Hay personas que se enfadan por todo. Se agobian. Se estresan. Parece que vivan en una desgracia constante. Es más, parece que el universo entero haya conspirado para putearles solo a ellos. Son los mismos que están en la oficina sin reírse. O los que pasan horas en clase con caras largas. Exactamente aquellos que van a un monólogo y no sueltan ni media carcajada.
Pero también está la otra cara de la moneda. Esta gente que se va 5 minutos y vuelve con una aventura nueva que contar. Estos que a pesar de estar en el metro a las 6 de la mañana no paran de echar carcajadas. Los que no necesitan tener motivos para estar bien.
¿Sabías que Burt Reynolds , antes de llegar a actor quiso ser jugador de futbol profesional? Cuando se le acabó el chollo del fútbol por una lesión en la rodilla quiso ser policía. Pero algunas montañas rusas le llevaron a recibir clases de teatro donde mostró bastantes habilidades, llegando más tarde a la gran pantalla.
Estoy seguro que hay un montón de historias de gente desconocida que simplemente ha rechazado el éxito. Ha rechazado esa aventura. Han tenido toda la fortuna en una mano pero la han dejado escapar… ¿por qué? Llámalo miedo, aun que últimamente me gusta llamarlo rigidez.
Lo más importante al final es reconocerla, aceptarla y, a partir de ahí, empezar a caminar. Al fin y al cabo, nunca sabes dónde puedes encontrar un director de película. En el trabajo, en la universidad, en un concierto de jazz, en un burger king, en un semáforo.
Pero también está la otra cara de la moneda. Esta gente que se va 5 minutos y vuelve con una aventura nueva que contar. Estos que a pesar de estar en el metro a las 6 de la mañana no paran de echar carcajadas. Los que no necesitan tener motivos para estar bien.
¿Sabías que Burt Reynolds , antes de llegar a actor quiso ser jugador de futbol profesional? Cuando se le acabó el chollo del fútbol por una lesión en la rodilla quiso ser policía. Pero algunas montañas rusas le llevaron a recibir clases de teatro donde mostró bastantes habilidades, llegando más tarde a la gran pantalla.
Estoy seguro que hay un montón de historias de gente desconocida que simplemente ha rechazado el éxito. Ha rechazado esa aventura. Han tenido toda la fortuna en una mano pero la han dejado escapar… ¿por qué? Llámalo miedo, aun que últimamente me gusta llamarlo rigidez.
Lo más importante al final es reconocerla, aceptarla y, a partir de ahí, empezar a caminar. Al fin y al cabo, nunca sabes dónde puedes encontrar un director de película. En el trabajo, en la universidad, en un concierto de jazz, en un burger king, en un semáforo.