La música es en lenguaje universal. Te levanta cuando estás triste, te hace bailar como un loco, y te deja ahogar en tu propio mundo cuando es necesario. Pero la música tiene, también, usos científicos.
Como será, que algunos pacientes con demencia, reaccionan positivamente cuando se les da reproductores llenos de sus canciones favoritas. La música parece ayudar a que “resuciten”. Mientras escuchan canciones conocidas, muchos de los pacientes se ponen a cantar, responden a preguntas sobre su pasado, y son capaces de mantener conversaciones breves con los demás.
“La música evoca la emoción y la emoción puede ayudar a la memoria“. Un documental de la BBC analizó estudios recientes que demuestran que la música puede mejorar la memoria de los pacientes con demencia, e incluso ayudar a desarrollar nuevos recuerdos. Vamos a ver algunas otras cosas, que la música, también se ha sabido “curar”:
Los bebés prematuros, algunas veces, necesitan quedarse unos días más en el hospital para ganar peso y fuerza. Para ayudar a este proceso, en muchos hospitales usan música. Un equipo de investigadores canadienses descubrió que tocar música para los bebés prematuros reduce los niveles de dolor y genera mejores hábitos de alimentación, que ayudan a ganar peso.
Los hospitales utilizan instrumentos musicales para imitar el sonido de los latidos del corazón de la madre. Los investigadores, también dicen que escuchar Mozart calmar a los bebés prematuros y reduce significativamente la cantidad de energía que gastan, lo que les permite aumentar de peso más rápido.
¿Si la música ayuda a crecer los bebés, puede hacer lo mismo para las plantas? Dicen que sí.
Dorothy Retallack escribió un libro en 1973 llamado El sonido de la música y las plantas, que detalla los efectos de la música en su crecimiento. Retallack tocaba Rock a un grupo de helechos y música Pop a otro. Al final del estudio, las plantas que escuchaban “Pop” eran uniformes en tamaño, crecían fuertes y verdes, y fueron incluso inclinándose hacia el lugar de donde venia la música. Las plantas que escuchaban Rock estaban caídas, con las hojas marchitas, y se inclinaban lejos de la radio.
De este mismo estudio se desprende que, de los 1,5 millones de estadounidenses que sufren daño cerebral cada año, aproximadamente 90.000 tendrán problemas de movilidad o discapacidad del habla. Como tratamiento, se utiliza música para estimular las áreas del cerebro que controlan estas dos funciones.
Cuando escuchan un ritmo como para caminar o bailar, las personas con daño neurológico causado por un derrame cerebral o la enfermedad de Parkinson pueden “recuperar un paso simétrico y el sentido de equilibrio”. El beat de la música ayuda, como si empujara al cerebro a dar el primer paso. Del mismo modo, el ritmo y el tono pueden ayudar a los pacientes a cantar lo que con palabras no podían decir. En un estudio con niños autistas que no podían hablar, se demostró que la terapia musical, los ayudó articular algunas palabras. Algunos de ellos, dijeron sus primeras palabras como consecuencia del tratamiento. ”Estamos empezando a comprender el poder de la música. No sabemos cuáles serán los límites.“, dice Michael De Georgia, director del Centro para la Música y Medicina de la universidad Case Western Reserve.
Estamos de acuerdo que a los adolescentes, por lo general. La teoría es, que cuando el cerebro escucha algo que le disgusta, se suprime la dopamina, o la “sustancia del placer”. Y es así, como el estado de ánimo de los adolescentes se hunde, y, como te decía, rajan para ver de que manera “levantan”. Así que, si queres que los pibes de tu cuadra, dejen de sentarse en el umbral, a subir el volumen de Tchaikovsky.
Ok, tal vez la música no puede curarla, pero puede ayudar a prevenirla. En un estudio con 163 adultos, 74 de ellos músicos de toda la vida, hicieron que los participantes tomen una serie de pruebas de audición. Los músicos de toda la vida, procesaron los sonidos mejor que los no-músicos, con una disparidad cada vez mayor según avanzaban en edad. “Un músico de 70 años de edad, escuchaba perfectamente en un ambiente ruidoso, lo mismo que un no músico de 50“, explica Linda Searling en el Washington Post.
La música puede ayudar a los pacientes a recuperarse de ataques al corazón y de cirugía cardíaca, mediante la reducción de la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la ansiedad. Como para ir probando, trata de escuchar música alegre o canciones que te hacen sentir bien/feliz. La investigación dice que escuchar canciones que evocan una sensación de alegría provocan aumento de la circulación y que los vasos sanguíneos se expandan, lo que fomenta la buena salud vascular.
En el 2005, un estudio del Reino Unido encontró que escuchar música durante el entrenamiento, puede aumentar el rendimiento atlético hasta en un 20 por ciento.
Eso es, aproximadamente igual al uso que hacen algunos atletas con sustancias ilegales, con la excepción que la música te hace pasar el anti-dopping. Para mejores resultados, ritmo rápido durante un entrenamiento intenso y canciones más lentas cuando elongás.
En un estudio realizado en el 2008, el investigador Tobias Greitemeyer quería probar cómo las letras de las canciones afectaban las actitudes de los adolescentes y su comportamiento. Para eso, expuso un grupo de pibes a escuchar canciones con mensaje positivo, del tipo Michael Jackson “Heal the World“. Y a otro grupo, a canciones con un mensaje “neutral”. Después, los investigadores tiraban al suelo “accidentalmente” una taza de lápices. El grupo que escuchaba canciones positivas no sólo se apresuraron a ayudar, sino que levantaron cinco veces más cantidad de lápices que el otro grupo.
Otro estudio, del 2009, comparó dos grupos de alumnos de segundo grado a partir de los datos demográficos similares y sugiere que el aprendizaje de música aumenta la capacidad de lectura. La única diferencia importante entre los dos grupos fue que uno, aprendió las notas musicales, solfeo y otras habilidades, mientras que el otro grupo no. Cada grupo pasó una prueba antes y después del año escolar. Las calificaciones de fin de año del segundo grupo mejoraron muy poco, mientras que en los chicos con educación musical fue “significativamente mayor“, sobre todo, en pruebas de vocabulario.