La población en villas porteñas creció 156% en los últimos 13 años
Pasó de 107.422 habitantes en 2001 a unos 275.000 en 2013; no se cumplieron las leyes aprobadas para urbanizar los asentamientos; hay obras en ejecución, pero su avance es lento
La población de las villas porteñas aumenta día tras día. Aunque las cifras del Censo 2010 hablan de 163.000 habitantes, según estimaciones oficiales ya había 275.000 personas en asentamientos en la ciudad de Buenos Aires el año pasado. Ese crecimiento, cercano al 70% en cuatro años y del 156% acumulado desde 2001, no se condice con la velocidad de las obras de urbanización necesarias para incluirlas en el tejido urbano y social.

Hoy, en la Capital hay 14 villas, 24 asentamientos y dos núcleos habitacionales transitorios, según la Dirección General de Estadística y Censos local. En la última década, no se ha urbanizado ninguna; sólo se mudó la incendiada villa Cartón, que existía bajo la autopista Cámpora, luego de un traslado provisorio detrás del parque Roca. El propio gobierno porteño reconoce que la regularización dominial demandará, por lo menos, diez años.
Las obras de infraestructura y las asistencias ante emergencias no alcanzan para transformar en barrios las villas ni para mudar a los habitantes de los asentamientos. No hay atención sanitaria las 24 horas, ni presencia policial permanente ni escuelas. Sólo en la villa más antigua de la Capital, la 31, funciona un establecimiento escolar.
El Estado no entra en la villa cuando no la urbaniza. Si se hiciera la apertura de calles y la posterior construcción de edificios nuevos para evitar el crecimiento en altura, se rompería la espacialidad intrincada de las villas, que hoy es utilizada por los narcos. Si el Estado no controla el territorio, es controlado por alguna organización. Los que más pierden son los mismos pobladores, que terminan siendo víctimas de la explotación", opinó Javier Gentilini (Proyecto Sur-UNEN), presidente de la Comisión de Vivienda de la Legislatura porteña.

Es precisamente en la Legislatura donde se aprobaron leyes de urbanización que nunca se cumplieron: la ley 403, para la villa 1-11-14; la 1770, para la villa 20 (incluido el terreno donde estaba el asentamiento Papa Francisco); la 3343, para la villa 31-31 bis; la 148, para todas las villas, y la ordenanza 44.873, para la mayoría de los asentamientos.
La oposición critica la política del gobierno porteño por dos aspectos: los constantes cambios en las dependencias con responsabilidad en cuestiones de vivienda y las asignaciones presupuestarias.
"Pro envía a la Legislatura proyectos de zonificación y no proyectos de urbanización; buscan permitir regularizar el dominio, pero mantienen la precariedad: villa 19 [barrio INTA], Ciudad Oculta [villa 15] y barrio Cildáñez [ex villa 6]", indicó la ex legisladora Rocío Sánchez Andía, integrante de la mesa de urbanización de las villas 31 y 31 bis.
Ayer, en el deslinde de esas villas con la autopista Illia, la empresa estatal AUSA realizaba el recambio del alambrado que separa las casillas de la vía rápida a lo largo de 550 metros. El tejido era colocado sobre muretes de cemento de unos 65 centímetros de alto. De igual modo, se refirió a la política habitacional Gentilini: "El gobierno porteño está haciendo una intervención de carácter minimalista, no está urbanizando en serio".
Respecto de la asignación presupuestaria, la Asociación Civil para la Igualdad y la Justicia (ACIJ) elaboró un informe que da cuenta de que las partidas destinadas a viviendas vienen disminuyendo sistemáticamente desde 2005, al pasar de 3,8% del presupuesto en 2008 a 2,1% en 2013. Agrega que, si se enfoca la mirada en los recursos destinados específicamente a políticas públicas en villas, pasaron del 2,5% del presupuesto en 2005 al 0,7% este año.
Esto significa que, aunque aumente el número de la asignación, la porción que se destina a ese fin es cada vez menor. El presupuesto total de gastos para este año en el distrito es de 60.000 millones de pesos; la Secretaría de Hábitat e Inclusión (Sechi) cuenta con $ 150 millones.
VILLAS DEL GRAN BUENOS AIRES
En 5 años 90 nuevas villas en el GBA, Más de medio millón de familias, muchas extranjeras, viven en los 864 asentamientos del conurbano

partir de la toma de tierras fiscales, y hoy llegan a 864 los asentamientos instalados en los distintos cordones de los suburbios de la Capital. El impactante dato surge de un relevamiento hecho por la ONG Un Techo para mi País, que desplegó 600 voluntarios en los barrios más humildes del Gran Buenos Aires y descubrió un crecimiento en la población de las villas de 55% desde el año 2001, proceso que se extendió desde 2006. Hoy, más de medio millón de familias, gran parte de ellas provenientes de países limítrofes, viven en la marginalidad, y año tras año ese número no deja de aumentar.
Los encargados del informe -dado a conocer ayer por la ONG, que a partir del trabajo voluntario de jóvenes profesionales se dedica en 19 países a la construcción de viviendas sociales- entrevistaron durante meses a referentes de los asentamientos y a autoridades municipales. Según el sondeo, en el 65,4% de las villas continúa en forma incesante la construcción de precarias casillas, producto de la llegada de nuevos pobladores y de su propio crecimiento demográfico, con generaciones de habitantes nacidos en esos barrios.
"El crecimiento de los asentamientos, aun en contextos económicos favorables y pese a los distintos programas sociales, da cuenta del carácter estructural del fenómeno", sostiene el informe.

En el 82,8% de los casos, migrantes argentinos, provenientes del interior en busca de un mayor acceso a servicios esenciales, conviven con extranjeros, principalmente llegados de Paraguay y de Bolivia. La provincia de Chaco es la que más personas deriva al conurbano, con el 19,5 por ciento de los habitantes de las villas con ese origen. Santiago del Estero, con 16,2 por ciento, y Corrientes, con 15,6 por ciento, completan los lugares de nacimiento más repetidos entre los vecinos de asentamientos precarios.
Diferente es el caso de Chubut, Río Negro, Neuquén, San Luis, Mendoza, La Rioja, Catamarca y San Juan, que aportan menos del uno por ciento de los habitantes de las villas de ese sector de la provincia de Buenos Aires.
Sin tomar en cuenta el origen de sus habitantes, la mayor cantidad de barrios informales se encuentran en La Matanza, donde 156 villas y asentamientos albergan a 120.236 familias. Los municipios que siguen con mayores problemas de vivienda son los de Quilmes (65 asentamientos y 35.713 familias en malas condiciones sociales), Moreno (49 y 14.210), Pilar (48 y 43.855) y Merlo (42 y 19.965, respectivamente). En Lomas de Zamora hay menos barrios de emergencia, 41, pero con más densidad de población, ya que son habitados por 55.670 familias.
En cambio, los partidos con menos personas en riesgo son Marcos Paz (5 villas y 409 familias), Morón (10 y 802) y Vicente López (7 y 2629). Aunque casi todos los asentamientos del conurbano de la provincia de Buenos Aires se igualan por una circunstancia transversal a los límites municipales: la venta de terrenos.
EL ACCESO A LA TIERRA
No cualquiera puede instalarse en un asentamiento. No se trata de ir con las pocas pertenencias que se posea y hacerse de un lugar. Los nuevos deben pagar su cuota de ingreso. Los habitantes del 72,6 por ciento de las villas aseguraron que se comercializa la tierra de esos barrios marginales. Si no se tiene dinero, tampoco puede conseguirse el techo. En la mayoría de los casos son los propios habitantes del lugar los que imponen el valor de la parcela, mientras que en el 21,8 por ciento de las villas se reconoció que "alguna persona o grupos de personas gestionan la distribución de terrenos en su propio beneficio".
La compra de una porción del suelo es el boleto de ingreso a condiciones de vida con muchas de las necesidades básicas insatisfechas. Si bien en el 79,4 por ciento de las villas se cuenta con servicio de alumbrado público, el acceso individual a la fuente de energía eléctrica es en su mayor parte irregular. Algunos vecinos tienen el servicio (en 33 por ciento de los asentamientos se instalaron medidores en las viviendas) y muchos más "se cuelgan" de la red.
En igual proporción (un poco más del 30 por ciento en cada caso), en las villas se accede al agua potable por medio de la red pública y de la perforación de pozos. En otro 40 por ciento se depende del reparto de agua o bien de instalaciones clandestinas. Para cocinar, en el mejor de los casos se depende de garrafas.
Sin embargo, el problema más urgente que exhiben los habitantes de las villas es la urbanización de sus calles internas. Ese reclamo quizá diferencia a esos vecinos de otros que habitan en el conurbano. Pero los dos riesgos inmediatos que más demandan la atención en los asentamientos son comunes al resto de los bonaerenses: la inseguridad y las drogas.

Tras analizar el escenario determinado por el informe, Agustín Alcorta, director social de Un Techo para mi País, señaló: "Más de dos millones de personas viven en villas del Gran Buenos Aires. Ahora sabemos cuántas familias son, dónde están y de que forma viven, ya no hay lugar para excusas. Hay que hacer algo, nosotros y los gobiernos. Ese es nuestro desafío".
La presentación del informe se realizó ayer en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Luego de las palabras de Alcorta, otro de los oradores coincidió con la necesidad de dar respuestas a los interrogantes sociales que plantean los datos del documento de un Techo para mi País. Bernardo Kosacoff, economista, miembro de la Cepal y profesor de la facultad anfitriona del encuentro, reseñó la importancia del relevamiento efectuado en las villas bonaerenses.
"Se ven las contradicciones de la sociedad. Por un lado, se cree que la existencia de áreas marginales significan delitos, violencia y caldo de cultivo para el narcotráfico. Pero al mismo tiempo incluyen a uno de los activos más importantes que tiene la Argentina: los jóvenes. El reto es capacitarlos porque eso es lo que al final diferencia a un país desarrollado de uno subdesarrollado", expresó Kosacoff.
Crecen en municipios del interior bonaerense los “mini conurbanos”
Tienen características sociales, urbanísticas y delictuales similares a la del Conurbano. Y crecieron en las últimas décadas, al calor de las transformaciones demográficas que se vivieron en la Provincia. Pero estos cordones urbanos no rodean a la capital federal, sino que se instalaron y crecieron en los márgenes de ciudades del interior bonaerense como Mar del Plata, Junín, Bahía Blanca, Tandil y Olavarría, además de las localidades del Partido de la Costa y Villa Gesell, entre otras.
Algunos especialistas hablan de “procesos de conurbanización”. Lejos de revertirse, en los últimos años se ha profundizado la emigración hacia las grandes ciudades y la formación de cordones de pobreza y miseria en torno a estos centros urbanos.
Pero el fenómeno tiene características particulares. Si el Conurbano se formó a partir de la llegada de habitantes de países limítrofes o de provincias del norte argentino, estos “mini conurbanos” del interior bonaerense están conformados, además, por quienes dejaron barrios del Gran Buenos Aires para instalarse en una geografía similar pero “a escala”.
El proceso tiene consecuencias visibles, especialmente en las ciudades de mediana escala. Allí, los vecinos debieron abandonar viejos hábitos pueblerinos y acostumbrarse a recaudos y precauciones propias de las grandes ciudades.
El mecanismo por el cual se expanden estos “conurbanos a escala” en el interior provincial es similar al de la expansión del área urbana en el Gran Buenos Aires: toma de tierras, ocupación de lotes y formación de asentamientos, en muchas ocasiones con un claro trasfondo político, es decir, movidas amparadas o promovidas por dirigentes en busca de formar “cotos” electorales.