InicioCiencia EducacionLa VERDAD existe y te la muestro . 1 parte (el despertar)
¿De dónde venimos?.

Aquí se pretende dar posibles respuestas a esa pregunta que todos deberíamos hacernos. Ya que sólo por el hecho de hacernos esa pregunta, nos situamos al comienzo del DESPERTAR.

¿Qué hacemos aquí? ¿Por qué nacimos?¿Cuál es nuestra misión en la vida?



Existen muchas respuestas, tantas como personas que compartimos el planeta.

Sin embargo, lo que si pretendemos es suscitar la curiosidad, animaros a que iniciéis la búsqueda de tu respuesta y dar otros puntos de vista de los que no se suele hablar en los medios de comunicación.

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Para contestar a la pregunta ¿Qué hacemos aquí? Es preciso en primer lugar conocer ese “aquí”.

Nuestra percepción del mundo que nos rodea puede cambiar totalmente la percepción de nosotros mismos y de quienes somos

Una vez que podamos vislumbrar quienes somos podremos iniciarnos en la búsqueda de nuestro objetivo en esta vida.


¿PERCIBIMOS REALMENTE LA REALIDAD?

stos dispositivos y saben diferenciar la realidad de lo virtual.

¿Sabían ustedes que el mundo que percibimos (y por “el mundo” me refiero a todo en nuestro Universo) no tiene colores , y que tales colores son generados puramente por el cerebro humano?

Pues sí. Desde el punto de vista de los colores, el mundo fuera de nuestros ojos no es más que una infinidad de ondas electromagnéticas que viajan por el espacio hasta llegar a nuestros ojos. Y tales ondas no tienen ningún “color” tal cual lo percibimos. Más asombroso aun, es el hecho de que el concepto mismo de “color” es inexistente y es en realidad una creación 100% cerebral (no solo de nosotros, sino que de otros seres en el planeta).

Un ejemplo real de este fenómeno lo pueden ver personas que sufren de efectos de migraña crónica, en donde el cerebro experimenta un cambio tan radical durante los dolores de cabeza que las áreas de procesamiento visual de este se ven tan afectadas que cambian el comportamiento de las neuronas encargadas de procesar las ondas electromagnéticas y convertirlas en colores, teniendo como resultado que muchas de estas personas perciben colores diferentes durante tales dolorosas sesiones.

Una pregunta que surge en relación a estos temas es ¿vemos todos los humanos los colores iguales? La respuesta es que en la gran mayoría de los casos casi todas las personas percibimos los colores de manera muy similar ya que compartimos un patrón genético del ojo casi idéntico, pero eso no quita la posibilidad de que personas que tengan ciertas anomalías en su genoma o en su cerebro perciban colores de una manera totalmente diferente al resto de las personas.

Se sabe de casos por ejemplo de personas llamadas tetracromáticas, que perciben una mucho más grande gama de colores, a tal nivel que aunque para una persona normal dos colores son idénticos, para estas personas son dos colores tan diferentes como el azul y el rojo. Esto hasta donde se entiende ocurre solo en mujeres humanas, y se estima que cerca del 3% de las mujeres tienen esta capacidad. Esta anomalía sucede ya que estas mujeres tienen 4 foto-pigmentos por foto-detector, en vez de 3 como es lo usual en el resto de los humanos.

Así mismo es posible que personas vean una misma cantidad de colores que los demás, pero los vean de manera diferente. Es decir, lo que para ti es azul esa persona lo ve con otro tono de color, pero lo sigue llamando azul, razón por la cual es difícil saber si alguien ve “diferente” que el resto de los demás.

Otra cosa interesante es que algunos otros animales e insectos pueden ver no solo diferentes colores, sino que diferentes parte del espectro electromagnético, pudiendo por ejemplo ver luz infrarroja que para el ser humano es simplemente invisible. Sin embargo, se estima que la mayoría de animales mamíferos tienen solo dos foto-pigmentos por foto-detector (con la diferencia de algunos primates con los cuales compartimos una buena parte del genoma), por lo que ven muchos menos colores que nosotros los humanos (de ahí el viejo dicho que dice que los perros y gatos solo ven en “blanco y negro”, lo que es técnicamente incorrecto).

Lo importante de todo esto sin embargo es el hecho de que el concepto de colores es un concepto de alto nivel creado por nuestros cerebros para manejar mejor el flujo de datos electromagnéticos que le llegan a través del ojo. Lo mismo ocurre con el sonido, el cual no es nada más que átomos siendo empujados, comprimidos y descomprimidos en el espacio, pero para cuyo efecto el cerebro inventó el concepto del sonido. Y lo mismo ocurre con el olfato y el gusto (ambos son simplemente detectores de patrones moleculares).

Este tipo de fenómenos es lo que hace un puente entre la psicología, la ciencia y la filosofía, pues piensen en el sentido del tacto, ¿cuándo sentimos una mesa, está verdaderamente esa mesa ahí o es simplemente que lo que percibimos no es nada más que una ilusión matemática creada por el cerebro para crear una “vista” del mundo exterior en nuestras mentes y nosotros poder manipularlo mejor?

Estos pensamientos llevan con nosotros muchos años. Les invito ahora a recordar e incluso releer El mito de La caverna de Plantón. Sin duda una pieza maestra de un genio evocador como pocos y que ahora en pleno siglo XXI re descubrimos.



l mito de la caverna”: Platón, República, VII, 514a–521b
–Y a continuación –seguí–, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la
falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie vivienda subterránea provista de una larga entrada,
abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños,
atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante,
pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, a la luz de un fuego que arde algo lejos y en
plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha
sido construido un tabique parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de
las cuales exhiben aquéllos sus maravillas.
–Ya lo veo –dijo.
–Pues bien, imagínate ahora, a lo largo de esa pared, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya
altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de
materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
–¡Qué extraña escena describes –dijo– y que extraños prisioneros!
–Iguales que nosotros –dije–, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí
mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está
frente a ellos?
–¿Cómo –dijo–, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
–¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
–¿Qué otra cosa van a ver?
–¿Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que
veían pasar ante ellos?
–Forzosamente.
–¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de
los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
–No, ¡por Zeus! –dijo.
–Entonces no hay duda –dije yo– de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de
los objetos fabricados.
–Es enteramente forzoso –dijo.
–Examina, pues –dije–, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme
a la naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente
y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por quedarse
deslumbrado, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le
dijera alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la
realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los
objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que
estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le
mostraba?
–Mucho más –dijo.
–Y si se le obligara a fijar su vista en la misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que escaparía, volviéndose
hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría que éstos son real- mente más claros que los que
le muestra.
–Así es –dijo.
DE DONDE VENIMOS?



Todos los días tenemos unas rutinas que ejecutamos casi de forma automática sin pensar.

Nuestra percepción de nosotros mismos queda diluida por los objetivos, las metas, los logros…

Hasta que de repente nos damos cuenta que todo eso que hacemos a diario, en realidad

No es importante

Lo importante es la consciencia de nosotros mismos. En este momento.

Lo importante es saber qué somos, qué hacemos aquí y de dónde venimos.

Sólo al intentar responder a estas preguntas nos podemos acercar a nuestra verdadera esencia ¿ Por qué existe el hombre?, ¿Quien nos creó?

La respuesta a estas preguntas supone un camino personal e interior. Así pues la misma información puede tener efectos distintos. Aquí no se busca adoctrinar, se busca el conocimientos de las alternativas de la historia.Se busca que cada lector reciba la decisión de encontrarse, y de buscar las respuestas importantes. De compartir el camino con otros que también buscan y que al expresar lo que sienten nos descubren a nosotros mismos.

Para responder a esta pregunta es necesario analizar nuestro origen como raza humana.

La Historia oficial ha empaquetado una versión adoctrinante e incompleta que sólo buscar perpetuar el engaño en que vivimos.

Para salir de ese engaño no se pueden añadir nuevos datos a un vaso ya lleno. Es preciso vaciar el vaso, nuestra mente y dejar la posibilidad de añadir nuevas propuestas. Sin este prerrequisito la lectura de este blog no servirá de nada. Y sus contenidos rebosaran el vaso para perderse en la nada.

En las páginas siguientes, se contemplan unos periodos de nuestra historia alternativa.

No pretenden ser la verdad absoluta sino una invitación a la duda, a iniciar un camino de búsqueda de nuestro origen. Como una catarsis en la que es preciso superar a los sentidos exteriores con la consciencia interior.

Conociendo nuestro linaje podremos en la siguiente pregunta ¿Qué hacemos aquí?, meditar sobre nuestro ser individual .

Ahora es preciso tirar una piedra al estanque para que altere su programación inicial y cree un kaos que dará origen a una nueva percepción de la realidad.

se analizó el conocimiento antiguo sobre astronomía de Egipto. Vimos como la meseta de Guiza estaba mostrando una fecha y una constelación 10.500 a C. y Orión, esto precisaba de unos conocimientos matemáticos, la precesión, imposibles de imaginar en una civilización neolítica, según la historia oficial que nos han contado.

Estos conocimientos al igual que los suministrados a los dogones, partieron de dioses venidos del espacio, según cuentan las propias fuentes poseedoras de los conocimientos.

Hoy saldremos fuera de África, cambiaremos de continente, iremos a México donde su cultura maya nos habla de un dios Quetzalcóatl que construyó Teotihuacan que marcaba a las pléyades.

Quetzalcóatl también tuvo de compañeros a dioses que gobernaron este imperio, éstos construyeron la avenida de los muertos una representación de la vía Láctea que era preciso recorrer para llegar al más allá.

El paralelismo es increíble edificios que dibujan en el suelo las constelaciones del cielo, dioses venidos de las estrellas que gobiernan directamente. Caminos que conducen a las estrellas para alcanzar la vida eterna.

Los templos de Uxmal imitan las constelaciones de Aries, Tauro Géminis… las ciudades mayas de Uxmal, Chichén Itzá, Yaxchilán y Palenque representan los cielos, entre todas se reconoce la secuencia del zodiaco.

Cambiemos de nuevo de continente vamos a Camboya al santuario de Angkor, donde aparecen esculpidos los nagas védicos.

Angkor se encuentra exactamente a 72º de Guiza, este número forma parte de la fórmula para calcular la precesión.

Los 72 templos de Angkor dibujan exactamente la constelación del Dragón, pero no en cualquier tiempo, sino el que tuvo exactamente en el año 10500 a C. (de nuevo esta fecha), entonces esta constelación ocupó el punto más bajo en el horizonte, exactamente igual que en Guiza.

En ambas culturas en la camboyana y en la egipcia, se pesaba el corazón de los muertos para decidir su premio o castigo. Por cierto en la lengua del Nilo Ang kor significa Horus vive.

A 54º de Angkor, en la Polinesia nos encontramos la isla de Pohnpei con varios templos y casi un centenar de islas artificiales, construidas con basalto y coral.

Andreas Faber-Kaiser y Erich Von Daniken escritores e investigadores de la historia, visitaron este enclave para tratar de encontrar una explicación a la forma de mover, toneladas y toneladas de piedras en una cultura aparentemente aislada y sin recursos. No encontraron respuesta.

También aquí estuvieron gobernando los dioses en una época contemporánea a la de Angkor.

Hemos visitado varios continentes y encontrado en ellos monumentos grandiosos que contienen un conocimiento de las estrellas. Un conocimiento que nos fue dado por dioses que vinieron de esas estrellas y que estuvieron gobernando directamente en cada uno de los enclaves que hemos visto.

La lista continúa pero no se trata de extenderse más, los ejemplos mencionados pueden ser fácilmente consultados en la red para verificar lo que aquí se dice.

Así pues tenemos un conocimiento antiguo, el mismo, que formó parte de toda la Tierra y que fue la fuente que originó las que nosotros llamamos, civilizaciones primeras: Sumeria, Egipto, Maya, Valle del Indo…

¿Qué fue de ese conocimiento?

Para intentar responder a esa pregunta avanzaremos en el tiempo hasta los siglos XII y XII fecha en la que se construyeron las primeras catedrales góticas en Francia.

Louis Charpentier escribió “El misterio de La Catedral de Chartres”, este autor dice que Reims, Chartres, Amiens, Bayeux, Evreux, Étanges, Laon y Notre Dame reproducen la Constelación de Virgo.

Los constructores de estas catedrales parecían tener un conocimiento oculto. De la noche a la mañana estos fantásticos monumentos se empezaron a edificar en Francia, en un tiempo simultáneo. La Orden del Temple estaba detrás de estos constructores. Una Orden que al conquistar Jerusalén, tuvo acceso a un conocimiento que llegó allí desde Egipto, pero esto amigos lectores forma parte de la misma historia,


coincidencia?


Al igual que los hebreos bíblicos, que remontaban sus genealogías no sólo hasta las parejas patriarcales, sino también hasta el comienzo de la humanidad, los aztecas, los toltecas y otras tribus nahuatlacas tenían leyendas de la creación que seguían las mismss pautas. Pero, mientras el Antiguo Testamento adecuaba sus fuentes surnerias designado a una entidad plural (Elohim) a partir de las diversas deidades activas en los procesos creadores, los relatos nahuatlaca conservaban los conceptos sumerio y egipcio de varios seres divinos que actuaban o bien en solitario o bien en grupo.
Las creencias tribales, predominantes desde el sudoeste de los actuales Estados Unidos, en el norte, hasta la actual Nicaragua, en el sur, sostenían que, en el principio, había un Dios Antiguo, Creador de Todas las Cosas, del Cielo y la Tierra, cuya morada estaba en lo más alto del cielo, el duodécimo cielo. Las fuentes de Sahagún atribuían el origen de estos conocimientos a los toltecas:
Y los toltecas sabían
que muchos eran los cielos.
Decían que había doce divisiones superpuestas;
allí moraba el dios verdadero y su consorte.
Él es el Dios Celestial, Señor de la Dualidad;
su consorte es la Dama de la Dualidad, la Dama Celestial.
Esto es lo que significa:
Él es rey, él es Señor, por encima de los doce cielos.
Sorprendentemente, esto parece una versión de las creencias de Mesopotamia, según las cuales a la cabeza del panteón estaba Anu («Señor del Cielo») que, junto con su consorte, Antu («Dama del Cielo»), vivía en un planeta lejano, el duodécimo miembro de nuestro Sistema Solar. Los sumerios lo describían como un radiante planeta cuyo símbolo era la cruz. Todos los pueblos del mundo antiguo adoptarían posteriormente este símbolo, y lo desarrollarían hasta convertirlo en el omnipresente emblema del Disco Alado. Sorprendentemente, el escudo de Quetzalcóatl y otros símbolos que aparecen en los primitivos monumentos de México son extrañamente similares.

Los dioses de antaño, de los que los textos nahuatlacas contaban relatos legendarios, eran descritos como hombres barbados, como correspondería a los antepasados del barbudo Quetzalcóatl. Al igual que en las teogonías mesopotámicas y egipcias, había relatos de parejas divinas y de hermanos que se casaban con sus propias hermanas. De interés prioritario y directo para los aztecas eran los cuatro hermanos divinos, Tlatlauhqui, Tezcatlipoca-Yáotl, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli, según su orden de nacimiento.
Ellos representaban a los cuatro puntos cardinales y a los cuatro elementos primarios: Tierra, Viento, Fuego, Agua, un concepto de la «raíz de todas las cosas» bien conocido en el Viejo Mundo. Estos cuatro dioses representaban también los colores rojo, negro, blanco y azul, y las cuatro razas de la humanidad, a las que se representaba a menudo (ver el Códice Ferjervary-Mayer) con los colores correspondientes, junto con sus símbolos, árboles y animales.

El reconocimiento de cuatro ramas separadas de la humanidad resulta interesante, quizás incluso significativo, por sus diferencias con el concepto bíblico-mesopotámico de la triple división asiática, africana y europea surgida del linaje de Noé, de Sem, Cam y Jafet. Las tribus nahuatlacas habían añadido un cuarto pueblo, el pueblo de color rojo.
Los relatos nahuatlacas hablan de conflictos e incluso de guerras entre los dioses. Entre éstos se incluye el incidente en que Huitzilopochtli derrotó a los cuatrocientos dioses menores y el combate entre Tezcatlipoca-Yáotl y Quetzalcóatl. Estas guerras por el dominio de la Tierra o de sus recursos se habían detallado también en los mitos de todos los pueblos de la antigüedad.

os relatos hititas e indoeuropeos de las guerras entre Teshub o Indra con sus hermanos llegaron a Grecia a través de Asia Menor, Los semitas cananeos y fenicios escribieron acerca de las guerras de Baal con sus hermanos, en el transcurso de las cuales Baal mató a centenares de «hijos de los dioses» menores cuando se les atrajo con engaños al banquete de la victoria del dios. Y en las tierras de Cam, África, los textos egipcios hablaban del desmembramiento de Osiris a manos de su hermano Set, y de la posterior guerra entre Set y Horus, hijo y vengador de Osiris. ¿Acaso los dioses de los mexicanos eran concepciones originales, o eran los recuerdos de creencias y relatos que tenían sus raíces en las tradiciones del Próximo Oriente?
Nos encontramos con que el Creador de Todas las Cosas, para continuar con las comparaciones, era un dios que «da la vida y la muerte, la buena y la mala fortuna». El cronista Antonio de Herrera y Tordesillas (Historia general) comentaba que los indígenas «le invocan en sus tribulaciones, con la mirada puesta en el cielo, donde creen que está». Este dios creó primero el Cielo y la Tierra; después, dio forma al hombre y a la mujer a partir del barro, pero no duraron mucho. Después de algunos esfuerzos más, se creó una pareja humana a partir de cenizas y metales, y con ellos se pobló el mundo.
Pero todos estos hombres y mujeres fueron destruidos en una inundación, salvo cierto sacerdote y su mujer que, junto con semillas y animales, lograron flotar con la ayuda de un tronco ahuecado. El sacerdote descubrió tierra después de enviar unos pájaros. Según otro cronista, fray Gregorio García, la inundación duró un año y un día, durante los cuales toda la Tierra estuvo cubierta de agua y el mundo se sumió en el caos. !Parece que estemos leyendo la tradición sobre Noé!

Los acontecimientos prehistóricos relativos a la humanidad y a los antepasados de las tribus nahuatlacas se dividen en una serie de leyendas, representaciones pictóricas y grabados en piedra, como el Calendario de Piedra, que hablaban de cuatro eras o «soles». Los aztecas consideraban su época como la más reciente de las cinco eras existentes: la era del Quinto Sol. Según estos relatos, cada uno de los cuatro soles anteriores había terminado con una catástrofe, a veces natural (como un Diluvio) y a veces causada por las guerras entre los dioses. Sabiendo que (aparentemente) siempre hemos tenido el mismo sol, ¿qué significan realmente estos soles?
Se cree que el gran Calendario de Piedra azteca, que se descubrió en la zona del recinto sagrado, es la plasmación en piedra de las cinco eras. Los símbolos que circundan el panel central y la misma imagen central han sido objeto de numerosos estudios. El primer anillo interior representa, con toda claridad, los veinte signos de los veinte días del mes azteca. Los cuatro paneles rectangulares que rodean el rostro central se reconocen como los dibujos que representan las cuatro eras anteriores, y la calamidad que terminó con cada una de ellas -agua, viento, terremotos y tormentas, y jaguar.

os relatos de las cuatro eras son valiosos por la información relativa a la longitud de las eras y a sus principales acontecimientos. Aunque las versiones varían, lo cual sugiere una larga tradición oral previa a los registros escritos, todas coinciden en que la primera era llegó a su fin con un Diluvio, una gran inundación que arrasó la Tierra. La humanidad sobrevivió gracias a una pareja, Nene y su mujer, Tata, que se las ingeniaron para salvarse en un tronco vaciado.
O bien esta primera era o bien la segunda fue la era de los Gigantes de Cabellos Blancos. El Segundo Sol se recordó como «Tzoncuztique», la «Era Dorada»; que terminó a causa de la Serpiente del Viento. El Tercer Sol estaba presidido por la Serpiente de Fuego, y fue la era de la Gente de Cabello Rojo (¿antepasados de los escoceses?). Según el cronista Ixtlil-xochitl, éstos fueron los supervivientes de la segunda era, que llegaron en barco desde el Este al Nuevo Mundo, asentándose en la región de Botonchán, donde se encontraron con gigantes que también habían sobrevivido a la segunda era y fueron esclavizados por éstos. El Cuarto Sol fue la era de la Gente de Cabeza Negra (¿antiguos sumerios?).

Fue durante esta era cuando Quetzalcóatl apareció en México -alto de estatura, de luminoso semblante, con barba, y llevando una larga túnica. Su báculo, con forma de serpiente, estaba pintado de negro, blanco y rojo; llevaba piedras preciosas engarzadas y estaba adornado con seis estrellas. Es curioso que el báculo del obispo Zumárraga, el primer obispo de México, se hiciera muy parecido al de Quetzalcóatl. Fue durante esta era cuando se construyó Tollan, la capital tolteca. Quetzalcóatl, señor de la sabiduría y el conocimiento, introdujo la enseñanza, los oficios, las leyes y el cálculo del tiempo según un ciclo de 52 años.
Hacia el final del Cuarto Sol tuvo lugar una serie de guerras entre los dioses. Quetzalcóatl partió, de vuelta hacia el Este, hacia el lugar de donde había venido. Las guerras de los dioses causaron estragos en el país; los animales salvajes diezmaron a la humanidad, y Tollan quedó abandonada. Cinco años más tarde, llegaron los pueblos chichime-cas, alias de los aztecas; y el Quinto Sol, la era azteca, dio comienzo.

¿Por qué se les llamó «soles» a las eras y cuánto duraron? El motivo no está claro, y la extensión de las distintas eras no se ha establecido, o difiere según la versión. Una de las que parece más sensata y plausible, es la del Códice Vaticano-Latino 3738. Dice que el primer Sol duró 4.008 años, el segundo 4.010, el tercero 4.081. El cuarto Sol «comenzó hace 5.042 años», pero no se especifica el momento de su final. Sea como sea, tenemos aquí un relato de los acontecimientos que se remonta 17.141 años a partir del momento en que los relatos se registraron.
Es un lapso de tiempo demasiado largo como para que la gente pueda recordar algo, y los expertos, aunque aceptan que los acontecimientos del Cuarto Sol contienen elementos históricos, tienden a desechar lo relativo a eras anteriores como meros mitos. ¿Cómo explicar entonces los relatos de Adán y Eva, un Diluvio global y la supervivencia de una pareja, episodios que, según H. B. Alexander(Latin-American Mythology), son «sorprendentemente evocadores del relato de la creación del Génesis y de la cosmogonía babilónica»?
Algunos expertos con una visión poco abierta sugieren que los textos nahuatlacas reflejan lo que los indígenas ya habían escuchado en los sermones bíblicos de los españoles. Pero, dado que no todos los códices son posteriores a la Conquista, las similitudes bíblico-mesopotámicas sólo se pueden explicar si se admite que las tribus mexicanas tenían lazos ancestrales con Mesopotamia.


Incluso abriendo nuestra mente al máximo, nos resulta casi imposible ser conscientes de los distintos periodos que forman nuestro pasado.

La magnitud del tiempo es tan grande, que nuestro cerebro se niega a procesarla. Nuestra historia es tan corta y este primer periodo, tan largo.

¿Qué somos? ¿Cómo funciona este planeta? ¿Quiénes estuvieron antes de nosotros?

Si a la mayoría de personas le cuesta imaginar una tierra sin homo sapiens sapiens. Pensar en los habitantes de este periodo suena a herejía.

Sin embargo ahí están las huellas, los indicios, las dataciones imposibles, debajo del mar, en las rocas de las montañas o en los valles de los ríos. También en la propia tierra, En Gaia.

No hemos sido los únicos en progresar en este planeta, en descubrir este aparente oasis de vida.


Este extraño artefacto fue descubierto por un grupo de trabajadores que realizaban una excavación en la rivera del río Mures, dos kilómetros al este de la ciudad de Aiud, Transilvania durante el trascurso del año 1973 junto a otros dos objetos.


De los tres, dos eran huesos fósiles pertenecientes a un Mastodonte. El tercer objeto era un bloque de aluminio alojaba asimismo en el estrato número 35 y presentaba una evidente diferencia con cualquier pieza ósea animal u objeto geológico corriente.

El curioso bloque fue donado al Museo de Historia de Transilvania, para ser redescubierto y analizado muchos años mas tarde. Su peso resultó ser de 5 libras, y sus medidas aproximadas de 20 x 12,5 x 7 centímetros.

Los exámenes químicos realizado en un laboratorio de Lausanne, Suiza, para determinar su composición, demostraron que el artefacto estaba constituido en su mayoría por aluminio (89%), con la participación menor de otros 11 metales en proporciones específicas.

La sorpresa para los científicos no fue menor, ya que el aluminio en estado puro no se encuentra presente en la naturaleza, y la tecnología para lograr un grado considerable de pureza solo pudo ser alcanzada a mediados del siglo XIX




Fue en la ciudad francesa de Pierrelatte, ubicada en el departamento de Drôme, en la región francesa de Ródano-Alpes, donde en el año 1.972 se dió a conocer una de las mayores sorpresas a la que la comunidad científica se había enfrentado hasta ese momento. Más concretamente todo comenzó en una de las plantas de procesamiento de la Central Nuclear de Tricastin, donde en esos momentos se procesaba uranio de distintos orígenes y se procedía a su enriquecimiento para la obtención de barras de combustible con las que dotar a las centrales nucleares. Durante todo este proceso se controlaba minuciosamente, tal y como exigen las normas de seguridad internacionales, las cantidades de uranio-235 empleado, para asegurar en todo momento que no se desviaba ni un gramo a manos no deseadas, como terceros países codiciosos de obtener armas nucleares, o grupos terroristas con fines sombríos. En una de las mediciones rutinarias de control, el físico francés Francis Perrin localizó una muestra que contenía menos uranio-235 del esperado. La discrepancia era muy pequeña, dado que el uranio-235 es normalmente el 0,7202% de todo el uranio procedente de cualquier mina del planeta, pero en esa muestra era sólo el 0,7171%. Si bien a primera vista esta diferencia podía parecer incluso ridícula, no dejó de sorprender al físico francés, que sabía muy bien que los isótopos aparecen siempre muy bien mezclados en la naturaleza, de forma que algo raro tenía que haber pasado con esa muestra.

Puesto rápidamente en conocimiento de las autoridades competentes, una comisión de investigación barajó distintas hipótesis, entre las que se incluía la posibilidad de que esa muestra de uranio habría podido ser contaminada con uranio empobrecido de la misma planta de procesamiento, lo que vendría a significar una circunstancia muy grave, al ser una clara señal de que existían fugas en la central que entrañaban un serio peligro en el exterior.

La búsqueda de respuestas condujo a los investigadores al sistema de archivado de muestras, donde rápidamente hallaron minerales de uranio procedentes de la República de Gabón, que contenían incluso menos de la mitad del uranio-235 de lo que era habitual, una diferencia enormemente sustancial a la localizada inicialmente por Francis Perrin, que a pesar de todo se había incluso enriquecido al mezclarse el uranio procedente de otras fuentes. Un análisis de esos minerales pobres en uranio-235 que procedían de Gabón reveló que contenían isótopos muy parecidos a los que hay en los desechos de los reactores nucleares, con restos como el samario y el neodimio. Las muestras procedían de un envío de uranio de la Compañía Minera de Franceville, con cantera en Oklo, un yacimiento de uranio de 35.000 kilómetros cuadrados de extensión.


Un trabajador se encuentra junto a un depósito de, entre otras cosas, el uranio empobrecido, naturalmente.

Imágenes de Oklo, donde la casualidad ha intervenido para que las condiciones especiales que en su momento formuló Kuroda, se produjeran en 16 áreas separadas de Oklo y en otra zona situada a 35 km, el denominado reactor de Bangombé, 1.800 millones de años antes que Enrico Fermi diseñara el primer reactor nuclear de los tiempos modernos en 1.942.

La duda ahora entre los sorprendidos investigadores franceses de la Central Nuclear de Tricastin, era la de esclarecer si habían sido estafados por la compañía minera que les había vendido y proporcionado uranio con una concentración demasiada baja de uranio-235, es decir, como si el mineral hubiese sido utilizado previamente como combustible en otra Central Nuclear. Descartada rápidamente dicha posibilidad, nadie podía entender por qué la cantidad de uranio-235 era tan poca. Todo esto llevó en 1.975 a cerrar la mina de Oklo, y a que un equipo internacional de Geólogos, Geofísicos y Geoquímicos realizasen diversos estudios en la mina de Gabón. Todos los estudios geológicos y geoquímicos realizados en la zona indicaron claramente que la cantidad debía ser mucho mayor. La única respuesta posible residía en que alguien o algo lo había consumido empobreciéndolo.

Manipulación del uranio-235, para la elaboración del combustible nuclear. El combustible nuclear tiene una enorme capacidad energética por unidad de masa. El consumo anual de combustible de una central estándar es de unas 25 toneladas de uranio. En comparación, para producir la misma cantidad de electricidad, una central térmica de carbón consume 2,5 millones de toneladas de carbón y una central de gas de ciclo combinado consume 1700 millones de metros cúbicos de gas natural. El uranio-235 (235U) es un isótopo del uranio que se diferencia del uranio-238, el más común isótopo del elemento, en su capacidad para provocar una reacción en cadena de fisión que se expande rápidamente, es decir, que es fisible. De hecho, el uranio-235 es el único isótopo fisible que se encuentra en la naturaleza. El uranio-235 tiene una vida plena de 700 millones de años.
Tras un rastreo minucioso sobre el terreno, el equipo de investigación llegó a una hipótesis asombrosa. En el área denominada Oklo, de 35 mil Km2, un fenómeno único e irrepetible en todo nuestro planeta había ocurrido: un primitivo reactor nuclear completamente natural o, mejor dicho, varios reactores habían actuado sobre aquella área. Todo parecía indicar que el múltiple reactor nuclear natural se formó cuando un depósito rico en mineral de uranio se inundó de agua subterránea, la cual actuó como un moderador de neutrones, a lo que siguió una fuerte reacción en cadena. El moderador de agua herviría a medida que se incrementara la reacción, retardándola nuevamente y así evitando una fusión. La reacción de fisión se mantuvo durante cientos de miles de años. Clave para la creación de los reactores naturales fue que, en esa época, la abundancia de uranio-235 fisible según sus cálculos era de aproximadamente el 3%. Gracias a que la vida media del uranio-235 es más corta comparada con la del uranio-238, la presencia actual hoy en pleno siglo XXI de uranio-235 en el uranio natural es de aproximadamente el 0.7%. De todo ello los científicos deducían por tanto que un reactor nuclear natural ya no era posible en la actualidad, pero hace 1.800 millones de años Oklo contaba con las condiciones necesarias, con una composición mineral del 93% de uranio-238, 3% de uranio-235 y 4% de plutonio-239. Todo parecía indicar que el Reactor Nuclear natural de Oklo estuvo funcionando durante 500 mil años desde el momento de la mineralización del uranio, lo que consumió un total de 500 Kg de uranio con una potencia de salida de 100 KW.
Ubicación geográfica de Oklo en la República de Gabón o Gabonesa, antigua colonia francesa en África.

Lo más sorprendente de todo esto fue que para llegar a estas conclusiones el equipo de científicos, tras efectuar mediciones geocronológicas con los métodos de rubidio-estroncio, potasio-argón y uranio-plomo, tuvo que recurrir a las hipótesis de un colega que dos décadas antes, en 1.956, fue completamente ridiculizado y estigmatizado por la comunidad científica. Nos referimos al físico japonés Paul Kazuo Kuroda (1.917 – 2.001) profesor asistente de química de la Universidad de Arkansas quien, ante la burla de sus compañeros, afirmaba plenamente convencido que en la naturaleza podían ocurrir procesos naturales de fisión nuclear siempre que se conjugasen ciertas condiciones especiales:

1. Concentración elevada de uranio. La primera condición es que el tamaño del depósito de uranio sea suficientemente grande para que los neutrones producidos en una primera reacción no salgan de la veta de uranio y puedan ser absorbidos por otros núcleos.

2. Alta abundancia isotópica de uranio-235 (hace 700 millones de años existía el doble de uranio-235 que en el presente) De hecho, a medida que retrocediésemos en el tiempo, podríamos observar un aumento en la concentración de uranio-235. Por lo tanto, la posibilidad de que ocurriera una fisión nuclear espontánea tiene que aumentar con la antigüedad del evento.

3. Presencia de un “moderador de neutrones”. Un moderador de neutrones natural (como un acuífero) corresponde a una sustancia capaz de hacerlos más lentos y que puede permitir que una reacción nuclear en cadena se sostenga en el tiempo.

4. Ausencia de “elementos incompatibles como el boro” que dificultasen la fisión.




CONTINUARA
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