de
raíz por intereses no racionales. Nuestras creencias quedan confinadas y relativizadas a una
cultura empírico – concreta epocalmente determinada, los presupuestos que motivan nuestras
inclinaciones credenciales brotan de una ideología específica, de una ciénaga no – racional.
La crítica relativista trata de cercenar nuestra noción de `racionalidad ´ desde su propio
intradós teórico, trata de mostrar su incoherencia interna, y en este punto es donde se produce
un malestar generalizado para todos nosotros. Pero, una vez más, con Putnam: “Es verdad que
hablamos un lenguaje público, que heredamos interpretaciones, que hablar de verdad o falsedad solo
cobra sentido en el contexto de una tradición heredada ... pero también es verdad que rehacemos
nuestro lenguaje, que construimos nuevas versiones a partir de las antiguas, y, que tenemos que usar
la razón para hacerlo y, por decirlo todo, incluso para entender o aplicar las normas que no
cambiamos ni criticamos”. (4).