No me refiero a un simple enojo cuya causa puede ser variada y hasta fisiológica sino a un sentimiento más sutil y difícil de tratar como la “ira”.
Que tiene la peculiar capacidad de aislar e interponerse en cualquier relación y que la ira de la frustración, de los celos, de la necesidad de herir nos proporciona un desahogo violento, del que uno obtiene el placer de sentirse justificado.
Cuando condenamos a otros esa condena es en realidad una justificación de nosotros mismos sin adoptar una actitud determinada, ya sea de superioridad o de doblegamiento, ¿qué somos?. Empleamos cualquier medio para imponernos y la ira, como el odio, es el medio más fácil.
Si no cortamos de raíz la violencia verbal ,NO podremos encontrar una verdadera solución a la violencia física.
El escudo ideológico, religioso o moral no puede servir para protegernos ni justificarnos. No es necesario agredir para expresar una opinión y menos para encontrar una solución al problema.
El que agrede físicamente o condena verbalmente en el fondo necesita, validarse a sí mismo psicológicamente.
¿Esto quiere decir que uno debería ser indiferente y no enojarse ante las injusticias?
Para nada. Cierto enojo en algunos casos es comprensible y quizás hasta saludable, pero que no se transforme en “ira”, que no se haga “carne”porque de ahí a cualquier tipo de violencia sólo hay un paso.
Que tiene la peculiar capacidad de aislar e interponerse en cualquier relación y que la ira de la frustración, de los celos, de la necesidad de herir nos proporciona un desahogo violento, del que uno obtiene el placer de sentirse justificado.
Cuando condenamos a otros esa condena es en realidad una justificación de nosotros mismos sin adoptar una actitud determinada, ya sea de superioridad o de doblegamiento, ¿qué somos?. Empleamos cualquier medio para imponernos y la ira, como el odio, es el medio más fácil.
Si no cortamos de raíz la violencia verbal ,NO podremos encontrar una verdadera solución a la violencia física.
El escudo ideológico, religioso o moral no puede servir para protegernos ni justificarnos. No es necesario agredir para expresar una opinión y menos para encontrar una solución al problema.
El que agrede físicamente o condena verbalmente en el fondo necesita, validarse a sí mismo psicológicamente.
¿Esto quiere decir que uno debería ser indiferente y no enojarse ante las injusticias?
Para nada. Cierto enojo en algunos casos es comprensible y quizás hasta saludable, pero que no se transforme en “ira”, que no se haga “carne”porque de ahí a cualquier tipo de violencia sólo hay un paso.