Si escuchan la historia de esta marioneta tal vez comiencen a apreciar la verdadera esencia de la vida. Aquí les regalo los pensamientos de esta criatura mágica que quisiera abandonar sus hilos para convertirse en un ser humano.
“Si por un momento Dios se olvidara que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas no por lo que valen sino por lo que significan, dormiría poco y soñaría más, vestiría sencillo y me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Si yo tuviera un corazón escribiría mi odio sobre hielo y esperaría que saliera el sol, no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero que la quiero, y a los niños le daría alas, pero los dejaría que aprendiesen a volar solos.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A los viejos, a mis viejos, les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con olvido”.
A veces pienso que esa marioneta se merece un trozo de vida, como ella le llama, porque lamentablemente en este mundo tal parece que las personas se están convirtiendo en simples marionetas, con un corazón de trapo que se mueve al antojo de unos finos hilos.
“Si por un momento Dios se olvidara que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas no por lo que valen sino por lo que significan, dormiría poco y soñaría más, vestiría sencillo y me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Si yo tuviera un corazón escribiría mi odio sobre hielo y esperaría que saliera el sol, no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero que la quiero, y a los niños le daría alas, pero los dejaría que aprendiesen a volar solos.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A los viejos, a mis viejos, les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con olvido”.
A veces pienso que esa marioneta se merece un trozo de vida, como ella le llama, porque lamentablemente en este mundo tal parece que las personas se están convirtiendo en simples marionetas, con un corazón de trapo que se mueve al antojo de unos finos hilos.