El fenómeno queda registrado en la amplia aceptación que tienen en la opinión pública los aumentos reiterados de las penas (de cualquier delito) pero a su vez, en las intentonas crecientes de linchar gente como una especie de reducto de la justicia por mano propia, que el Estado moderno quiso eliminar. La semana pasada, el fenómeno se dio en Kennedy, Chapinero y una estación de Transmilenio, en Bogotá, y fue consignado a lo largo y ancho de las redes sociales. Todos a una, los ciudadanos sienten que pueden juzgar e incluso asesinar al otro cuando su más bajo sentido de justicia se ve empañado: en los tres casos la policía salvó la vida de tres hombres (supuestos ladrones) de la inconsciencia iracunda de la multitud. Eso es una muestra palpable (fatal) de nuestro atraso como sociedad. La premodernidad de nuestras convicciones sanguinarias.
Una oleada de linchamientos a ladrones Colombia
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