La epopeya del Ejército Sanmartiniano
El cruce de los Andes, por el ejército libertador, durante los meses de enero-febrero de 1817 es probablemente la mayor proeza cumplida por nuestro pueblo y sin embargo el tema muy rara vez a sido abordado académicamente, es decir desde la perspectiva de la ciencia histórica. En cambio son sumamente abundantes los relatos realizados a partir de la imaginación, donde en el deseo de dejar bien al prócer se inventan situaciones que nada tienen que ver con la realidad de los hechos. Aunque si nos atenemos exclusivamente a los documentos, que son muy numerosos, pronto descubrimos que la realidad supera en grandeza a cualquier tipo de ficción.
Lo primero que hay que señalar es que se enviaron contingentes militares por seis lugares diferentes para poder liberar al mismo momento la totalidad del territorio chileno.
La columna más al norte cruzó la cordillera por la provincia de La Rioja y la más al sur no muy lejos del actual límite entre Mendoza y Neuquén, a pesar de las enormes distancias y de lo precario de la comunicaciones de aquella época cada destacamento respetó escrupulosamente el orden de la marcha determinado con antelación.
Nadie se adelantó ni se atrasó un solo día lo que posibilitó que la entrada a territorio chileno fuese simultanea y sorpresiva, esto se logró a pesar de los inconvenientes geográficos o climáticos y de las diferentes características de cada columna.
La que estaba a cargo del Teniente Coronel Cabot por ejemplo basó su fuerza en el aporte de voluntarios que se fueron sumando en el curso de la ruta, por lo que se debió cumplir con la rigurosa orden de marcha al mismo tiempo que se reclutaban y organizaban los nuevos integrantes.
El plan general debía además sorprender completamente a la guarnición española estacionada en Santiago la capital de Chile . Si esto no era así los realistas podían llegar a tener el tiempo necesario y concentrar tropas muchos más numerosas que las que conducen los patriotas. Se debía, cruzar, sorprender y no dejar al enemigo que se concentrase, estas eran las condiciones fundamentales para obtener una victoria significativa a las puertas de la capital chilena.
Para cumplir con este requisito San Martín envió una columna secundaria compuesta por unos 800 hombres por el camino de Uspallata. Es la ruta más corta y menos dificultosa y la idea era que los españoles apostados a lo largo de la misma pudiesen observar y calibrar su fuerza, concluirían que su fuerza no era significativa y que no era necesario dar una alarma general para combatirla. Mientras tanto el grueso del ejército tomaría por el camino de Los Patos, en la provincia de San Juan, el más dificultoso y largo ya que implicaba recorrer 150 Km. más que por Uspallata.
Nunca los españoles sospecharon que por allí pudiese marchar un ejército y la sorpresa fue total. Por territorio sanjuanino marcharon un poco más de 5.000 hombres, de los cuales 3.700 eran soldados, el resto eran peones, arrieros, rastreadores y baqueanos encargados de conducir el Ejército. Unas 10.600 mulas transportaban la enorme carga necesaria para alimentarse y combatir, además de una imprenta destinada a publicar las proclamas que se difundirían entre la población chilena.
Los caballos tuvieron que ser conducidos cuidadosamente, fueron arriados, no pueden ser montados por los granaderos porque al revés de las mulas no poseían practica de circular por entre medio de las montañas. El ganado vacuno , unas 450 vacas se fue faenando a lo largo de la ruta, para que en la medida que el marco territorial lo permitiese preparar grandes asados a fin de fortalecer a todos los integrantes de la expedición.
Tan grande cantidad de hombres, animales y materiales hace que la columna se muy extensa, siete días de marcha separan a los primeros de los últimos y como corresponde a toda fuerza militar que se desplaza el jefe es quien cierra la marcha. En el centro se desplaza el chileno Bernardo O’Higgins, segundo en el mando, quien todos los días escribe a San Martín , un chasquí bien montado, retrocede y lleva la carta a su destinatario, quien inmediatamente contesta.
Se ha conservado gran parte de este intercambio epistolar y es la principal fuente para conocer los pormenores del cruce de la columna principal. Leyendo estos documentos cae muy pronto el principal invento de la travesía, porque muchas veces se repite sin ningún apoyo documental que hubo unos 300 hombres muertos y muchas miles de mulas desembarrancadas. O’Higgins solo escribe que un joven soldado amaneció muerto luego de una noche de mucho frío, y no dice nada de ninguna mula. Si en cambio describe la cólera que le produjo que un grupo de arrieros hubiese faenado una vaca pequeña sin su permiso. En las respuestas de San Martín tampoco se lee de cientos de soldados muertos congelados o mulas estrelladas en los precipicios. Y esto no ocurrió sencillamente porque los hombres habían recibido a lo largo de muchos meses un entrenamiento riguroso, superior en muchos aspectos a los soldados napoleónicos que hicieron la campaña de Egipto. Además nuestros arrieros sabían cuidar a sus animales pues desde hace siglos vivian precisamente del comercio e intercambios que gracias a ellos hacían entre Chile y las provincias cuyanas.
Inventar tantas catástrofes es dejar mal a quienes condujeron la epopeya, pues es presentarlos como improvisados, que no hubiesen previsto los problemas a surgir, y precisamente es todo lo contrario, San Martín es un excelente planificador que previó hasta los más mínimos detalles y en esto reside uno de sus tantos meritos.
Tan calculado estaba todo que hasta logró recuperar los días de atraso que llevaba con respecto a la vanguardia y ser uno de los primeros en llegar a San Felipe. En esta ciudad chilena con matemática precisión el 8 de febrero estaba ya concentrado todo el ejército patriota. Para los españoles fue la más total sorpresa y solo cuatro días después el 12 de febrero se logró la gran victoria patriota en la cuesta de Chacabuco. El mismo día las tropas de Cabot peleaban y triunfaban frente a La Serena, y lo mismo ocurría frente a Copiapó. Por su lado la columna que se había cruzado los Andes más al sur lograba que las ciudades sureñas de Chile se amotinaran contra los opresores. El 13 de febrero todo Chile era libre del coloniaje español.
El cruce de los Andes, por el ejército libertador, durante los meses de enero-febrero de 1817 es probablemente la mayor proeza cumplida por nuestro pueblo y sin embargo el tema muy rara vez a sido abordado académicamente, es decir desde la perspectiva de la ciencia histórica. En cambio son sumamente abundantes los relatos realizados a partir de la imaginación, donde en el deseo de dejar bien al prócer se inventan situaciones que nada tienen que ver con la realidad de los hechos. Aunque si nos atenemos exclusivamente a los documentos, que son muy numerosos, pronto descubrimos que la realidad supera en grandeza a cualquier tipo de ficción.
Lo primero que hay que señalar es que se enviaron contingentes militares por seis lugares diferentes para poder liberar al mismo momento la totalidad del territorio chileno.
La columna más al norte cruzó la cordillera por la provincia de La Rioja y la más al sur no muy lejos del actual límite entre Mendoza y Neuquén, a pesar de las enormes distancias y de lo precario de la comunicaciones de aquella época cada destacamento respetó escrupulosamente el orden de la marcha determinado con antelación.
Nadie se adelantó ni se atrasó un solo día lo que posibilitó que la entrada a territorio chileno fuese simultanea y sorpresiva, esto se logró a pesar de los inconvenientes geográficos o climáticos y de las diferentes características de cada columna.
La que estaba a cargo del Teniente Coronel Cabot por ejemplo basó su fuerza en el aporte de voluntarios que se fueron sumando en el curso de la ruta, por lo que se debió cumplir con la rigurosa orden de marcha al mismo tiempo que se reclutaban y organizaban los nuevos integrantes.
El plan general debía además sorprender completamente a la guarnición española estacionada en Santiago la capital de Chile . Si esto no era así los realistas podían llegar a tener el tiempo necesario y concentrar tropas muchos más numerosas que las que conducen los patriotas. Se debía, cruzar, sorprender y no dejar al enemigo que se concentrase, estas eran las condiciones fundamentales para obtener una victoria significativa a las puertas de la capital chilena.
Para cumplir con este requisito San Martín envió una columna secundaria compuesta por unos 800 hombres por el camino de Uspallata. Es la ruta más corta y menos dificultosa y la idea era que los españoles apostados a lo largo de la misma pudiesen observar y calibrar su fuerza, concluirían que su fuerza no era significativa y que no era necesario dar una alarma general para combatirla. Mientras tanto el grueso del ejército tomaría por el camino de Los Patos, en la provincia de San Juan, el más dificultoso y largo ya que implicaba recorrer 150 Km. más que por Uspallata.
Nunca los españoles sospecharon que por allí pudiese marchar un ejército y la sorpresa fue total. Por territorio sanjuanino marcharon un poco más de 5.000 hombres, de los cuales 3.700 eran soldados, el resto eran peones, arrieros, rastreadores y baqueanos encargados de conducir el Ejército. Unas 10.600 mulas transportaban la enorme carga necesaria para alimentarse y combatir, además de una imprenta destinada a publicar las proclamas que se difundirían entre la población chilena.
Los caballos tuvieron que ser conducidos cuidadosamente, fueron arriados, no pueden ser montados por los granaderos porque al revés de las mulas no poseían practica de circular por entre medio de las montañas. El ganado vacuno , unas 450 vacas se fue faenando a lo largo de la ruta, para que en la medida que el marco territorial lo permitiese preparar grandes asados a fin de fortalecer a todos los integrantes de la expedición.
Tan grande cantidad de hombres, animales y materiales hace que la columna se muy extensa, siete días de marcha separan a los primeros de los últimos y como corresponde a toda fuerza militar que se desplaza el jefe es quien cierra la marcha. En el centro se desplaza el chileno Bernardo O’Higgins, segundo en el mando, quien todos los días escribe a San Martín , un chasquí bien montado, retrocede y lleva la carta a su destinatario, quien inmediatamente contesta.
Se ha conservado gran parte de este intercambio epistolar y es la principal fuente para conocer los pormenores del cruce de la columna principal. Leyendo estos documentos cae muy pronto el principal invento de la travesía, porque muchas veces se repite sin ningún apoyo documental que hubo unos 300 hombres muertos y muchas miles de mulas desembarrancadas. O’Higgins solo escribe que un joven soldado amaneció muerto luego de una noche de mucho frío, y no dice nada de ninguna mula. Si en cambio describe la cólera que le produjo que un grupo de arrieros hubiese faenado una vaca pequeña sin su permiso. En las respuestas de San Martín tampoco se lee de cientos de soldados muertos congelados o mulas estrelladas en los precipicios. Y esto no ocurrió sencillamente porque los hombres habían recibido a lo largo de muchos meses un entrenamiento riguroso, superior en muchos aspectos a los soldados napoleónicos que hicieron la campaña de Egipto. Además nuestros arrieros sabían cuidar a sus animales pues desde hace siglos vivian precisamente del comercio e intercambios que gracias a ellos hacían entre Chile y las provincias cuyanas.
Inventar tantas catástrofes es dejar mal a quienes condujeron la epopeya, pues es presentarlos como improvisados, que no hubiesen previsto los problemas a surgir, y precisamente es todo lo contrario, San Martín es un excelente planificador que previó hasta los más mínimos detalles y en esto reside uno de sus tantos meritos.
Tan calculado estaba todo que hasta logró recuperar los días de atraso que llevaba con respecto a la vanguardia y ser uno de los primeros en llegar a San Felipe. En esta ciudad chilena con matemática precisión el 8 de febrero estaba ya concentrado todo el ejército patriota. Para los españoles fue la más total sorpresa y solo cuatro días después el 12 de febrero se logró la gran victoria patriota en la cuesta de Chacabuco. El mismo día las tropas de Cabot peleaban y triunfaban frente a La Serena, y lo mismo ocurría frente a Copiapó. Por su lado la columna que se había cruzado los Andes más al sur lograba que las ciudades sureñas de Chile se amotinaran contra los opresores. El 13 de febrero todo Chile era libre del coloniaje español.