Historias poco conocidas de grandes Heroes de Malvinas
El soldado que mato al Ingles de mayor rango en Malvinas.
Oscar Ledesma, fue uno de los héroes argentinos que luchó en Malvinas. Con sólo 18 años y una escasa preparación militar participó en la batalla de Pradera del Ganso, en el Puerto de Darwin.
Oscar, el segundo desde la izquierda, en el juramento previo al combate en Malvinas.
“En Malvinas nuestra misión era defender el istmo de Darwin, un punto estratégico de la isla Soledad. El que tomara esa posición podría avanzar hacia cualquier lugar. Los ingleses sabían esto y por eso lanzaron un ataque devastador que se libró en la Pradera del Ganso o Goose Green según el bando y esa fue la primera lucha terrestre en Malvinas” narra.
“El combate fue muy duro, ellos nos superaban en todos los aspectos y lanzaron una ofensiva sorpresa. El primer ataque duró entre 4 y 6 horas, pero para mí fue eterno, siento que aún estoy ahí y veo a mis compañeros muriendo alrededor mío” grafica. Contado por Ledesma el relato suena estremecedor. “Yo estaba a cargo de la única ametralladora Mag que estaba en funcionamiento ya que las otras no servían. En pleno combate se me trabó el arma y con el fuego enemigo zumbándonos los oídos tuvimos que repararlo, fue terrible. Pensé que era el fin, pero pudimos arreglarla a pesar de la balacera y volvimos a defendernos” agrega.
MAG con Trípode
“El coronel Herbert Jones fue uno de los que comandó el ataque, aún no entiendo porque estaba al frente de ese avance, supongo que nos creyó muertos. Cuando lo vi venir le disparé una ráfaga de disparos que alcanzaron a herirlo. Aún así intentó tomar una granada pero con una segunda ráfaga de disparos acabé con su vida”, cuenta emocionado.
Herbert Jones por esa acción, Jones recibió la Cruz Victoria, la máxima distinción para un soldado británico. Algunos historiadores aseguran que sus acciones cambiaron el curso de la batalla.
“Tengo la deuda de decirle a la viuda de Jones, que su marido murió como un héroe, combatiendo hasta el último suspiro. Tuvo una audacia sobrenatural. Nunca fue para mí un trofeo y siento que nunca lo odié a él ni a ningún soldado inglés. Era una guerra que no era nuestra”
Los tiempos posteriores a la guerra no fueron fáciles. “La sociedad nos ignoró por un tiempo. El mayor reconocimiento nos lo dieron los soldados ingleses.
Tom: El perro Artillero
Relato del Cabo Omar Liborio: "El camión me esperaba afuera, junto a mis soldados y los equipos. Tomé un gran manojo de camperas y me dirigí a la carrera, pero se me cruzó un perro de la base que habíamos criado desde cachorro y me hizo caer. Me levanté maldiciendo, tomé otra vez las camperas y retomé mi camino, pero a los pocos metros, el perro me hizo caer otra vez. De la bronca, lo tomé y le dije: "Estás jodiendo. Entonces, venís con nosotros a Malvinas", y lo subí al camión.
Al ver el perro, el soldado Cepeda me preguntó asombrado: ‘¿Y eso mi Cabo Primero, cómo se llama el perro?'
Entre risas le contesté: "Desde hoy se llama Tom, porque vamos al Teatro de Operaciones Malvinas" Al poco tiempo se transformó en el ser más mimado y querido entre todos, pero debíamos ocultarlo de los superiores. Por eso, en las inspecciones siempre estaba dentro de algún bolso, campera o saco de donde sólo salía su hocico para respirar.
Luego de unos días de espera en Santa Cruz, partimos en un Hércules hacia las islas Malvinas transportando a nuestro personal, dos cañones Sofma, un Unimog y, desde luego, a Tom, que para esa altura ya era otro soldado movilizado del Grupo de Artillería 101.
En Malvinas Tom se comportó como un bravo artillero. Cuando tirábamos con la máxima cadencia de fuego hacia los británicos, él se paraba delante del cañón como el mejor de los combatientes; siempre ladraba y jugaba con aquél que estaba bajoneado en los momentos de calma para darle ánimo; cuando había "alerta roja de bombardeo naval", era el primero en salir del refugio para buscar a los más alejados y el último en entrar a cubrirse; y muchas veces su instinto canino presintió los bombardeos aéreos antes que se gritara la alarma, lo cual manifestaba con ladridos que ya conocíamos. Compartía con nosotros la comida y los soldados le fabricaron un abrigo con los gorros de lana y bufandas.
El 11 de junio, a las 11:15 hs, un avión pirata se lanzó frenéticamente sobre nuestra posición bombardeando nuestro cañón y haciéndolo estallar. Nosotros corrimos a cubrirnos y Tom, como siempre, parado sobre una roca ladraba dando la señal de alerta.
El avión efectuó otra pasada, esta vez ametrallando con furia nuestra tropa que repelía el ataque con fusiles. En esta oportunidad, varios fueron heridos, yo entre ellos, y Tom, que corría avisándoles a los más distantes, fue alcanzado por las esquirlas.
El humo y el olor a pólvora cubrieron el lugar. Como pudimos, heridos, buscamos a Tom y lo encontramos tendido sobre una piedra inmóvil, con sus grandes ojos negros mirándonos y despidiéndose lentamente de sus camaradas".
"Cuando volví al continente, en honor a él, todos los perros que tuve se llamaron Tom y mientras yo viva así lo haré. "
Monumento en homenaje a Tom.
El hombre que freno toda una avanzada britanica.
El Soldado Oscar Poltronieri era el encargado de utilizar una ametralladora pesada MAG como integrante del Regimiento de Infantería Mecanizado 6 de Mercedes. En una de las últimas batallas de la guerra, él sólo demoró el avance de los ingleses mientras sus compañeros se replegaban seguros. Su valor fue premiado, es el único civil de la Historia argentina que recibió la más alta condecoración.
“A mi la medalla me la dieron por lo que contaron los ingleses. Mis compañeros contaban lo que había hecho, yo relaté cómo había escapado, pero cuando los ingleses contaron cómo alguien los frenaba disparándoles, me dieron la medalla”, relató.
Ya cuando la mitad de junio había avanzado sobre las islas, al igual que las tropas inglesas, y el cerco de fuego se acercaba hacia Puerto Argentino, Poltronieri y su batallón se vieron cara a cara con el enemigo. “Mataron a un compañero que operaba otra MAG, me agarró una bronca… entonces me quede solo. Replegué una compañía mientras yo sostenía a los ingleses”, en pocas palabras Poltronieri resume cómo le salvó la vida a más de 100 compañeros.
“Disparaba y me replegaba, y volvía a disparar. Tiré desde el cerro Dos Hermanas, desde el monte Longdon y monte Tumbledown. Los ingleses nunca supieron que era uno sólo”, afirmó orgulloso.
Dos días después de que sus compañeros se replegaran y lo dejaran al joven soldado como única cobertura, reapareció en Puerto Argentino sin un solo rasguño. “Me dieron por muerto tres veces, pero las tres reaparecí tirando otra vez. Cuando volví al cementerio, donde habían replegado mis compañeros, no lo podían creer. Tuve un dios aparte”.
Poltronieri volvió hace dos años a las islas para filmar el documental El Héroe del monte Dos Hermanas
La perra Xuavia.
La perra Xuavia estaba preñada cuando partió a la Gesta de Malvinas, siendo su Guía el Soldado C/62 Carlos Silva del Batallón Seguridad ARA Agrupación Perros de Guerra.
En la noche del 13 al 14 de junio, luego de soportar un intenso bombardeo británico sobre las posiciones argentinas, Xuavia regresaba junto a las tropas patriotas a Puerto Argentino pero repentinamente se separó y corrió hacia la negrura de la noche.
Varias horas después fue encontrada dándole calor con su cuerpo a un soldado argentino herido, el cual fue llevado prontamente hacia el hospital por los camilleros y enfermeros del Ejército. De no haber sido por Xuavia ese soldado habría muerto congelado y desangrado.
Luego del conflicto Xuavia regresó a su base naval y dio a luz a nueve cachorros con parto normal.
La carta del Teniente Estévez.
Esta carta fue escrita para su padre por el teniente de Infantería del Ejército Argentino Roberto Néstor Estévez, el día de la partida de su unidad hacia las Malvinas, el 27 de marzo de 1982. Debía ser entregada a su padre por un compañero, en caso de que él muriera en combate, lo que ocurrió dos meses después, en la batalla de Darwin-Pradera del Ganso. Cayó conduciendo una fracción de su regimiento en medio de un duro combate en el cerro Darwin, Isla Soledad, Archipiélago de Las Malvinas, el 28 de mayo de 1982.
"Querido papá,
Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. El, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión? ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?. Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.
Lo único que a todos quiero pedirles es: 1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo. 2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante, 3) que recen por mí.
Papa, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.
Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo.
Dios y Patria ¡O muerte!"
La carta de Julio Cao a sus alumnos
"A mis queridos alumnos de 3ro D:
No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado
muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi
labor de soldado: Defender la Bandera.
Espero que ustedes no se preocupen mucho por mi porque muy pronto
vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos
a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a
todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca
de las Malvinas.
Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a
perder.
Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro
los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me
duermo sueño que estoy con ustedes.
Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado
que los quiere y los extraña.
Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes.
Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.
Afectuosamente JULIO"
El maestro soldado Julio Rubén Cao vivia en la localidad tabladense, donde transcurrió su vida.
Julio cursó estudios primarios en la escuela parroquial "Cervantes" y secundarios en la escuela normal "Doctor Mariano Etchegaray" de Ciudad Evita.
Ejerció la docencia en las escuelas nro. 95, 96 y 32 de La Matanza y en el año 1981 cumplió el servicio militar en nuestro querido Regimiento de Infantería Motorizada III "General Belgrano" de Tablada.
Vuelto a la vida civil, una vez finalizado su Servicio Militar Obligatorio, retornó a su labor en la escuela nro. 32, de Laferrere, de donde partió al frente de batalla en forma voluntaria y para cumplir con su deber un 12 de abril de 1982.
Su destino, fue Puerto Argentino. Su deceso se produjo el 10 de junio siguiente, en acciones de guerra, no pudiendo conocer a su hija, Julia María, que nació el 28 de agosto de ese año.
La escuela nro. 32 hoy lleva su nombre.
Mural Homenaje al Soldado y Docente Julio Ruben Cao,Escuela N.5 Malvinas Argentinas,Villa Luzuriaga.14-03-015