No sé si es porque a esta altura del año ya se comienza a sentir el cansancio acumulado, si mi nivel de despiste es mayor o si tomo muy en serio los resultados de mis acciones.
Después de todo, tal vez se trate, solamente, de que estoy más consciente de los errores que cometo, pero por una razón muy simple: mi manera de reaccionar ante ellos ha cambiado radicalmente.
Cuando era pequeño y “la regaba” o “metía la pata”, trataba de esconder mi equivocación “debajo de la alfombra”: hacía como que nada había sucedido y deseaba con todas mis fuerzas que mis desafortunadas acciones pasaran desapercibidas o, en el peor de los casos, sus efectos se esfumaran rápidamente y la gente se olvidara de lo sucedido cuanto antes.
Con el correr de los años, me fui haciendo cada vez más crítico de mí mismo y, al hacer algo mal, me autoflagelaba durante un buen tiempo y me decía cosas ¡que me lastimaban! del tenor de “qué torpe”, “cómo todavía no aprendí que así no se hace”, “si hubiera sido más/menos".
” Ese sabor amargo no me permitía enfocarme apropiadamente en el resto de las cosas y, en definitiva, se interponía dramáticamente entre yo y mi bienestar emocional.
Después de todo, tal vez se trate, solamente, de que estoy más consciente de los errores que cometo, pero por una razón muy simple: mi manera de reaccionar ante ellos ha cambiado radicalmente.
Cuando era pequeño y “la regaba” o “metía la pata”, trataba de esconder mi equivocación “debajo de la alfombra”: hacía como que nada había sucedido y deseaba con todas mis fuerzas que mis desafortunadas acciones pasaran desapercibidas o, en el peor de los casos, sus efectos se esfumaran rápidamente y la gente se olvidara de lo sucedido cuanto antes.
Con el correr de los años, me fui haciendo cada vez más crítico de mí mismo y, al hacer algo mal, me autoflagelaba durante un buen tiempo y me decía cosas ¡que me lastimaban! del tenor de “qué torpe”, “cómo todavía no aprendí que así no se hace”, “si hubiera sido más/menos".
” Ese sabor amargo no me permitía enfocarme apropiadamente en el resto de las cosas y, en definitiva, se interponía dramáticamente entre yo y mi bienestar emocional.