Norberto Bobbio (1909-2004) Pensador y filósofo político contemporáneo. Conocido por muchos como "la conciencia crítica de la izquierda italiana", defensor acérrimo del laicismo del Estado.
Nombrado en 1984 senador vitalicio del parlamento de Italia, desde donde criticaría fuertemente al papa Juan Pablo II de igual manera que a Berlusconi.
"Quienes están convencidos de que la guerra no se debe hacer, y coherentes con sus convicciones se niegan a llevar armas, son llamados objetores de conciencia. En otras palabras, los objetores de conciencia son quienes no están dispuestos a aceptar ninguna de las justificaciones mencionadas y por tanto [...] sostienen que la guerra es un mal absoluto sin condicionamientos. Si reflexionamos sobre lo dicho hasta ahora, es decir, sobre el hecho de que ante la guerra nuclear ya no podemos sostener ciertas teorías tradicionales de justificación de la guerra. y nos vemos obligados a reconocer que ésta es un mal absoluto sin condicionamientos, debemos admitir -y esta es la conclusión a la que quería llegar- que, frente a las perspectivas de la nueva guerra (al menos potencialmente) todos somos objetores. De forma más simple y más directa: objeción de conciencia significa el rechazo a llevar armas. Cuando hoy, en el concepto de arma, cabe una bomba superior a todas las bombas arrojadas sobre Alemania en la última guerra, resulta lícito preguntarse si llevar armas no se ha convertido en un problema de conciencia para todos".
"La guerra amenazaba ser no ya un instrumento de poder, como siempre había sido, sino que corría el riesgo de convertirse en un instrumento de muerte universal, y por lo tanto de impotencia absoluta".
"El futuro no está garantizado. El hombre, pese al enorme y progresivo ampliamiento de sus conocimientos sobre el pasado de la humanidad y sobre todo el ambiente en que la especie humana está destinada a vivir, no conoce la meta última de la historia. Somos como los viajeros de una nave, cuyo puerto de procedencia conocemos pero no el destino a que se dirige. Ni siquiera sabemos bien quién es el guía de la nave. ¿A caso sabremos detenerla a tiempo, el día en que lleguemos a conocer con precisión su ruta? No podemos, no debemos ser optimistas. Optimistas es hoy sólo aquél que ha renunciado a tomar sincera conciencia, sin falsos ídolos, del mundo en que vive. No digo que debamos sumarnos a los pesimistas. Pero, al menos, los pesimistas ya han cargado a la cuenta de la vida y de la historia la prueba extrema y como es difícil resignarse a aceptarla, nos llevan a pensar, a salvar nos, a trabajar sin ilusiones por la salvación. Por otra parte, es mejor una actitud de inteligente desesperación que la opuesta de obtusa esperanza (y, por su puesto, de obtusa desesperación, es decir de una desesperación inerte, resignada a lo peor, paralizante, satisfecha de sí misma). Hay que tomar en cuenta a los pesimistas, porque podrían tener razón. Podrían, pero no deben. La salvación es un esfuerzo consciente y una vez más, como sucede siempre en la historia cuando están en juego los valores supremos., un ideal moral".
"Tanto la guerra cuanto la dificultad de proteger internacionalmente los derechos del hombre son dos expresiones características de la soberanía casi absoluta de los Estados en sus relaciones recíprocas, y son por tanto inherentes a la estructura de la comunidad internacional, compuesta de entes recíprocamente independientes, y están destinadas a ser atenuadas o eliminadas sólo con la restricción o la superación del principio de la autotutela sobre el que, en última instancia, aún se basan los Estados en sus relaciones y en la relación de cada uno de ellos con la comunidad internacional".
"La importancia de los movimientos que predican la no violencia colectiva y activa deriva de la clara conciencia de que, a medida que la violencia se hace más total, se hace también más ineficaz. Ciertamente, el hombre no puede renunciar a combatir contra la opresión, a luchar por la libertad o por la justicia o por la independencia".
"Desde el momento mismo de su aparición, la democracia ha sustituido la lucha cuerpo a cuerpo por la discusión, el tiro de gracia del vencedor sobre el vencido por el voto y la voluntad de la mayoría que permite al vencido de ayer convertirse en el vendedor de mañana sine efifusione sanguinis".