InicioApuntes Y MonografiasOctubre 2, 1968...
El texto, imagenes e informacion en general son de mero interes escolar, jamas se publico con la intencion de apoyar actos vandalicos ni de opresion, la violencia JAMAS sera una opcion, a menos que no haya mas.


A diferencia de la gran demanda deportiva de hoy en dia, como lo vemos en Brasil 2014. la de algunos años atras tambien fue protagonista de grandes irregularidades politicas y un sinfin de bajas publicas y civiles. y sin menospreciar la exuberante cantidad de dinero manejada durante esta temporada, cabe destacar que la ganancia aproximada de este evento para el pais donde se realize es casi nula, y gracias a este tema, me tome la libertad de publicar acerca de un pequeño altercado pero del año de 1968, aqui, en Mexico.

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Octubre 2, 1968


Conocido tambien como Movimiento estudiantil de 1968, rojo amanecer o la matanza de tlaltelolco. Fue por exelencia el mayor acto de impunidad cometido en Mexico durante 1968 del cual, no sabemos con presicion el resultado cuantificable ocacionado, sin embargo estamos concientes de que una sola persona fue el responsable, el Lic, Gustavo Diaz Ordaz.

Las distintas fuentes encontradas no registraban un numero mayor a 50 personas ASESINADAS, sin embargo la cuenta va cerca de 300 victimas...y contando.

¿Que paso? Segun WIKIPEDIA



Cronologicamente te lo muestro.

  • Julio 22

Un partido de futball americano se torna violento, los equipos vocacionales 5 del Instituto Politecnico Nacional contra la escuela Isaac Ochoterena. Termina en violencia a tal grado que policias granaderos irrumpen en el plantel llevandose un indeterminado numero de personas detenidas.

  • Julio 26-29


Debido al incidente anterior varias escuelas vocacionales entran en paro de labores los granaderos y el ejército entran a varias de las escuelas. El 29, se llevan a cabo dos manifestaciones autorizadas por el Departamento del Distrito Federal. Cada una de ellas es convocada por diferentes agrupaciones y tienen itinerarios y horarios distintos. Una es convocada por los estudiantes del Instituto Politecnico Nacional en protesta por la intervención de los granaderos en la Escuela Vocacional 5 y en demanda de la desaparición del cuerpo de granaderos y la destitución de los jefes de la policía preventiva del DF, Luis Cueto y Raúl Mendiolea. La otra manifestación es convocada por la CNED, la Juventud Comunista y las sociedades de alumnos de diversas escuelas del IPN y de la UNAM, la cual es denominada Marcha Juvenil por el 26 de Julio, en conmemoración del XV aniversario del asalto al cuartel Moncada y en solidaridad con la Revolución Cubana. Los organizadores de esta marcha conocen el problema de los estudiantes de la Vocacional 5, por lo que incluyen en sus mantas lemas de apoyo a sus reclamos. Esta marcha parte a las 18 horas del Salto del Agua, continúa por San Juan de Letrán (hoy Eje Central Lázaro Cárdenas) y concluye con un mitin en el Hemiciclo a Juárez.

La manifestación de los estudiantes del IPN sale a las 16 horas de la Plaza de la Ciudadela. La marcha continúa su ruta en orden y concluye con un mitin en la Plaza del Carrillón del Casco de Santo Tomás, cerca de las 19:30 horas. En ese momento, un grupo de estudiantes opositores a la FNET se apodera del sonido para invitar a los manifestantes a ir al Zócalo. La invitación es aceptada por cientos de estudiantes, quienes se organizan y emprenden el camino; toman varios autobuses, se bajan en el Panteón de San Fernando y desde aquí inician la marcha en dirección al Zócalo. A la altura de la Torre Latinoamericana, coinciden con la manifestación de apoyo a la Revolución Cubana. Ahí se marca una línea para que ésta continúe su ruta hacia el Hemiciclo a Juárez y los del Politécnico hacia el Zócalo por la calle de Madero. En la esquina de Madero y Palma, son atacados por granaderos y obligados a retroceder hasta la Alameda Central. Los estudiantes se dirigen al mitin que se lleva a cabo en el Hemiciclo, donde informan de la golpiza que han sufrido y piden apoyo. De inmediato, se organiza una marcha conjunta que avanza hacia la Plaza de la Constitución, vitoreando a la UNAM y al IPN y lanzando consignas a favor de la unidad estudiantil y contra los jefes policíacos y la represión. En las calles de Palma y Cinco de Mayo, los estudiantes se encuentran de nuevo con los granaderos y la policía, bajo el mando del subjefe de la Policía Preventiva del DF, general Raúl Mendiolea Cerecero. Éste se aproxima a los manifestantes para ordenarles que se retiren, "recibiendo en respuesta una lluvia de piedras". De inmediato el general citado da una orden a las fuerzas policiacas. Éstas se lanzan contra los manifestantes, correteándolos y golpeándolos con brutalidad "sin distinguir entre manifestantes y simples transeúntes, lo que obliga a todo el público a replegarse hasta la glorieta del Caballito". Como resultado de la represión policiaca, hay más de 500 heridos y decenas de detenidos, entre ellos algunos extranjeros. El procurador general de la República, Julio Sánchez Vargas, gira órdenes de aprehensión contra "personas ligadas a los desórdenes", entre los cuales se encuentran varios miembros del Partido Comunista Mexicano. A partir de las 21:30 horas, agentes de la Dirección Federal de Seguridad, con el apoyo de elementos del Servicio Secreto y de otras policías, ocupan las oficinas del Comité Central del Partido Comunista y los talleres gráficos de la Voz de México (órgano del PCM) y aprehenden a las personas que se encuentran en las instalaciones. En otros sitios, se toman presos, sin orden judicial, a miembros del PCM, de la Juventud Comunista y de la CNED.1


  • Julio 30


El 30 de julio de 1968, la Preparatoria n° 1 y 3 es atacada y su puerta labrada del siglo XVIII es destruida mediante un tiro de bazuca.


  • Agosto 1


el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra en Ciudad Universitaria, condenaría públicamente los hechos, izando la bandera mexicana a media asta y con un emotivo discurso se pronunciaría a favor de la autonomía universitaria y exigiría la libertad de los presos políticos, refiriéndose a los estudiantes detenidos de la Prepa 1. Ese mismo día encabezaría la marcha por la avenida de los Insurgentes, donde surgió un lema muy común utilizado por el movimiento estudiantil, "¡Únete pueblo!".


  • Agosto 2


los universitarios descontentos por el cambio de itinerario de la manifestación del día anterior realizan dos mítines frente a la Torre de Rectoría de la Ciudad Universitaria. En el primer mitin, los oradores piden que el rector Barros Sierra suscriba el pliego petitorio estudiantil. Dos horas después, se realiza el segundo mitin, luego de una marcha por el circuito de la Ciudad Universitaria. En este mitin, se califica de "farsa oficialista" la manifestación encabezada por el ingeniero Barros Sierra. Se dice que la masa universitaria había sido presa de las "maniobras de la rectoría para canalizar el movimiento nada más hacia la protesta por la violación de la autonomía universitaria, pero no hacia la solución de los problemas estudiantiles contenidos en el pliego". Los oradores califican de poco combativo el discurso del rector de la UNAM y denuncian el control que se ejerció sobre los participantes, a quienes no se permitió exponer su opinión sobre el conflicto. Se constituye el Consejo Nacional de Huelga.

  • Agosto 3


parecen en los periódicos desplegados en pro y en contra del movimiento estudiantil. La FNET, mostrando su lealtad al régimen, manifiesta que el gobierno de México es víctima de una conspiración nacional e internacional "por parte de los provocadores tradicionales organizados en las corrientes del maoísmo, y del trotskismo", quienes, dice, desde hace tiempo estaban ya preparados para el estallido de violencia, "si no en estos días, sí en las épocas en las que México ofrecerá su corazón a la juventud del mundo en la XIX Olimpiada". La CNED declara en un manifiesto público que las "organizaciones revolucionarias de la juventud están sufriendo la furia irracional de los cuerpos policiacos". Y afirma: "el movimiento estudiantil se proyecta para derrotar la violencia y abrir nuevos cauces a la democracia". El director general del IPN, en presencia del Comité Coordinador de Huelga del IPN, acepta encabezar la manifestación que estudiantes, maestros y autoridades de esa institución tienen programada para el lunes 5 de agosto, en protesta por la represión gubernamental y el allanamiento a centros escolares por las fuerzas policiacas y del ejército. Pero advierte que su participación está condicionada a que ninguna organización estudiantil aparezca como patrocinadora, y que sólo participen estudiantes y profesores del IPN.


  • Agosto 4

el movimiento estudiantil elabora un pliego petitorio que invalida el de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET), y contiene los siguientes puntos:
Libertad a los presos políticos
Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal. (Instituían el delito de disolución social y sirvieron de instrumento jurídico para la agresión sufrida por los estudiantes)
Desaparición del Cuerpo de Granaderos
Destitución de los jefes policíacos
Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto
Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.

  • agosto 27


una multitudinaria marcha se dirigió al zócalo capitalino a las 15:20 horas. Fue la primera ocasión en que se insulta públicamente al presidente mexicano, Gustavo Díaz Ordaz. Asisten aproximadamente 30 mil personas, las cuales marcharon desde el Museo de Antropología. Aún no había salido la retaguardia de la marcha a las 19 horas cuando fue izada en el astabandera del Zócalo un banderín rojinegro. Al finalizar la manifestación, uno de sus líderes, Sócrates Campos Lemus (quien años más tarde sería identificado como un infiltrado en el movimiento por parte del gobierno), se pronuncia a favor de quedarse a esperar una respuesta del gobierno, a escasos días del informe presidencial. En respuesta, 3500 estudiantes permanecen en guardia


  • Agosto 28


La madrugada del 28 de agosto de 1968, varias tanquetas (las cuales destruyeron los campamentos estudiantiles), soldados con bayoneta calada, granaderos, así como camiones de bomberos, salieron desde las calles de Pino Suárez, Seminario y Moneda. Los estudiantes gritan: ¡México, libertad!, ¡México, libertad!, retirándose por Madero siendo aproximadamente mil 500 personas, otros trataron inútilmente de detener la marcha de los tanques ligeros tirándose a su paso o subiéndose a ellos. Al final todos fueron desalojados del Zócalo. Los estudiantes no sólo fueron desalojados, sino perseguidos a lo largo de las calles del centro histórico hasta la Torre Latinoamericana, donde el Ejército corta cartucho. En El Caballito, en las inmediaciones de Bucareli y Reforma, arremete a culatazos contra los estudiantes. En el operativo participaron el 43o. y el 44o. Batallones de Infantería y 1º de Fusileros Paracaidistas, al mando del general Benjamín Reyes García; así como 12 carros blindados de la guardia presidencial, cuatro carros de bomberos, alrededor de 200 patrullas de la policía preventiva, cuatro batallones de tránsito y unos diez motociclistas de la Dirección General de Tránsito. Durante la madrugada, empleados del Departamento del Distrito Federal (ahora Gobierno del Distrito Federal) izaron nuevamente el banderín rojinegro antes del amanecer. Ese mismo día, varios burócratas del D.D.F. fueron llevados en camiones al Zócalo. Súbitamente, los propios empleados gubernamentales comienzan a corear "¡Somos borregos!", "¡Somos acarreados!" y "¡No vamos! ¡Nos llevan!". Durante este "acto de desagravio" a la Bandera Nacional, se abren las puertas del Palacio Nacional, de donde salieron tanquetas del ejército para dispersar a los manifestantes.

En las horas subsecuentes, varios tiradores abren fuego contra estudiantes y soldados desde el tercer piso del Hotel Majestic, en el edificio ubicado en Madero #68, en la esquina de Madero y Palma y desde algunos edificios de la avenida Pino Suárez. Posteriormente, dos sospechosos de haber disparado desde los edificios son detenidos y se les decomisan una subametralladora y un rifle M-2, sin embargo, los sospechosos fueron liberados. Investigaciones posteriores señalan que los presuntos tiradores trabajaban para las esferas más altas del gobierno al observarse un disparo que sale desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

  • Septiembre 7


se lleva a cabo un mítin en Tlatelolco, denominado "la Manifestación de las Antorchas".

  • Septiembre 13


tiene lugar "La marcha del silencio", donde los manifestantes marcharon con pañuelos en la boca.

  • Septiembre 14


en un hecho aislado, cuatro trabajadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla son linchados en el pueblo de San Miguel Canoa debido a los disturbios estudiantiles en la capital.
  • Septiembre 18


el ejército invade la Ciudad Universitaria de la UNAM


  • Septiembre 23


El rector Barros Sierra presenta su renuncia a la Junta de Gobierno de la UNAM:

"Sin necesidad de profundizar en la ciencia jurídica, es obvio que la autonomía ha sido violada (...) Me parece importante añadir que, de las ocupaciones militares de nuestros edificios y terrenos, no recibí notificación oficial alguna, ni antes ni después de que se efectuaron (...) Los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción (...) Estoy siendo objeto de toda una campaña de ataques personales, de calumnias, de injurias y de difamación. Es bien cierto que hasta hoy proceden de gentes menores, sin autoridad moral; pero en México todos sabemos a que dictados obedecen. La conclusión inescapable es que, quienes no entienden el conflicto, ni han logrado solucionarlo, decidieron a toda costa señalar supuestos culpables de lo que pasa, y entre ellos me han escogido a mí (...) Por ello es insostenible mi posición como rector, ante el enfrentamiento agresivo y abierto de un grupo gubernamental. (...) En virtud de las consideraciones anteriores, me veo en la imperiosa necesidad de presentar mi renuncia irrevocable".

El edificio de la Vocacional 5 es ametrallado por comandos policíacos vestidos de civil, ocasionando grandes destrozos.

En las primeras horas de la noche se inician una serie de choques violentos entre estudiantes y granaderos en las zonas del Casco de Santo Tomás, de la Unidad Nonoalco Tlatelolco y de la Unidad Profesional de Zacatenco.

En el Casco de Santo Tomás los estudiantes secuestran autobuses y los colocan en forma estratégica alrededor de las escuelas; abren zanjas y derriban postes "con el fin de impedir el paso de los vehículos policíacos." A las 19 horas arriban al lugar alrededor de mil 500 granaderos en autobuses de pasajeros, y de inmediato rodean las instalaciones del Casco. Los politécnicos incendian los camiones con los que habían bloqueado las calles aledañas al Casco, y desde las escuelas y algunas casas comienzan a arrojar bombas molotov a los policías y a los autobuses en que éstos habían llegado. Los granaderos lanzan en varias ocasiones gases lacrimógenos, pero se repliegan para evadir las bombas molotov que les lanzan. La lucha se extiende hasta la avenida Instituto Técnico, donde los estudiantes queman varios autobuses. A las 23:30 horas, "cientos de granaderos, apoyados con tiros de fusil", toman todas las escuelas del Casco de Santo Tomás. Se detienen a 350 estudiantes, hombres y mujeres. Todos ellos son trasladados a las cárceles en autobuses urbanos y vehículos policíacos.

Mientras eso sucede, en la zona de la Unidad Nonoalco Tlatelolco se registran choques entre estudiantes y granaderos. Los granaderos recurren a las armas de fuego. Después de un intenso tiroteo, toman la Vocacional 7, y detienen a los estudiantes que se encuentran en el área.

En la Unidad Profesional de Zacatenco, los estudiantes también se enfrentan a las fuerzas policíacas.

(Durante las ocupaciones de la Ciudad Universitaria y del Casco de Santo Tomás, varios informes mencionan la participación de un agrupamiento denominado "Batallón Olimpia", el cual originalmente estaba destinado a cuidar las instalaciones olímpicas y pasó a ser un grupo de choque, y fue responzable de varios enfrentamientos callejeros con los estudiantes de varias vocacionales y preparatorias.12 )

  • Septiembre 27


cinco sospechosos son detenidos en Tlatelolco cuando se descubrió que transportaban armas y municiones en esa unidad habitacional.

octubre 1, el ejército se retira de la UNAM y el IPN.


  • OCTUBRE 2


La tarde del 2 de octubre de 1968, un día después de la salida del ejército de los campus de la UNAM y del IPN, miles de personas se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Mientras tanto, el ejército vigilaba, como en todas las manifestaciones anteriores, que no hubiera disturbios, principalmente porque el gobierno tenía temor de que fuera asaltada la Torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Asimismo, contaban con el apoyo de dos helicópteros: uno de la policía y otro del ejército.

Por su parte, miembros del Batallón Olimpia (cuyos integrantes iban vestidos de civiles con un pañuelo o guante blanco en la mano izquierda) se infiltraban en la manifestación hasta llegar al edificio " Chihuahua " donde se encontraban los oradores del movimiento y varios periodistas.


Cerca de las 5:55 de la tarde, dos bengalas rojas fueron disparadas desde la torre de Tlatelolco. A las 6:10, un helicóptero sobrevoló la plaza del cual se dispararon bengalas (la primera verde y la segunda roja), presumiblemente, como señal para que los francotiradores del Batallón Olimpia apostados en los edificios " Chihuahua ", "2 de Abril", "15 de Septiembre", "I.S.S.S.T.E. ", "Revolución de 1910" y la Iglesia de Santiago , así como varios miembros del Batallón Olimpia parapetados en los departamentos del " Chihuahua " y en el corredor del tercer piso abrieran fuego en contra de los manifestantes y militares que resguardaban el lugar, para hacerles creer a estos últimos, que los estudiantes eran los agresores. Los militares en su intento de defenderse, repelieron "la agresión de los estudiantes", pero ante la confusión, los disparos no fueron dirigidos contra sus agresores, sino hacia la multitud de manifestantes que se encontraban en la plaza de Tlatelolco.

Muchos manifestantes que lograron escapar del tiroteo se escondieron en algunos departamentos de los edificios aledaños, pero esto no detuvo al ejército, que sin orden judicial, irrumpieron a cada uno de los departamentos de todos los edificios de lo que conforma la Unidad Tlatelolco, para capturar a los manifestantes. Horas después, la plaza estaba llena de zapatos y los estudiantes fueron llevados a culatazos a dos lugares: las puertas de los elevadores del edificio Chihuahua , donde fueron desnudados y golpeados, y al ex-convento situado al lado de la Iglesia de Santiago-Tlatelolco, donde reunieron a aproximadamente 3000 detenidos14 . Otros fueron desnudados en las paredes del convento y a un mes después, podían ser vistas manchas de sangre en los muros (entonces) blancos de la construcción. Los periodistas fueron registrados y confiscados sus rollos (usados y vírgenes), algunos incluso fueron desvestidos y otros, como Oriana Fallaci, resultaron heridos. La Plaza fue limpiada por el cuerpo de bomberos y la tropa de soldados se mantuvo ahí hasta el 9 de octubre12 . Varios testigos aseguran que durante este lapso, el Batallón Olimpia se disfrazó de empleados de luz y agua para poder buscar estudiantes fácilmente. Los detenidos, por su parte, fueron enviados a distintas cárceles de la ciudad de México, los cabecillas fueron enviados a la penitenciaría o el "Palacio Negro" de Lecumberri así como al Campo Militar N° 1.

Aún se desconoce la cifra exacta de los muertos y heridos.15 El gobierno mexicano manifestó en 1968 que fueron sólo 20 muertos, tres años más tarde, la escritora Elena Poniatowska, en su libro La noche de Tlatelolco publicó la entrevista de una madre que buscó entre los cadáveres a su hijo y reveló que por lo menos había contado 65 cadáveres en un solo lugar.16 El periodista inglés John Rodda, en sus investigaciones independientes, en los que entrevistó sobrevivientes y testigos de los sucesos en los hospitales calculó que el saldo fue de 325.17 18 Años más tarde, en una segunda investigación, el número se rebajaría a 25019 20


Sin embargo la BBC de Londres, en una acotación hecha en el 2005 al despacho informativo original del 2 de Oct. de 1968, y luego de conocerse las implicaciones de la CIA en los hechos, sostiene que el número de víctimas oscila entre 200 y 300, y que los cuerpos rápidamente fueron retirados en camiones de transporte de basura

En general las estimaciones calculan el número de muertos en un rango que va de los 200 hasta los 1,500. Testigos afirman hubo grúas recogiendo centenares de cadáveres que había a su paso para luego ser arrojados e incinerados.


¿QUE PASO?


La tarde del 2 de octubre de 1968, después de que desde un helicóptero que sobrevolaba la Plaza de las Tres Culturas arrojara una luz de bengala, empezaron los disparos en contra de los miles de estudiantes que colmaron el lugar.

El 2 de octubre de 1968 se realizaba en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, una gran manifestación estudiantil en demanda de mayor libertad de expresión, a unas cuantas semanas de que se celebraran en México las Olimpiadas.

Justo cuando se iniciaba el mitin, una bengala surcó el aire, lo que, dicen los testimonios, fue la señal para que el Ejército Mexicano empezara a disparar contra la multitud.

También dispararon sus armas los integrantes de la "famosa Brigada Blanca", vestidos éstos de civil, pero identificados por portar un guante blanco como distintivo.

De acuerdo a Paco Ignacio Taibo II, quien en 1993 encabezó una Comisión de la Verdad sobre estos sucesos, en esa "trágica" tarde fueron disparados 15 mil proyectiles y hubo 300 muertos, además de 700 heridos y cinco mil estudiantes detenidos.

Según el periodista e investigador, participaron ocho mil militares de varios cuerpos destacados en la acción, 300 medios armados entre tanques, medios blindados y jeeps con ametralladoras.
Todo ésto para reprimir una manifestación pacífica.

En 1968, México era gobernado por Gustavo Díaz Ordaz, ya fallecido, mientras que Echeverría Alvarez fungía como secretario de Gobernación, quienes nunca pudieron explicar de forma clara y veraz esos acontecimientos.

Desde entonces y hasta el último presidente de filiación priísta, Ernesto Zedillo, el gobierno permaneció en silencio ante estos hechos, que afectaron a los movimientos sociales de estudiantes y de trabajadores.

Dichos grupos, al ver cerrado el camino del diálogo, formaron ya en la década de los 70, diversos grupos guerrilleros.


PLIEGO PETITORIO DEL CONSEJO NACIONAL DE HUELGA DE 1968

El 2 de agosto la UNAM, el IPN, la Escuela Nacional de Maestros, la ENAH y Chapingo conforman el Consejo Nacional de Huelga, el cual después de varios movimientos en otras partes del país fructificaba en el CNH como una organización con carácter nacional estructurado al cual otras universidades se fueron incorporando con protestas en Yucatán Coahuila, Morelia, Guerrero, Nuevo León, Chihuahua , Veracruz, Puebla, Sinaloa e Hidalgo.

El 13 de septiembre se realizó otra marcha de protesta al ingreso del ejército al IPN y a la UNAM. El pliego petitorio que se elaboró el 4 de agosto por el Consejo Nacional de Huelga fue; 1) libertad a los presos políticos, 2) destitución de los generales Luis Cueto Ramírez, Raúl Mendiola y del teniente coronel Armando Frías. 3) extinción del cuerpo de granaderos. 4) Derogación de los artículos 145 y 145 bis del código penal (delito de disolución social), 5) indemnización a las familias de los muertos y a los heridos víctimas de las agresiones en los actos represivos iniciados el viernes 26 de julio, 6)deslinde de las responsabilidades de los actos de represión y vandalismo realizados por las autoridades a través de los policías, los granaderos y el ejército.

UN POLEMICO REPORTAJE


Nutrida Balacera provocó en Tlatelolco un Mitin Estudiantil

Elena Poniatowska / La Afición

Todos los testimonios coinciden en que la repentina aparición de luces de bengala en el cielo de la Plaza de las Tres Culturas de la Unidad habitacional Nonoalco-Tlatelolco desencadenó la balacera que convirtió el mitin estudiantil del 2 de octubre en la tragedia de Tlatelolco.

A las cinco y media del miércoles 2 de octubre de 1968, aproximadamente diez mil personas se congregaron en la explanada de la Plaza de las Tres Culturas para escuchar a los oradores estudiantiles del Consejo Nacional de Huelga, los que desde el balcón del tercer piso del edificio Chihuahua se dirigían a la multitud compuesta en su gran mayoría por estudiantes, hombres y mujeres, niños y ancianos sentados en el suelo, vendedores ambulantes, amas de casa con niños en brazos, habitantes de la Unidad, transeúntes que se detuvieron a curiosear, los habituales mirones y muchas personas que vinieron a darse una "asomadita". El ambiente era tranquilo a pesar de que la policía, el ejército y los granaderos habían hecho un gran despliegue de fuerza. Muchachos y muchachas estudiantes repartían volantes, hacían colectas en botes con las siglas CNH, vendían periódicos y carteles, y, en el tercer piso del edificio, además de los periodistas que cubren las fuentes nacionales había corresponsales y fotógrafos extranjeros enviados para informar sobre los Juegos Olímpicos que habrían de iniciarse diez días más tarde.

Hablaron algunos estudiantes: un muchacho hacía las presentaciones, otro de la UNAM, dijo: "El Movimiento va a seguir a pesar de todo", otro del IPN: "...se ha despertado la conciencia cívica y se ha politizado a la familia mexicana"; una muchacha, que impresionó por su extrema juventud, habló del papel de las brigadas. Los oradores atacaron a los políticos, a algunos periódicos, y propusieron el boicot contra el diario El Sol.

Desde la rampa del tercer piso vieron cómo hacía su entrada un grupo de trabajadores que portaba una manta: "Los ferrocarrileros apoyamos el Movimiento y desconocemos las pláticas Romero FIores-GDO." Este contingente obrero fue recibido con aplausos. El grupo de ferrocarrileros anunció paros escalonados desde "mañana 3 de octubre en apoyo del Movimiento Estudiantil".

Cuando un estudiante apellidado Vega anunciaba que la marcha programada al Casco de Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional no se iba a llevar a cabo, en vista del despliegue de fuerzas públicas y de la posible represión, surgieron en el cielo las luces de bengala que hicieron que los concurrentes dirigieran automáticamente su mirada hacia arriba. Se oyeron los primeros disparos. La gente se alarmó. A pesar de que los líderes del CNH desde el tercer piso del edificio Chihuahua , gritaban por el magnavoz: "¡No corran compañeros, no corran, son salvas! . . . ¡No se vayan, no se vayan, calma!", la desbandada fue general. Todos huían despavoridos y muchos caían en la plaza, en las ruinas prehispánicas frente a la iglesia de Santiago Tlatelolco. Se oía el fuego cerrado y el tableteo de ametralladoras. A partir de ese momento, la Plaza de las Tres Culturas se convirtió en un infierno.

En su versión del jueves 3 de octubre de 1968 nos dice Excélsior: "Nadie observó de dónde salieron los primeros disparos. Pero la gran mayoría de los manifestantes aseguraron que los soldados, sin advertencia ni previo aviso comenzaron a disparar... Los disparos surgían por todos lados, lo mismo de lo alto de un edificio de la Unidad Tlatelolco que de la calle donde las fuerzas militares en tanques ligeros y vehículos blindados lanzaban ráfagas de ametralladora casi ininterrumpidamente…” Novedades, El Universal, El Día, El Nacional, El Sol de México, El Heraldo, La Prensa, La Afición, Ovaciones, nos dicen que el ejército tuvo que repeler a tiros el fuego de francotiradores apostados en las azoteas de los edificios. Prueba de ello es que el general José Hernández Toledo que dirigió la operación recibió un balazo en el tórax y declaró a los periodistas al salir de la intervención quirúrgica que se le practicó: "Creo que si se quería derramamiento de sangre ya es más que suficiente con la que yo ya he derramado." (El Día, 3 de octubre de 1968.)

Según Excélsior "se calcula que participaron unos 5 000 soldados y muchos agentes policiacos, la mayoría vestidos de civil. Tenían como contraseña un pañuelo envuelto en la mano derecha. Así se identificaban unos a otros, ya que casi ninguno llevaba credencial por protección frente a los estudiantes.

"El fuego intenso duró 29 minutos. Luego los disparos decrecieron pero no acabaron."

Los tiros salían de muchas direcciones y las ráfagas de las ametralladoras zumbaban en todas partes y, como afirman varios periodistas, no fue difícil que los soldados, además de los francotiradores, se mataran o hirieran entre sí. "Muchos soldados debieron lesionarse entre sí, pues al cerrar el círculo los proyectiles salieron por todas direcciones", dice el reportero Félix Fuentes en su relato del 3 de octubre en La Prensa. El ejército tomó la Plaza de las Tres Culturas con un movimiento de pinzas, es decir llegó por los dos costados y 5 mil soldados avanzaron disparando armas automáticas contra los edificios, añade Félix Fuentes. "En el cuarto piso de un edificio, desde donde tres oradores habían arengado a la multitud contra el gobierno, se vieron fogonazos. Al parecer, allí abrieron fuego agentes de la Dirección Federal de Seguridad y de la Policía Judicial del Distrito.

"La gente trató de huir por el costado oriente de la Plaza de las Tres Culturas y mucha lo logró pero cientos de personas se encontraron a columnas de soldados que empuñaban sus armas a bayoneta calada y disparaban en todos sentidos. Ante esta alternativa las asustadas personas empezaron a refugiarse en los edificios pero las más corrieron por las callejuelas para salir a Paseo de la Reforma cerca del Monumento a Cuitláhuac.

"Quien esto escribe fue arrollado por la multitud cerca del edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores. No muy lejos se desplomó una mujer, no se sabe si lesionada por algún proyectil o a causa de un desmayo. Algunos jóvenes trataron de auxiliarla pero los soldados lo impidieron."

El general José Hernández Toledo declaró después que para impedir mayor derramamiento de sangre ordenó al ejército no utilizar las armas de alto calibre que llevaba (El Día, 3 de octubre de 1968). (Hernández Toledo ya ha dirigido acciones contra la Universidad de Michoacán, la de Sonora y la Autónoma de México, y tiene a su mando hombres del cuerpo de paracaidistas calificados como las tropas de asalto mejor entrenadas del país.) Sin embargo, Jorge Aviles, redactor de El Universal escribe el 3 de octubre : "Vimos al ejército en plena acción; utilizando toda clase de armamentos, las ametralladoras pesadas empotradas en una veintena de yips, disparaban hacia todos los sectores controlados por los francotiradores." Excélsior reitera: "Unos trescientos tanques, unidades de asalto, yips y transportes militares tenían rodeada toda la zona, desde Insurgentes a Reforma, hasta Nonoalco y Manuel González. No permitían salir ni entrar a nadie, salvo rigurosa identificación." ("Se Luchó a Balazos en Ciudad Tlatelolco, Hay un Número aún no Precisado de Muertos y Veintenas de Heridos", (Excélsior, jueves 3 de octubre de 1968.) Miguel Ángel Martínez Agis reporta: "Un capitán del Ejército usa el teléfono. Llama a la Secretaría de la Defensa. Informa de lo que está sucediendo: 'Estamos contestando con todo lo que tenemos...' Allí se veían ametralladoras, pistolas 45, calibre 38 y unas de 9 milímetros." ("Edificio Chihuahua , 18 hrs.", Miguel Ángel Martínez Agis, Excélsior, 3 de octubre de 1968.)

El general Marcelino García Barragán, Secretario de la Defensa Nacional declaró: "Al aproximarse el ejército a la Plaza de las Tres Culturas fue recibido por francotiradores. Se generalizó un tiroteo que duró una hora aproximadamente...

"Hay muertos y heridos tanto del Ejército como de los estudiantes: No puedo precisar en estos momentos el número de ellos.

"—¿Quién cree usted que sea la cabeza de este movimiento?"

—Ojalá y lo supiéramos. [Indudablemente no tenía bases para inculpar a los estudiantes.]"

—¿Hay estudiantes heridos en el Hospital Central Militar?"

—Los hay en el Hospital Central Militar, en la Cruz Verde, en la Cruz Roja. Todos ellos están en calidad de detenidos y serán puestos a disposición del Procurador General de la República. También hay detenidos en el Campo Militar número 1, los que mañana serán puestos a disposición del General Cueto, Jefe de la Policía del DF."

—¿Quién es el comandante responsable de la actuación del ejército?"

—El comandante responsable soy yo." (Jesús M. Lozano, Excélsior, 3 de octubre de 1968, "La libertad seguirá imperando". El Secretario de Defensa hace un análisis de la situación.)

Por otra parte el jefe de la policía metropolitana negó que, como informó el Secretario de la Defensa, hubiera pedido la intervención militar en Ciudad Tlatelolco. En conferencia de prensa esta madrugada el general Luis Cueto Ramírez dijo textualmente: "La policía informó a la Defensa Nacional en cuanto tuvo conocimiento de que se escuchaban disparos en los edificios aledaños a la Secretaría de Relaciones Exteriores y de la Vocacional 7 en donde tiene servicios permanentes. Explicó no tener conocimiento de la injerencia de agentes extranjeros en el conflicto estudiantil que aquí se desarrolla desde julio pasado. La mayoría de las armas confiscadas por la policía, son de fabricación europea y corresponden a modelos de los usados en el bloque socialista. Cueto negó saber que políticos mexicanos promuevan en forma alguna esta situación y afirmó no tener conocimiento de que ciudadanos estadunidenses hayan sido aprehendidos. En cambio están prisioneros un guatemalteco, un alemán y otro que por el momento no recuerdo." (El Universal, El Nacional, 3 de octubre de 1968.)

Los cuerpos de las víctimas que quedaron en la Plaza de las Tres Culturas no pudieron ser fotografiados debido a que los elementos del ejército lo impidieron ("Hubo muchos muertos y lesionados anoche", La Prensa, 3 de octubre de 1968). El día 6 de octubre en un manifiesto "Al Pueblo de México" publicado en El Día, el CNH declaró: "El saldo de la masacre de Tlatelolco aún no acaba. Hasta el momento han muerto cerca de 100 personas de las cuales sólo se sabe de las recogidas en el momento; los heridos cuentan por miles..." El mismo 6 de octubre el CNH, al anunciar que no realizaría nuevas manifestaciones o mítines, declaró que las fuerzas represivas "causaron la muerte con su acción a 150 civiles y 40 militares". En Posdata, Octavio Paz cita el número que el diario inglés The Guardian, tras una "investigación cuidadosa", considera como la más probable: 325muertos.

Lo cierto es que en México no se ha logrado precisar hasta ahora el número de muertos. El 3 de octubre la cifra declarada en los titulares y reportajes de los periódicos oscila entre 20 y 28. El número de heridos es mucho mayor y el de detenidos es de dos mil. A las cero horas aproximadamente dejaron de escucharse disparos en el área de Tlatelolco. Por otra parte, los edificios eran desalojados por la tropa y cerca de mil detenidos fueron conducidos al Campo Militar número 1. Cerca de mil detenidos fueron llevados a la cárcel de Santa Marta Acatitla, en esta ciudad. La zona de Tlatelolco siguió rodeada por efectivos del ejército. Muchas familias abandonaron sus departamentos con todas sus pertenencias después de ser sometidas a un riguroso examen y registro por parte de los soldados. Grupos de soldados de once hombres entraron a los edificios del conjunto urbano a registrar las viviendas. Al parecer, tenían instrucciones de catear casa por casa.

Hasta ahora el número de presos que continúan en la cárcel de Lecumberri por los acontecimientos de 1968 es de 165.

Posiblemente no sepamos nunca cuál fue el mecanismo interno que desencadenó la masacre de Tlatelolco. ¿El miedo? ¿La inseguridad? ¿La cólera? ¿El terror a perder la fachada? ¿El despecho ante el joven que se empeña en no guardar las apariencias delante de las visitas?... Posiblemente nos interroguemos siempre junto con Abel Quezada. ¿Por qué? La noche triste de Tlatelolco —a pesar de todas sus voces y testimonios— sigue siendo incomprensible. ¿Por qué? Tlatelolco es incoherente, contradictorio. Pero la muerte no lo es. Ninguna crónica nos da una visión de conjunto. Todos —testigos y participantes— tuvieron que resguardarse de los balazos, muchos cayeron heridos. Nos lo dice el periodista José Luis Mejías ("Mitin trágico", Diario de la Tarde, México, 5 de octubre de 1968): "Los individuos enguantados sacaron sus pistolas y empezaron a disparar a boca de jarro e indiscriminadamente sobre mujeres, niños, estudiantes y granaderos... Simultáneamente, un helicóptero dio al ejército la orden de avanzar por medio de una luz de bengala... A los primeros disparos cayó el general Hernández Toledo, comandante de los paracaidistas, y de ahí en adelante, con la embravecida tropa disparando sus armas largas y cazando a los francotiradores en el interior de los edificios, ya a nadie le fue posible obtener una visión de conjunto de los sangrientos sucesos..." Pero la tragedia de Tlatelolco dañó a México mucho más profundamente de lo que lo lamenta El Heraldo, al señalar los graves perjuicios al país en su crónica ("Sangriento encuentro en Tlatelolco", 3 de octubre de 1968): "Pocos minutos después de que se iniciaron los combates en la zona de Nonoalco, los corresponsales extranjeros y los periodistas que vinieron aquí para cubrir los Juegos Olímpicos comenzaron a enviar notas a todo el mundo para informar sobre los sucesos. Sus informaciones —algunas de ellas abultadas— contuvieron comentarios que ponen en grave riesgo el prestigio de México."

Todavía fresca la herida, todavía bajo la impresión del mazazo en la cabeza, los mexicanos se interrogan atónitos. La sangre pisoteada de cientos de estudiantes, hombres, mujeres, niños, soldados y ancianos se ha secado en la tierra de Tlatelolco. Por ahora la sangre ha vuelto al lugar de su quietud. Más tarde brotarán las flores entre las ruinas y entre los sepulcros.

TESTIMONIOS




Testimonio1

“¡El ejército! ¡El ejército!”, empezó a gritar la gente desde los edificios cercanos. Entonces vimos que entraban en la plaza pequeños vehículos blindados y soldados con rifles. Saqué a mi hijita y a mi esposa de allí y nos refugiamos en un edificio próximo.
Cuando nos íbamos, un helicóptero sobrevoló la zona y lanzó una bengala. Y ahí comenzaron los disparos.
A primera hora de la mañana siguiente regresamos a la Plaza de las Tres Culturas, en la zona de Tlatelolco de Ciudad de México, y vimos los montones de cinturones y zapatos apilados. En el suelo continuaban los charcos de sangre, y en las columnas de cemento que había en torno a la plaza había agujeros de balas a la altura de los ojos.
En aquella época yo era profesor universitario y había ido allí a ver a mis alumnos, que estaban en huelga, siguiendo la estela de las protestas de 1968. Pero las repercusiones de la protesta y la brutal represión se convertirían en una lección de impunidad para todos nosotros.
Esa es mi experiencia de lo que dio en llamarse “matanza de Tlatelolco”. Aunque han pasado 45 años, ese 2 de octubre es un día que nunca olvidaré.
Y es también una fecha que continúa siendo un punto de referencia para las violaciones de derechos humanos que se siguen cometiendo en México.
Hay pocos casos de impunidad tan flagrantes y escandalosos como la masacre que se cometió en la Plaza de las Tres Culturas. Sigue habiendo cientos de supervivientes (es decir, de testigos). Aún viven centenares de soldados y miembros de las fuerzas de seguridad que participaron en la matanza, y se conocen los nombres de quienes eran sus jefes aquel día. El entonces presidente Díaz Ordaz incluso aceptó la responsabilidad jerárquica por lo sucedido.
Y, sin embargo, ni una sola persona ha sido juzgada y condenada por participar en la matanza: una injusticia intolerable.

Testimonio2

Diana Rivera es hermana de una de las víctimas de Tlatelolco, su hermano Guillermo (Chomy) era un adolescente de 15 años en el momento de ser abatido y muerto por tres impactos de bala. Asistió al mitin de Tlatelolco sin pertenecer a ninguna organización.

Ella también se dirigía hacia allí: «Sin embargo, ya no pudimos entrar a la plaza. Los soldados habían bloqueado la zona y nosotros nos quedamos atrás de los tanques. Unos jóvenes que huían nos dijeron: “Están matando a todo mundo”. No había necesidad de que nos lo dijeran; nosotros escuchábamos los disparos y olíamos la pólvora.

Pensamos en ese momento que la represión era más selectiva, que sólo se disparaba contra los dirigentes. No imaginábamos que el tiroteo fuera contra el grueso del mitin». Su hermano cayó herido de muerte tras los primeros disparos, supieron que lo habían trasladado a un hospital militar y que allí falleció, persiguieron a la ambulancia que transportaba el cadáver: «Aquella persecución fue una pesadilla, no sabíamos adónde llevaban el cuerpo.

Seguimos a la ambulancia que entró finalmente al edificio del Servicio Médico Forense. Allí vi una de las cosas más espantosas de mi vida: las planchas eran insuficientes, por lo que estaban repletas de cadáveres amontonados, unos encima de otros. Había cuerpos de niños, de niñas, de mujeres embarazadas... Habría algunos 200 cadáveres de gente masacrada. La misma escena cuya foto vi después publicada en la revista ¿Por qué?, que dirigía Mario Menéndez. Esa foto yo la viví. Yo vi esa escena».

… nos dijeron que solamente podíamos sacar el cadáver de mi hermano si testimoniábamos, en el acta de defunción, que había muerto por otra causa…No nos quedó más alternativa que dejar asentado que mi hermano murió por otras causas, ahorita ya ni recuerdo cuáles…Diana considera que será imposible investigar los hechos basándose en actas ministeriales o en certificados de defunción, puesto que en aquel entonces los familiares fueron obligados a poner otras causas de las muertes. «Más que por las actas, la investigación tendría que guiarse por testimonios de los familiares de las víctimas. Pero entre nosotros nunca hubo contacto. No había esa conciencia del derecho que hay ahora.

Testimonio3

Cuando llegamos había poca gente, como al diez para la cinco ya había 5 mil o 6 mil personas, y cuando empezó el mitin a las 5:10 ya había entre 8 mil y 10 mil asistentes. Sentíamos un ambiente raro y le sugerí al sargento Gama que nos moviéramos a una de las esquinas de la plaza, cerca del edificio Chihuahua .

Alrededor de la plaza estaban las tanquetas del 12 Regimiento de Caballería Motorizada, que habían llegado de Puebla para el desfile del 16 de septiembre y que se quedaron en la ciudad. Escobar Alemany le contó después que desde esos vehículos se disparó indiscriminadamente contra la fachada del Chihuahua .

La plaza era una ratonera, y el edificio Chihuahua , la trampa. Le dije a Gama que nos colocáramos en la orillita. A las 6:10 vio salir las luces de bengala del helicóptero militar que ya llevaba su quinta ronda sobre la plaza. Salieron del helicóptero, fueron tres luces: dos verdes y una roja. Eran luces especiales que se sueltan y alumbran como un arcoiris. Nosotros no sabíamos nada, no teníamos ninguna instrucción. Inmediatamente se escuchó un disparo y a la distancia no supimos de dónde venía, pero fue de pistola. Luego otros cinco o seis disparos.

Vi a un francotirador en el techo de la iglesia. Hubo otros disparos desde el edificio del ISSSTE. La imagen de la gente moviéndose era extraña, era como cuando el trigo se mece hacia donde lo lleva el viento. Así se movió la gente buscando una salida en sentido contrario de donde venían los disparos.

Dice que al día siguiente, 3 de octubre , se levantaron tarde porque no habían tocado la diana. No había casi nadie en las instalaciones militares. Mientras estaban desayunando los llamaron para ordenarles que regresaran a Tlatelolco en el camión militar que transportaría a mediodía el rancho para los soldados.

[Al siguiente día] ¿Qué vimos? Era como una zona de guerra. Había un silencio especial, pesado, se podía agarrar. Le dije a Gama: ‘¿Cuánto apuestas a que De Flon nos dice que por qué no estuvimos en el mitin?’ Gama me dijo ‘cómo crees’, pero dicho y hecho: Nos lo reclamó, como si hubiéramos tenido que estar muertos, heridos o detenidos para probarlo. Tuvimos que explicarle lo que nos pasó.

En la plaza había basura, ropa, manchas de sangre tapadas con periódico, sangre aún fresca mezclada con agua. Había llovido.

Testimonio4

Llévatelo, y a la primera pendejada, te lo chingas, fue lo último que escuchó antes de que lo bajaran, a empellones, del tercero al segundo piso del edificio Chihuahua .

Había sido el primer orador del mitin y fue el único de la lista de tres comisionados para hablar esa tarde en nombre del Consejo Nacional de Huelga —los otros eran David Vega y Eduardo Valle—, que alcanzó a pronunciar su discurso.

Yo estaba en el centro de la tribuna. Cuando comenzaron los disparos, me di la vuelta, y, dando la espalda a la plaza, vi que el tercer piso se había llenado de gente que, después supe, era del Batallón Olimpia. Eran jóvenes como nosotros. Algunos traían una fusca en la mano; otros cargaban metralleta. Todos traían un guante blanco. A unos pasos de donde estaba, David (Vega) forcejeaba por el micrófono con uno del Batallón Olimpia, al que se le salió un tiro.

Los del batallón les dieron tres instrucciones: ‘Todos a la pared, todos al suelo y al que alce la cabeza se lo lleva la chingada’. Mientras tanto, un tipo alto, fornido, con gabardina, disparaba contra la multitud.

López Osuna permaneció de pie; durante segundos, pegado al barandal del tercer piso, pudo ver cómo se formaba un remolino en la plaza, la gente se movía como una ola de mar. En ese momento, uno de los agentes lo tumbó al piso, cayéndole encima.

A los que estábamos en el tercer piso nos dividieron: A unos los subieron al cuarto piso y a otros nos bajaron al segundo. Yo fui de estos últimos. Un tipo que estaba acostado con nosotros nos decía en qué turno debíamos arrastrarnos. A unos pasos de ahí, había otro tipo en cuclillas. Era el que mandaba. Todavía lo recuerdo: patilludo, orejón. Cuando tocó mi turno, el que estaba acostado le dijo a su jefe: ‘Éste fue orador en el mitin’. Entonces, me jalaron, me mentaron la madre. Ahí empezaron los chingadazos.

testimonio5

Cuando empezó la balacera, estábamos viendo por una pequeña ventana, apena cabían dos personas para observar. Fernando vio que por el lado izquierdo, por donde estaba el cine Tlatelolco, y por el lado de Reforma, comenzaron a entrar los soldados. Yo me fijé en el helicóptero, cuando arrojó las luces de bengala: una roja y dos verdes.

En el balcón que estaba debajo, a mi izquierda, donde estaban los líderes hablando, vi cuando un hombre de guante blanco agarró a uno del cabello, le puso la pistola en la sien y le disparó... Yo lo vi. Ése fue el primer disparo que escuché y entonces comenzaron a entrar los soldados a la plaza. Entraron abriendo fuego contra la gente que estaba en la explanada. Después entraron una o dos tanquetas disparando contra el edificio Chihuahua . Fernando me jaló y nos fuimos hacia atrás, en ese momento entró una ráfaga de la tanqueta exactamente en el departamento. Rompieron las tuberías y el departamento comenzó a inundarse. Nos fuimos a la última recámara. Ahí nos mantuvimos hasta las cuatro de la madrugada.

testimonio6
Estaba en la Preparatoria 5 y era activista. Tenía 19 años y no participé en el Comité de Huelga. El 2 de octubre quise estar en el tercer piso del Chihuahua porque allí iban a estar otros amigos.

Llevé a mi madre, pero la dejé en la explanada y me subí. Cuando estaba hablando Socrátes (Amado Campos Lemus) empezó el tiroteo y quise bajar por mi madre, pero ya no me dejaron. Me detuvieron los del guante blanco, que comenzaron a dispararle a la gente.

Había dos niños de secundaria que, cuando vieron que los del guante blanco disparaban contra la gente, se les aventaron. Ahí mismo los mataron. Primero les dispararon y en el suelo los golpearon con las cachas de las pistolas. Iban con suéter café.

Con tristeza y remordimiento recuerda que no pudo ayudar a su madre Esther Villegas, a la que también se la llevaron los soldados. Ella estaba en las escaleras, alcancé a agarrarla, pero me detuvieron. Me llevaron a un departamento del tercer piso, donde estaban Luis González de Alba, Cabeza de Vaca, Sócrates y La Tita. Allí el policía del sombrero que aparece en las fotos era el que nos quitaba las pertenencias a todos los detenidos.

Pero después Enrique y González de Alba fueron llevados a otro departamento: Allí me quise escapar, vi un guante blanco tirado y traté de ponérmelo, haciéndome pasar por uno de ellos. Con los ojos Luis me decía que no, pero yo tenía miedo y quería escaparme para ir por mi madre, a la que también habían golpeado. Se dieron cuenta porque el guante rechinó cuando quise ponérmelo, me golpearon hasta que perdí el conocimiento. Creo que uno de ellos mismos me salvó porque les pidió que ya no me siguieran golpeando. Cuando desperté me bajaron a la entrada del edificio, donde nos tomaron la foto a un lado del elevador. Yo estoy de espaldas, soy el más alto.

Cuenta que en el Campo Militar Numero Uno nos llevaron a las galeras con camas de metal. Nos despertaban a la media noche y nos decían que nos iban a fusilar. Había ferrocarrileros, trabajadores del banco, estudiantes. Me golpeaban mucho, la tortura también era psicológica. Sacaban gente y se oían tiros, todos temblaban. Nunca vi que regresaban.

Ahí vi a Nazar Haro, varias veces fue a entrevistarnos, casi siempre a la medianoche o en la madrugada. Llegaba con sombrero y gabardina blanca, nos ponía bajo una lámpara y nos preguntaba: ‘¿Qué andabas haciendo, eres estudiante, del Comité, conoces a los líderes?’. No me golpeó, me hice pasar como trabajador de Aurrerá, estaba muy asustado. Me tomaban fotos mientras me interrogaban, huellas digitales de todos los dedos de las manos. Me parecían eternos, con preguntas insistentes.

¿Y los que no estuvieron en las protestas del 68 en Tlatelolco?


Mi papá nació en 1946, de modo que en 1968 tenía 22 años.

Estudiaba Contabilidad en la Escuela Superior de Comercio y Administración en el Instituto Politécnico Nacional, en la unidad de Santo Tomás. También trabajaba como auxiliar de contador desde que cursaba los primeros semestres de la escuela vocacional. Vestía entonces, como hoy, pantalón formal en tono oscuro o gris claro y camisa de manga corta de color discreto liso o eventualmente cuadriculado.

Sus objetivos en la vida eran, además de trabajar en su profesión como empleado, casarse con una mujer sencilla para fundar una familia convencional, establecer un hogar tradicional y pasar las vacaciones en su pueblo demostrando allá un modesto progreso económico como prueba de que hacía lo correcto y cumplía con las expectativas que la sociedad tenía de él.

Los ídolos de se juventud son los mismos de hoy: Javier Solís, Los Panchos y algunos otros boleristas. Sus pasatiempos predilectos: ver futbol en la televisión, o de vez en cuando en el estadio, y películas mexicanas de la época de oro.

Su militancia política: apartidista, con antipatía a lo estadounidense, especialmente a sus productos gastronómicos, cinematográficos y televisivos, especialmente los relativos al rocanrol.

De modo que el 2 de octubre no fue un día especial para él, sino más o menos como los previos o los posteriores. Sin clases, pero con trabajo. Sin escuchar noticieros ni leer otro periódico que no fuera el Esto –el diario deportivo del tono sepia editado por la Organización Editorial Mexicana–, todas las consignas que gritaban en la calle o en la escuela le eran ajenas. Todas las formas de activismo político e ideas marxistoides eran extrañas para él. Todas las expresiones culturales "de onda", como el cabello largo, la música de protesta y la ropa fachosa, desde su perspectiva, eran antipáticas.

Pues bien, el punto es que mi papá era entonces más representativo de la juventud de su época en México que quienes estuvieron en Tlatelolco ese día. En ese entonces la población en edad de cursar estudios de educación superior (20-24 años de edad) era aproximadamente de 4 millones, pero solo 222 mil lo hacían, uno de cada veinte.

Hoy la proporción es superior a uno de tres. Es decir, el protagonista de El 68, el estudiante universitario, era la minoría de una minoría que proponía cambios o ideas que no contaban con amplia simpatía ni legitimidad, ni siquiera entre sus pares. El concepto de generación del 68, como joven promotor de cambios, es sociológicamente equivocado e ideológicamente exagerado.

Así también El 68 tiene un componente discursivo y mitológico en el imaginario colectivo alentado por sus protagonistas: la creencia en el activismo de ellos como causa milagrosa de los cambios políticos, sociales y culturales más importantes y positivos de los años siguientes hasta la actualidad. De buena fe, sin duda. Así lo creen, pero no es real. No hay milagro por los sacrificados en Tlatelolco.

Los cambios que frecuentemente son atribuidos a las movilizaciones juveniles en varias ciudades en Europa y América durante 1968, no son tanto el resultado de ideas o comportamientos novedosos, de la irrupción de nuevos valores o de la transgresión de los establecidos, como de nuevos inventos y aplicaciones científicas, incluida la mercadotecnia.

El punto es que las ideologías no han transformado tanto la realidad como las tecnologías. Toda ideología necesita tecnología para incidir en la realidad, pero las tecnologías no necesitan de ideología alguna para ello.

Los ingenieros, los médicos y las maestras modernizaron más al país para el bienestar de la mayoría de la población que los líderes sindicales, los dirigentes estudiantiles y los intelectuales de oposición, gracias a instituciones y no a revoluciones, que es el mejor medio para promover y defender derechos. Pregúntenle si no, a varios exsesentayochistas que han ido y venido en varias legislaturas de cámara en cámara u otros cargos públicos de representación electoral.

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