Se necesita mucho valor para amar a las mujeres marcadas por el pasado.
Aquellas de carácter fuerte pero de corazón bueno.
Aquellas que se han levantado más fuertes después de una aparente irreversible caída. O varias.
Aquellas que a través del sufrimiento, saben el verdadero valor de la vida y están dispuestas a dar la suya por una buena causa.
Se necesita mucho amor para curar las heridas, las desilusiones, las equivocaciones, pero sobre todo, se necesita ser inteligente. Muy inteligente.
Porque ellas son tan maduras, tan experimentadas, tan honestas, tan claras que ya no creen en lo que sienten sino…
En lo que estés dispuesto a hacer tú por ellas. (Walter Riso)
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas…
Valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento. (José Saramago)
Las mujeres de mi generación son las mejores. Y punto.
Hoy tienen cuarenta y pico, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas y, sobre todo, endiabladamente seductoras, esto a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas, tan reales. (Sharon Stone)