Caminando por la calle distraído por mis pensamientos y recuerdos he sentido un olor, una pastelería cercana ha invadido mi nariz con un perfume de bizcochos y magdalenas humeantes, mantequilla, huevos y azúcar que me ha transportado a otro momento, a otro lugar.
Los sentidos pueden evocar de forma muy clara y emotiva recuerdos de nuestro pasado, liberando emociones positivas, como el placer o la felicidad, o negativas, como miedo o rabia. Una canción puede recordarnos a un momento especial con una persona o a un viaje con amigos, un paisaje nos puede llevar a los recuerdos de nuestra adolescencia y a lo que vivimos en un determinado lugar.
El olfato es el sentido que se encuentra más cerca del hipocampo, una de las estructuras cerebrales responsable de nuestra memoria. A su vez está conectado con el sistema límbico, que es el centro emotivo del cerebro. El resto de los sentidos (la vista, el olfato, el gusto o el tacto) tienen que recorrer un largo camino para alcanzar las partes del cerebro encargadas de la memoria y de las emociones.
Por lo tanto, es la propia estructura de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro la responsable de que un olor nos despierte recuerdos muy vivos y sea capaz de reproducir sensaciones que contienen esa mezcla de sensibilidad y tristeza a la que llamamos nostalgia.
La imagen de un objeto, de una habitación o de un paisaje por ejemplo nos pueden llevar a un momento de nuestra vida que nos resulte agradable. También podemos experimentar la sensación de haber estado antes ahí o haber vivido antes una situación, lo que se conoce como un “dejà vu”.
En cuanto al gusto, cuando comemos el cerebro integra todas las sensaciones con información almacenada en la memoria y busca datos sobre ciertas preparaciones que relacionamos con esas mismas sensaciones, situaciones anteriores u otros alimentos con los que percibimos estímulos similares. Por lo tanto, el gusto puede transformar sensaciones derivadas de los alimentos en recuerdos.
Por lo que respecta a los sonidos, todos hemos pensado e incluso hemos llegado a escuchar una determinada banda sonora en algún momento de nuestra vida.
Por lo tanto, todos nuestros sentidos pueden llevarnos al pasado y evocar nuestros recuerdos en momentos determinados, para hacernos vivir un momento en el que nos sentimos muy bien o fuimos muy felices, es cuestión de dejarse llevar.
Los sentidos pueden evocar de forma muy clara y emotiva recuerdos de nuestro pasado, liberando emociones positivas, como el placer o la felicidad, o negativas, como miedo o rabia. Una canción puede recordarnos a un momento especial con una persona o a un viaje con amigos, un paisaje nos puede llevar a los recuerdos de nuestra adolescencia y a lo que vivimos en un determinado lugar.
El olfato es el sentido que se encuentra más cerca del hipocampo, una de las estructuras cerebrales responsable de nuestra memoria. A su vez está conectado con el sistema límbico, que es el centro emotivo del cerebro. El resto de los sentidos (la vista, el olfato, el gusto o el tacto) tienen que recorrer un largo camino para alcanzar las partes del cerebro encargadas de la memoria y de las emociones.
Por lo tanto, es la propia estructura de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro la responsable de que un olor nos despierte recuerdos muy vivos y sea capaz de reproducir sensaciones que contienen esa mezcla de sensibilidad y tristeza a la que llamamos nostalgia.
La imagen de un objeto, de una habitación o de un paisaje por ejemplo nos pueden llevar a un momento de nuestra vida que nos resulte agradable. También podemos experimentar la sensación de haber estado antes ahí o haber vivido antes una situación, lo que se conoce como un “dejà vu”.
En cuanto al gusto, cuando comemos el cerebro integra todas las sensaciones con información almacenada en la memoria y busca datos sobre ciertas preparaciones que relacionamos con esas mismas sensaciones, situaciones anteriores u otros alimentos con los que percibimos estímulos similares. Por lo tanto, el gusto puede transformar sensaciones derivadas de los alimentos en recuerdos.
Por lo que respecta a los sonidos, todos hemos pensado e incluso hemos llegado a escuchar una determinada banda sonora en algún momento de nuestra vida.
Por lo tanto, todos nuestros sentidos pueden llevarnos al pasado y evocar nuestros recuerdos en momentos determinados, para hacernos vivir un momento en el que nos sentimos muy bien o fuimos muy felices, es cuestión de dejarse llevar.