Museo de Arqueología de Alta Montaña donde se encuentran exhibidos tres niños congelados, hallados en la cima de un volcán en 1999
El estadounidense Johan Reinhard fue quien realizó el hallazgo. Había estado años antes en Salta, y recordaba un sitio ubicado en la cumbre del volcán Llullaillaco que le había llamado la atención. Luego de varios descubrimientos en América Latina en lugares similares al que posteriormente se hizo el hallazgo de los niños, decidió regresar y organizar una expedición: el viernes 26 de febrero de 1999 partió de la ciudad de Salta con un equipo integrado por catorce personas: dos estadounidenses, seis argentinos y seis peruanos.
El miércoles 17 de marzo, el peruano Arcadio Mamaní descubrió en el sector Sur de la plataforma el enterratorio del niño y su ajuar. Ese mismo día, más al norte, el salteño Antonio Mercado y el peruano Ruddy Perea localizaron el cuerpo de la Doncella. El lugar de entierro de la Niña del Rayo fue descubierto dos días después por el peruano Orlando Jaen.
¿quiénes eran estos niños?
Aseguran que eran nobles mediante los cuales se hacían alianzas y casamientos simbólicos. Las aldeas ofrecían a sus niños, los casaban y de esta manera quedaban emparentadas con una alianza. En el sitio se encontró a una parejita de entre 6 y 7 años y a una joven de unos 15, que, por su atuendo, era una suerte de sacerdotisa, la que daba la protección necesaria para su paso al más allá".
El simbolismo escondido
"Los tres cuerpos fueron encontrados acompañados por 150 objetos en miniatura, que son todos similares pero distintos", asegura el arqueólogo. "Están hechos con la base de tres elementos: oro, plata y una concha marina de color salmón. Estos elementos tienen una significación muy importante. El oro representa la línea masculina, el sol. Para los Incas, el oro era "las lágrimas del sol", y, a su vez, también representado por el maíz. Por otro lado, la plata es la línea femenina. La luna es el astro que lo representa y la papa es su equivalente en la tierra, subterránea y arraigada en el suelo, mientras que el maíz se proyecta hacia el sol. La concha marina tiene un significado casi supremo que es la fertilidad".
Sin embargo, no sólo las miniaturas encierran un significado. El hecho de que los niños hayan sido enterrados vivos en la cumbre de la montaña revela una relación muy apegada de la cultura con ésta, y eso es precisamente lo que explica Vitry: "La figura de la montaña era extremadamente importante por varios motivos. Las montañas son grandes reservorios de agua, y donde hay agua, hay vida. En el lugar más árido del mundo, si hay agua, hay vida. Por otro lado, la ruptura del horizonte y la proyección hacia el cielo hacen que la montaña esté más cerca de la divinidad, del sol, de la luna, de las estrellas, del más allá y de lo desconocido. Todo es simbolismo implícito".
"la Doncella"
"El Niño"
"la Niña del Rayo"
Los secretos de las momias de los niños incas
Los incas preparaban a los niños que elegían para sus sacrificios administrándoles alcohol y hojas de coca durante meses, revela la investigación de un equipo internacional de expertos. Tras investigar tres momias de niños de hace más de 500 años, los expertos de la universidad británica de Bradford llegaron a la conclusión de que el consumo de alcohol y coca era parte del ritual del sacrificio. Los resultados se publican ahora en la revista 'Proceedings' de la Academia estadounidense de las Ciencias (PNAS).
El equipo liderado por el arqueólogo Andrew Wilson investigó entre otros aspectos, el cabello de las tres momias infantiles halladas en 1999 cerca de la cumbre del volcán Llullaillaco, en la provincia argentina de Salta, en el noroeste del país.
Las tres momias "El Niño" "la Doncella" y "la Niña del Rayo", que se encontraban en muy buen estado debido a las gélidas temperaturas en las que fueron conservadas.
Aunque ya se sabía que el alcohol y la coca eran determinantes en los sacrificios humanos de los incas, los restos hallados en los cabellos permiten deducir nuevos detalles sobre cómo se preparaban estos rituales. Así, un año antes de morir, la alimentación de 'la Doncella' -la mayor de los niños- cambió drásticamente. Al parecer, en ese momento habría sido elegida para el sacrificio y desde entonces mucho mejor alimentada. Según el estudio, 'la Doncella' tenía unos 13 años (en la web del museo se habla de en torno a 15).
El alcohol que consumían era, al parecer, chicha, una bebida derivada de la fermentación del maíz. Las hojas de coca, que se utilizan como materia prima para la cocaína, producen entre otros un efecto calmante al masticarlas mezcladas con ceniza. Los incas creían que los estados de embriaguez permitían acceder al mundo de los espíritus.
"La coca y el alcohol eran sustancias que provocaban un estado de cambio considerado sagrado", señala el estudio. Los autores de la investigación apuntan a que estas drogas también contribuían a que los niños fueran más dóciles de cara a los rituales.
Los rituales de sacrificios humanos en el imperio inca se conocen con el nombre de "copacocha". Los niños elegidos recorrían normalmente largas distancias y participaban en ceremonias en la capital inca, Cuzco, antes de dirigirse a cientos de kilómetros, donde finalmente eran sacrificados.
La Capacocha:
Los Incas practicaron la capacocha, una inmolación ritual de niños que puede traducirse como “Obligación real”. De todo el Imperio se elegían niños, entre 6 y 15 años, de una gran belleza y, en general, hijos de caciques que eran enviados al Cuzco. Allí participaban en unas celebraciones en las que se realizaban sacrificios animales y se oficiaban matrimonios simbólicos para afianzar los lazos entre las distintas poblaciones.
Una vez terminada la celebración todos regresaban a sus lugares de origen donde eran aclamados antes de partir a su destino definitivo. Los niños eran conducidos a una montaña sagrada elegida previamente donde debían cumplir con la última ofrenda. Este destino se les imponía desde el nacimiento y era aceptado por ellos como un deber.
Estos niños, considerados los más puros de los seres, eran considerados enviados para contactar con los dioses llevando con ellos un mensaje de su pueblo.
Según sus creencias los niños no morían sino que se reunían con sus antepasados. Gracias a este sacrificio se estrechaban los lazos el Cuzco y los lugares más alejados del Imperio y entre dioses y hombres y sobre todo se traía salud y prosperidad a todo el territorio. Estos sacrificios sólo fueron llevados a cabo en ocasiones especiales como por ejemplo después de una gran catástrofe.
El estadounidense Johan Reinhard fue quien realizó el hallazgo. Había estado años antes en Salta, y recordaba un sitio ubicado en la cumbre del volcán Llullaillaco que le había llamado la atención. Luego de varios descubrimientos en América Latina en lugares similares al que posteriormente se hizo el hallazgo de los niños, decidió regresar y organizar una expedición: el viernes 26 de febrero de 1999 partió de la ciudad de Salta con un equipo integrado por catorce personas: dos estadounidenses, seis argentinos y seis peruanos.
El miércoles 17 de marzo, el peruano Arcadio Mamaní descubrió en el sector Sur de la plataforma el enterratorio del niño y su ajuar. Ese mismo día, más al norte, el salteño Antonio Mercado y el peruano Ruddy Perea localizaron el cuerpo de la Doncella. El lugar de entierro de la Niña del Rayo fue descubierto dos días después por el peruano Orlando Jaen.
¿quiénes eran estos niños?
Aseguran que eran nobles mediante los cuales se hacían alianzas y casamientos simbólicos. Las aldeas ofrecían a sus niños, los casaban y de esta manera quedaban emparentadas con una alianza. En el sitio se encontró a una parejita de entre 6 y 7 años y a una joven de unos 15, que, por su atuendo, era una suerte de sacerdotisa, la que daba la protección necesaria para su paso al más allá".
El simbolismo escondido
"Los tres cuerpos fueron encontrados acompañados por 150 objetos en miniatura, que son todos similares pero distintos", asegura el arqueólogo. "Están hechos con la base de tres elementos: oro, plata y una concha marina de color salmón. Estos elementos tienen una significación muy importante. El oro representa la línea masculina, el sol. Para los Incas, el oro era "las lágrimas del sol", y, a su vez, también representado por el maíz. Por otro lado, la plata es la línea femenina. La luna es el astro que lo representa y la papa es su equivalente en la tierra, subterránea y arraigada en el suelo, mientras que el maíz se proyecta hacia el sol. La concha marina tiene un significado casi supremo que es la fertilidad".
Sin embargo, no sólo las miniaturas encierran un significado. El hecho de que los niños hayan sido enterrados vivos en la cumbre de la montaña revela una relación muy apegada de la cultura con ésta, y eso es precisamente lo que explica Vitry: "La figura de la montaña era extremadamente importante por varios motivos. Las montañas son grandes reservorios de agua, y donde hay agua, hay vida. En el lugar más árido del mundo, si hay agua, hay vida. Por otro lado, la ruptura del horizonte y la proyección hacia el cielo hacen que la montaña esté más cerca de la divinidad, del sol, de la luna, de las estrellas, del más allá y de lo desconocido. Todo es simbolismo implícito".
"la Doncella"
"El Niño"
"la Niña del Rayo"
Los secretos de las momias de los niños incas
Los incas preparaban a los niños que elegían para sus sacrificios administrándoles alcohol y hojas de coca durante meses, revela la investigación de un equipo internacional de expertos. Tras investigar tres momias de niños de hace más de 500 años, los expertos de la universidad británica de Bradford llegaron a la conclusión de que el consumo de alcohol y coca era parte del ritual del sacrificio. Los resultados se publican ahora en la revista 'Proceedings' de la Academia estadounidense de las Ciencias (PNAS).
El equipo liderado por el arqueólogo Andrew Wilson investigó entre otros aspectos, el cabello de las tres momias infantiles halladas en 1999 cerca de la cumbre del volcán Llullaillaco, en la provincia argentina de Salta, en el noroeste del país.
Las tres momias "El Niño" "la Doncella" y "la Niña del Rayo", que se encontraban en muy buen estado debido a las gélidas temperaturas en las que fueron conservadas.
Aunque ya se sabía que el alcohol y la coca eran determinantes en los sacrificios humanos de los incas, los restos hallados en los cabellos permiten deducir nuevos detalles sobre cómo se preparaban estos rituales. Así, un año antes de morir, la alimentación de 'la Doncella' -la mayor de los niños- cambió drásticamente. Al parecer, en ese momento habría sido elegida para el sacrificio y desde entonces mucho mejor alimentada. Según el estudio, 'la Doncella' tenía unos 13 años (en la web del museo se habla de en torno a 15).
El alcohol que consumían era, al parecer, chicha, una bebida derivada de la fermentación del maíz. Las hojas de coca, que se utilizan como materia prima para la cocaína, producen entre otros un efecto calmante al masticarlas mezcladas con ceniza. Los incas creían que los estados de embriaguez permitían acceder al mundo de los espíritus.
"La coca y el alcohol eran sustancias que provocaban un estado de cambio considerado sagrado", señala el estudio. Los autores de la investigación apuntan a que estas drogas también contribuían a que los niños fueran más dóciles de cara a los rituales.
Los rituales de sacrificios humanos en el imperio inca se conocen con el nombre de "copacocha". Los niños elegidos recorrían normalmente largas distancias y participaban en ceremonias en la capital inca, Cuzco, antes de dirigirse a cientos de kilómetros, donde finalmente eran sacrificados.
La Capacocha:
Los Incas practicaron la capacocha, una inmolación ritual de niños que puede traducirse como “Obligación real”. De todo el Imperio se elegían niños, entre 6 y 15 años, de una gran belleza y, en general, hijos de caciques que eran enviados al Cuzco. Allí participaban en unas celebraciones en las que se realizaban sacrificios animales y se oficiaban matrimonios simbólicos para afianzar los lazos entre las distintas poblaciones.
Una vez terminada la celebración todos regresaban a sus lugares de origen donde eran aclamados antes de partir a su destino definitivo. Los niños eran conducidos a una montaña sagrada elegida previamente donde debían cumplir con la última ofrenda. Este destino se les imponía desde el nacimiento y era aceptado por ellos como un deber.
Estos niños, considerados los más puros de los seres, eran considerados enviados para contactar con los dioses llevando con ellos un mensaje de su pueblo.
Según sus creencias los niños no morían sino que se reunían con sus antepasados. Gracias a este sacrificio se estrechaban los lazos el Cuzco y los lugares más alejados del Imperio y entre dioses y hombres y sobre todo se traía salud y prosperidad a todo el territorio. Estos sacrificios sólo fueron llevados a cabo en ocasiones especiales como por ejemplo después de una gran catástrofe.