La extraordinaria capacidad para soportar el hambre por métodos puramente psicológicos de la que parecen hacer gala algunos místicos y gurús puede parecer sorprendente.
Sin embargo, no hay nada misterioso en ello, ya que está sensación está regulada en última instancia por el cerebro.
Cuando nuestro organismo entra en estado de hipoglucemia, en el que la concentración de glucosa en sangre es inferior a lo normal, el hipotálamo pone en marcha una cascada de estímulos que nos producen la necesidad imperiosa de ingerir alimentos.
Por el contrario, cuando estamos saciados, algunas sustancias como los ácidos grasos y la serotonina – un neurotransmisor- estimulan otra zona de esta región del encéfalo y nos causan sensación de hartazgo.
En principio, todos estos mecanismos actúan de forma automática pero la corteza cerebral, que gobierna las funciones intelectuales y racionales, también puede intervenir momentáneamente en este proceso.
Es lo que ocurre, por ejemplo, en algunas situaciones en las que estamos distraídos y no nos damos cuenta de lo hambrientos que estamos. Con entrenamiento, esa inhibición del apetito puede prolongarse.
Sin embargo, no hay nada misterioso en ello, ya que está sensación está regulada en última instancia por el cerebro.
Cuando nuestro organismo entra en estado de hipoglucemia, en el que la concentración de glucosa en sangre es inferior a lo normal, el hipotálamo pone en marcha una cascada de estímulos que nos producen la necesidad imperiosa de ingerir alimentos.
Por el contrario, cuando estamos saciados, algunas sustancias como los ácidos grasos y la serotonina – un neurotransmisor- estimulan otra zona de esta región del encéfalo y nos causan sensación de hartazgo.
En principio, todos estos mecanismos actúan de forma automática pero la corteza cerebral, que gobierna las funciones intelectuales y racionales, también puede intervenir momentáneamente en este proceso.
Es lo que ocurre, por ejemplo, en algunas situaciones en las que estamos distraídos y no nos damos cuenta de lo hambrientos que estamos. Con entrenamiento, esa inhibición del apetito puede prolongarse.