InicioApuntes Y MonografiasCómo volver a confiar después de una infidelidad

Cómo volver a confiar después de una infidelidad

Por más raro que parezca, a veces puede ser incluso un pedido de amor y atención.

“Él me confesó que me era infiel”. “Sospechaba desde hacía un tiempo y finalmente comprobé que ella me engañaba.” “Todo parecía marchar sobre ruedas y de pronto me entero de que él tiene otra mujer.” La infidelidad suele ser uno de los temas cada vez más frecuentes en la consulta, explica la Lic. Beatriz Goldberg, lo que indica que también es un problema que se da con frecuencia en la pareja, que es más común de lo que podría pensarse. A menudo, luego de este tipo de confesiones sobreviene un llanto convulsivo de autoconmiseración o un silencio equivalente al vacío total que parece abrirse delante de quien confiesa que ha sido engañado.






La infidelidad suele ser considerada, sobre todo por el engañado, como un punto sin posible retorno. Todas las certezas sobre las que se edifica el mundo interior parecen desvanecerse de pronto en el aire y el presente adquiere un tono de despedida. Quien sufre una infidelidad suele sentirse, primero, en un terremoto que no deja nada en su lugar y luego como la víctima de un despojo que le obliga a decir adiós a las mejores cosas de su vida: adiós a los proyectos en común, adiós a la rutina que ya había establecido la pareja y en la que se sentía segura, adiós a los amigos en común y adiós, incluso, a los bienes materiales adquiridos de a dos sin que importe cuál sea su monto. Lo más común es sentir que el suelo se escurre bajo nuestros pies como si fuera de arena y ante ese tembladeral las reacciones más comunes son:

1- “¿por qué a mí?” como si el destino se hubiera ensañado con nosotros.

2- Enfurecerse con el otro, cerrar los oídos como si fueran párpados ante sus posibles explicaciones y disponerse para el rencor eterno encontrando en la rabia el único consuelo.

3- Autoculparse: “No soy lo suficientemente atractivo”, “no soy lo suficientemente apasionada”.

4- Deprimirse y tomar una actitud de “clausura” total: no levantarse de la cama, no arreglarse, dedicarse a llorar todo el día.

5- Buscar explicaciones para lo sucedido que están fuera de la pareja: “Es mi destino”, “es mi mala suerte”, “es el sino de las mujeres/ de los hombres de mi familia”.

6- Hacer afirmaciones generalizadas como “todos los hombres son iguales” o “todas las mujeres son iguales”.





El infractor

Por su parte, quien ha cometido la infidelidad y es descubierto, también tiene reacciones específicas:

-Pensar que el otro magnifica las cosas, que después de todo, no es para tanto.

-Dar por sentado que todas las parejas son infieles alguna vez y que, por lo tanto, el caso particular entra dentro de la normalidad.

-Tomar conciencia de que no quería llegar tan lejos. Quizás descubrir que ha herido a la persona que amaba y que no quisiera perderla aunque no tenga un argumento válido para esgrimir delante del otro, a favor del amor que le tiene.

-No inquietarse porque, de un modo que no era el que hubiera deseado, ha llevado a cabo lo que quería realizar y no se animaba: plantear una separación o un tiempo de reflexión en soledad.

-Sentir que, finalmente, la pareja entenderá que él/ella vale desde el momento en que ha logrado una relación y/o afectiva fuera de la pareja.

Por lo general, la infidelidad tiene mala prensa. Socialmente siempre es pensada como una falta de amor, como una traición, como un signo de alerta de que esa pareja no está destinada a perdurar. Incluso quienes son menos moralistas hacen de la infidelidad un tema moral. Y es cierto que la traición no es un valor positivo, por el contrario es el desvalor más importante. Sin embargo, más productivo que acusar y hacer planteos morales, sería tratar de escuchar lo que nos dice la infidelidad. Porque detrás de toda actitud de nuestra pareja o de nosotros mismos hay un mensaje oculto que hay que aprender a descifrar. Cuando somos capaces de dejar de lado todos los presupuestos acerca del engaño para preguntarnos por qué se ha producido y qué lo ha motivado, la infidelidad puede transformarse en una forma de aprendizaje y autosuperación. No importa si la hemos padecido o somos los agentes del sufrimiento de nuestra pareja, saber por qué sucedió nos ayudará a conocer más no sólo acerca de esa actitud en particular, sino acerca de nosotros mismos.




De pactos y otras cuestiones

Por qué duele tanto y genera culpa. Qué límites tácitos transgrede la infidelidad

Además de la “mala prensa”, tener una relación fuera de la pareja, ya se trate de una relación transitoria o duradera, es algo que ofende y lastima profundamente al engañado y que también hace sentir culpable al engañador, incluso cuando no quiera confesárselo ni a sí mismo. ¿Por qué? Porque en toda pareja hay pactos tácitos o implícitos. La fidelidad figura entre los pactos tácitos, es decir, aquellos que no se especifican precisamente porque se dan por sentados. Si alguno de los integrantes de la pareja tuviera una posición diferente respecto de las relaciones amorosas, si no las considerara una restricción para involucrarse en otras relaciones sexuales y/o amorosas, el pacto perdería su carácter de tácito y se haría explícito, es decir, habría un cambio en el contrato amoroso.

Cuando de la infidelidad no se habla, es porque se da por sentado que ambos integrantes del vínculo amoroso están de acuerdo en respetarla.

Por eso, cuando esto no sucede, se produce una ruptura del pacto tácito y toda ruptura de un pacto genera, primero, una explosión en la que nada queda en su lugar, dado que se ha subvertido una norma capital que regía la pareja. Esta explosión inevitable generará luego otras explosiones en cadena, porque si el pacto fundamental se ha roto se romperán también otros pactos relacionados íntimamente con este: se quebrará la confianza depositada en el otro, se alargarán las distancias respecto del ser querido ya que la ruptura de la confianza volverá a colocarlo en el lugar de un desconocido (muchas parejas hablan en la consulta de que el ser querido se ha transformado en otro o se ha revelado como otro, ya que esa actitud inesperada parece no corresponder con la persona que se suponía que era) y, una vez colocado en ese lugar comenzará un proceso de rechazo o reaceptación de ese desconocido en que se ha transformado el ser querido.




En una pareja pueden darse diferentes tipos de desencuentros. Se puede discutir por dinero, por celos, por diferencia en la forma de encarar un tema, por inseguridad, por los hijos, por las salidas de los adolescentes y las compañías nocturnas sin que el contrato amoroso se rompa. Es decir, hay un amplio margen para el conflicto sin que este llegue a violar un pacto fundamental. Pero la infidelidad quiebra el pacto, rompe el contrato y, al hacerlo, transgrede un límite. Y cuando una de las coordenadas de la relación se rompe, es inevitable que esta tambalee, que sus miembros sientan respectivamente dolor y culpa y se produzca un momento de vacío que será el punto inicial de una ruptura o de una refundación de la pareja. Además, la infidelidad salpica todo, todo es puesto en duda a partir de ella porque no deja ningún aspecto de la pareja sin cuestionar.

Mensaje oculto

Si abordamos esta conducta con una actitud positiva, descubriremos muy pronto que la infidelidad es un mensaje cifrado del que el propio infiel no es muy consciente. ¿Qué hay detrás de una infidelidad? Puede haber muchos problemas distintos, pero, por regla general, siempre nos encontraremos con los siguientes elementos:

Falta de autoestima o autoestima debilitada. Esa carencia puede darse en ambos integrantes o en uno de ellos. El infiel puede necesitar probarse a sí mismo y al otro que es capaz de gustar porque no tiene la suficiente seguridad en sí mismo. La infidelidad se da en ese marco como una manera de autoafirmación. El silogismo fallido y engañoso del infiel es: “Las personas atractivas e interesantes siempre atraen la atención de los demás. Yo he logrado atraer la atención de alguien diferente de mi pareja. Luego, yo soy una persona atractiva e interesante.” Lo que no puede percibir el infiel es que ha actuado así por un sentimiento de carencia, porque si estuviera tan seguro de poseer los valores que supuestamente le concede la infidelidad, no hubiera necesitado probarlos de esa forma. Pero también puede haber una falta de autoestima en la persona que padece la infidelidad y esta carencia puede despertar en el otro el deseo de la infidelidad. De manera explicita o tácita, quien no se quiere a sí mismo le demuestra al otro que tampoco es digno de su amor. El mensaje, generalmente inconsciente que le da al ser querido es: “Yo no valgo”, “No sé por qué te fijaste en mí”. “Yo no tengo el mismo atractivo que otras mujeres (u otros hombres).” Quien se desvaloriza a sí mismo termina a veces por desvalorizar también a su pareja por un mecanismo muy simple que responde a la siguiente secuencia de pensamiento inconsciente: “Yo no valgo. Como no valgo, no merezco ser amado ni deseado. Luego, si alguien se fija en mí es porque esa pareja no vale.” Y como todos los contenidos inconscientes se transmiten aunque nunca se pongan de manera explícita en palabras, el otro puede terminar sintiendo que, en efecto, está al lado de alguien que no vale y, en consecuencia, tampoco vale él. De ahí al deseo desesperado de reafirmación hay sólo un paso.


rencor

Imposibilidad de poner los problemas y conflictos en palabras. Hay muchas parejas que no tienen el hábito del diálogo. Por lo general, siguen en la relación el mismo patrón que siguen en la vida: prefieren esconder la tierra debajo de la alfombra antes que reconocer que la tierra existe y hay que hacer algo al respecto. Como son inseguras, tienen miedo de que la expresión verbal de un conflicto pueda dañar el vínculo. Por eso, se esconden a sí mismas sus problemas hasta que estos estallan de una manera inesperada, por ejemplo, a través de la infidelidad. Esta actúa entonces a modo de límite a partir del cual el silencio ya no es posible, es decir que la infidelidad los pone en situación de tener que dialogar acerca de sí mismos, a veces por primera vez.




Un pase de factura o ajuste de cuentas. Muchas son las parejas en que la fidelidad es la expresión de una forma de rencor por facturas atrasadas que no supieron o no pudieron cobrar en tiempo y forma. Sentirse solo, poco acompañado, poco reconocido o sencillamente “ninguneado” puede desembocar en una infidelidad. Como en el caso de los chicos que se portan mal para llamar la atención, la infidelidad es en este caso un pedido de auxilio, de amor y de reconocimiento aunque por una vía tan indirecta como extraña. Los profesionales del campo de la psicología sabemos que las motivaciones inconscientes de determinados actos poco tienen que ver con la lógica que estamos acostumbrados a desplegar en la vida cotidiana.





La repetición de un esquema incorporado. Si en la familia de origen la infidelidad fue una forma de relación habitual -porque hubo un padre machista o que no pagaba precio alguno por sus incursiones fuera de la pareja- es posible que los hijos no puedan entender que este patrón de conducta es nocivo para la pareja y lo asuman como algo natural. Del mismo modo, puede suceder que se tome como natural el padecimiento de la infidelidad del otro y no se reaccione de manera adecuada ante ella.

Hay factores inconscientes que no se pueden manejar. No sólo se trata de una “tentación” circunscrita a lo físico. A veces hay razones inconscientes que necesitan ser indagadas con la ayuda de un profesional porque no alcanzamos a vislumbrarlas por nosotros mismos.





Lo que nos deja la marea

Como dijimos, la infidelidad puede enseñarnos cosas muy valiosas acerca de nosotros mismos, del otro y de la pareja:

. Que algo está pasando y tenemos que averiguar qué es.

. Que existen otras razones para ser infiel que no tienen que ver con la falta de amor: inseguridad, imposibilidad de poner los conflictos en palabras, etc.

. Que no se la puede medir con una única vara moral porque la infidelidad puede obedecer a impulsos muy diferentes.

. Que la infidelidad es un mensaje cifrado y que hay que tratar de decodificarlo.

. En consecuencia, sólo habrá que tomar una actitud ante ella luego de haber decodificado el mensaje y no considerarla como una traición inaceptable desde el vamos. Por raro que parezca, a veces la infidelidad puede ser incluso un pedido de amor y atención. Por eso, antes que escuchar el sentido común social frente a ella, es preciso juzgarla de acuerdo a nuestros propios parámetros y dentro del contexto particular de la pareja. Una infidelidad puede ser el fin de una relación pero, si sabemos escuchar el mensaje que nos trae, también puede ser el principio un vínculo distinto con nuestra pareja; la firma, diálogo mediante, de un nuevo contrato de amor.

Para tener en cuenta

. Hablá con tu pareja lo más que puedas. El diálogo es la mejor vacuna contra la infidelidad.

. No tomes una infidelidad como el fin del mundo, sino como una oportunidad. Recordá que para los orientales toda crisis es oportunidad.

. Tené en cuenta que la infidelidad, ya sea propia o ajena, encierra un mensaje y que de la decodificación del mismo puede depender la destrucción o la refundación de la pareja.

. No te dejes guiar por el sentido común social. Como dicen, “cada pareja es un mundo” y cada mundo tiene sus propias leyes.

. No juzgues con una vara moral. Ante la infidelidad, sé pragmático y disponete a aprender más de vos mismo, del otro y del vínculo.

. Evitá las decisiones apresuradas. Hablar las cosas “en caliente” no es bueno para solucionarlas. El tiempo y la distancia permiten ver más claro. No te precipites.

. Tratá de discriminar el contenido de tu dolor. A veces, el orgullo personal puede opacar nuestra necesidad de comprensión.

. Considerá que no siempre la infidelidad es producto del desamor. Puede obedecer a muchas otras cosas. No necesariamente se trata de un abismo insalvable, sino de un abismo en el que hay que indagar.


fidelidad


. Recordá que la pareja se hace de a dos. En consecuencia, la infidelidad también es algo que concierne a los dos, no sólo al que la comete. Preguntarse si hay algo en nosotros que pueda haberlo empujado a tomar esa actitud es una práctica saludable.

. Si vos has sido infiel, indagá en tus razones. No te quedes en la autocomplacencia diciéndote cosas tales como “yo soy así”, “no puedo actuar de otra manera”, “las mujeres no entienden que los hombres somos así.” Cuando se asume una relación, se asume también el compromiso de tratar de hacer feliz a la otra persona.

. Si engañaste, armate de paciencia. Durante un buen tiempo estarás “bajo la lupa”, serás observado y tendrás que dar más explicaciones que de costumbre hasta que la confianza se restablezca.
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