Es común escuchar a los defensores del proceso con las FARC sin ningún tipo de reparo decir que llevamos años matándonos, como si nosotros la gran mayoría que nunca hemos empuñado un arma y mucho menos matado a otro colombiano, militáramos o hubiéramos militado activamente en una GUERRA.
Es tan engañoso este discurso que nosotros los civiles que no somos CRIMINALES, ni asesinamos, ni secuestramos, ni extorsionamos, ni atentamos contra los bienes naturales o la infraestructura, resultamos en deuda con estas bandas y por lo tanto ha sido preciso llegar a un acuerdo de “PAZ” para que no sigan asesinado gente INOCENTE.
Es tiempo de llamar las cosas por su nombre, nosotros la mayoría de colombianos no nos hemos levantado en armas ni estamos participando en algún tipo de conflicto ni nos sentimos representados por las FARC, por lo tanto esto no es un proceso de PAZ entre dos bandos, es solo UN ACUERDO CON UN GRUPO CRIMINAL que no ha cesado de atentar contra la vida, honra y bienes de los civiles. El estado y el ejército por su parte solo han cumplido su función constitucional de defender a los colombianos de cualquier amenaza, por lo tanto llamar a estos actos criminales GUERRA no es más que un engaño del que muchos malintencionadamente están sacando provecho político.
Para recordar como han operado las FARC:
Masacre de Bojayá (Chocó). 2 de mayo del 2002. La guerrilla y los paramilitares utilizaron el pueblito junto al río Atrato, habitado por campesinos humildes, de campo de batalla. Durante los combates, los vecinos se refugiaron en la parroquia. A las FARC no les importaron los civiles y lanzaron cilindros – bombas artesanales- en dirección al templo. Ciento diecinueve personas de todas las edades perdieron la vida.
Coche-bomba en el Club El Nogal de Bogotá. 7 de febrero 2003. A las ocho de la noche, cuando había unas seiscientas personas en los distintos pisos del club, las FARC hicieron estallar un vehículo estacionado en el parking. El atentado dejó treinta y seis personas muertas y más de doscientas heridas, algunas de gravedad. El Secretariado de las FARC emitió un comunicado negando su autoría, pero las pruebas eran contundentes: la columna Móvil Teófilo Forero fue la responsable.
Secuestro masivo en Neiva. 26 de julio del 2001. Las FARC asaltan un edificio residencial, Miraflores, mientras algunos de los vecinos dormían. A nueve de ellos, entre los que había tres adolescentes, los secuestran. El primero recuperó la libertad a los nueve meses, tras pagar una fuerte suma de dinero, y los demás fueron saliendo a medida que cancelaban el rescate exigido. El caso más dramático fue el de la familia Lozada. La madre, Gloria Perdomo, permaneció cautiva dos años con sus hijos pero luego la separaron y la unieron a un grupo de secuestrados políticos. No regresó hasta pasados siete años. Los chicos, Juan Sebastián y Felipe, recobraron la libertad a los tres años cuando su padre, Jaime Lozada, pagó. Pero al poco, el progenitor fue asesinado por las FARC.
Reclutamiento de menores de edad. Las FARC han reclutado, y siguen haciéndolo, miles de menores de edad. Y son las niñas las que llevan la peor parte porque las utilizan, como a los varones, de carne de cañón, pero, además, como esclavas sexuales de comandantes y tropa. Si se quedan embarazadas, están obligadas a abortar.
Toma de poblaciones. Las FARC tienen una larga historia de asaltos a pueblos con bombardeos indiscriminados y ataques de fusil. El resultado, aparte de víctimas fatales, campesinos sin hogar, desplazamientos, miseria, desesperanza. La lista es interminable: Granada, Florida, Caicedo, Sabanalarga, Miraflores, Puerto Rico, El Mango, Paujil, Argelia, Toribío, Cartagena del Chairá, Algeciras, Vegalarga, Colombia, Miranda, Jambaló…algunas de este año 2012
Extorsión La guerrilla ha hecho cobro de dineros a comerciantes, industriales, empresarios, ganaderos y campesinos. La negativa al pago de esa ‘vacuna’ podría significar un atentado terrorista, asesinato o secuestro de la víctima.
Desplazamiento. Es incalculable el número de colombianos de toda condición social, que debieron abandonar sus hogares, sus tierras, sus negocios, sus ciudades, amenazados por las FARC.
Es tan engañoso este discurso que nosotros los civiles que no somos CRIMINALES, ni asesinamos, ni secuestramos, ni extorsionamos, ni atentamos contra los bienes naturales o la infraestructura, resultamos en deuda con estas bandas y por lo tanto ha sido preciso llegar a un acuerdo de “PAZ” para que no sigan asesinado gente INOCENTE.
Es tiempo de llamar las cosas por su nombre, nosotros la mayoría de colombianos no nos hemos levantado en armas ni estamos participando en algún tipo de conflicto ni nos sentimos representados por las FARC, por lo tanto esto no es un proceso de PAZ entre dos bandos, es solo UN ACUERDO CON UN GRUPO CRIMINAL que no ha cesado de atentar contra la vida, honra y bienes de los civiles. El estado y el ejército por su parte solo han cumplido su función constitucional de defender a los colombianos de cualquier amenaza, por lo tanto llamar a estos actos criminales GUERRA no es más que un engaño del que muchos malintencionadamente están sacando provecho político.
Para recordar como han operado las FARC:
Masacre de Bojayá (Chocó). 2 de mayo del 2002. La guerrilla y los paramilitares utilizaron el pueblito junto al río Atrato, habitado por campesinos humildes, de campo de batalla. Durante los combates, los vecinos se refugiaron en la parroquia. A las FARC no les importaron los civiles y lanzaron cilindros – bombas artesanales- en dirección al templo. Ciento diecinueve personas de todas las edades perdieron la vida.
Coche-bomba en el Club El Nogal de Bogotá. 7 de febrero 2003. A las ocho de la noche, cuando había unas seiscientas personas en los distintos pisos del club, las FARC hicieron estallar un vehículo estacionado en el parking. El atentado dejó treinta y seis personas muertas y más de doscientas heridas, algunas de gravedad. El Secretariado de las FARC emitió un comunicado negando su autoría, pero las pruebas eran contundentes: la columna Móvil Teófilo Forero fue la responsable.
Secuestro masivo en Neiva. 26 de julio del 2001. Las FARC asaltan un edificio residencial, Miraflores, mientras algunos de los vecinos dormían. A nueve de ellos, entre los que había tres adolescentes, los secuestran. El primero recuperó la libertad a los nueve meses, tras pagar una fuerte suma de dinero, y los demás fueron saliendo a medida que cancelaban el rescate exigido. El caso más dramático fue el de la familia Lozada. La madre, Gloria Perdomo, permaneció cautiva dos años con sus hijos pero luego la separaron y la unieron a un grupo de secuestrados políticos. No regresó hasta pasados siete años. Los chicos, Juan Sebastián y Felipe, recobraron la libertad a los tres años cuando su padre, Jaime Lozada, pagó. Pero al poco, el progenitor fue asesinado por las FARC.
Reclutamiento de menores de edad. Las FARC han reclutado, y siguen haciéndolo, miles de menores de edad. Y son las niñas las que llevan la peor parte porque las utilizan, como a los varones, de carne de cañón, pero, además, como esclavas sexuales de comandantes y tropa. Si se quedan embarazadas, están obligadas a abortar.
Toma de poblaciones. Las FARC tienen una larga historia de asaltos a pueblos con bombardeos indiscriminados y ataques de fusil. El resultado, aparte de víctimas fatales, campesinos sin hogar, desplazamientos, miseria, desesperanza. La lista es interminable: Granada, Florida, Caicedo, Sabanalarga, Miraflores, Puerto Rico, El Mango, Paujil, Argelia, Toribío, Cartagena del Chairá, Algeciras, Vegalarga, Colombia, Miranda, Jambaló…algunas de este año 2012
Extorsión La guerrilla ha hecho cobro de dineros a comerciantes, industriales, empresarios, ganaderos y campesinos. La negativa al pago de esa ‘vacuna’ podría significar un atentado terrorista, asesinato o secuestro de la víctima.
Desplazamiento. Es incalculable el número de colombianos de toda condición social, que debieron abandonar sus hogares, sus tierras, sus negocios, sus ciudades, amenazados por las FARC.