![[Que no te mientan] Judíos luchando junto a nazis [Que no te mientan] Judíos luchando junto a nazis](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2017/02/16/CEB-mGHU7mdIzuq.webp)
Esos cuatro militares que lucharon por el III Reich durante la II Guerra Mundial presentan una sorprendente característica común: ¡tenían orígenes judíos!

Hubo ases de caza, submarinistas, generales yhasta miembros de las SS
"¡Yo decido quién es judío!",bravuconeaba Goering
De manera que nos puede parecer increíble, loscuatro hombres sirvieron a las órdenes del que en realidad era su principalenemigo, Adolf Hitler, que mientras tanto estaba planificando o ejecutando lapersecución y el asesinato de los que eran como ellos.
Su peripecia no es en absoluto excepcional. Elhistoriador estadounidense Bryan Mark Rigg, del que se acaba de publicar enespañol su pormenorizado y monumental estudio La tragedia de los soldadosjudíos de Hitler (Inédita), ha documentado decenas de miles de casos depersonas de origen judío que lucharon en el bando alemán en todas las ramas delas Fuerzas Armadas hitlerianas, sobre todo la Wehrmacht, pero también laLuftwaffe, la Kriegsmarine (hubo almirantes y un comandante de submarino deorigen judío, Helmut Schmoenckel, del U-802) e incluso las Waffen SS (hasta unteniente coronel), que, si tienes familia hebrea, ya es rizar el rizo.
Rigg calcula que fueron como mínimo 150.000(la cifra es discutida por estudiosos como Cesarini y Bartov). Aunque muchosfueron discriminados y expulsados, algunos de esos hombres alcanzaron las másaltas graduaciones -uno, Milch, llegó a mariscal de campo- y recibieron lascondecoraciones más importantes. Cómo el ejército de un régimen antisemita quediabolizó y exterminó a los judíos tuvo en sus filas a millares de los queconsideraba sus peores enemigos, y cómo personas a las que se juzgabaracialmente inferiores y a eliminar aceptaron luchar -y morir- por suspotenciales asesinos en contra de sus salvadores; cómo, en resumen, pudoalguien recitar, aunque fuera por lo bajinis, el Kadish en la Wehrmacht, sonlas alucinantes cuestiones a las que trata de responder este libro. Rigg nosólo ha consultado una apabullante documentación, sino que realizó 430entrevistas con soldados supervivientes de origen judío.
El resultado del estudio es un amplísimo yconmovedor fresco en el que cabe de todo, como en la naturaleza humana. Muchasde las personas de origen judío que lucharon bajo las banderas del Reich lohicieron porque no tenían otra alternativa, porque consideraron que eso lesdaba más posibilidades de supervivencia en el régimen hitleriano, a ellos y asus familias, y porque los obligaron. "Sabía que todo lo que hacía ibacontra mis intereses y los de los míos, pero qué iba a hacer", explicó elcabo Richard Riess. Otros muchos, y esto es más sorprendente, lo hicieronporque se consideraban plenamente alemanes y creían su deber combatir por supatria; pensaban incluso -ingenuamente- que luchar, y hacerlo bien, con valor,les devolvería la estima de las autoridades y de sus compatriotas. Hay que resaltarque la inmensa mayoría de los soldados de origen judío, según ha constatadoRigg, ignoraban el alcance de la persecución nazi y el horror de los campos deexterminio. También hubo casos de personas que escondieron su identidad y secamuflaron bajo el uniforme: el lugar más seguro podía ser la boca del lobo. Yun puñado de malvados -los hay siempre- a los que no les importó subirse alcarro de los verdugos.
Por su parte, los dirigentes del III Reich,empezando por el propio Hitler, demostraron, dentro de su patológico eirreductible odio a los judíos, a veces un sorprendente pragmatismo: laeliminación de algunos militares de origen judío podía esperar o inclusoaplazarse definitivamente en función de los méritos de éstos que al caboayudaban a ganar la guerra. Es célebre la frase de Goering, que tenía bastantemanga ancha en la Luftwaffe: "Wer Jude ist, bestimme ich!" ("¡Yodecido quién es judío!". Hitler, que siempre tenía en realidad la últimapalabra, personalmente autorizó que determinados militares permanecieran en elejército pese a sus orígenes, y hasta permitió que ascendieran y que ocuparanpuestos relevantes como generales, pilotos de caza o comandantes de navíos deguerra. Un caso es el del célebre general Fritz Bayerlein, mano derecha de Rommel,que fue forzado a retirarse en 1934 por poco ario (una cuarta parte de sangrejudía) y al que el Führer concedió una dispensa para seguir sirviendo: acabó laguerra con la Cruz de Caballero con espadas y hojas de roble y al mando de ladivisión acorazada de élite Panzer Lehr.
Para entender bien el caso de los soldadosjudíos de Hitler, hay que sumergirse en el desquiciado y a menudocontradictorio mundo de las teorías raciales nazis y las leyes que emanaronprogresivamente de éstas. Dentro de lo que consideraban judíos, los nazisdistinguían entre judíos propiamente dichos (de padre o madre judíos, aeliminar los primeros) y Mischlinge (mestizos cruzados): medio judíos (con dosabuelos judíos) y judíos de un cuarto (con un abuelo judío), que vendríandespués. Estos conceptos que nos pueden parecer absurdos pero que para miles depersonas significaron una cuestión de vida o muerte convirtieron la identidadjudía en algo rocambolesco y abracadabrante. De hecho, se da la paradoja de quemuchos a los que los nazis tenían por judíos, un rabino ortodoxo no los habríaconsiderado nunca así. Ellos mismos tampoco se consideraban en muchos casosjudíos. Gran cantidad de Mischlinge sólo descubrieron sus orígenes judíosgracias a los nazis. A alguno que era miembro de la SA o las SS le proporcionóel natural disgusto.
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