Las diferencias entre la infidelidad masculina y la femenina radican en los lazos emocionales que crean las mujeres, quienes afirman sentirse enamoradas en un 57% de sus aventuras, contra un 27% de ellos. Aún más, las estadísticas demuestran que las mujeres son infieles en exactamente la misma frecuencia que los hombres, sólo que éstos “lanzan el anzuelo“ con mucha más frecuencia. A pesar de que las mujeres tienen el mismo impulso sexual que los hombres, su sexualidad debe ir acompañada de un estrecho vínculo emocional que va más allá del sexo: actos como las caricias, los besos, los abrazos, los pequeños detalles diarios de su pareja y sentir que la recuerdan durante el día, sin contar una verdadera comunicación (Que tanto cuesta a los hombres). Cuando ellas se sienten insatisfechas en tantos aspectos, no sólo pueden ser infieles para llenar el vacío de romance con la emoción de una relación prohibida. Si una niña no es orientada por sus padres ni se siente apoyada o capaz de comunicarse abiertamente con ellos, puede terminar forjándose un ideal irreal de lo que es una pareja. Al no poder conseguirla, drena su frustración siendo infiel, pues siente que merece algo más. Con frecuencia, las víctimas del abuso infantil pueden llevar no sólo a las mujeres sino también a los hombres a tener adicción al sexo o infidelidad recurrente; buscan experimentar intensidad emocional dentro de un aura de control, el mismo que no tuvieron cuando sufrieron el trauma original. Las mujeres que pasan mucho tiempo solas (Quizá porque su pareja trabaja lejos y pasa días o incluso semanas fuera de casa) pueden caer en espirales que comienzan con aburrimiento y posteriormente falta de sentido en sus vidas; ese letargo le crea un círculo vicioso, del que buscará salir cayendo en cualquier obsesión (y no necesariamente sexual). Pero siendo el sexo un impulso hormonal tan fuerte una vez que empieza el “segundo enamoramiento“, es difícil que se abandone sin causar estragos a la autoestima, quedando en un estado mucho peor que al principio (y con mayor predisposición a volver a ser infiel). La causa más sencilla es, sin embargo, la más común: millones de mujeres en el mundo sienten que son sólo un ama de casa, administradora o niñera, y hace mucho tiempo que dejaron de ser esposas o novias. En otras palabras, han perdido esa emoción debido a la rutina. En estos casos, la infidelidad le ayuda a recordar que es una mujer que siente y necesita ser amada, más allá de las funciones que desempeña en el día a día.
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