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El domingo 20 de enero de 1974 por la noche, horas después de que el ERP hubiera copado la Guarnición de Azul asesinando al coronel Gay y a su esposa, y retirarse llevándose como prisionero al teniente coronel Ibarzabal, el presidente Perón leyó un Mensaje a la Nación transmitido por radio y televisión. Le acompañaban la vicepresidenta, los ministros, los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados, y los comandantes en jefe del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
Reproducimos algunos párrafos de su discurso:
(...) Ya no se trata sólo de grupos de delincuentes, sino de una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneos, ataca al Estado y a sus Instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la reconstrucción y la liberación en que estamos empeñados. Es la delincuencia asociada a un grupo de mercenarios que actúan mediante la simulación de móviles políticos tan inconfesables como inexplicables.
(...) En consecuencia, el Gobierno Nacional, en cumplimiento de su deber indeclinable, tomará de hoy en mas las medidas pertinentes para atacar al mal en sus raíces, echando mano a todo el poder de su autoridad y movilizando todos los medios necesarios.
El Movimiento Nacional Justicialista movilizará, asimismo, sus efectivos para ponerlos decididamente al servicio del orden y colaborar estrechamente con las autoridades empeñadas en mantenerlo.
Pido, asimismo, a todas las fuerzas políticas y al pueblo en general, que tomen partido activo en la defensa de la República, que es la afectada en las actuales circunstancias. Ya no se trata de contiendas políticas parciales, sino de poner coto a la acción disolvente y criminal que atenta contra la existencia misma de la patria y sus instituciones, que es preciso destruir antes de que nuestra debilidad produzca males que pueden llegar a ser irreparables en el futuro
El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una patria justa, libre y soberana, lo que nos obliga perentoriamente a movilizarnos en su defensa y empeñarnos decididamente en la lucha a que dé lugar. Sin ello, ni la reconstrucción nacional ni la liberación serán posibles.
Por primera vez, Perón proponía oficialmente que los partidos políticos y todo el pueblo argentino se implicaran en la tarea de "aniquilar" el terrorismo marxista.
El lunes 21, en su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, envió un radiograma a todas los comandos y unidades, del que reproducimos este fragmento:
(...) La decisión soberana de las grandes mayorías nacionales de protagonizar una revolución en paz, y el repudio unánime de la ciudadanía, harán que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República.
El martes 22 mantuvo una tensa reunión -televisada en directo para todo el país-, con los nueve diputados de la Juventud Peronista (Montoneros), que se negaban a votar en el Congreso una ley que redefiniera en el Código Penal el delito de "asociación ilícita" para endurecer las penas a los delincuentes subversivos. Como no hubo acuerdo, al día siguiente los expulsó del Movimiento -al igual que a Cámpora- y les ordenó renunciar a sus escaños en la Cámara.
En esa reunión Perón se explayó sobre la nueva doctrina contra-terrorista del Estado que venía considerando. Reproducimos unos párrafos de su larga y belicosa respuesta a los montoneros:
Para nosotros es un problema bien claro. Queremos seguir actuando dentro de la ley y para no salir de ella necesitamos que la ley sea tan fuerte como para impedir esos males.
Si no tenemos la ley, el camino será otro; y les aseguro que puestos a enfrentar la violencia con la violencia, nosotros tenemos más medios posibles para aplastarla; y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aquí de monigotes.
Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley, también lo vamos a hacer, y lo vamos a hacer violentamente, porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer; no tenga la menor duda.