Soy una balsa en el mar, voy navegando puertos, dejo mi bandera y después me alejo con la marea. En algunas playas me quedé un corto tiempo, en otras algo considerable, existieron algunas fugaces y alguna que me forzó a quedarme más de lo planeado.
Nunca he tenido rumbo, ni claro el panorama. Me aferro al timón, lo posiciono, pero el trabajo se lo dejo a las olas. Cuando llego a la bahía, amarro fuerte la balsa, camino por la playa y me dejo sorprender.
Construyo castillos de arena, para no dejar raíces, para que las huellas no pesen y que el viento me ponga fácil el olvido.
Mi penúltimo viaje fue duro, porque en esa playa paseaba una pequeña que me enganchó el alma a sus arenas... Esa playa la tuve que incendiar...
Fue más de un año de navegar entre tormentas, la balsa estuvo a punto de resquebrajarse y hundirse, pero la vida me dio manos de arquitecto, soñador y carpintero...
Hice una breve escala para respirar, oxigenarme y reparar la madera... La balsa quedó resplandeciente, pulida, barnizada y con el arte entre sus poros... A la balsa le tatué en un costado: "Madera de deriva" , porque navego sin rumbo, sin mapa, sin brújula y sin destino.
Me alcé al mar nuevamente, con una pluma nueva entre mis manos y con un timón sólido en el frente. La vida, los astros, la luna y las aguas secretamente planeaban los engranes del universo para llevarme a un puerto muy especial... El universo echó a andar su maquinaria más pesada, pero también la que contiene más magia...
Nunca he tenido rumbo, ni claro el panorama. Me aferro al timón, lo posiciono, pero el trabajo se lo dejo a las olas. Cuando llego a la bahía, amarro fuerte la balsa, camino por la playa y me dejo sorprender.
Construyo castillos de arena, para no dejar raíces, para que las huellas no pesen y que el viento me ponga fácil el olvido.
Mi penúltimo viaje fue duro, porque en esa playa paseaba una pequeña que me enganchó el alma a sus arenas... Esa playa la tuve que incendiar...
Fue más de un año de navegar entre tormentas, la balsa estuvo a punto de resquebrajarse y hundirse, pero la vida me dio manos de arquitecto, soñador y carpintero...
Hice una breve escala para respirar, oxigenarme y reparar la madera... La balsa quedó resplandeciente, pulida, barnizada y con el arte entre sus poros... A la balsa le tatué en un costado: "Madera de deriva" , porque navego sin rumbo, sin mapa, sin brújula y sin destino.
Me alcé al mar nuevamente, con una pluma nueva entre mis manos y con un timón sólido en el frente. La vida, los astros, la luna y las aguas secretamente planeaban los engranes del universo para llevarme a un puerto muy especial... El universo echó a andar su maquinaria más pesada, pero también la que contiene más magia...