Hola, quiero compartir con ustedes esta historia que me cambio la vida, resulta que hace unas semanas fui a visitar a mi abuela, es una anciana de casi 80 años, vive sola con una mujer que la cuida ya que mis padres y yo vivimos en otra ciudad, platiqué e con ella unos 20 minutos y después se quedo dormida, yo aburrido pensé en hacer algo útil y me fui a una vieja bodega con la intención de limpiar un poco.
Ahí en la bodega encontré cosas muy antiguas e interesantes, como el uniforme de mi abuelo que había sido militar, algunas insignias militares llenas de polvo y un pequeño caballo tallado en madera, al tomar unos libros viejos vi caer una carta la cual se encontraba cerrada aun, yo la tome y por curiosidad la abrí, la carta decía asi:
“Hoy pase al lado de mi esposa y no sabía quién era ella, solo sentí que ella era alguien que yo amaba, pero quien era esa mujer? Mi madre? Mi hermana? A los pocos minutos regreso mi conciencia y recordé que era ella, mi mujer. Les pido perdón a todos por esta enfermedad que poco a poco me hace olvidar las cosas, aun los recuerdos se borren de mi mente jamás se borraran de mi corazón”
La carta era extraña y difícil de leer ya que las letras se iban convirtiendo en garabatos y líneas retorcidas, me causo mucha impresión leer eso y al seguir buscando encontré la cartilla medica de mi abuelo, al parecer era una persona sana pero al continuar leyendo vi que había sido diagnosticado con Alzheimer y ahí por primera vez en años entendí lo injusto que yo había sido con mi abuelo.
Cuando yo era un niño recuerdo que mi abuelo siempre dejaba su taller de carpintería para ir por mi a la escuela, siempre de manera puntal llegaba y se sentaba a lo lejos esperando que diera la hora en que sonaba la campana y salíamos de clases.
A mi abuelo lo recuerdo siempre lleno de polvo , mal peinado, una barba descuidada, zapatos llenos de aserrín de la madera y eso me daba mucha pena ya que los otros niños le hacían burla, le decían “el loco” y a mi me daba pena que todo el tiempo se rieran de mi.
Yo solia acelerar el paso para no caminar junto a mi abuelo, el se quedaba atrás unos metros pero iba siempre sonriente y de buen humor, recuerdo un dia que me salieron unos chicos mayores a querer quitarme dinero, el se puso en medio y uno de ellos tomo con su mano lodo del suelo y se lo tiro en la cara para después correr burlonamente, yo sentí pena por mi abuelo, lo considere un cobarde al no haber actuado en contra de ellos y permitir que lo humillaran de tal forma.
Me sentía triste de que mi abuelo no fuese como los demás, el no tenía amigos, la gente lo saludaba y el sonreía como si no conociera a nadie, a veces hasta batallaba para pronunciar el nombre de los familiares, como si fuesen extraños.
Nunca sentí nada por el, fui muy frio lo considere un perdedor, un caso perdido de quien jamás podría sentirme orgulloso.
Cuando mi abuela despertó le pregunte sobre la enfermedad de mi abuelo, ella me conto que en efecto el fue perdiendo todos sus recuerdos, olvido el nombre de sus hijos, familiares e incluso de ella misma, pero que el dia de su muerte el preguntaba por mi, raramente mi nombre nunca se le había olvidado a ese viejo.
Fue en ese momento que entendí muchas cosas, el por que mi abuelo era así, a él no lo movía el motor que nos mueve a todos los seres humanos a actuar, a el lo movía el amor puro y desinteresado, siempre cuido de mi a mis espaldas sin importar que yo lo llegara a ver con desprecio.
En la parte de atrás de la carta que dejó mi abuelo le respondí lo siguiente y después guarde la carta nuevamente entre las páginas del libro.
“Te pido perdón Abuelo, loquito mío, que no supe apreciar lo que hacías por mí, fui muy ciego y me gustaría regresar el tiempo para poderte haber agradecido con un abrazo y un te amo, pero donde estés te agradezco que nunca hayas olvidado mi nombre y yo te prometo que nunca olvidare el tuyo. “
Ahí en la bodega encontré cosas muy antiguas e interesantes, como el uniforme de mi abuelo que había sido militar, algunas insignias militares llenas de polvo y un pequeño caballo tallado en madera, al tomar unos libros viejos vi caer una carta la cual se encontraba cerrada aun, yo la tome y por curiosidad la abrí, la carta decía asi:
“Hoy pase al lado de mi esposa y no sabía quién era ella, solo sentí que ella era alguien que yo amaba, pero quien era esa mujer? Mi madre? Mi hermana? A los pocos minutos regreso mi conciencia y recordé que era ella, mi mujer. Les pido perdón a todos por esta enfermedad que poco a poco me hace olvidar las cosas, aun los recuerdos se borren de mi mente jamás se borraran de mi corazón”
La carta era extraña y difícil de leer ya que las letras se iban convirtiendo en garabatos y líneas retorcidas, me causo mucha impresión leer eso y al seguir buscando encontré la cartilla medica de mi abuelo, al parecer era una persona sana pero al continuar leyendo vi que había sido diagnosticado con Alzheimer y ahí por primera vez en años entendí lo injusto que yo había sido con mi abuelo.
Cuando yo era un niño recuerdo que mi abuelo siempre dejaba su taller de carpintería para ir por mi a la escuela, siempre de manera puntal llegaba y se sentaba a lo lejos esperando que diera la hora en que sonaba la campana y salíamos de clases.
A mi abuelo lo recuerdo siempre lleno de polvo , mal peinado, una barba descuidada, zapatos llenos de aserrín de la madera y eso me daba mucha pena ya que los otros niños le hacían burla, le decían “el loco” y a mi me daba pena que todo el tiempo se rieran de mi.
Yo solia acelerar el paso para no caminar junto a mi abuelo, el se quedaba atrás unos metros pero iba siempre sonriente y de buen humor, recuerdo un dia que me salieron unos chicos mayores a querer quitarme dinero, el se puso en medio y uno de ellos tomo con su mano lodo del suelo y se lo tiro en la cara para después correr burlonamente, yo sentí pena por mi abuelo, lo considere un cobarde al no haber actuado en contra de ellos y permitir que lo humillaran de tal forma.
Me sentía triste de que mi abuelo no fuese como los demás, el no tenía amigos, la gente lo saludaba y el sonreía como si no conociera a nadie, a veces hasta batallaba para pronunciar el nombre de los familiares, como si fuesen extraños.
Nunca sentí nada por el, fui muy frio lo considere un perdedor, un caso perdido de quien jamás podría sentirme orgulloso.
Cuando mi abuela despertó le pregunte sobre la enfermedad de mi abuelo, ella me conto que en efecto el fue perdiendo todos sus recuerdos, olvido el nombre de sus hijos, familiares e incluso de ella misma, pero que el dia de su muerte el preguntaba por mi, raramente mi nombre nunca se le había olvidado a ese viejo.
Fue en ese momento que entendí muchas cosas, el por que mi abuelo era así, a él no lo movía el motor que nos mueve a todos los seres humanos a actuar, a el lo movía el amor puro y desinteresado, siempre cuido de mi a mis espaldas sin importar que yo lo llegara a ver con desprecio.
En la parte de atrás de la carta que dejó mi abuelo le respondí lo siguiente y después guarde la carta nuevamente entre las páginas del libro.
“Te pido perdón Abuelo, loquito mío, que no supe apreciar lo que hacías por mí, fui muy ciego y me gustaría regresar el tiempo para poderte haber agradecido con un abrazo y un te amo, pero donde estés te agradezco que nunca hayas olvidado mi nombre y yo te prometo que nunca olvidare el tuyo. “