
Hola, tenía MUCHO, pero MUCHO tiempo que no me conectaba a Taringa!, por lo tanto tampoco tenía ningún nuevo post, así que aquí les traigo un proyecto de escuela que me dejaron en la materia de español y que estuve tres horas escribiendo en la computadora para lograrlo (si, se que es demasiado, pero no me juzguen) junto con otro proyecto de Artes, he aquí una colección de 4 cuentos y 4 reseñas (una por cada cuento XD).
Algo muy grave va a suceder en este pueblo
Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Entonces le dice su madre:
-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:
-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.
Reseña “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”
El cuento “Algo muy grave va a suceder en este pueblo” está hecho por Gabriel García Márquez.
El cuento trata sobre una mujer que dice que algo grave va a suceder en el pueblo en el que vivían muchas personas, era sólo un presentimiento suyo, el rumor fue creciendo en todo el lugar y pronto todas las personas estaban espantadas esperando que algo sucediera, queman sus casas y corren del pueblo, causando el gran desastre.
El tema central es una mujer que dice que algo grave sucederá y el rumor se va esparciendo poco a poco.
Los personajes son personas que viven en el mismo pueblo, estas personas son crédulas y causantes de un gran desastre en la trama.
Esto se desarrolla en la época actual en un pequeño pueblo.
El ambiente es un pequeño pueblo en el que todo marcha normal,
“Algo muy grave va a suceder en este pueblo” es un cuento sorpresivo que da a entender la manera en que los rumores pueden llegarse a extender, y que pueden causar mucha destrucción.
La oscuridad
Como siempre, Julia sólo pulsó el botón de parada del vídeo cuando desaparecieron los últimos títulos de crédito de la película y la niebla se apoderó de la pantalla. Una vaga inquietud comenzó a apoderarse de ella. No tendría que haber visto una película de terror a horas tan tardías. Eran más de las doce y no le quedaba más remedio que acostarse y apagar las luces. Estaba sola en casa, a excepción de su hijo pequeño, que dormía plácidamente en la pequeña cama de su habitación. Su marido tenía turno de noche en la fábrica y no volvería hasta las siete de la mañana. Se había sentido aburrida y había puesto la película, una historia de muertos vivientes que la había impresionado más de lo que ella pensaba. La película duró más de la cuenta y ahora ella no tenía más remedio que apagar las luces y acostarse sola; tenía que levantarse temprano para ir a trabajar, iba a ser un día muy atareado, y no podía demorar más tiempo el momento de apretar el interruptor. Miró el reloj y la cama vacía e intentó borrar de su mente el oscuro temor de siempre a la oscuridad, a dormir sola, al espacio vacío debajo de su cama, a los armarios que, a esas horas de la noche, parecían ominosos y amenazadores. Uno de ellos tenía una puerta levemente abierta. La cerró del todo. Esa rendija de oscuridad siempre la había asustado, le parecía que, de repente, la rendija comenzaría a ampliarse, provocada por una mano invisible que empujaba la puerta. Notó como su pulso se estaba acelerando. No tenía que haber visto esa película. Lo que le había parecido entretenido a las diez de la noche, cuando podía oír las animadas conversaciones de los vecinos que le llegaban por la ventana entreabierta, ahora le parecía terrorífico. El silencio se extendía por todo el edificio y ella casi podía notarlo como un zumbido sordo y constante en sus oídos. Por fin, decidió irse a dormir y desterrar de su mente todos esos absurdos temores. No obstante, no pudo evitar cumplir con su inevitable ritual. Antes de apagar las luces miró debajo de la cama. Como siempre, nada. Nunca había encontrado nada que la pudiera intranquilizar, pero jamás, desde su infancia, había dejado de echar un vistazo. Aunque su marido se reía de sus miedos y, al principio, había intentado desterrar esa manía, con el tiempo la había aceptado como una pequeña excentricidad y, salvo alguna broma ocasional al respecto, la había dejado por imposible. Después, lo de siempre. Se dirigió hacia el interruptor de la luz, lo apagó y, corriendo, se quitó las zapatillas y se metió en la cama, tapándose a continuación la cabeza y sintiendo su corazón latir algo más rápido de lo acostumbrado. La oscuridad la aterrorizaba. Intentó concentrarse en pensamientos alegres, su marido besándola por la mañana cuando llegara, su hijo de un año y medio despertando y buscándola; pero era imposible. Cuando dormía sola, antes de que el sueño se apoderase de ella, solamente miedos oscuros e ideas terroríficas venían a su mente. Solamente podía pensar en manos que la cogerían por los tobillos desde debajo de la cama, en la puerta del armario abriéndose con un crujido siniestro para dar paso a un ser de pesadilla... Sus manos atenazaban el borde de las mantas, rogaba que el sueño le sobreviniese pronto y despertar, como siempre, en la habitación bañada de luz. Supuso que había pasado una media hora cuando comenzó a invadirla aquella agradable laxitud, la flojedad en sus miembros y su mente que ella siempre identificaba con la llegada del sueño salvador. Pero algo hizo que esa sensación desapareciese bruscamente. Oyó un ruido debajo de la cama. Su corazón comenzó a latir cada vez más deprisa, su boca se abrió, pero no pudo gritar. Pensó en un ratón, algún pequeño animal que reptaba por el suelo y que desaparecería en cualquier momento. Se aferró a esa idea con desesperación, para darse cuenta con un infinito de que aquel ruido no podía causarlo ningún vulgar ratoncillo. Eran unos siniestros crujidos, seguidos de una espantosa caricatura de respiración, algo así como el ruido que emite un asmático en una crisis, un espantoso y cavernoso gorgoteo. La mente de Julia comenzó a escapar hacia las regiones oscuras de la locura y el espanto infinitos. Aquello estaba reptando debajo de su cama, moviéndose siniestramente en la oscuridad, y aquel sonido de respiración parecía casi humano. En cualquier momento una oscura garra surgiría de debajo de su cama y atraparía su mano agarrotada por el terror, y algo monstruoso caería sobre ella. ¡Ahora, ahora, ahora! Esta palabra se repitió en su cabeza cada vez más deprisa, mientras Julia esperaba el momento fatídico, mientras su corazón latía desbocado, amenazando con estallar. ¡Ahora, ahora, ahora...! El marido de Julia nunca logró olvidar lo que vio en su dormitorio cuando volvió de trabajar. Sus infrahumanos gritos de horror despertaron a todo el vecindario. Seguía gritando enloquecido cuando los vecinos, tras forzar la puerta de su piso, lo encontraron. Su mujer yacía boca arriba en la cama, los ojos espantosamente abiertos, las manos contraídas y agarrotadas aferrando el borde de las sábanas. Muerta. Muerta de miedo. Pero no menos horroroso fue lo que encontraron debajo de la cama. Un pequeño cuerpo asfixiado que, gateando, había ido a enredarse en unos plásticos, muriendo asfixiado tras una horrible agonía. ¡Su hijo pequeño, muriendo ahogado bajo la cama de su madre que moría de terror!
Reseña “La oscuridad”
El cuento “La oscuridad” fue echa por una persona que decidió quedar en el anonimato.
El cuento trata sobre una mujer que, por estar viendo películas de terror y por su ya normal miedo a la oscuridad se estaba asfixiando en su propio pánico, comenzó a oír ruidos debajo de su cama, cada vez su pulso estaba más elevado, al día siguiente llegó su esposo que había estado trabajando en un turno nocturno, y la encontró a ella y a su hijo, ambos muertos.
El tema consiste en una mujer muerta de miedo y soledad.
El personaje es una mujer a la cual le entra horror muy fácilmente.
Es una casa en la época actual.
Es un lugar muy oscuro y solitario, en el cual no se escucha nada de ruido.
“La oscuridad” es un cuento de mucho suspenso que prácticamente te obliga a seguir leyendo, ya que es muy interesante en todos sus aspectos.
La guillotina
La plaza era una turba enajenada, sucia y vociferante, un mar embravecido por corrientes de odio. Y en su centro -como una isla de madera- se levantaba el cadalso. La guillotina ya estaba lista para la siguiente ejecución. -¡CORTADLE LA CABEZA! ¡CORTADLE LA CABEZA! –se escuchaba como un eco que iba y venía, entre otros de inhumana ferocidad. La muchedumbre apenas se abría para dar paso al carro tirado por caballos que se adentraba en la plaza. Con las manos atadas a la espalda y recostado en un lateral, el noble mantenía su mirada en la distancia, indiferente a la ventisca de insultos, frutas y huevos podridos que arreciaba sobre él. Los guardianes empujaban con sus lanzas a los exaltados que se acercaban al carro para escupirle en la cara, aunque muchos lo conseguían. Vio en lo alto al verdugo limpiarse las manos con un trapo, como un carnicero. Tenía el honor de ser el último ejecutado en este día de terror. Por el suplicio ya habían pasado sus cortesanos, sus amigos, sus familiares…a lo largo de las horas previas. Le habían obligado a contemplarlo todo. Lentamente, fue conducido por las escaleras hasta la plataforma de la guillotina. Aquello era un lodazal de sangre y el hedor le produjo arcadas que apenas pudo contener. Desvió la vista del montón de cuerpos amontonados a un lado, donde pronto caería el suyo. La sucia hoja de acero le pareció suspendida a increíble altura. Desde la lejanía se le había antojado más baja. La negra capucha del verdugo le preguntó: -¿Últimas palabras? El noble negó con un fugaz movimiento de cabeza; entonces fue cuando el experimentado verdugo le recostó -sin la menor ceremonia- sobre el tablón, para pasar a ajustar las piezas de la máquina que aprisionaron su cuello. Cerró los ojos y el griterío inundó sus oídos, su oscuridad. Una atmósfera de silencio expectante crecía acallando toda voz por encima del rumor. Quedaban segundos, lo sabía. Imaginaba al corpulento verdugo dirigiendo sus ojos invisibles a la masa, a un lado y luego hacia el otro, esperando el respeto de la mínima dignidad para el condenado y su muerte. El fin había llegado. Captó el segundo justo. Un crujido en la madera al accionar el mando. Una vibración grave y… Un clamor de júbilo reventó la plaza. La cabeza había caído en el cesto ensangrentado, junto a las demás. Hombres, mujeres y niños mostraban su obscena alegría. Había sido un día grande para ellos y, ahora que todo había acabado, se resistían a abandonar el lugar. Durante horas celebraron la muerte y las futuras muertes que estaban por llegar. De repente, entre la algarabía general, se alzó un coro de gritos aterrorizados que, desde la zona más próxima al cadalso, cruzó la plaza como un cuchillo. El bullicio cesó, y la atención se dirigió hacia el arco de plebe temblorosa que se iba formando en torno a la guillotina. Por el borde del cesto de cabezas habían surgido tres descomunales patas de tarántula. Otras dos salieron para agarrarse por el otro extremo; la gente retrocedió chillando y la masa se desplazó como un campo de trigo azotado por el viento. Poco a poco, la cabeza sangrienta del noble emergió, erguida sobre aquellas patas que nacían en su cuello seccionado. El terror convulsionó a los presentes de mil maneras, iniciando oleadas de pánico. Muchos corrieron desencajados, implorando al dios misericordioso, otros cayeron desmayados para ser pisoteados por los que huían, mientras algunos quedaron paralizados, movidos sólo por los empujones, observando lívidos como la cabeza descendía sobre la plataforma con un balanceo espasmódico en su cara. -Os espero abajo… –dijo entre espumajos sanguinolentos; su voz era un fuelle rasgado-…todos tenéis vuestro sitio abajo…TODOS… El caos inundó la plaza, un pozo de locura. Nadie recogió aquella cabeza de sonrisa grotesca. Y sus ocho patas de tarántula.
Reseña “La guillotina”
El cuento “La guillotina” trata sobre un hombre que estaba condenado a pena de muerte en una guillotina, todo normal, hasta que, al morir, su cabeza sale con patas de tarántula y advierte que todos tienen un lugar “abajo” con referencia al infierno.
Este cuento de miedo consiste en entretener al lector, creando un simple espacio de época antigua, y darle una sorpresiva vuelta a la lectura en el momento en que la persona que fue condenada a la muerte sale del canasto, ensangrentado y con patas de tarantula.
Los personajes son un hombre condenado a la pena de muerte, un verdugo y la muchedumbre siempre presente en estos casos.
Es una lectura de época antigua, ya que aún se utilizaba la guillotina, cosa que ahora no se hace por que se considera inhumano.
Es un ambiente probablemente caluroso por toda la gente amontonada viendo lo que sucedía en ese momento.
Lo interminable
De nuevo las tres de la madrugada. ¿Por qué será que siempre me despierto a esa hora? Es una costumbre imposible de cambiar ya que yo no soy la que decido despertarme a esa determinada hora. Como siempre, escuche ruidos abajo en el living, (mi cuarto quedaba escaleras arriba), pero esta vez decidí no ignorarlos como acostumbraba hacerlo. Tome valor y decidí bajar. Obviamente estaba todo oscuro, pero no con mucha dificultad logre distinguir un punto rojo hacia el fondo de la sala. Trate de encontrar el interruptor de luz pero me era imposible, estaba temblando. ¡Que conducta estúpida! Esos dos puntos podrían ser cualquier cosa pero por algún motivo no lógico estaba asustada, muy asustada. Junté todo el coraje que me era posible y avancé algunos pasos. Cuando logré distinguir aquello que me inquietaba tanto, pude notar que aquellos puntos rojos eran dos ojos, ojos de la criatura mas extraña que hubiera visto jamás. Traté de huir lo más pronto posible pero el miedo me había paralizado, dejándome allí, quieta, vulnerable. La criatura que tenia forma de serpiente se abalanzó sobre mí enroscándose sobre mi débil cuerpo con una fuerza inverosímil hasta tal punto de que me cortó la respiración. No quería morir, aún tenía las suficientes fuerzas para pensar en ello y en que esto no podía ser una pesadilla ya que el dolor era muy real e intenso. ¿Por que? Fueron las últimas palabras que mis labios pudieron articular, y me sentí cayendo hacia el vacio...
-¡Dafne, Dafne despierta! Ya va la quinta vez que intento que abras los ojos. Se te hace tarde para tus clases de Ingles.
Con dificultad los abrí. Todo fue un sueño, una pesadilla. Trate de incorporarme lentamente todavía aturdida pero algo en mis muñecas llamo mi atención. Eran dos puntos rojos, dos manchas de sangre. En ese momento lo único hice fue recordar aquel dolor intenso que tanto me había dañado, y en ese momento supe que había sido realidad. Una pesadilla creada para atormentarme hasta mis últimos alientos: Algo interminable.
Reseña “Lo interminable”
El cuento “Lo interminable” trata sobre una mujer que había encontrado dos puntos rojos en su living, ella, de manera poco común, estaba muy asustada, pronto esos puntos rojos se abalanzaron sobre ella y despertó al día siguiente con dos puntos rojos en el brazo, todo había pasado realmente.
El personaje es una mujer llamada Dafne, la cuál no muy comúnmente se espanta.
La historia se lleva a cabo en una casa en la época actual.
Éste cuento de terror logra interesarle al lector, aunque es muy corto, mantiene el suspenso.