Querido lector, quiero agradecerte que hayas elegido este post, con el que espero que no solo disfrutes, sino que te aventures en el principio de una experiencia única, como jamás antes hayas disfrutado. Para mí, ‘’Survival World’’ es mi forma personal de homenajear a todas aquellas historias que me han influenciado a lo largo de la vida y referentes del género ‘’Survival horror’’. Al igual que para mí escribir es un placer, espero que también lo sea leer esta historia para ustedes. La cual su principal objetivo es ese, entretener. (Disculpen el post tan soso estéticamente, no soy bueno con el arte visual en imagenes para la creación de banners o separadores, pero quién pudiera colaborarme para continuar con los post agradecería eternamente su apoyo.)
THOMAS
El camino era poco más de treinta kilómetros al norte, por un lado era bueno, había poco tráfico de infectados que pocas veces les representarían problemas. Por esa carretera la marea de autos era más densa y era lo que ralentizaba más su marcha haciéndolos avanzar a duras penas. El camino era sinuoso como una serpiente, trazaba curvas y más curvas, se enredaba con otras carreteras secundarias hacia más zonas rurales y en ocasiones parecían perdidos. Thomas lo detestaba a muerte, el terreno no era duro, las colinas eran ondulados y los campos sembrados se intercalaban con densas zonas de prado, bosquecillos y valles surcados por arroyuelos de aguas tranquilas, aunque contaminadas, bordeando sus sauces. Pero pese a todo, el camino era tan retorcido que tenían que avanzar a paso tortuga.
El motor del auto crujía cada vez que aceleraban o ponían un cambio. Tenían que detenerse una docena de veces, para revisar el motor y dejarlo enfriar durante largos periodos de tiempo. En cierta ocasión en medio de un bosquecillo de robles, se toparon de frente con tres infectados que venían desde ambos extremos, uno por la izquierda, dos por la derecha. Para ser sinceros eran pocos para el estado actual de las zonas rurales, Thomas quién iba de copiloto se bajó del vehículo, acompañado de uno más de los de su grupo de tres personas, el tercero tomó su rifle de caza y preparó un disparo, pero fue Thomas quién ordenó que no disparara, podría haber atraído a más.
Thomas no podía contenerse, avanzó hacia la pareja de infectados con un cuchillo militar en su diestra, con su pie izquierdo embistió a uno de ellos justo en su abdomen, haciéndolo retroceder, no tardó en reincorporarse y clavarle el cuchillo en el frágil cráneo del infectado que había quedado más cerca, acto seguido el siguiente regresó por sus propios medios hambriento de sangre, tenía las costillas dislocadas y atravesaban su caja torácica, la herida pareció llamar la atención de Thomas, pese a que fuese normal ver ese tipo de cosas todos los días no terminaban de sorprenderlo. No tardó más segundos, cuando la distancia era demasiado corta realizó una misma estocada con el cuchillo, estratégicamente en su sien, el infectado se desplomó en el pavimento soltando un quejido.
Volvió su cabeza para mirar atrás, siempre temiendo que su compañero estuviese bien, parecía forcejear con el infectado pero pronto también lo desplomó como lo habría hecho antes Thomas.
—Todo bien Danny?—Colocó el cuchillo en su correa improvisada entre sus ropajes a la vez que reparó con su mirada a Danny de forma discreta, buscando rastros de una posible mordida, aunque en vano.
— ¿Desde cuándo uno solo ha representado una amenaza?—Soltó una pequeña risa, para romper el hielo y ambos volvieron al auto.
El vehículo por fin había calentado nuevamente el motor y luego de un sonido un tanto estrepitoso volvió a encender, Danny conducía y Thomas no tardó en tomar nuevamente el mapa que yacía en la guantera observándolo con cierta calma, reflexionando que lugar sería el próximo en explorar.
Cuando llegaron a un punto en que dos pares de carreteras se cruzaban, giraron hacia el oeste. En aquella zona, los campos cultivados dejaban paso a los bosques; los pueblos y los restos de civilización eran más pequeños y distantes; las colinas más altas y los valles, más profundos. Cada vez les costaba más encontrar un lugar para recolectar provisiones y alimentos. En la comunidad, Edward, quién iba atrás, había cargado las mochilas con atún enlatado, frijoles en salazón, pan duro, cebollas y pedazos de queso amarillo que lo hacían ellos mismos allí, pero llevaban dos días fuera, ya se lo habían comido casi todo. Se veían obligados a vivir de lo que encontraban entre los autos abandonados en la carretera. Esa noche decidieron detenerse en el ocaso, y acamparon en un claro en medio de árboles altos, Thomas, quien era buen cazador al caer la noche regresó con un hato de perdices colgado de su cinturón. Danny era el que mejor trepaba y también el más rápido, prefería hacer guardia durante las noches y dormir en los arboles luego de una cena en la que se reunían todos tres para hablar sobre sus próximas estrategias y sus antiguas vidas antes de que todo esto comenzara.
—Sí que cazas bien Thomas. —Dijo Edward— Thomas el mataperdices.—Rió
Al pasar por un pequeño poblado al día siguiente unos infectados los rodearon cerca de un maizal, se echaron en medio del auto y sus huesos quedaron atrancados en las llantas, Edward está vez se encargó para no sentirse tan inútil, mientras Thomas miraba el mapa y Danny lustraba el filo de su cuchillo.
—Estamos cerca a las rutas por dónde pasó el grupo de William…—Edward volvió al auto, diciendo esto en voz alta para que los tres lo escucharan.
—Nosotros si volveremos —Thomas alzó su voz, replicando a lo que decía Edward.
Aprovecharon el maizal. Aquella noche asaron mazorcas ensartadas en palos y se las comieron a mordiscos. A Thomas le supieron de maravilla, pero a Edward estaba tan cansado que no quiso comer. Parecía como si sobre él pendiera una nube, tan negra y desastrada como sus ropajes. Recorría el terreno haciendo guardia a zancadas, inquieto sin dejar de murmurar entre sus dientes.
Al día siguiente, Thomas salió más temprano, incluso antes del amanecer, volvió luego de algunas horas, corriendo desde entre los árboles, para avisarle a los otros dos que había visto un campamento.
—Son siete o diez hombres —dijo— con machetes y pocas armas de fuego. Todos están muertos, y uno parece moribundo por lo que grita. Hacía tanto ruido que he podido acercarme bastante. Tienen mochilas y armamento, tiene una herida en su pierna. Su campamento huele a entrañas en descomposición; deben llevar ahí bastante tiempo.
—¿Has visto a alguien más?
—No, solo un zorro salvaje rondando los cadáveres.
—No hay registros o rastros de grupos por esta zona, no sé quiénes podrían ser—Reconoció Danny, quién conocía el terreno— Puede que los haya asaltado otro grupo, podemos ayudar al hombre o asaltarle lo que haya y partir. Será mejor dar un pequeño rodeo.
Tuvieron que apartarse varias leguas de su camino principal, y perdieron algunas horas del día, pero Thomas mencionó que no era un precio demasiado caro. El viento soplaba y el clima era bastante húmedo, no tardaron en rodear el lugar los tres juntos, el griterío del hombre habría atraído un infectado, quién ahora se lo estaba devorando en el suelo, habían llegado tarde. Los tres avanzaron entre los árboles, Danny sacó su cuchillo preparándose para eliminar al infectado, Edward el rifle de caza y a su misma vez Thomas al compás, desenfundó su glock 17.
El sol se estaba poniendo por el este, y los arboles proyectaban largas sombras oscuras. Thomas se acercó a uno de los cadáveres y le tomó el bolso, por suerte había unas latas de espárragos, también de aceitunas, era un botín bastante interesante. Un ruido repentino hizo que Thomas hiciera un ademán de apuntar hacia los árboles, pero solo era una rama que el viento sacudía. Tras viajar por los espacios cerrados, la estrechez de los arboles le ponía los nervios de punta. Por un momento se quedó en silencio, tomó la mochila y la colgó en su hombro inclinándose hacia abajo, una ventisca sopló y entonces escuchó un grito ahogado, giró su cabeza hacia la derecha y observó cómo un destello luminoso de metal era posado en la cabeza de Danny, volvió a girar su cabeza repentinamente con sus ojos abiertos como platos para observar como una silueta golpeó a Edward por detrás y antes de que reaccionara lo suficientemente rápido sintió el frío gélido del metal posarse en su nuca y su cuerpo no respondió más, algunas gotas de sudor cayeron desde su frente, para luego escuchar una voz burlona y ronca que irrumpió el silencio.
—Hola… ¿Cómo te llamas pequeño?
En caso de que les guste pulsar el botón seguir y recomendar, es fácil ! Subiré capítulos diarios si veo el apoyo necesario a ésta misma hora.
Gracias por leer, cualquier opinión o crítica constructiva pueden comentarlo, estaré ansioso por ver sus comentarios, espero también su apoyo ya que esto me incentiva a poder continuar con el proyecto y sacar más capítulos, recomienden el post, así más gente lo verá. Saludos y buenas noches.
Para entender muchísimo mejor la historia les recomiendo leer los otros episodios.
THOMAS
El camino era poco más de treinta kilómetros al norte, por un lado era bueno, había poco tráfico de infectados que pocas veces les representarían problemas. Por esa carretera la marea de autos era más densa y era lo que ralentizaba más su marcha haciéndolos avanzar a duras penas. El camino era sinuoso como una serpiente, trazaba curvas y más curvas, se enredaba con otras carreteras secundarias hacia más zonas rurales y en ocasiones parecían perdidos. Thomas lo detestaba a muerte, el terreno no era duro, las colinas eran ondulados y los campos sembrados se intercalaban con densas zonas de prado, bosquecillos y valles surcados por arroyuelos de aguas tranquilas, aunque contaminadas, bordeando sus sauces. Pero pese a todo, el camino era tan retorcido que tenían que avanzar a paso tortuga.
El motor del auto crujía cada vez que aceleraban o ponían un cambio. Tenían que detenerse una docena de veces, para revisar el motor y dejarlo enfriar durante largos periodos de tiempo. En cierta ocasión en medio de un bosquecillo de robles, se toparon de frente con tres infectados que venían desde ambos extremos, uno por la izquierda, dos por la derecha. Para ser sinceros eran pocos para el estado actual de las zonas rurales, Thomas quién iba de copiloto se bajó del vehículo, acompañado de uno más de los de su grupo de tres personas, el tercero tomó su rifle de caza y preparó un disparo, pero fue Thomas quién ordenó que no disparara, podría haber atraído a más.
Thomas no podía contenerse, avanzó hacia la pareja de infectados con un cuchillo militar en su diestra, con su pie izquierdo embistió a uno de ellos justo en su abdomen, haciéndolo retroceder, no tardó en reincorporarse y clavarle el cuchillo en el frágil cráneo del infectado que había quedado más cerca, acto seguido el siguiente regresó por sus propios medios hambriento de sangre, tenía las costillas dislocadas y atravesaban su caja torácica, la herida pareció llamar la atención de Thomas, pese a que fuese normal ver ese tipo de cosas todos los días no terminaban de sorprenderlo. No tardó más segundos, cuando la distancia era demasiado corta realizó una misma estocada con el cuchillo, estratégicamente en su sien, el infectado se desplomó en el pavimento soltando un quejido.
Volvió su cabeza para mirar atrás, siempre temiendo que su compañero estuviese bien, parecía forcejear con el infectado pero pronto también lo desplomó como lo habría hecho antes Thomas.
—Todo bien Danny?—Colocó el cuchillo en su correa improvisada entre sus ropajes a la vez que reparó con su mirada a Danny de forma discreta, buscando rastros de una posible mordida, aunque en vano.
— ¿Desde cuándo uno solo ha representado una amenaza?—Soltó una pequeña risa, para romper el hielo y ambos volvieron al auto.
El vehículo por fin había calentado nuevamente el motor y luego de un sonido un tanto estrepitoso volvió a encender, Danny conducía y Thomas no tardó en tomar nuevamente el mapa que yacía en la guantera observándolo con cierta calma, reflexionando que lugar sería el próximo en explorar.
Cuando llegaron a un punto en que dos pares de carreteras se cruzaban, giraron hacia el oeste. En aquella zona, los campos cultivados dejaban paso a los bosques; los pueblos y los restos de civilización eran más pequeños y distantes; las colinas más altas y los valles, más profundos. Cada vez les costaba más encontrar un lugar para recolectar provisiones y alimentos. En la comunidad, Edward, quién iba atrás, había cargado las mochilas con atún enlatado, frijoles en salazón, pan duro, cebollas y pedazos de queso amarillo que lo hacían ellos mismos allí, pero llevaban dos días fuera, ya se lo habían comido casi todo. Se veían obligados a vivir de lo que encontraban entre los autos abandonados en la carretera. Esa noche decidieron detenerse en el ocaso, y acamparon en un claro en medio de árboles altos, Thomas, quien era buen cazador al caer la noche regresó con un hato de perdices colgado de su cinturón. Danny era el que mejor trepaba y también el más rápido, prefería hacer guardia durante las noches y dormir en los arboles luego de una cena en la que se reunían todos tres para hablar sobre sus próximas estrategias y sus antiguas vidas antes de que todo esto comenzara.
—Sí que cazas bien Thomas. —Dijo Edward— Thomas el mataperdices.—Rió
Al pasar por un pequeño poblado al día siguiente unos infectados los rodearon cerca de un maizal, se echaron en medio del auto y sus huesos quedaron atrancados en las llantas, Edward está vez se encargó para no sentirse tan inútil, mientras Thomas miraba el mapa y Danny lustraba el filo de su cuchillo.
—Estamos cerca a las rutas por dónde pasó el grupo de William…—Edward volvió al auto, diciendo esto en voz alta para que los tres lo escucharan.
—Nosotros si volveremos —Thomas alzó su voz, replicando a lo que decía Edward.
Aprovecharon el maizal. Aquella noche asaron mazorcas ensartadas en palos y se las comieron a mordiscos. A Thomas le supieron de maravilla, pero a Edward estaba tan cansado que no quiso comer. Parecía como si sobre él pendiera una nube, tan negra y desastrada como sus ropajes. Recorría el terreno haciendo guardia a zancadas, inquieto sin dejar de murmurar entre sus dientes.
Al día siguiente, Thomas salió más temprano, incluso antes del amanecer, volvió luego de algunas horas, corriendo desde entre los árboles, para avisarle a los otros dos que había visto un campamento.
—Son siete o diez hombres —dijo— con machetes y pocas armas de fuego. Todos están muertos, y uno parece moribundo por lo que grita. Hacía tanto ruido que he podido acercarme bastante. Tienen mochilas y armamento, tiene una herida en su pierna. Su campamento huele a entrañas en descomposición; deben llevar ahí bastante tiempo.
—¿Has visto a alguien más?
—No, solo un zorro salvaje rondando los cadáveres.
—No hay registros o rastros de grupos por esta zona, no sé quiénes podrían ser—Reconoció Danny, quién conocía el terreno— Puede que los haya asaltado otro grupo, podemos ayudar al hombre o asaltarle lo que haya y partir. Será mejor dar un pequeño rodeo.
Tuvieron que apartarse varias leguas de su camino principal, y perdieron algunas horas del día, pero Thomas mencionó que no era un precio demasiado caro. El viento soplaba y el clima era bastante húmedo, no tardaron en rodear el lugar los tres juntos, el griterío del hombre habría atraído un infectado, quién ahora se lo estaba devorando en el suelo, habían llegado tarde. Los tres avanzaron entre los árboles, Danny sacó su cuchillo preparándose para eliminar al infectado, Edward el rifle de caza y a su misma vez Thomas al compás, desenfundó su glock 17.
El sol se estaba poniendo por el este, y los arboles proyectaban largas sombras oscuras. Thomas se acercó a uno de los cadáveres y le tomó el bolso, por suerte había unas latas de espárragos, también de aceitunas, era un botín bastante interesante. Un ruido repentino hizo que Thomas hiciera un ademán de apuntar hacia los árboles, pero solo era una rama que el viento sacudía. Tras viajar por los espacios cerrados, la estrechez de los arboles le ponía los nervios de punta. Por un momento se quedó en silencio, tomó la mochila y la colgó en su hombro inclinándose hacia abajo, una ventisca sopló y entonces escuchó un grito ahogado, giró su cabeza hacia la derecha y observó cómo un destello luminoso de metal era posado en la cabeza de Danny, volvió a girar su cabeza repentinamente con sus ojos abiertos como platos para observar como una silueta golpeó a Edward por detrás y antes de que reaccionara lo suficientemente rápido sintió el frío gélido del metal posarse en su nuca y su cuerpo no respondió más, algunas gotas de sudor cayeron desde su frente, para luego escuchar una voz burlona y ronca que irrumpió el silencio.
—Hola… ¿Cómo te llamas pequeño?
En caso de que les guste pulsar el botón seguir y recomendar, es fácil ! Subiré capítulos diarios si veo el apoyo necesario a ésta misma hora.
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