Algún día de otoño de algún año
No sé si algún día nos cruzaremos de nuevo o si podremos aceptarnos como lo único que somos: Seres inmutables de mente y espíritu pero no de corazón.
Te cuento, quizás vos recuerdes mejor que yo, ya que era una cualidad tuya que siempre admiré y anhelé, me refiero con exactitud a aquella tarde nublada cuando yo salía del instituto Paz Mental ya que había finalizado mi tratamiento neurológico que no tiene importancia mencionar. El punto es que, a pesar de mi deteriorada capacidad de razonar y memorizar, recuerdo ese día, para ser más precisos puedo decir que sólo te recuerdo a vos.
Venías caminando con una expresión de seriedad en tu rubicondo rostro que me hizo dudar de darme el atrevimiento de saludarte, no sé si notaste mi presencia enseguida o simplemente me quedé en shock por un lapso prolongado de tiempo ante lo que te podría estar sucediendo, que fue inevitable que me vieras allí. No sé qué hice, qué hiciste, pero ambos sonreímos al mismo tiempo. Me saludaste en la mejilla derecha, moviste con tu mano izquierda unos cuantos pelos lacios a un costado ya que obstruían tu visión y pude notar algo que me llenó de felicidad: tu sonrisa juvenil.
Yo por alguna razón debía volver a mi hogar deprisa para tomar la medicación rutinaria que evita mis pérdidas de memoria a corto plazo. Sin embargo, desde que éramos jóvenes siempre me detenía a hablar el mayor tiempo posible con vos para atesorar tu presencia en mí. Retomando en lo que estaba, recuerdo que me comentaste de que estabas muy feliz ya que habías aprobado el examen para ingresar a la Universidad Nacional de Medicina, y comenzaste a hablar sobre lo maravilloso que era el sitio y lo bien que te sentías. La verdad, ya es hora de que te lo confiese, en ese momento presté más atención a tus ademanes corporales que acompañaban armoniosamente tu enriquecido hablar.
Creí que ese momento era eterno y que si algún día me pedirían que describiera la verdadera felicidad te colocaría a vos como definición. Quizás sea casualidad, causalidad, cosa del destino o simplemente algo que desconozco pero recuerdo cuando me comentaste que estabas en pareja hace dos años y además convivían juntos. Lo oído en esa última oración era como una daga que te clavan en el pulmón derecho y una vez allí dentro comienzan a girar, pero lo que en verdad dolió, aunque vos inocentemente no sabías fue cuando me pediste que fuera quien da un discurso moral en el bautizo de su primer hijo o hija. Hay personas que fingen, otras que pelearían por lo que sueñan u otros simplemente despiertan de sus sueños o pesadillas para afrontar la realidad, y mi realidad era que te estaba perdiendo mientras más te quería, francamente te odié. Luego me odié a mí mismo por no haberte confesado nada teniendo la oportunidad y tiempo de enmendar la situación, en cambio, opté por insultarte; maldecirte a vos y a tu futura criatura; tratarte de oportunista con la pseudo excusa de que soy ateo, que eras la causa de mis alucinaciones y que un compromiso tan grande como el que me pedías me afectaría mentamente que me vería obligado a regresar como mínimo otros tres años a ese ocuro sitio.
A pesar de eso nunca perdiste tu postura pero sí tu sonrisa hacia mí, no me contestaste, detuviste ni nada por el estilo mientras expresaba verbalmente mis palabras vacías hacia vos. En cambio, te echaste a llorar en silencio y antes de retirarte dijiste lo que hasta ahora nunca me he olvidado: "NO ME VUELVAS A HABLAR NUNCA MÁS".
Hace poco me llegó la noticia que estás internada por un problema cardiorespiratorio, me puse demasiado triste porque sé lo que se siente estar sufriendo porque tu cuerpo te juega en contra. Yo ya he sufrido varios ataques del corazón que no sé cómo estoy vivo para contártelo.
Por otro lado me he enterado que van a bautizar a tu nietita de dos años. Puede ser que suene atrevido teniendo en cuenta que ya han pasado cuarenta y siete años desde nuestro último encuentro en aquel parque Ballester pero quisiera pedirte un último favor como amigo y excompañero de la infancia; si me dejarías ser el padrino de tu nieta para enmender el error que he cometido tiempo atrás.
Probablemente me niegues esta petición y lo admito, tenés tus razones concretas, además de que los padres pueden tener sus propias preferencias pero te vuelvo a repetir que yo no sé si nos volveremos a ver o si algún día podrás ser mía, pero yo ya soy tuyo y nunca he dejado de protegerte como vos lo hiciste conmigo cuando hasta mi mente me había abandonado. Sin nada más que decir puedo hacer silencio hasta que mi momento llegue.
A Dios encomiendo tu alma.
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Esta es una carta encontrada en la habitación de una persona que solía vivir en la habitación 302 del instituto Ballester desde que nació por motivos de trastorno de la personalidad y deficiencia mental. A pesar que nunca salió de su "mundo" como solía llamar a su cuarto, hasta que falleció a la edad de 32 años con una sonrisa y una lagrima que había dejado su rastro en su mejilla derecha. Los guardias afirmaron verlo mirando todas las tardes nubladas hacia el parque con un rostro que denotaba felicidad, tranquilidad y espera.
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Esta es una carta encontrada en la habitación de una persona que solía vivir en la habitación 302 del instituto Ballester desde que nació por motivos de trastorno de la personalidad y deficiencia mental. A pesar que nunca salió de su "mundo" como solía llamar a su cuarto, hasta que falleció a la edad de 32 años con una sonrisa y una lagrima que había dejado su rastro en su mejilla derecha. Los guardias afirmaron verlo mirando todas las tardes nubladas hacia el parque con un rostro que denotaba felicidad, tranquilidad y espera.
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