LA PAJA
La paja, heno es una gramínea seca o poaceaes secas, cortadas y utilizadas como alimento para los animales. Las flores de pasto también suelen ser parte de la mezcla. Las plantas que se utilizan comúnmente para el heno incluyen el ballico italiano (Lolium multiflorum) y el ballico (L. perenne), con mezclas de otras hierbas y tréboles (rojo, blanco y subterráneo). La avena, la cebada y el trigo también suelen formar parte del heno. En muchos países, la alfalfa constituye un heno de calidad superior, para el ganado bovino y los caballos.
En climas secos y calurosos, el heno está formado de hierbas bastas muy secas que tienen muy poco valor nutricional, pero es lo mejor que pueden hacer los granjeros de esas zonas.
Es el material de las hojas el que determina la calidad del heno. Los granjeros intentan juzgar el punto en el que la hoja de un prado alcanza su máximo antes de cortar el forraje. El material segado se deja secando de manera que la mayor parte de la humedad se pierda pero el material siga lo bastante robusto para que la maquinaria lo pueda recoger del suelo y procesarlo para almacenarlo en fardos, pilas o en hoyos.
USOS DE LA PAJA
El heno se utiliza normalmente para alimentar a animales domésticos como las obejas, cabras, vacas y caballos cuando o donde no hay suficiente hierba fresca, o cuando la hierba fresca es demasiado rica para una digestión fácil del animal. Los cerdos pueden ser alimentados con heno, pero no digieren la fibra de las plantas muy eficientemente.
LA PAJA Y SU EFECTO EN EL OCCIDENTE
Según la teoría de la historia del heno, la invención del heno fue un evento decisivo que movió el centro de gravedad de la civilización urbana desde la cuenca mediterránea hacia el norte y oeste de Europa. El Imperio Romano no necesitaba heno porque en el clima mediterráneo, la hierba crece lo suficiente durante el invierno como para que los animales puedan pastar. Pero de los Alpes hacia arriba, las grandes ciudades dependían de caballos y bueyes para el transporte, los cuales no podían existir sin heno. De modo que fue el heno el que permitió que la población creciera y que la civilización floreciera también a lo largo de los bosques del norte de Europa. El heno movió la grandeza de Roma hasta París y Londres, y más tarde hasta Berlín, Moscú y Nueva York.
La paja, heno es una gramínea seca o poaceaes secas, cortadas y utilizadas como alimento para los animales. Las flores de pasto también suelen ser parte de la mezcla. Las plantas que se utilizan comúnmente para el heno incluyen el ballico italiano (Lolium multiflorum) y el ballico (L. perenne), con mezclas de otras hierbas y tréboles (rojo, blanco y subterráneo). La avena, la cebada y el trigo también suelen formar parte del heno. En muchos países, la alfalfa constituye un heno de calidad superior, para el ganado bovino y los caballos.
En climas secos y calurosos, el heno está formado de hierbas bastas muy secas que tienen muy poco valor nutricional, pero es lo mejor que pueden hacer los granjeros de esas zonas.
Es el material de las hojas el que determina la calidad del heno. Los granjeros intentan juzgar el punto en el que la hoja de un prado alcanza su máximo antes de cortar el forraje. El material segado se deja secando de manera que la mayor parte de la humedad se pierda pero el material siga lo bastante robusto para que la maquinaria lo pueda recoger del suelo y procesarlo para almacenarlo en fardos, pilas o en hoyos.
USOS DE LA PAJA
El heno se utiliza normalmente para alimentar a animales domésticos como las obejas, cabras, vacas y caballos cuando o donde no hay suficiente hierba fresca, o cuando la hierba fresca es demasiado rica para una digestión fácil del animal. Los cerdos pueden ser alimentados con heno, pero no digieren la fibra de las plantas muy eficientemente.
LA PAJA Y SU EFECTO EN EL OCCIDENTE
Según la teoría de la historia del heno, la invención del heno fue un evento decisivo que movió el centro de gravedad de la civilización urbana desde la cuenca mediterránea hacia el norte y oeste de Europa. El Imperio Romano no necesitaba heno porque en el clima mediterráneo, la hierba crece lo suficiente durante el invierno como para que los animales puedan pastar. Pero de los Alpes hacia arriba, las grandes ciudades dependían de caballos y bueyes para el transporte, los cuales no podían existir sin heno. De modo que fue el heno el que permitió que la población creciera y que la civilización floreciera también a lo largo de los bosques del norte de Europa. El heno movió la grandeza de Roma hasta París y Londres, y más tarde hasta Berlín, Moscú y Nueva York.