El neoliberalismo en el mundo llegó de la mano de la crisis del Estado de bienestar, hacia 1970, cuando el Estado intervencionista y protector que cobraba impuestos a los más ricos, subsidiaba a los pobres y controlaba precios, surgido a fines de la Segunda Guerra Mundial, para amparar a una sociedad desigual y necesitada, mostró signos de agotamiento, al no contar el Estado con los suficientes recursos para sostener los servicios sociales. Argentina no quedó afuera de este proceso, y comenzó a sentir en esa época (1970) los impactos de la carencia de fondos públicos, por lo cual se endeudó externamente y emitió moneda. Los precios subieron y con ello la inflación. Es así que se comienza a pensar en este nuevo modelo, que no es más que un regreso al primero que se adoptó tras la Revolución Francesa, en los albores del liberalismo, pero reformado de acuerdo al nuevo contexto socio político. Aparece entonces un nuevo Estado liberal, llamado neoliberal, donde al igual que en el anterior el Estado se hace a un costado, salvo en lo estrictamente necesario, con respecto a la actividad de los particulares. El regulador económico, volvió a ser el mercado, con su conocida ley de oferta y demanda (los precios no necesitan tope, pues si suben demasiado, la gente no comprará los productos o no contratará los servicios, y entonces, bajarán). Fue la dictadura militar la que comenzó a aplicar este modelo, y Carlos Menem el que lo profundizó y lo llevó hasta su máxima expresión, gobernando entre 1989 y 1995, al lograr ser reelecto, con la reforma constitucional de 1994. Entre otras medidas se realizó una reducción de gastos públicos: se privatizaron empresas del Estado, se abandonó la obra pública, y se congelaron las vacantes en empleos estatales, culminando con la política de retiros voluntarios, donde la gente recibía dinero por abandonar sus trabajos antes de la edad jubilatoria, con lo que supuestamente podrían realizar inversiones de empleo, privadas (convertirse en comerciantes, remiseros, etcétera). En el ámbito del empleo privado se protegió a las empresas y no a los trabajadores que perdieron muchas de sus conquistas, especialmente la estabilidad en sus trabajos, con la implementación de la flexibilización laboral. La industria local se vio fuertemente resentida con la apertura indiscriminada a los productos importados. El modelo menemista neoliberal comenzó a mostrar signos de agotamiento durante su segundo mandato tras un primer período presidencial favorable, donde la paridad del peso con el dólar fue de uno a uno, a partir de una fórmula utópica; y condujo a un estallido social durante el gobierno de su sucesor, el radical Fernando de la Rúa, cuando los depósitos de los ahorristas fueron congelados, ante la suposición real de una fuga desproporcionada, por la creciente desconfianza de los depositantes. El 19 de diciembre de 2001 hubo importantes saqueos a supermercados y otra clase de tiendas en distintos puntos del conurbano de la ciudad de Buenos Aires. Esa noche el presidente De la Rúa decretó el estado de sitio, y posteriormente en la ciudad de Buenos Aires salieron cientos de miles de personas a la calle a protestar contra la política económica del Gobierno que había establecido un límite a la extracción en efectivo del sueldo con el objeto de bancarizar la economía y mantener recursos dentro del sistema financiero (que había padecido una importante corrida en las últimas semanas). Muchas protestas se llevaban a cabo golpeando cacerolas, por lo que se las denominó Cacerolazos. Se sucedieron también protestas durante la madrugada del 20 de diciembre, frente a la casa del Ministro de Economía Domingo Cavallo y en la Plaza de Mayo, que fueron duramente reprimidas. A pesar del estado de sitio decretado por De la Rúa, las calles de Buenos Aires y de otras ciudades del país se llenaron de protestas. En la madrugada renunció el ministro de Economía Domingo Cavallo. En la mañana del 20 de diciembre quedaban unos pocos manifestantes entre los que principalmente se encontraban oficinistas, empleados, amas de casa y niños; comenzaron a arribar miembros de organizaciones políticas. Entre los integrantes de estas organizaciones políticas que marcharon a la Plaza de Mayo se encontraban, entre otros, Madres de Plaza de Mayo y grupos de piqueteros pertenecientes a la agrupación Quebracho. La Casa Rosada, sede del Gobierno, en ese momento no estaba cercada por vallas; cerca del mediodía se ordenó que se colocara una valla de contención en la mitad de la Plaza, por lo que la policía montada reprimió duramente a los manifestantes que quedaban. Esta represión, que se transmitió por todos los canales de televisión y radio, e incluso por emisoras internacionales, en directo durante todo el día, generó que más grupos políticos y manifestantes ocasionales se acercasen a la Plaza. Con el correr de las horas los incidentes fueron creciendo en intensidad y se produjeron cuatro muertes de manifestantes presumiblemente a manos de la policía, si bien las investigaciones judiciales aún no han finalizado. A las 16 horas, el presidente De la Rúa, mediante un discurso transmitido por Cadena Nacional, anunciaba que no renunciaría a la presidencia e instaba a la oposición y otros sectores a dialogar abiertamente. El pedido fracasó. Alrededor de las 19 horas, el presidente De la Rúa renunció luego de que fracasaran sus intentos políticos de salvar al Gobierno, saliendo de la Casa Rosada mediante un helicóptero. En esa jornada también murieron muchas personas en ciudades del interior del país, totalizando 39 muertos como consecuencia de la represión en los dos días,5 entre ellos nueve menores de 18 años. El día 23 asumía la presidencia Adolfo Rodríguez Saá también del partido opositor. Entre sus medidas estaba la suspensión del pago de la deuda externa, anuncio que fue hecho en el Congreso y acompañado por aplausos por parte de los presentes. Además prometió que sería reintegrado el dinero sustraído a los ahorristas (hecho que nunca sucedió) y la creación de un millón de puestos de trabajo, a través de los denominados planes Trabajar. También prometió un Presupuesto 2002 austero y un plan de trabajo integral. El 2 de enero de 2002 asumía Eduardo Duhalde, el candidato a presidente del partido de la oposición que había perdido ante De la Rúa en 1999, como presidente interino, anunciando que serían devueltos los montos sustraídos a la población en la misma cantidad en que habían sido depositados, con la frase: “el que depositó dólares, recibirá dólares”, en la misma moneda en que éstos habían sido efectuados, así garantizaba la paz social y el fin de la controvertida Convertibilidad.
Te explico el neoliberalismo lince
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