
Mirian Alejandra Bianchi había nacido el 11 de octubre de 1961 en el barrio de Villa Devoto de la ciudad de Buenos Aires. Su madre había elegido el nombre Gilda para la niña, pero problemas burocráticos del Registro Civil impidieron inscribirla de esa manera, aunque su familia comenzó a llamarla "Gil".
Trabajó como maestra jardinera, y de su primer matrimonio nacieron sus hijos Mariel y Fabricio. A los 28 años, ya separada, decidió volcarse definitivamente a su pasión por la música, y así comenzó su carrera en distintos locales bailanteros. Los primeros pasos no fueron sencillos, pero con el tiempo llegó el reconocimiento, y su público la esperaba luego de sus recitales para tocarla y realizarle pedidos, como si de una santa se tratase. Ella nunca se atribuyó características sobrenaturales, pero sus fans pensaban de otra manera. Gilda estaba logrando su sueño, pero su destino sería muy diferente a lo que imaginaba.
El sábado 7 de septiembre de 1996 el ómnibus que transportaba a la cantante chocó con un camión en el Km. 129 de la ruta 12. Gilda, su hija Mariel, su madre, y cuatro de sus músicos fallecieron en el acto. Apenas se conoció la noticia, los fans comenzaron a congregarse en el lugar, y con el tiempo erigieron un santuario que incluye el vehículo siniestrado y una capilla que está profusamente decorada con velas y exvotos.
La venta de la música de Gilda experimentó un crecimiento explosivo, y se le dedicaron programas especiales en radio y televisión, y premios póstumos. Su santuario y su tumba en el pasillo 24 del cementerio capitalino de la Chacarita se convirtieron en lugares de reunión para sus seguidores, y no pasó mucho tiempo para que comenzaran a registrarse testimonios de curaciones milagrosas. Estampitas, medallas y fotos de la cantante comenzaron a venderse por miles. Algunas entrevistas en las que la cantante hablaba sobre la muerte y su deseo de ayudar a la gente desde cualquier lugar en el que se encontrara fueron consideradas premonitorias por sus seguidores, pero lo que terminó de conformar el mito de Gilda fue el hallazgo en el lugar del accidente de un cassette en el que ella había grabado de forma casera las primeras versiones de lo que sería su próximo disco. Una de esas canciones era "No es mi despedida", cuya letra fue interpretada por sus fans como un mensaje póstumo y personal de la mujer que ahora les seguiría dando alegría y contención desde el más allá.
Fuente: EL INTRANSIGENTE