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El alumbramiento y la muerte en la Edad Media Europea.



Como muchos Taringueros suponen que la Edad Media Europea, he visto varios post glorificando y honrando la edad oscura europea que duro más de mil años, ´´rejunte´´ y mescle unos textos propios que escribí hace un tiempo.
La idea de este post es demostrar definitivamente que la Edad Media no fue una época gloriosa y llena de felicidad para la gente. Fueron en realidad mil años de oscuridad intelectual, olvido sistemático, persistente e interesado de la razón, sórdida omisión de la ciencia, de la lógica y la sensatez del hombre occidental.
La Iglesia Católica de Culto Romano fue la encargada y la celosa guardiana de esta degradación de la razón sacrificada en los altares de la mentalidad religiosa para sostener su base política de dominio social. Solamente daré un ejemplo de cómo era la vida cotidiana de nuestros antepasados, para que los Taringas imaginen sus propias conclusiones. Advierto que es un texto largo, trate de hacerlo lo más atractivo y amigable posible pero ´´si quieren salir de la oscuridad tienen que prender la linterna´´ y para entender la historia no van a tener más remedio que leer un poco.



En la Edad Media Europea había una contingencia en contra del 60% a que no sobreviviera un niño al alumbramiento y esta cifra no era para nada exagerada. Aunque suene paradojal la muerte constituía uno de los elementos más íntimos e inseparables del nacimiento.
El mismo parámetro o cuantificación se podía establecer para la madre. Fallecer por haber dado a luz también estaba situado dentro de ese enorme porcentaje de más de la mitad de posibilidad de muerte.

La obstetricia medieval, por llamarla de alguna manera, lo mismo que la medicina en general, no poseía ninguna regulación, ni método, ni procedimiento alguno de estandarización. Nadie o muy pocos se preocupaban por analizar con alguna lógica el evento y cada partera procedía por criterio propio en base únicamente a la experiencia y a lo que le habían transmitido sus maestras.
El parto y las tareas previas al alumbramiento eran únicamente tarea de las mujeres y ningún hombre podía participar de las mismas, ni siquiera el médico, si es que lo hubiere.

Había una partera experimentada que regenteaba todo el escenario, los médicos aparecían después del parto pero tampoco era mucho lo que podían hacer, no solo por desconocimiento sino también porque los prejuicios religiosos y sociales le impedían cualquier participación activa, de hecho ningún médico podía tocar a sus pacientes mujeres, sean parturientas o no.
Aunque cueste creerlo si una mujer accedía a una consulta médica se encontraba con el practicante, seguramente un barbero con ínfulas de sanador, y con una especie de muñeca de trapo o madera sobre una mesa con las formas aproximadas de una mujer. Sobre esa figura la paciente debía señalar en que parte de su cuerpo sentía los síntomas de su dolencia. Esta era la mayor fuente de información a la que podía acceder el sanador sobre los síntomas de la enferma y sumadas a algunas preguntas que pudieran hacerle a la dama, por supuesto sin herir su natural modestia y recato sobre su cuerpo. Ese era el tipo de medicina que se practicaba en la Edad Media Europea.
En el parto las cosas no iban mejor. Concretamente las comadronas regentaban toda la operatoria del nacimiento. El oficio se aprendía como cualquiera de los otros trabajos artesanales. Primero la observación, después la repetición y paulatinamente la adquisición de responsabilidades cada vez mayores.

Al momento del alumbramiento se permitía la entrada de las personas que quisieran ver el parto, esto era así porque se supone que debían atestiguar que el niño estaba unido a la madre por el cordón umbilical y que no sería cambiado por otro infante en el momento del parto. Suponemos que esto era una práctica exclusiva de las clases altas ya que la costumbre de traer testigos estaba íntimamente conectada a la cuestión de la herencia, el tema de la primogenitura en el caso de los mellizos, las sucesiones y todo eso. Pero lo concreto que también en las clases bajas donde no había mucho que legar, el parto era un acontecimiento bastante popular y concurrido.
Terminado el alumbramiento, la partera mostraba a la criatura recién nacida unida por el cordón umbilical como prueba fehaciente y luego procedía a cortar el cordón y separar definitivamente al niño de la madre.
Inmediatamente después este era bañado con pétalos de rosa y miel vigilando fundamentalmente la limpieza de los ojos, oídos y nariz del recién nacido. Para el resto del cuerpo se utilizaba aceite de oliva.
A continuación, el niño era ceñido en su totalidad, incluida la cabeza y exceptuando la cara, con fajas de lino muy fino, quedando el chico transformado como en una especie de larva humana a la cual solamente se le veía la cara.

Supuestamente se hacía esto para evitar deformidades en los endebles huesos del bebe y permanecía con las vendas hasta muy pasado el año de vida. No debe extrañarnos mucho esta práctica porque hasta no hace mucho tiempo aún se seguía utilizando. Es muy normal aun hoy encontrar bebes ´´fajados´´ o envueltos por la cintura con una cinta.
Inmediatamente después el niño era "entregado a la ama de leches", una mujer de confianza, con capacidad para dar el pecho, contratada especialmente para que lo amamantara.
La madre, habiendo superado el trance del parto debía enfrentar el peligro del puerperio. Generalmente la parturienta podía sufrir hemorragias, heridas o infecciones causadas en el alumbramiento. Las primíparas sobre todo fallecían muy a menudo por fiebre puerperal porque las medidas higiénicas brillaban por su ausencia, los cortes expuestos eran permanentes ocasionados por los ´´instrumentos quirúrgicos´´ extremadamente rústicos.

En este desdichado contexto las personas veían la muerte de una manera diferente en comparación con la forma en que la vemos hoy en día. Por eso la muerte estaba omnipresente para todos desde el momento mismo del nacimiento.
Las expectativas de vida también eran muy bajas. La parca les escoltaba prácticamente a todas partes.
Las mujeres fallecían por culpa de los partos cuando todavía eran muy jovencitas. Pero también los hombres en la Edad Media Europea morían por norma general a una muy temprana edad.
Las causas de esas muertes eran muy a menudo las infecciones, la lepra, la malaria, la tuberculosis, la difteria y fundamentalmente el cólera debido, como dijimos antes, a las prácticamente inexistentes condiciones higiénicas.

La Peste Bubónica también estaba al acecho de cualquiera en cualquier momento. Inclusive morir de sed, hambre o de frío también era algo muy común y corriente en esa época.
La mitad de los niños no llegaban, después de superar los peligrosísimos primeros años de vida, a los 14 años de edad. Las causas del número elevado de niños fallecidos en su infancia era básicamente dos. Por mala alimentación y las clásicas enfermedades, las eternas compañeras de las que ´´hemos disfrutado´´ desde siempre los hombre, y que hacían muy esmeradamente su trabajo en esa época.
El sarampión, la viruela, tos ferina, la tuberculosis, gripes varias, en fin, nuestras clásicas compañeras hoy bastante dominadas y conocidas, en la Edad Media estaban continuamente al asecho de los niños potenciadas al extremo de desatar pandemias recurrentes prácticamente todos los años. Calamidades que corrían de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo sin ninguna contención ni control.

En este contexto o trama de la muerte, la vida cotidiana en la Europa Medieval era absolutamente dominada por la iglesia en todos los niveles e instancias.
Nada escapaba a este férreo control. La iglesia les decía cuándo rezar, cuando asistir a los servicios religiosos, cuando comer, como y donde trabajar, cuando festejar, que festejar, como casarse, con quien casarse, como fornicar, cuando debías ir a la guerra, a quien obedecer y como debías morir.
Toda la vida estaba regida por los preceptos religiosos, todo excepto el nacimiento, en este caso la institución eclesiástica se eximia de intervenir y descartaba de plano cualquier tipo de participación o injerencia.
Porque la Iglesia no quería entremeterse en este importante evento de la vida? Después de todo, la vida, el nacimiento y la muerte son los incidentes más importantes y significativos de la existencia humana. Qué razón podría esgrimir La Santa Institución para no interferir de alguna manera en el extraordinario acontecimiento.

De alguna manera y debido al porcentaje enorme de muertes durante este trance, el riesgo de fallar en alguna previsión o de asumir un compromiso peligroso era formidable, no era conveniente poner en juego la infalibilidad y juicio de la institución en tan fortuito y aleatorio acontecimiento.
Por eso la iglesia, muy sabiamente se ´´saco la pata del lazo´´ e instalo en la mente de las personas que "durante el parto, la puerta hacía el infierno estaba abierta, tanto para la madre como para el niño". Por esa razón, ambos, madre y niño no se encontraban bajo la protección ni el amparo de la Santa Iglesia. Mientras la madre daba a luz y bajo estas circunstancias la institución no podía oficiar ni hacer ninguna mediación o interposición, los dos principales protagonistas del acontecimiento, quedaban librados exclusivamente a la decisión y voluntad de Dios y por lo tanto la Iglesia, si ocurría algún evento desgraciado, no tenía culpa de nada. Nadie debía reclamarle algún grado de responsabilidad cualquiera fuere el resultado del trance.

Establecido claramente este deslinde de responsabilidades, inmediatamente se daban algunas instrucciones que se debían cumplir invariablemente y que se establecían como dogma de fe.
EL LIMBO
En caso de defunción del bebé, había que realizar un bautizo de emergencia. Si este no se hubiera realizado a tiempo y el niño recién nacido o abortado no había sido bautizado antes de morir, tenía que ser enterrado en el exterior del cementerio habitual de la comunidad, fuera de la parcela de terreno bendecido, porque su destino inmediatamente después de la muerte era el Limbo .
En la enseñanza tradicional de la Iglesia Medieval, se recurría a la teoría o presunción de la existencia de un lugar llamado el Limbo , un lugar, zona o dimensión especial que no tenía nada que ver con el conocido Purgatorio, el Limbo era otra cosa.
Del Purgatorio se salía rumbo al cielo una vez cumplida la pena impuesta y determinada según los pecados veniales o pasibles de ser perdonados por la iglesia, pero del Limbo no se podía salir nunca jamás, ni siquiera el papa quedaba facultado para perdonar a los que habían muerto sin recibir los santos sacramentos del Bautismo..

Este verdadero galimatías Teológico, entendía al Limbo como un estado en el que las almas de los niños que mueren sin ser ungidos por los santos sacramento no merecen el premio de la visión beatífica, a causa del pecado original que se redime pura y exclusivamente mediante los sacramentos del Bautismo, no hay otra forma, pero, como esas almas no han cometido ningún pecado personal, el recién nacido-fallecido o abortado no sufre ningún castigo eterno como en el infierno.
Pero donde los metemos?? El lugar elegido un lugar temporal donde las almas de personas creyentes que, pasada su vida física, murieron pero un tiempo antes de la resurrección de Jesús (este es el Limbo de los Patriarcas). Y bueno, metamos a los no bautizados que mueren a corta edad sin haber cometido ningún pecado personal, pero sin haberse visto librados del pecado original, mácula que sólo puede ser eliminada a través del bautismo con los Patriarcas, se pueden hacer mutua compañía, ´´los niños sin bautizar alegran a los Patriarcas y los Patriarcas los cuidan´´. Déjame de joder con la mentalidad religiosa!!
En realidad todo el engorroso asunto del Limbo y sus consecuencias no deseadas era considerado por la iglesia y sus teólogos como una especie de error administrativo, una falla del sistema, pero, como la dirección general no podía ser culpada porque era infalible y jamás se equivocaba tampoco se podía emendar el tropezón, porque hubiera sido lo mismo que admitir un error en el dogma, algo definitivamente inaceptable, igual tenía que haber consecuencias para el no bautizado.
Esta teoría, elaborada por los teólogos a principios de la Edad Media siempre fue motivo de encarnizadas discusiones dogmáticas dentro de la Iglesia misma y el tema del Limbo , convengamos que es algo un poco "traído de los pelos", nunca convenció a mucha gente.

No obstante, en la Europa Medieval la condena del Limbo era aceptado por la sociedad sin discusión y tenía una vigencia agobiante, tremendamente angustiosa. Por eso el extraño castigo a los no bautizados también estaba íntimamente relacionado con el parto, era una carga emotiva negativa más que debía afrontar sobre todo la pobre madre.
Después de varios años de estudio, recién en el año 2007 el Papa Benedicto XVI, de nombre secular Joseph Ratzinger decretó la abolición oficial del famoso Limbo , una disquisición teológica en la cual ya muy pocos creían.
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