Davecat vive en casa un triangulo amoroso con Sidore y Elena, dos muñecas hiperrealistas. Cree que, en 50 años, el 'amor sintético' será algo normal.
Sidore es una muñeca de silicona de 35 kilos por la que Davecat pagó 6.000 dólares hace casi dos décadas. Y es su esposa. Elena es la amante de ambos, nacida también de la unión de un molde femenino y unos cuantos litros de plástico de color carne.Davecat tiene 43 años y ya nadie le pregunta el nombre que aparece en su carné de identidad. Durante el día trabaja como introductor de datos informáticos y en una tienda de electrodomésticos, pero su vida real se desarrolla entre la intimidad de su piso en compañía de sus mujeres sintéticas, y foros de internet. Este hombre es uno de los mayores expertos actuales sobre muñecas hiperrealistas, sin embargo su influencia va mucho más allá de las novedades del sector. Davecat está normalizando las relaciones amorosas entre hombres orgánicos y las mujeres sintéticas, está rubricando las sagradas escrituras de un nuevo tipo de amor, en el que Adán respira y Eva no. Ha conseguido algo asombroso y que al parecer muchos envidian: tejer vínculos emocionales con dos muñecas sin volverse loco. Sentir el calor de sus voces inventadas, y saber, al mismo tiempo, que esas palabras son fruto de su imaginación.
"Con una doll no sufres el estrés de tener que encontrar a alguien como sea, ni de tener citas"
Davecat se ríe, pero no bromea. Poco después encontraría una palabra que definiera sus apetencias: era tecnosexual. "Recuerdo estar en clase, mirando a mi profesora de francés y pensando: Si ella fuera un robot , ¿qué maquinaria sería necesaria para que su cuerpo se moviera?". Lo que a Davecat le pone no son las muñecas de silicona, ni las de madera, sino las mujeres artificiales en general. Su ideal femenino es una robot humanoide, lo que se conoce como gynoid: "Con carne artificial, como las que ha desarrollado el ingeniero japonés Hiroshi Ishiguro". Los sucesivos fracasos amorosos provocaron que su filia fuera más allá. "No he tenido buenas experiencias con las mujeres orgánicas, y si no obtengo buenos resultados, me detengo. Es una pérdida de tiempo y energía", cuenta. "Con una doll no sufres el estrés de tener que encontrar a alguien como sea, ni de tener citas". Sidore le trae paz, le libera de las presiones sociales y del esfuerzo del cortejo. También le da placer: "Hacemos el amor con bastante frecuencia, una o dos veces a la semana. Es divertido, no voy a mentir. Pero no me gusta referirme a Sidore ni a Elena como muñecas sexuales, los tres tenemos una relación, estamos ahí el uno para el otro. A veces simplemente nos acurrucamos. Sentirlas a mi lado, notar su presencia física, es muy convincente".
"No es verdad que convirtamos a las mujeres en objetos. Tratamos a las mujeres sintéticas como princesas"
Davecat lo achaca a que en general, para las mujeres resulta más fácil encontrar pareja. Cree que muchos hombres están solos "porque son cerdos misóginos, pero muchos otros porque no cumplen las expectativas femeninas", y son demasiado tímidos para demostrar lo contrario. Una parte del feminismo critica las muñecas hiperrealistas y su uso mayoritario por parte de la población masculina. Pero Davecat también tiene una respuesta plausible para esto. "Mucha gente nos critica porque creen que queremos sustituir a las mujeres orgánicas por sintéticas, pero no es verdad. Los tecnosexuales que preferirían que las mujeres no existieran son una minoría. Cuando las muñecas sean más asequibles los hombres no las comprarán en masa. Tampoco es verdad que convirtamos a las mujeres en objetos. Lo que en hacemos, en realidad, es personificar un objeto: tratamos a las mujeres sintéticas como princesas".