La muerte de la Doncella
Sus rubios cabellos se habían tornado grises.
Y sus brillantes ojos acusaban el paso del tiempo,
su dulce sonrisa se trocaba tan solo por un gesto de esperanza.
Otrora una bella y lozana mujer, ahora el pasar de la vida la gastaba el futuro.
Sentada en el alfeizar de su ventana contemplaba el cielo,
recordando el rápido paso de su juventud.
Atrás se quedaron las ilusiones y se perdió el amor.
Solo un trozo de vida por gastar era su único patrimonio,
al tiempo que la diosa fortuna le negaba el amor.
Miraba al cielo y pedía a las estrellas un compañero para su soledad,
y así pasaba los días enviando al firmamento suplicas de amor.
Una noche ya avanzada, cuando el amanecer anunciaba un nuevo día,
Sintió la llegada de un jinete.
Este bajo de su corcel para inclinarse sobre la ya anciana mujer,
que dormía sumida en una celestial paz.
El contemplaba como su rostro había vuelto a su antigua juventud y sus labios esbozaban, una luminosa sonrisa.
El caballero entonces la susurró.
Vengo en nombre de la muerte.
Mi misión es la de darte el último beso antes de llevarte al Cielo.
El caballero entonces la tomó en sus brazos y la entregó un beso lleno de pasión.
Después la montó en su caballo, para subir juntos hacia las estrellas donde entregarla su eterno amor.
Sus rubios cabellos se habían tornado grises.
Y sus brillantes ojos acusaban el paso del tiempo,
su dulce sonrisa se trocaba tan solo por un gesto de esperanza.
Otrora una bella y lozana mujer, ahora el pasar de la vida la gastaba el futuro.
Sentada en el alfeizar de su ventana contemplaba el cielo,
recordando el rápido paso de su juventud.
Atrás se quedaron las ilusiones y se perdió el amor.
Solo un trozo de vida por gastar era su único patrimonio,
al tiempo que la diosa fortuna le negaba el amor.
Miraba al cielo y pedía a las estrellas un compañero para su soledad,
y así pasaba los días enviando al firmamento suplicas de amor.
Una noche ya avanzada, cuando el amanecer anunciaba un nuevo día,
Sintió la llegada de un jinete.
Este bajo de su corcel para inclinarse sobre la ya anciana mujer,
que dormía sumida en una celestial paz.
El contemplaba como su rostro había vuelto a su antigua juventud y sus labios esbozaban, una luminosa sonrisa.
El caballero entonces la susurró.
Vengo en nombre de la muerte.
Mi misión es la de darte el último beso antes de llevarte al Cielo.
El caballero entonces la tomó en sus brazos y la entregó un beso lleno de pasión.
Después la montó en su caballo, para subir juntos hacia las estrellas donde entregarla su eterno amor.