
FUEGO GRIEGO
El llamado "fuego griego" es uno de los enigmas más interesantes de la antigüedad y el secreto militar mejor guardado hasta la fecha.
Cómo fue creado y los componentes que incluía ha traído de cabeza a los historiadores e investigadores desde hace mucho tiempo. Se ha intentado su reconstrucción en múltiples ocasiones pero sin éxito, así que sus componentes exactos siguen siendo una especulación.
Por lo que conocemos, el fuego griego fue un arma decisiva en la defensa de Constantinopla usado por el ejército bizantino contra los constantes ataques de los musulmanes, que desde el siglo VII mantuvieron en alerta a todo el Mediterráneo oriental.

Según todos los testimonios, fue Calínico de Heliópolis el que en el año 650 hizo la primera composición del fuego griego , aunque se cita en algunos textos que recibio la formula de sabios egipcios en Heliopolis y desde entonces fue utilizada por los bizantinos como una de sus mejores formas de defensa. Existe constancia de su uso en documentos e imágenes miniadas desde el siglo VII al XIII cuando misteriosamente deja de utilizarse.
Era un arma incendiaria de gran poder destructivo, que arrasaban con todo lo que se ponía a su paso y que ardía al contacto con el agua. Esta propiedad la hacía especialmente destructiva en el mar, donde los barcos atacados ardía durante horas y era casi imposible apagarlos puesto que al intentar sofocarlos se conseguía el efecto contrario...el agua avivaba las llamas. Según se descubriría más tarde, la única posibilidad de terminar con el fuego era sofocarlo con arena - algo bastante difícil de hacer en alta mar- o cubriéndolo con esteras de esparto o incluso con orín.
Aprovechando estas cualidades del fuego griego, los barcos de la flota imperial de Constantinopla - conocidos como dromón- lo incorporaron como un arma de ataque. En realidad estos barcos, eran buques de guerra muy sofisticados, que disponían de tres velas que le daban gran velocidad y podrían llevar hasta 200 hombres a bordo. Como auténticas máquinas de guerra, podían lanzar proyectiles de hierro a gran distancia y mediante un artilugio hidráulico, parecido a una manguera, podían disparar el fuego griego sobre la proa de los barcos enemigos. Aunque existen imágenes de estos artilugios "lanzallamas" no sabemos si realmente el líquido se lanzaba en llamas hacia los barcos o prendía después al contacto con el agua.

Esta no era la única forma de usar el ingenioso invento, también se han encontrado restos de lo que parecen "bombas de mano" a base de pequeños cuencos de cerámica rellenas del líquido incendiario fácilmente transportables y eficaces. Cerca de las costas de Provenza (Italia) se descubrió un barco portando este tipo de vasijas que parecen contener restos del fuego griego, el hallazgo ha animado a los investigadores que están a la espera de poder descubrir su composición exacta.

¿Pero de qué estaba compuesto este arma sorprendente?
Hasta hoy, no lo sabemos con certeza puesto que los textos bizantinos se encargaron de guardar muy bien el secreto y sólo podemos hacer una recreacción de algunos de sus ing#e32636ientes básandonos en la ciencia.
Se cree que era una composición líquida, quizás compuesta por nafta - un derivado del petróleo que actuaba como combustible- y que podría contener azufre, amoníaco y resina. Otras investigaciones incluyen también cal viva que sería el detonante y nitrato, que al desprender oxígeno al calentarse hacía que la nafta ardiera también bajo el agua. A todo esto se unían la emisión de humos tóxicos y explosiones que aumentaban su eficacia.
Al poder destructivo del fuego se unía el terror psicológico que infundía en los enemigos. El miedo se extendía entre las tropas cuando comprobaban que las llamas no perdían fuerza e incluso eran más potentes bajo el agua, lo que pensaban sólo podría ser efecto de la brujería.
Durante la Edad Media fuero muchos los que intentaron conseguir su fórmula, como los árabes y también los cruzados, pero sin el mismo éxito. Sus efectos eran menos destructivos -puesto que no se conocían las proporciones exactas- y los componentes eran de peor calidad.
En la actualidad, las investigaciones sobre este tipo de armas ha demostrado que su poder destructivo quizás no fuera tal. El hecho de ver llamas ardiendo en el agua pudiera sorprender en un principio a los ejércitos de la época, pero en realidad fuera de ella perdía mucha eficacia. Se sabe además que otras potencias mediterráneas como los venecianos, pronto encontraron remedios para contrarrestar sus efectos.
A partir del siglo XIII coincidiendo con la Cuarta Cruzada que terminaría atacando Constantinopla dejaría de utilizarse, probablemente al perderse su fórmula secreta durante el saqueo de la ciudad.
Nada se sabe hasta ahora de esta misteriosa arma. Sin embargo, el fuego griego sigue alimentando la imaginación popular y podemos encontrar numerosas referencias en películas, series y novelas. Una fascinación que mezcla la curiosidad histórica y científica.
La visión del fuego griego como un arma destructiva y a la vez casi mágica ha provocado que aparezca en libros, películas e incluso videojuegos. Su versión más popular quizá sea el fuego valyrio, que juega un papel importante en la serie de novelas Canción de hielo y fuego, así como en su adaptación televisiva Juego de Tronos.
En este mundo fantástico de inspiración medieval, el fuego –además de ser verde– es mucho más destructivo e inestable, casi imposible de apagar. Incluso hay un personaje famoso por bañar su espada en fuego valyrio antes de la batalla.
En El Último Catón, el bestseller de la alicantina Matilde Asensi, los protagonistas utilizan fuego griego, al igual que los personajes de Rescate en el tiempo –escrita por Michael Crichton– y su versión cinematográfica Timeline.
El fuego griego también ha hecho aparición en varios videojuegos. En Assassin’s Creed: Revelations el protagonista Ezio Auditore utiliza un cañón similar a los que utilizaron los bizantinos para incendiar un puerto de Constantinopla. Y en Age of Empires II existen unos barcos bizantinos que escupen fuego a las naves enemigas.
