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Cuando el sexo era aún más guarro: erotismo e higiene en la era victoriana
Estas son algunas de las desagradables verdades sobre las costumbres sexuales de las mujeres victorianas




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Cuando leemos novelas románticas ambientadas en el siglo XIX o vemos películas de época, las escenas de sexo siempre se parecen sospechosamente a la moda actual: piernas depiladas, limpieza exquisita, elaboradas posturas sacadas de un film de Rocco Siffredi...
Pero no es difícil suponer que las costumbres higiénicas no eran las mismas hace doscientos años. En aquel periodo histórico, ducharse no era algo demasiado extendido.
Probablemente, las heroínas de Jane Austen o Charlotte Brönte olían mal.
O eso es, al menos, lo que afirma la historiadora Therese Oneill en su nuevo ensayo Inmencionable: la guía de la mujer victoriana para el sexo, el matrimonio y las maneras.



En su libro, Oneill revela algunas verdades incómodas y desagradables acerca de la menstruación, las ideas de belleza femenina y las costumbres higiénicas de las mujeres de la época.
Según ha descubierto la historiadora, muchas de las cosas que hemos visto en películas como La letra escarlata son mentira. ¿De verdad pensábamos que Demi Moore se habría depilado los brazos a finales del siglo XVIII?
El mundo de la higiene íntima estaba entonces controlado por falsos médicos, psiquiatras obsesionados con curar la "histeria" y lunáticos de todo pelaje.
Uno de los grandes problemas de las mujeres en aquella época era lavar sus "trapos menstruales", los pedazos de tela con que limpiaban su sangre menstrual y que constituían una gran vergüenza si eran vistos públicamente. Por ello nunca los dejaban junto al cubo de la ropa sucia si no podían fingir que toda aquella sangre procedía de la matanza de un cerdo o de haber hecho mermelada de moras el día anterior.
Ahora quizá no comprendamos por qué las mujeres victorianas se exprimían Belladona - una planta venenosa- en los ojos para que sus pupilas se dilatasen y resultaran más "lánguidas y sentimentales",pero ¿es justo juzgarlas de esta manera?
Theresa Oneill defiende que no.
"En 115 años, dice, nosotros también pareceremos idiotas".
suerte perras
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