¿Están demoliendo Internet desde adentro? La guerra cibernética oculta entre potencias (con la liberación de poderosos e indetectables virus incluída), la aparición de grupos anónimos que atacan a unos y otros en la web y las intenciones de la elite (y de algunos estados como China) de cerrar o limitar la red parecen estar llevando lentamente a la Internet a una decadencia que nadie desea. ¿Acaso la seguidilla de ataques e intercambios hostiles busca detonar desde adentro a la web de manera velada? Está claro que navegar por Internet hoy por hoy ya no es lo mismo que hace solamente unos meses. Tras la caída de Megaupload y sus páginas satélites, el visionado de contenidos audiovisuales en la web cayó notablemente. Sumado a esto se observan las intenciones legislativas como PIPA y SOPA en USA y ACTA para Europa, que buscan otorgar poderes a la justicia para limitar conexiones a la red. Por otro lado, crecen las sospechas de que Stuxnet y Flame no sólo fueron programados para atacar a Irán, sino que también podrían acabar con toda la red, algo de acuerdo con los lamentos del senador Jay Rockefeller, quien en su momento dijo que tal vez “internet no debió haber sido creado”. link: http://www.youtube.com/watch?v=GVU8ybhjswc&feature=player_embedded Hace ya unos años, precisamente para fines de 2008, el senador Jay Rockefeller, de la famosa dinastía de multimillonarios, se preguntó si frente a los ataques que recibe día a día el departamento de Defensa de USA, no sería mejor cerrar Internet y dar un paso atrás en la forma en que se desarollan los negocios y las comunicaciones en el mundo. Para Rockefeller, cualquier persona podía estar detrás de un ataque, lo que representaría el “peligro número uno para la seguridad nacional”. El alarmismo de Rockefeller sólo es comparable a su ignorancia con respecto al tema, dado que para atacar el sitio de, por ejemplo, el departamento de Defensa de USA, se necesita mucho más que un astuto “niño de Latvia” como puntualizó el senador. Sin embargo, la declaración de intenciones se hizo presente: Internet debe ser cerrado porque representa un peligro para ciertos intereses. “Casualmente”, luego de sus declaraciones, una guerra informativa estalló en toda la web: el surgimiento de las filtraciones de Wikileaks dió lugar a las acciones de Anonymous y LulzSec y una seguidilla de ataques que efectivamente mostraban a cada usuario como potencial amenaza. Sin embargo, la potencia de Anonymous, completamente sobreestimada por los medios, resultó ser sólo un primer capítulo en el entramado de ataques y contraataques que empezarían a configurar la ciberguera que se desarrolla hoy por hoy y de manera aún velada en toda la web. Las consecuencias de una ciberguerra pueden ser tan destructivas como las de una guerra nuclear, advierten los científicos en un artículo publicado en el Boletín de Científicos Atómicos. Los especialistas afirman que entre una bomba atómica y una ciberarma hay mucho en común. Por ejemplo, señalan que cuando USA lanzó las bombas atómicas a Hirosima y Nagasaki en 1945 no sabía cuántas víctimas mortales provocarían a largo plazo. “Aunque los programas dañinos no necesariamente causarían el mismo efecto que las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el caos provocado, por ejemplo, por el colapso del tráfico aéreo, la parada de las centrales eléctricas o de los mercados financieros, sí que provocarían numerosos daños e incluso podrían causar muertes”, señala Kennette Benedicta en el boletín. El mundo ya conoce los nombres de las primeras armas cibernéticas aplicadas contra las instalaciones nucleares iraníes. Son el virus Stuxnet, que atacó a la planta de enriquecimiento de uranio en Natanz en 2010, y Flame, un programa espía descubierto recientemente. Los expertos señalan que estos programas maliciosos podrían haber sido elaborados por los especialistas estadounidenses e israelíes. Y a pesar de que USA no ha reconocido la autoría de estos virus, sí confirma que está elaborando tecnologías cibernéticas ofensivas. Los especialistas apuntan que, al igual que en el caso de las armas nucleares, se necesitan unas normas legales aprobadas a nivel internacional que reglamenten y limiten el uso de las armas cibernéticas. No obstante, de momento los políticos hacen caso omiso a estas advertencias. Lo grave de la liberación de virus tan potentes es que ninguna compañía de seguridad informática está en condiciones de preveer el funcionamiento de estos malwares: el desarrollo de los códigos de Stuxnet y Flame supera en presupuesto y tiempo de desarrollo hasta los sueños más desopilantes de los desarrolladores de antivirus. En este marco, el escenario de una detonación controlada de la web se vuelve verosímil. La existencia de grupos anónimos e inidentificables que realizan ataques a grandes corporaciones tiene el doble sentido de, por un lado, simular una descompresión del descontento social canalizado en “protestas” cibernéticas (cabe preguntarse si entre los lectores alguien conoce a algún ciudadano que colabore con Anonymous aunque sea para ataques DDoS) y por el otro, como situación que hace meritoria la intervención de los estados para regular la web con normativas como PIPA, ACTA, SOPA o las que intencionalmente buscan acabar con el anonimato persiguiendo a los “trolls”. 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¿Están demoliendo Internet desde adentro?
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