InicioApuntes Y MonografiasUrquiza y Brasil en 1849
Urquiza

Justo José de Urquiza era el mejor jefe militar de la Confederación.

Sus magníficas victorias en India Muerta, Laguna Limpia y Vences y la eficaz salvación de las tropas entrerrianas después de la derrota de Echagüe en Caaguazú, lo acreditaron sobradamente. Es gobernador de Entre Ríos desde 1841, jefe del Ejército Federal de Reserva en 1845; en 1849 comandante en jefe del Ejército de Operaciones…

En sus intrigas para separar a los jefes federales incitando sus ambiciones los enemigos de Rosas habían considerado la posibilidad de una defección de Urquiza . En 1846 –en plena intervención anglofrancesa- ocurre el episodio de Alcaraz cuya documentación prueba la ingerencia de los interventores extranjeros a través de los hombres de Montevideo ; el plan consistía en la ruptura de Urquiza con Rosas para que el primero, aliado a Madariaga de Corrientes y apoyado por la escuadra invasora que ocupaba el Paraná, declarase la independencia del Estado de Entre Ríos o de la Mesopotamia comprensivo de Corrientes y Entre Ríos propiamente dicho. De esta manera la Confederación quedaba definitivamente separada de la República Oriental, se desmembraría aún más el atomizado virreinato del Plata y se quitaba a Rosas el gran argumento para oponerse a la libre navegación del Paraná, ya que el río no correría por territorio exclusivamente argentino. Según el general Paz, Florencio Varela anduvo en ese proyecto ante de su viaje a Londres en 1843, y las cartas de Salvador del Carril como los artículos del Comercio del Plata de 1845 y 1946 muestran que los unitarios lo consideraban como un medio válido para disminuir el poder de Rosas.


Antecedentes: Benito Chain (1847)

El 16 de agosto de 1847, al hacerse cargo Manuel Herrera y Obes del ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores de Montevideo , la situación de la plaza sitiada era angustiosa: Howden acababa de levantar el bloqueo a la Confederación y Urquiza trataba de quitar con el codo la imprudente jugada de Alcaraz. Con optimista ingenuidad el ministro revive las esperanzas risueñas de 1845 y 1846: encarga así al general O´Brien, destacándole como ladero a Andrés Pfeill, para convencer a Palmerston del error cometido por Howden y la necesidad británica de mantener la intervención; por las dudas manda a Andrés Lamas a Río de Janeiro con instrucciones de incitar al Imperio a ocupar el sitio de Inglaterra si Palmerston quedaba sordo a los ruegos de O´Brien. Y, como si estuviera en 1843, envía también a Benito Chain (que residía en Entre Ríos) instrucciones de entusiasmar a Urquiza con la perspectiva de una gran coalición americana y europea –Francia, Inglaterra y Brasil - que obraría “contra el gobierno de la República Argentina” y de la cual el gobernador de Entre Ríos sería el conductor.

O´Brien y Pfeill no fueron felices; Palmerston les expresaría despectiva y claramente su opinión sobre los hombres de Montevideo y la guerra del Plata. Lamas no conseguía recibirse en el palacio imperial mientras el ministro Saturnino estudiaba la posibilidad de reconocer el gobierno de Oribe. En cuanto a Chain, si logra darle a Urquiza un mensaje de Herrera, encuentra que el enterriano no quiere ahora contactos con los enemigos de la Confederación Argentina. “Olvídese, amigo, que me ha hablado de esto; ahora voy a Corrientes” dice a Chain. En Vences (27 de noviembre) muestra su profunda convicción federal destrozando las débiles milicias de Madariaga, su antiguo aliado de Alcaraz.

No obstante Chain no dejará de visitar a Urquiza a su regreso a Entre Ríos: el triunfador de Vences se muestra reservado pero Herrera es de un optimismo mayúsculo: nada le ha escrito en concreto Chain, pero sueña con Urquiza convertido en jefe de un Estado independiente y aliado de Montevideo . Es su carta para hacerse valer ante Brasil , el hombre de Alcaraz dispuesto a independizar la República de Entre Ríos apenas las complicaciones de la Confederación Argentina le permitieran contar con un apoyo exterior.

<< Si V. calcula que el Imperio se prestará a la planificación de nuestros proyectos, recomiendo a V. mucho la insistencia en que el Paraná sea el límite de la República Argentina y que para obtenerlo, asuma el Brasil la iniciativa del pensamiento en los próximos arreglos. Urquiza , téngalo V. por cierto, acepta desde luego la proposición. Este arreglo era la base del convenio de Alcaraz, yo se lo garanto a V. Desgraciadamente la conducta de los interventores infundió creencia en Urquiza que trajeron la discordia entre él y Madariaga, y le hicieron asumir una actitud que lo hacen hoy blanco de las más justas y merecidas recriminaciones, pero no dude V., el pensamiento, aún más vivo que nunca , existe, y se pronunciará desde que tenga un fuerte apoyo>>.

Urquiza y Brasil en 1849

En junio de 1849 ocurre la invasión paraguaya que en la Confederación se supone alentaba por Brasil . Témese que de allí surja la guerra. El 26 de julio el brasileño Domingo Duarte Monçores, residente en Concordia, escribe a Urquiza para felicitarlo por el aniversario de su cruce del Uruguay en 1839; en la carta hace consideraciones al avance paraguayo que el general argentino debe combatir. Urquiza contesta el 31 que <<a la imbecilidad del gobierno paraguayo>> debe atribuirse el paso por las Misiones; <<aseguro a usted que serán pulverizados (los hombres de Mongerstein) dejándoles una terrible lección para escarmiento del resto de sus comprovincianos>>.
El responsable del avance paraguayo sería Brasil según Urquiza :
<<… no son los paraguayos los más criminales de esta última empresa. Los brasileros, mi amigo, que son los principales autores de tantas tentativas sobre nuestra República, son más culpables todavía… Está comprobada la inteligencia del Brasil con el Paraguay por los auxilios que actualmente prestan de San Borja a la columna paraguaya que está situada en el Hormiguero, y por el tránsito hostil a esta república de armas, etc., que permite el Brasil por su territorio…>>
<<Esto supuesto, ¿cuáles son los más culpables?, ¿quiénes más excitan a nuestra venganza? Ciertamente el Brasil ; y como dice aquel proverbio antiguo: tantas veces va el cántaro a la fuente, que al fin se quiebra; puede que nos rompamos los cascos si no se enmienda la plana, y en este caso la guerra será con el furor que nos inspiran sus hechos: la venganza será tan terrible como impulsada sin consideraciones y con demasiada perversidad. Dios quiera que así no suceda. Permítame este desahogo que no puedo contener>>.
Monçores en el deseo de evitar la guerra manda la carta a su amigo Bento Manuel: <<No será tiempo já de termos pa e termos todos felices?... dexeimos a civilizada Europa a gloria de cometer toda clase de barbaridades como ó está practicando.>> Manuel la hace seguir a Bernardo de Vasconcellos que la entrega a Paulino el 28 de noviembre.
Se retiran los paraguayo y la presunta guerra se diluye. Se aclara la ninguna ingerencia del Imperio en la excursión de Morgenstein y negociado de Fernández Chaves. Pero ahora sabe el gobierno de Brasil que, pese a las afirmaciones de Lamas, el general de Ejército de Operaciones argentino era leal a su patria. Por el momento no se vuelve a hablar de Urquiza .


Tráfico y enriquecimiento de Entre Ríos

Entre Ríos había encontrado una mina de oro con el sitio de Montevideo , pues abastecía, en competencia con los saladeros de Río Grande, el consumo de carne de la plaza. Los negocios del campo se desarrollaron como nunca, corrió el dinero en gran cantidad, prosperaron las pequeñas ciudades de la provincia, se instalaron casas de comercio, astilleros, saladeros, etc; hacia 1849 la prosperidad entrerriana se traduce en mejoras edilicias, construcción de teatros, escuelas, etc.

El peculio del gobernador había crecido parejo al de la provincia, tal vez en mayor proporción. Era el distribuidor de la riqueza entrerriana valiéndole para aumentar su prestigio económico o político: nadie podía faenar en la provincia sin su autorización, nadie podía exportar sin el correspondiente visto bueno, y como era el mayor propietario de haciendas de la provincia y no había tenido los escrúpulos de Rosas en cerrar sus negocios al llegar al gobierno, la autorización se daba cuando la copiosa producción de sus estancias no satisfacía la demanda.

No era el comercio de carnes el único rubro del enriquecimiento entrerriano. La flotilla de balleneras de cabotaje (propiedad en gran parte del gobernador) que llevaban a Montevideo la carne, traían en retorno mercaderías de procedencia europea reexpedidas a Buenos Aires de inmediato. Era un gran negocio es de comprar mercaderías europeas en Montevideo , llevarlas a Entre Ríos y de ahí a Buenos Aires. Entradas como de <<procedencia interior>> eludían las prohibiciones y altos aforos de la ley de aduana porteña. Era un verdadero contrabando -tráfico irregular lo llamaba Herrera- que perjudicaba a toda la Confederación burlando la ley que protegía la producción del interior.

La salida de oro por Entre Ríos formaba un tercer renglón de ganancias poco claras. Por decreto de Rosas en 1838 se había prohibido la exportación del oro a fin de mantener una reserva en plaza que sostuviera el valor del peso e hiciera fáciles las reacciones del mercado. La prohibición era para el puerto de Buenos Aires, y resultaba fácil eludirla haciendo salir el oro por Entre Ríos: el valor de éste en la Confederación era más bajo, por la medida prohibitiva, que el alcanzado en el extranjero. Comprar por lo tanto oro en Buenos Aires y llevarlo a Entre Ríos (no estab prohibida su circulación en el interior de la Confederación), y de allí a Montevideo donde se lo vendía a buen precio, era también otra fuente copiosa de ganancias irregulares.

Si en la venta de carne entrerriana a Montevideo tenía el gobernador parte del león, en los otros dos tráficos irregulares era el solo beneficiario. Sus libros de contabilidad lo demuestran. El agente suyo en Buenos Aires para la venta de mercaderías extranjeras y para adquirir las mercaderías y vender el oro y la carne, otro catalán: Antonio Cuyás y Sampere.

Nada podía importarle a Rosas que Urquiza o Entre Ríos se beneficiaran económicamente, siempre que no lo hicieran en perjuicio de la Confederación. Legislar sobre las formas del comercio entrerriano estaba fuera de su jurisdicción, y no podía prohibir que las autoridades de esta provincia adoptasen el sistema de librecambio para introducir mercaderías o permitieran la libre exportación de oro al extranjero. Por el sistema política de la Confederación cada provincia era dueña exclusiva de sus aduanas, tanto internas como exteriores. Pero, en cambio podía herir indirectamente el tráfico entrerriano, como indirectamente éste perjudicaba a la Confederación. Por dos decretos hará cesar la fuente de ganancias irregulares:
-Obligando a las mercaderías extranjeras introducidas en Buenos Aires por buques nacionales y rotulados de <<procedencia interna>>, a sujetarse a las prohibiciones y tasas de la ley de aduana.
- No permitiendo la saca de oro de Buenos Aires para Entre Ríos.

Urquiza protesta en julio de 1849 en nota reservada invocando <<la felicidad de esta provincia>> con las razones de toda prédica librecambista. Eran los momentos de la invasión paraguaya y el gobernador de Entre Ríos era comandante en jefe del Ejército de Operaciones. No obstante, Rosas quedó impasible. El 26 de octubre reitera su nota reservado hablando <<de la gloria federal adquirida por los entrerrianos en el Potrero de Vences, en India Muerta, etc.>>.

Nada. Alsina escribe a Río de Janeiro <<sobre la necesidad de tantear a Urquiza >>.





Jose María Rosa, "La caída de Rosas", capítulo 10
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