Consecuencias de Curupaytí

Después del desastre del 22 de Septiembre de 1866, siguió un período de inmovilidad bélica largo tiempo prolongado (prácticamente hasta Noviembre de 1867) a la espera que los efectivos aliados remontasen las cuantiosas pérdidas. ¿Por qué no atacó López a los desmoralizados generales de la Triple Alianza?: era el momento más oportuno de toda la campaña, y no atinó a aprovecharlo. Tal vez el mal resultado de Tuyuty en Mayo de 1866, le hizo descreer en una ofensiva. Pero la permanente defensiva no podía conducir a nada. Algún día la escuadra brasileña habría de forzar el paso de Humaitá, y entonces Asunción quedaría a merced de los enemigos.
Todos los males se habían cernido sobre los campamentos de ambos contendientes en esa larga pausa de Curupaytí. El fantasma del cólera, producido por la mala alimentación y la vida en los pantanos, llevaba diariamente un buen caudal de vidas; la indisciplina y la deserción eran constantes entre los aliados. López cubría sus bajas con recluta de niños y ancianos, y los brasileños procedían a la leva de esclavos en cantidades. Inútilmente clamaban algunos periódicos brasileños - también había neutralistas en el imperio - que los cafetales en San Pablo se quedaban sin brazos serviles, y la hecatombe de los esteros paraguayos significaría más tarde o más temprano la ruina económica y social del imperio.
Solamente de Brasil llegaban refuerzos al campamento de Tuyuty en forma de esclavos "liberados" por el gobierno a tres mil francos por negro. Del Estado Oriental no llegaba nadie y su escasa fuerza inicial reducida a 800 hombres en Septiembre de 1866, no pasaba de 300 al año siguiente; los demás habían muerto, o desertado, o vuelto a su tierra. La revolución federal en la Argentina detuvo los contingentes de voluntarios, que no se reanudarían nunca más. Había en la Argentina un cansancio total por la guerra, que en adelante haría Brasil, casi solo, a costa de desangrarse y arruinarse.
En Septiembre de 1866, Venancio Flores se había vuelto a Montevideo y ya no volvería. Estaba cumplida su deuda con quienes le dieron el gobierno con esos quince meses de campaña. el 9 de Febrero de 1867, Mitre dejó el campamento llamado por la insurrección de las montoneras, y en su reemplazo Caxias asumió el comando en jefe; Tamandaré fue reemplazado por José Joaquín Inácio, pues en Río de Janeiro no estaban satisfechos por sus disculpas al no descangalhar em duas horas a los defensores de Curupaytí aquel trágico 22 de Septiembre. La ausencia de Mitre sería aprovechada por Caxias para avanzar sobre el ala derecha y situarse en Tuyú-Cué donde quedó instalado el cuartel general. Allí lo encontraría Mitre al regresar de la Argentina el 31 de Julio, y retomar el mando en jefe. Por cinco escasos meses, durante los cuales sufrirían los aliados otra derrota el 3 de Noviembre.
Los Estados Americanos se solidarizan con Paraguay
Charles Ames Washburn
Al conocerse en 1866 una publicación del gobierno inglés, el tratado "secreto", una ola de indignación corrió por el continente: quedó claro que el propósito de los vencedores era repartirse los despojos del Paraguay. Desde Chile, Bolivia, Perú y Ecuador se hizo llegar - el 9 de Julio - la protesta por el atropello: se comparaba la conducta de los aliados en Paraguay con los franceses en México, y los españoles en Santo Domingo y el pacífico. El reciente triunfo de los anti-esclavistas en la guerra de Secesión norteamericana puso la opinión estadounidense contra "el imperio esclavista y sus auxiliares". Haciendo eco de ello la Cámara de Representantes de Washington votaba el 17 de Diciembre una recomendación de "buenos oficios para terminar esa guerra", que el presidente Johnson encomendó a sus diplomáticos en Río de Janeiro, Buenos Aires y Asunción; pero la gestión se esterilizaría; como dice Carlos Pereyra, "porque los Estados Unidos no podían dejar de hacer una yancada. Washburn, ministro en la Asunción, sacando los pies del plato se dirigió al jefe de las fuerzas brasileñas y le dijo media docena de verdades muy amargas, muy antidiplomáticas y muy injustas. Amargas, porque eran verdades; antidiplomáticas, porque no tenía instrucciones para obrar como obraba, e injustas porque todo lo que el buen Washburn decía a Brasil era gratuitamente ofensivo de parte de los Estados Unidos, cuya política invariable ha sido precisamente la misma que Washburn reprochaba a Brasil.
Tras los bastidores se encontraba - ¡cuando no!- la diplomacia inglesa. Sus representantes habían sido quienes anudaron la Alianza en 1864 y lanzaron a Brasil y a la Argentina en el conflicto. Pero Inglaterra no quería el aniquilamiento del Paraguay ni su reparto: le bastaba con derrocar a López, arrasar la fortaleza de Humaitá, demoler los Altos Hornos de Ibicuy y la fundición de Asunción en nombre de la "libre empresa", y dejar en un Paraguay liberado, agrícola y democrático, un gobierno dócil de abogados a sueldo y clubmen amables. A su juicio la guerra debió terminarse como lo había querido López en Yatayty- Corá: con su renuncia de gobierno y el retiro consiguiente de los invasores. Después, los diplomáticos británicos convencerían a los nuevos gobernantes paraguayos de la demolición de Humaitá, el libre comercio y el aniquilamiento de las industrias. Por eso había publicado Russell el texto del Tratado de la Triple Alianza en Marzo de 1866, apenas Paraguay entró en la defensiva.
Pero Pedro II no quería ningún arreglo que no fuese la victoria completa de Brasil. Necesitaba una victoria militar, que ni Mitre ni sus mariscales o almirantes le habían traído. La política de Caseros y Paysandú debía terminar otra vez con el desfile algún 20 de Febrero de las tropas imperiales por las calles de Asunción: iba en juego la "hegemonía continental", o por lo menos el fantasma de esa hegemonía. El vizconde de Río Branco informó en Río de Janeiro a los ingleses que nao podía arranjarse nada fuera del triunfo aunque Brasil saliera herido de muerte, y el canciller argentino Rufino de Elizalde - "yerno de Brasil" lo llama Pereyra- seguiría sus pasos, aunque también el mitrismo quedase herido de muerte en los pantanos paraguayos.
La escuadra imperial
La guerra contra Paraguay fue hecha por el imperio con dos auxiliares extranacionales, Mitre y Flores. En 1865 se conservaron las apariencias de una Triple Alianza con un tratado formal entre naciones soberanas, y hasta quien no era brasileño fue colocado al frente del ejército (Mitre). Pero después de Curupaytí no había para qué conservar la máscara sobre todo porque la jefatura de Mitre costaba muy cara. La guerra sería desde entonces - y más, después del desastre de Tuyú-Cué en Noviembre de 1867, que significaría el definitivo licenciamiento de Mitre con el pretexto de tener que asumir una presidencia in extremisen Buenos Aires - una guerra brasileña.
"Mitre, jefe nominal de ejército - escribe después de Curupaytí Natalicio Talavera, corresponsal de guerra de La Semana de Asunción - está haciendo el papel más ridículo posible: no solamente dejan de obedecerle los brasileños, sino las mismas tropas argentinas que están bajo su inmediata dirección. Polidoro, Tamandaré, Porto Alegre, no quieren saber nada de Mitre, a quien desprecian altamente".
Le Courrier de la Plata, órgano de la colectividad francesa en Buenos Aires, denunciaba el "papel ridículo, torpe y odioso" que hacía la Argentina en "la guerra ahora solamente Brasileña": "ridículo porque se ha colocado en una posición secundaria, que no le conviene respecto a Brasil; torpe, porque contribuye a destruir el baluarte que la protegía al norte contra las invasiones brasileñas; y odioso, porque coopera para degollar a un pueblo que tiene su sangre y su misma forma de gobierno".
Todo el secreto de la victoria brasileña estaba en el forzamiento de Humaitá por la escuadra y dejar practicable el río para el bombardeo de Asunción. El imperio no había querido arriesgar sus acorazados, demasiado costosos, y había preferido que murieran los esclavos negro y los "voluntarios" argentinos en las operaciones terrestres dirigidas por Mitre. Hasta que se convencieron en Septiembre de 1866 de que por ese procedimiento la guerra se hacía interminable.
Los pocos navíos paraguayos habían sido destruidos en Riachuelo en los momentos iniciales del conflicto: por lo tanto, no habría batallas navales sino forzamiento de pasos fortificados. No era muy arriesgado, pero era necesario jugar la escuadra, y Tamandaré - tan intrépido frente a Paysandú - resultó prudente ante Curupaytí y Humaitá. No le gustaba nada una hilera de cuerpos extraños sumergidos a escasa profundidad que cruzaban de una banda a la otra y los suponían poderosas minas "prontas para hacer saltar por los aires" a los buques. Resultaron ser damajuanas.
José Eduvigis Díaz
Tras un intento heroico y fracasado de algunos paraguayos - con el comandante Molas y el capitán Genes- de abordar a los acorazados con botes "suicidas", Inácio consiguió el 17 de Agosto forzar el paso de Curupaytí. Lo favoreciá que el general Díaz, el héroe paraguayo, había muerto en Febrero víctima de su temerario arrojo mientras desde una canoa y en medio del río observaba los movimientos de la escuadra.
Pero si el bravo almirante había doblegado a Curupaytí, no se atrevió contra Humaitá y quedó otra vez en mitad del río.
Vuelve Mitre: derrota de Tuyú-Cué (3 de Noviembre de 1867)
Durante la ausencia de Mitre (Febrero a Julio de 1867), Caxias había avanzado sobre Tuyú-Cué, que el 31 de Julio caía en su poder; esa tarde llegaba Mitre para asumir el cargo que le correspondía por el Tratado de la Triple Alianza. No obstante la epidemia de cólera y las deserciones, el ejército se encontraba más fuerte debido a los contingentes de esclavos traídos de San Pablo. El imperio, dispuesto a apurar las cosas antes que la diplomacia salvara a Paraguay había contratado un empréstito que le produjo 91 millones de patacones, pero debió comprometerse a devolver 125 millones: el quebranto del 34% demostraba que el crédito imperial andaba por los suelos. Podía consolarse que peor andaba el argentino, pues los agentes de Mitre nada conseguían. Los 91 millones se tradujeron en armas, cañones y esclavos para la ofensiva final. En Tuyú-Cué había 50 mil soldados, casi todos brasileños y un cuantioso material de guerra.
Bartolomé Mitre
Desdichadamente Mitre también se encontraba en el campamento como un presente griego: la conducción del generalísimo porteño era lo mejor que podría ocurrirle a los paraguayos. Llegó de Rosario convencido más que nunca de sus condiciones militares: había estudiado estrategia en su viaje y analizado las maniobras envolventes de Federico II de Prusia.
El 3 de Noviembre ocurre el ataque de Tuyú-Cué (también llamada segunda batalla de Tuyuty). 8.000 paraguayos acometen contra 50.000 aliados:
"La batalla fue tremenda - escribe Blanco Fombona -, aunque los paraguayos eran menos de la sexta parte del enemigo, Mitre quedó en derrota. El campamento fue incendiado. Artillería, municiones de guerra y boca, mulas, tiendas, carros, todo cayó en poder de los paraguayos. Mitre perdió hasta su correspondencia. Aquella derrota y aquella carrera son indefendibles, pues de su inmenso ejército, atacado sólo por una legión de héroes, había tenido Mitre apenas 2.000 bajas"
El general en jefe se refugió en su antiguo campamento de Tuyuty. La operación había sido para apoderarse de las armas brasileñas puestas bajo la custodia de Mitre: los paraguayos se retiraron apenas cumplida y eso le permitiría a Mitre, acordándose de Pavón (1861), atribuirse la victoria. Pero "ya le fue imposible a Mitre, de todo punto imposible, seguir al frente del ejército - comenta Blanco Fombona -; nada podía sostener su autoridad". En Enero de 1868 lo obligaron a volverse a Buenos Aires pretextando la muerte del vicepresidente Marcos Paz. Sería recibido en triunfo por sus partidarios, pues el diario La Nación Argentina batía palmas al descalabro de Tuyú-Cué y a su "héroe". Diría Mitre su acostumbrada frase heroica, como al llegar a Buenos Aires después de la disparada de Cepeda, exclamó impertérrito: "Aquí os traigo intactas vuestras legiones", y tras la corrida que le dio Calfulcurá en Sierra Chica, aseguraría que el "desierto es inconquistable". Ahora cubriría sus "laureles" de Tuyú-Cué con otra frase de circunstancias : "Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptas en su banderas los grandes principios que los apóstoles del librecambio han proclamado para mayor gloria y felicidad de los hombres".
Juan Calfulcurá
Habíamos aniquilado - o contribuido a aniquilar - a un pueblo hermano, para enseñarle las ventajas que en economía política tiene el librecambio. Hacíamos una guerra aniquiladora para quitarle lo que ganaba una tejedora de ñanduty, y dárselo a las hilanderías de Manchester o Birmingham.
CONTINUARÁ
Fuente:
Jose María Rosa, "La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas", Editorial Punto de Encuentro, Primera Edición. Págs 255-260

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3. Los desbandes entrerrianos http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/17387664/3-Los-desbandes-entrerrianos-1865.html
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