Huyen, a la medianoche, todas las tropas de esta guerra,
Esta guerra que el hombre a dado nombre, y así sucede.
Ahora el hombre se encuentra calmo, ya sin miedos,
(Resignado o arrepentido, o ansioso, o reprimido)
Ahora el hombre puede hablar, más que hablar: Pensar.
Estimado/estimada rival, en simultáneo no podemos pensar.
Te escucho, me escuchas y se chocan nuestras espadas.
No entendemos las normas de este lugar. No hay ley. No hay más.
Tu nuca despalda a mi nuca se celebra esta batalla,
Se desempolvora nuestras palabras, se harán trizas.
Vuelven, y se aprontan los soldados detrás de las colinas,
Sobre la frontera, esperan la gran conmoción al ver al amor,
Al amor muerto, finalizado, y así, se presenta la balacera.
El hombre cree por muerto aquello que no persiste, que no se nombra.
Que se instala en la rutina y detrás de las cortinas, en las cosas diarias.
Y el hombre se pregunta, y no prebusca la solución.
Tu nuca despalda a mi nuca se celebra esta batalla,
Se desarmaran nuestras palabras, se harán cenizas.
Cuantos caídos entre las cuadras que nos separan.
Ni el indulto del mismo amor, ni las manos de nosotros, unidas,
Harán limpiar y borrar la sangre que hemos derramado.
Que hemos porque somos ambos cuando somos dos en el amor.
Escasea la idea de reconciliación. No hay Paz. No hay más.
(Décimo tercer día del mes de Noviembre, dosmiltrece)