La popular cueva ha sido embellecida con iluminación artística
Entre las bellas panorámicas con las que la naturaleza ha dotado a Mazatlán y los monumentos que han erigido para hacer más interesante al Paseo Claussen, se puede encontrar La Cueva del Diablo.
Es un lugar que por más de 200 años ha estado rodeado de cuentos y leyendas.
Los mazatlecos te podrán contar muchas cosas sobre el enigmático lugar, cada una igual de emocionante.
Historias como una que dice que fue ahí donde los piratas escondieron un tesoro.
O de que los traficantes de oro apilaban los lingotes en espera de ser embarcados, o qué sirvió para sacar las primeras barras de hielo de La Nevería, la empresa que le dio el nombre al cerro en el que se encontraba ubicada.
Lo cierto es que la Cueva del Diablo es muy corta y lo más que se tiene registrado con fe documental es que sirvió como depósito de dinamita cuando el Cerro de la Nevería fue utilizado para extraer el material con el que se levantó el malecón de Olas Altas a mediados del siglo XIX.
Siempre permaneció abierto y a los niños se les tenía prohibido acercarse, bajo la pena de que pudieran ser arrastrados hacia dentro por el mismo demonio. Fue hasta hace unos 10 años cuando a la cueva se le puso el enrejado que ahora luce.
Recientemente se le se le añadió una iluminación artística que, sin duda, lo convierte en un espectáculo que ningún visitante se debe perder.
Entre las bellas panorámicas con las que la naturaleza ha dotado a Mazatlán y los monumentos que han erigido para hacer más interesante al Paseo Claussen, se puede encontrar La Cueva del Diablo.
Es un lugar que por más de 200 años ha estado rodeado de cuentos y leyendas.
Los mazatlecos te podrán contar muchas cosas sobre el enigmático lugar, cada una igual de emocionante.
Historias como una que dice que fue ahí donde los piratas escondieron un tesoro.
O de que los traficantes de oro apilaban los lingotes en espera de ser embarcados, o qué sirvió para sacar las primeras barras de hielo de La Nevería, la empresa que le dio el nombre al cerro en el que se encontraba ubicada.
Lo cierto es que la Cueva del Diablo es muy corta y lo más que se tiene registrado con fe documental es que sirvió como depósito de dinamita cuando el Cerro de la Nevería fue utilizado para extraer el material con el que se levantó el malecón de Olas Altas a mediados del siglo XIX.
Siempre permaneció abierto y a los niños se les tenía prohibido acercarse, bajo la pena de que pudieran ser arrastrados hacia dentro por el mismo demonio. Fue hasta hace unos 10 años cuando a la cueva se le puso el enrejado que ahora luce.
Recientemente se le se le añadió una iluminación artística que, sin duda, lo convierte en un espectáculo que ningún visitante se debe perder.