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Los Valores en la Guerra... Obra Propia

Los Valores en
“La Guerra”


“Se les comunica a todos los habitantes que se refugien, dentro de una hora comenzará nuevamente la lluvia de bombas, tengan cuidado y por nada del mundo salgan a la calle. Quédense tranquilos, la guerra ya está a punto de terminar y nuestro país va a salir victorioso de ella”. La radio era el único medio de comunicación permitido en esos días por el gobierno y las estaciones eran todas dirigidas por él; la gente se enteraba sólo de lo que éste quisiera. Pero María no se lo creía, su esposo era un general y su cuñado también, y sabía tanto que la guerra no estaba a punto de terminar como que nuestro país estaba en graves problemas. Alemania era una gran potencia, y ahora aliada con Rusia era casi invencible.
- Mami me estás ahorcando. Suéltame – su hijita de cinco años la había despertado de ese trance.
- Lo siento. Vete a dormir, sueña con cualquier cosa que despiste tu mente de los truenos.
- Mami, ¿donde está papá?, ¿cuándo llega a casa?
- Él está trabajando y espero que regrese muy pronto.
- ¿Qué está esperando Dios?
- ¿Qué? – María había escuchado la pregunta pero la había tomado de sorpresa.
- ¿Cuándo nos va a salvar a todos y va a terminar todo esto?
- Vete a dormir, ya es tarde y mañana vendrá el profesor – no sabía que responderle, era mejor callar.
- Pero mamá …
- Pero nada, no hay excusas.
María miró el reloj, ya eran las 9 de la noche. Hacía dos meses que la lluvia de bombas cubría la ciudad y no cesaba hasta las 2 de la mañana. La vida en el refugio no era fácil, la tierra caía sobre ellos y la respiración de vez en cuando se dificultaba. Ella siempre usaba la excusa de salir a comprar algo para poder ver nuevamente la luz del sol; claro que siempre cuidadosa, estaban en épocas de revolución y el gobierno, aparte de luchar en el exterior, tenía que luchar dentro del país contra los guerrilleros que se les oponían. Debido a esta situación, la gente podía salir y ser alcanzado por una bala en cualquier momento. María se acercó a su cama y se arrodilló, ella siempre rezaba por su familia antes de acostarse, y pasaba media hora haciéndolo.
- … cuida siempre a Martín en estos momentos tan difíciles. Amén.
Y la tierra comenzó a temblar.
- Soldados novatos, ahora su nuevo comandante les dará un nombre a cada uno y les explicará un poco de lo que deben hacer en el campo de batalla. General GT – dijo dirigiéndose a Martín – lo dejo todo en sus manos – y el Cabo se alejó hacia el cuartel – Martín era un persona algo flaca, pero no le faltaban sus músculos.
- Soldados, mi nombre para ustedes es General GT, ustedes son llamados, como ya se habrán dado cuenta, con nombres clave para no descubrir su identidad. Serán el comando GT del 1 al 60, comenzando desde la derecha. Ahora les dictaré los valores que en la guerra no deberán olvidar en ningún momento: justicia, honestidad y respeto por su país; colaboración, responsabilidad y fidelidad a su comando; unidad, amor y lealtad a la bandera. Estos son los principales, los que nunca deberán olvidar. Ustedes serán los encargados de defender la zona del centro de la Capital Federal. Aguarden un momento.
El Cabo se acercaba nuevamente.
- General GT, debe dirigirse ahora mismo al cuartel del General C – llevaba 6 años en la armada y era la primer vez que lo nombraban general.
- Sí mi señor.
- Puede romper fila general.
- Sí señor – Martín llevó su mano a su frente y la bajó rápidamente en señal de afirmación. Llevaba un uniforme verde camuflado con un casco que le tapaba las cejas, unas botas largas y negras que sobresalían sobre el largo pantalón y un fusil cargado a su espalda.
Martín se dirigió rápidamente al cuartel para hablar con el general C. Al llegar a la habitación, tocó la puerta repetidamente.
- Sí, ¿quién es? – se escuchó una voz proveniente del interior.
- General GT reportándose.
- Pasa y cierra la puerta.
Martín entró al cuarto y luego de atrancar la puerta se sacó su casco y tomó asiento.
- Mire general GT, usted y yo sabemos que la guerra se nos está yendo de las manos. El problema es que el gobierno no quiere aceptarlo, no quiere mostrar debilidad ante su pueblo. Ahora a lo que quería llegar es: Alemania atacará a Buenos Aires en cuatro días y debido a que el gobierno está perdiendo, ha decidido abandonarla y entregarla para ver si con eso Alemania se conforma; he tratado de hacerle entender al gobernador que sólo les dará más espacio y poder si lo único que hace es entregar tierras y encerrarse en Córdoba – el general C era un hombre grande y bastante relleno, y llevaba en su traje medallas honoríficas
- Entonces debo avisarle al pueblo para que se retire a las otras provincias, debo avisarle a mi comando – Martín todavía no entendía a que quería llegar su hermano.
- No hay tiempo, el gobierno quiere hacerlo de forma secreta, y dejar a los novatos para debilitar lo que sea a Alemania – Martín se paró y golpeó la mesa con el casco, pero el comandante C no pareció sorprenderse.
- Pero tú los has visto, no durarían ni dos semanas sin la protección necesaria, ninguno de ellos ha recibido una educación adecuada, nunca han utilizado una ametralladora. Y mi familia, ¿qué pasará con ellos?
- Soldado… Hermano… lo siento – dijo el general y tomó por los hombros a Martín que seguía tan duro como una piedra – pero tú debes irte, el presidente ha pedido que lo acompañes en su viaje, necesita de los mejores.
- ¿Y dejar a mi familia, mis amigos, mi comando, todo mi pasado aquí, y sin defenderlo? Pues dígale que renuncio, yo me quedare aquí y defenderé estas tierras aunque sea lo último que haga. – dijo Martín soltándose de manera abrupta de su hermano.
- Sabes que es un suicidio.
- Justicia, honestidad y respeto por tu país; colaboración, responsabilidad y fidelidad a tu comando y unidad, amor y lealtad a la bandera. Esos son los valores que me enseñaron al entrar aquí, y yo a ellos les agrego: familia, amigos… mi hijita. – la voz le empezó a temblar – No voy a llorar.
- Está bien, llorar es humano. Ahora ven, dame un fuerte abrazo, yo ya debo partir. Espero que algún día nos veamos. Te doy el permiso de disponer de tu nuevo comando, ya es tuyo.
Martín abrazó fuertemente a su hermano hasta que sus dedos comenzaron a arderle. Al salir fue apresuradamente a su comando:
- Prepárense para el infierno, acompáñenme.
Al llegar a la ciudad, Martín se dirigió rápidamente al refugio donde se encontraba su familia.
- Martín, has llegado – una dulce voz llegó desde el fondo de la cueva y renovó el sentido en Martín.
- Ven aquí ¿y Flopi? – dijo abrazándola y besándole la frente
- Está durmiendo ¿algún problema?
- Cerraran la provincia y nos abandonarán aquí. Rápido, agarra todo lo que puedas y escápate con Flor.
- No te dejaré aquí, sobreviviremos juntos.
- No podemos, te lo pido por favor.
- No me pidas que te abandone.
- ¡Hazlo ya! ¡Ninguna de las dos sobrevivirá si no lo haces!
- Está bien, lo haré sólo por Flor. – y sus labios se encontraron – Júrame que no será nuestro último beso.
- Te lo juro.
Alguien tocó la puerta., Martín abrió y para su asombro su hermano apareció.
- He pensado en tus palabras, y no podré vivir pensando en que dejé a mi hermanito aquí abandonado. Quédate tranquilo, te apoya todo el comando C – dijo y sus soldados se mostraron detrás de él.
- Rápido debemos dirigirnos a las calles y convencer a los guerrilleros de que se nos unan, hay que hacerles saber que nosotros ya no pertenecemos al gobierno – dijo Martín y arrancó su emblema del uniforme.
Al llegar a las calles encontró que allí no sólo se encontraban sus soldados, sino muchos más que habían sido abandonados anteriormente. Martín les explicó la situación y ellos decidieron cooperar decisivamente. Sólo tenían cuatro días para convencer a los guerrilleros a unirse antes de que se desate “la guerra”. Se repartieron los territorios, en tres días se tendrían que encontrar en la puerta de la casa rosada y allí armarían su defensa.
Los tres días pasaron y los soldados volvieron con las policías de los distintos distritos y los guerrilleros, se habían puesto de acuerdo y todos los combatientes se habían juntado para proteger a su país.
- Soy Juan, jefe y comandante de la guerrilla y es un placer acompañarlos a defender al territorio en el cual nacimos y fuimos criados – y el hombre robusto llevó su mano a la frente.
- Yo soy Martín, compañero de este comando, el comando GT. Ya no pertenecemos al gobierno, pero escudaremos nuestra tierra – dijo Martín y llevó su mano a la frente y la bajó como signo de saludo, acto que repitieron todas las personas que allí se encontraban.
El día pasó y la defensa ya estaba preparada del otro lado de los distintos elementos y aparatos que formaban un muro. Ya se escuchaban los ruidos, los francotiradores ya estaban listos para empezar con el combate.
- Hermano, ha llegado el fin – dijo el general C.
- No, estoy seguro que no… – respondió Martín y la guerra estalló.

- Mami, ¿dónde esta papi?
Y el auto se perdió en las montañas.

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