¿Qué es una ideología?
Una idolología es una matriz estructural de pensamiento que permite justificar un estilo particular de ejercer el poder sobre millones de seres humanos. No es más que eso en lo absoluto.
Una idolología es una matriz estructural de pensamiento que permite justificar un estilo particular de ejercer el poder sobre millones de seres humanos. No es más que eso en lo absoluto.
"irracionalidad; inconsciencia; falta de finalidad; impersonalidad."
-Voluntad de Poder. Nietzsche
La sed de poder, lo que Nietzsche llamó la voluntad de poderío es lo que lleva al poder a individuos como Napoleón o Hitler. Toda la parafernalia ideológica y política no son más que herramientas o vehículos para transportarse a una meta bien específica que no es otra que el poder sobre millones de individuos que son privados así de su voluntad propia. Cada temperamento se respalda en la ideología correspondiente, es así que la gente emprendedora y sin prejuicios se alinea al pensamiento liberal mientras que los frustrados y envidiosos insisten en la repartición de lo que nunca lograron poseer.
El fundamento más básico de toda esta actividad del pensamiento político humano es la infinita capacidad de la gran mayoría para “ignorar” lo que ello significa y por ende apoyarlo con toda la fuerza de sus pasiones. No importa cuán avanzado o moderno pueda ser cualquier movimiento ideológico pues siempre se fundamenta en una gran falacia que es la legitimidad y la justicia, palabras imposible de definirse en sí mismas. Habría que poder definirse que es legítimo y de acuerdo a que moral o forma de pensamiento que a su vez debería entonces ser el pensamiento o ideología legítima, cerrando así el círculo vicioso de legitimación de algo por sí mismo. Lo propio pasa con la justicia pues su definición se sustenta en la moral que es a su vez tan policromatica como la variedad de religiones y sistemas de pensamientos.
Casi toda la conflictividad que se ha manifestado a lo largo de la historia tiene sus raíces en las disputas por el poder y la posesión de los bienes, asuntos íntimamente ligados a dos instintos fundamentales de los mamíferos, la voluntad de poderío y el instinto de territorialidad. La misma esencia que impulsa los combates entre los rinocerontes o las hienas. No hay guerra que no se principie por alguna de estas causas.
En el ámbito político, una cosa es establecer leyes y normas justas que regulen la repartición de los beneficios de la empresa y otra es construir un inmenso monopolio estatal que siempre termina en distribuir mas injustamente los pocos beneficios que se obtienen debido a la falta de motivación de los trabajadores. Solo una ideología perversa puede coartar de un plumazo el derecho de los seres humanos a poseer bienes con los cuales puede mejorar su potencial creador y alcanzar un estándar de vida digno.
El estado omnipotente solo puede ser producto de una mente que anhela la dirección de ese estado y por ende el ejercicio de un poder ilimitado. Es la concreción de la suma total y absoluta de todos los monopolios imaginables en el capitalismo, donde el Estado monopoliza la totalidad de las empresas y por ende el capital total. Ni los más egocéntricos emperadores aspiraron a tal concentración de poder.
Pues bien, las ideologías populistas son idénticas a las religiones, son simples instrumentos de dominación psicopática.
De lo que se trata es de demostrar que mientras todos los seres humanos tenemos nuestro propio universo interior y pocas son las palabras que poseen su equivalente aproximado en el vocabulario de otras personas. Todo esfuerzo que se haga por estandarizar los mecanismos de pensamiento será inútil y falaz desde el momento que a la vez insistimos en preservar las libertades de pensamiento.
Lo que hace mas ínfimo todo este asunto es que algunas ideologías amenazan con tales ideales de simplificación de pensamiento humano que se constituyen en verdaderas amenazas para la humanidad. Que peor crimen contra la humanidad que la información de pensamiento mas allá de lo estrictamente indispensable, es decir, las restricciones que fundamentan el respeto mutuo y los valores asociados a la tolerancia y las libertades individuales que normalmente están garantizados en las constituciones serias de algunos países avanzados.
Lo peor de algunas ideologías es que pretenden reglamentar los logros de algunas sociedades que se han levantado y prosperado sobre sistemas de pensamiento totalmente opuestos. Tal es el caso del comunismo que pretende expropiar y repartir lo que bajo el comunismo nunca pudiera concretarse que son las grandes estructuras de producción masiva. Esto es el colmo de las contradicciones, que alguien pretenda repartir lo que no le pertenece aun a sabiendas de que una vez repartido no podrá restituirse y que incluso la ideología prescriba que no es necesaria su existencia.
Digamos que en el mundo libre existen muchísimas fábricas y empresas que ofrecen medios de satisfacción de necesidades mucho mas allá del fundamental cono son las empresas que producen juegos, artículos de lujo, perfumes y bisutería. ¿Qué sentido tendría la nacionalización de los bienes de producción y la colectivización de tales empresas? Sin lugar a dudas que en un estado comunista nunca surgirían tales empresas y al pasar un estado capitalista a ser un estado comunista, estos bienes se dejarían inmediatamente de producir para utilizar el esfuerzo en otros campos “Más importantes para el pueblo”.
Al final tendríamos un estado comunista idéntico a la URSS donde la población no disfrutaba de nada mas allá de lo necesario para la subsistencia y luego de grandes esfuerzos para adquirir lo fundamental.
Lo que es más evidente es que nunca un proletario tendría la capacidad de darse cuenta que sus ansias por poseer lo que no alcanza a poseer en la cantidad que desea, redundaría en que finalmente nadie pudiera poseer nada de eso con la clara excepción de los líderes del partido para los cuales todo queda a su alcance fuera del país.
Pero no es solamente en los países comunistas donde se manipula a la población para beneficio de una nomenclatura política. En los países capitalistas o lo que llamamos el mundo “libre” se inculcan una serie de pensamientos que tienen una finalidad muy específica y que no es otra que la de crear una sociedad de consumo para satisfacer la mecánica de una economía basada en algo que ahora se designa como “capitalismo salvaje” y que no es mucho menos peligrosa para el planeta aunque parezca muy atrayente para muchos individuos.
En este caso la ideologización no se adelanta en células de ningún partido, no se hace mediante grandes discursos radiados a las masas sino a través de una deliciosa red de mensajes subliminales contenidos en los textos de la propaganda y los medios pseudo-artisticos. Cine, radio y televisión además de toda una red de publicaciones esta a la orden de estos feudos económicos que luchan entre sí por apoderarse del contenido de las carteras de millones de ciudadanos.
Este mecanismo de manipulación de las masas puede ser muy sutil pero es incluso más contundente que cualquier maquinaria de propaganda que poseen cualquiera de estas dictaduras del proletariado y no necesitan el sometimiento de la población a regímenes de persecución política o amedrentamiento psicológico, los ciudadanos de estos “paraísos de libertad” se someten dócilmente a la voluntad de quienes pagan por los mecanismos de disuasión a través de los medios.
En todo caso la manipulación mental que se realiza en los países “libres” no favorece los intereses de ninguna persona en general, sino a los intereses de toda una galaxia de factores de poder que va desde un gobierno, un partido, una casa de modas hasta una venta de papas fritas o un burdel.
Un fenómeno que se está dando con relativa frecuencia es la utilización de modelos ideológicos para tratar de justificar la existencia de dictaduras hereditarias o la simple posesión vitalicia del poder. No es casual que en los únicos países donde persiste el comunismo se han instalado en el poder dictaduras que pasan de padres a hijos como en Corea del Norte o de un hermano a otro como la Cuba de Fidel y Raúl Castro. En los países donde precisamente se promueve la dictadura del proletariado resulta que el gobierno está en manos de castas que lo preservan más allá de su muerte y lo transfieren a sus herederos al estilo de los reyes y feudales.
Cuanto menos democrático y más autoritario es un gobierno más necesita de una ideología rutilante y convincente…No puede ser de otra manera debido a las grandes calamidades que estos gobernantes obligan a sufrir a sus gobernados. El resultado no puede ser más contradictorio. Es precisamente en estos paraísos ideológicos donde la gente es más pragmática y exceptiva. Nadie que viva en ese estado de represión puede sentirse a gusto a menos que en toda su vida haya sido obligado a ver la vida de una manera artificialmente falseada.
Para que una gran cantidad de seres humanos sea capaz de dejar a parte sus propios intereses y entregar su vida para satisfacer los caprichos de una sola persona, para que millones de almas se encadenen a la voluntad de un alma enferma de poder es necesario cambiarles el sistema operativo fundamental que hace funcionar su mente. Una ideología solo pretende eso, cambiar el sistema de pensamiento fundamental del individuo, creando conceptos nuevos y relaciones entre esos conceptos que generan ideas adecuadas a los intereses de algún proyecto político personal.
Toda trama política gira en torno a la voluntad de dominación que poseen algunas personas a niveles realmente criminales. Son aberraciones de uno de los instintos más fundamentales que posee todo ser humano además de la mayoría de los organismos vivos más desarrollados.
Detrás de cada política desarrollada por un estado opresor están los intereses personales de algún grupo humano y más exactamente los intereses de dominación de una sola persona. Solo un porcentaje ínfimo de la población desarrolla tal aberrante patología psíquica pero ese puñado de personas que se han manifestado a lo largo de la historia han sido los causante de tal devastación que se pudiera decir que no existe sociedad donde en alguna oportunidad una sola persona ha sido causante de la muerte de una porción importante de toda la nación o han llegado a causar su extinción completa. Tal es el caso de grandes rufianes como Calígula, Nerón, Atila, Napoleón, Hitler o Stalin.
Por otra parte existe una gran mayoría que asimila fácilmente las ideas más bizarras y dócilmente se inclinan a satisfacer los caprichos mas desquiciados de cualquier lunático. Otros se conforman con adorar a cantantes, actores de cine o predicadores.
La humanidad nunca podrá tener garantizada la paz y la prosperidad en tanto no se tome muy en serio todo lo referente a las ideologías y la utilización de estas como coartada para cometer grandes crímenes. La sola concentración de grandes masas para recibir maratónicos discursos de boca de uno de estos reconocidos “iluminados” ya debería considerarse un delito en contra de la humanidad.
A la guerra contra el terrorismo internacional debería seguirle una campaña en contra de los grandes dictadores y estafadores políticos de la humanidad. Países como Corea del Norte, Irán, Arabia Saudita, Cuba y Bielorrusia deberían ser el próximo objetivo de una gran alianza internacional para combatir la esclavitud ideológica y los crímenes contra la humanidad.
En este siglo debe imponerse un pensamiento liberador, es decir, que promueva las libertades de pensamiento y de creación, que se promueva la libertad de estilo de vida y de empresa. Que se limite el poder del estado a lo estrictamente necesario para controlar las actividades humanas de manera que se realicen de la forma más justa posible.
El estado solo debe controlar los bienes y elementos que tienen interés colectivo o universal como lo son las grandes extensiones de tierras, los parques y reservas naturales, los ríos, lagos y los yacimientos de donde se extraen materias primas y energéticas. El estado solo puede poseer los bienes de producción que el mismo pueda crear y en ningún caso podrá expropiar o enajenar bienes de producción a personas o empresas constituidas legalmente y que operen dentro del margen de la ley. En todo caso dichas leyes deben promover y garantizar la creatividad humana y la libertad.
La política no es otra cosa que el ejercicio sistematizado de la intriga y la conspiración. Intriga para lograr beneficios cuestionables desde el punto de vista ético y la conspiración permanente por encimarse lo más cerca de la fuente de poder. La meta es enriquecerse sin realizar empresa alguna que realmente beneficie al prójimo.
La política es el arte de lograr apoyo popular para llegar a ocupar cargos en la administración pública con fines muy concretos, el enriquecimiento y la proyección del ego. Los políticos hábiles siempre logran que la mayoría siga fielmente nuestras propuestas por absurdas o destructivas que sean para la comunidad. Generalmente utilizan recursos demagógicos como ofrecer beneficios a las grandes mayorías a costa del sacrificio de las minorías. Consiste fundamentalmente en adueñarse de parte de la riqueza ajena para repartirla entre los vagos y los maleantes que apuntalan el partido. Lo importante es beneficiar en apariencia a los votantes mayoritarios en detrimento de las minorías productivas que pagan el gasto.
Lo peor de todo es que la humanidad ha conocido eficientísimas organizaciones políticas que han sido capaces de realizar grandes crímenes y genocidios. Las naciones con los partidos políticos más poderosos y organizados son las propulsoras de las grandes guerras además de todo tipo de calamidades como los genocidios y las hambrunas.
Los partidos políticos involucrados en escándalos administrativos deberían de proscribirse y si se hiciera un estudio a fondo en estos precisos momentos todos tendrían que ser eliminados.