
Cantona: la civilización desconocida.

introducción
Esta ciudad prehispánica rivalizó con Teotihuacán cerrándole el paso al comercio y de esta forma contribuyendo a su declinación. A 2,600 metros sobre el nivel del mar, el lugar es muy frío y seco. Tú podrás visitar una parte muy pequeña de lo que fue la ciudad, alrededor del 1%, pero que te dará una idea perfecta de su majestuosidad.
En el sitio se han encontrado 24 juegos de pelota y cuatro mil calles edificadas, dándote una idea del tamaño.

Significado del nombre
Entre las primeras impresiones registradas sobre el sitio, encontramos las publicadas en 1790 en las Gacetas de Alzate, donde se hace referencia al nombre de Cantona, y no es sino hasta 1855 cuando Henri de Saussure visita la zona y deja asentado que: «Los indios de los alrededores le llaman la ciudad de o del Cantón». Por su parte, en 1903 Nicolás León pública un texto titulado «Los Monumentos Arqueológicos en Cantona» donde menciona que el verdadero nombre del sitio es Caltonac, palabra proveniente de los vocablos nahuas calli= casa y tonalli= sol, es decir, «casa del sol», pero no existe ningún documento, ni referencia científica alguna que indique que así se le llamara en la antigüedad, por lo que es preferible nombrarlo como se le designó desde 1790: Cantona.

Historia
Alrededor del año 900 a.C. llegaron los primeros grupos humanos sedentarios a la región norte de la Cuenca de Oriental, Puebla. Se establecieron en un terreno pedregoso y hostil -producto de un derrame de lava volcánica-, pero que ofrecía abundantes recursos naturales para su desarrollo. Sin embargo, la posición geográfica representaba el control de un pasaje comercial establecido entre el Altiplano Central y la Costa del Golfo.
La presencia y explotación de yacimientos de obsidiana en las cercanías ofreció, además, la posibilidad de un progreso exponencial en términos comerciales, sociales, tecnológicos y urbanísticos.
Los Cantoneses tuvieron la facultad de transformar el abrupto ambiente natural en urbano con tal éxito, que la ciudad llegó a ser una de las más importantes del México antiguo. Abarcó unas mil cuatrocientas cincuenta hectáreas con una población de 93 mil habitantes entre 600 y el 900 d.C. Alcanzó su apogeo cultural entre el 300 a.C. y el 600 d.C. y, para el 150-200d.C., además de cubrir unas 867 hectáreas y tener alrededor de 52 mil habitantes, contaba con 24 canchas para el Juego de Pelota. Su declive ocurrió entre el 1000 y 1050 d.C. debido, se presume, a conflictos internos. Conformación urbana: Cantona se distinguió de otros centros urbanos de Mesoamérica por su compleja y eficiente red de vías de circulación; se calculan alrededor de 4 mil calles edificadas para comunicar a la población entre sí, además de caminos que conducían a campos de cultivo, canteras, yacimientos y hacia otras poblaciones. La antigua ciudad destacaba también por su arquitectura asimétrica que obedeció a la desigualdad del terreno. Esta condición determinó la distribución de los conjuntos de carácter cívico religioso, residencial y defensivo, dando por resultado una gran armonía visual y espacial. Las unidades habitacionales se ubicaron sobre plataformas elevadas y encerradas por muros periféricos.
Otro rasgo característico de su arquitectura fue la falta de cementante para unir las construcciones. Tampoco se empleó estuco o lodo en las superficies externas. Decoraban las fachadas haciendo uso del color y textura natural de las piedras. Utilizaron el basalto azulado y de tonos plateados para rellenos y muros; el tezontle rojo careado para el recubrimiento de los taludes y de las estructuras principales en general; la cantera blanca o toba volcánica para escalones, pisos y pasillos de las pirámides, además de los basamentos de habitaciones de élite y caliza blanca para elementos ceremoniales como marcadores de enterramientos u ofrendas, discos del juego de pelota y altares.

Situada entre los 2500 y los 2600 msnm, la llanura en donde se sitúa Cantona es bastante fría y seca. Está limitada al norte por la Sierra de Zacapoaxtla y al oriente por la sierra que inicia en los volcanes Atlitzin y Citlaltépetl y termina en el Cofre de Perote. Los vientos que llegan a esta región, conocida también como llanos de San Juan, arrastran muy poca humedad debido a que el agua de las nubes que ascienden del Golfo de México se precipita de manera abundante en las cadenas montañosas antes mencionadas. En otros tiempos, un sistema de ríos alimentado por los cerros circundantes, hacía de este valle un lugar mucho más fértil, además de que representaba un sitio estratégico, pues dominaba el paso de los mercaderes que transitaban de la cuenca de México hacia la vertiente del Golfo.
Una de las mercancías controladas por los habitantes de Cantona fue la obsidiana, extraída en gran parte del volcán Citlaltépetl y trabajada en múltiples talleres de la ciudad. La región en sí tiene una fuerte presencia volcánica, ya que cerca se encuentran el volcán Pizarro y el Cofre de Perote, así como las lagunas de Alchichica y Quechulac, formadas por calderas volcánicas.
Cantona se edificó sobre un derrame basáltico del volcán Jalapasco, y como sus estructuras se levantan sobre la roca volcánica, le dan una aparienciasui generis. El paisaje está dominado por un sinnúmero de plantas desérticas entre las que predominan yucas, magueyes, nopales y palas, además de algunas coníferas que los restauradores han procurado conservar. Las construcciones se hicieron aprovechando lo escarpado del terreno, sin guardar una simetría como la que presentan, por ejemplo, Teotihuacan, Xochicalco o Monte Albán. Asimismo, las partes más altas del derrame basáltico se destinaron para la acrópolis, donde se sitúan las estructuras más importantes y donde residían los dirigentes.

Hasta ahora, el equipo de arqueólogos ha podido identificar tres amplias unidades en Cantona: la Centro y la Norte, con alrededor de 3.5 km2cada una, y la Sur, con 5 km2, que es donde se asienta la acrópolis y el área rehabilitada para su visita. Sin embargo, debido a un intenso trabajo en toda la ciudad, se han localizado también alrededor de 500 calles y 3 000 patios habitacionales.
Cantona es considerada la ciudad más urbanizada del México prehispánico. Su extensa red de comunicaciones, con calzadas de hasta 1 km de longitud, permitía un fuerte control de sus habitantes. Además, existían calles amuralladas que bien podían cerrarse fácilmente en caso de una invasión. Desarrollada en una época de fuertes conflictos sociales, Cantona se fue convirtiendo con el tiempo en una fortaleza.
El gran número de juegos de pelota identificados en esta ciudad (24 hasta ahora, de los cuales 10 se encuentran en la acrópolis) es clara muestra de la importancia que se le daba a las ceremonias religiosas. Y entre éstas la decapitación y la mutilación fueron frecuentes y con toda seguridad estaban relacionadas con la fertilización de la tierra. Se ha encontrado también gran cantidad de esculturas fálicas tanto en los juegos de pelota como en plazas y otros lugares de Cantona, y fueron descubiertos nueve falos y dos hachas votivas colocadas sobre un conjunto de restos humanos y otras ofrendas, al pie de la pirámide más grande de todo el sitio, en la llamada Plaza de la Fertilización de la Tierra.
La mayor parte de los juegos de pelota se encuentran distribuidos en la sección sur y se concentran 19 en esta porción, cuatro más en la zona central de Cantona y uno más en la porción norte del emplazamiento. De los 19 juegos de pelota edificados en la parte sur de Cantona, 12 se encuentran en la Acrópolis, donde se ubican la Plaza Central y la Plaza Oriente, así como las construcciones importantes y administrativas que la componen, como El Palacio. Finalmente, 10 de los 12 juegos de pelota de esta zona son conjuntos “tipo Cantona”. El conjunto de juego de pelota 7 es el más grande del sitio, se ubica en la misma parta alta del emplazamiento y cuenta con una “gradería de ocho cuerpos […], así como un ‘palco’. Todo ello hace a este conjunto no sólo el más grande de Cantona (de 230 m x 90 m de promedio), sino también el más elaborado y complejo” .

Uno de los aciertos del equipo que ha trabajado en Cantona es la colocación, junto a cada estructura, de letreros explicativos en idiomas español, náhuatl e inglés. La presencia indígena es muy fuerte en la región y muchos de los visitantes son de las áreas circunvecinas.
Otro rasgo que ha llamado fuertemente la atención de los arqueólogos es el estilo constructivo de Cantona, donde no se empleó cementante alguno. Las piedras fueron dispuestas unas junto a otra y las hendiduras sólo fueron rellenadas con tierra. El éxito de tal estilo de construcción se demuestra después de un milenio en que las estructuras han soportado las inclemencias del tiempo, además de la acción destructiva de los saqueadores durante medio siglo.

Transitar por Cantona nos da la sensación de visitar una fortaleza. Hegemónica como debió ser su presencia en la cuenca de Oriental, sus enemigos, como en el caso de Tenochtitlan, también debieron soñar con someterla.
El periodo Epiclásico representó el cambio de los estados sacerdotales a los estados militares, y estos últimos nunca abandonaron la práctica del sacrificio e incluso la acentuaron, como sucedió en Cantona. Contrariamente a la edificación y los estilos arquitectónicos de grandes ciudades como Uxmal o Tajín, por ejemplo, que se realizaron en épocas de relativa tranquilidad, en Cantona se observa que las construcciones fueron levantadas con premura, ya que su objetivo primordial era la defensa. Levantar muros contra los posibles invasores se convirtió para los habitantes de Cantona en una necesidad mucho más inmediata que construir un templo para congraciarse con los dioses.
Independientemente del criterio que sobre los habitantes de Cantona se pueda tener, el hecho es que la ciudad constituyó un estado con una compleja organización. Investigar el grado de influencia que ejerció sobre las ulteriores ciudades del altiplano es una tarea que los arqueólogos se esmeran en llevar a cabo actualmente.

Importancia
Cantona a diecisiete años de haber sido abierta al público, apenas inicia su proceso de crecimiento una vez que ha logrado consolidar la infraestructura necesaria para su despegue (vías carreteras, energía eléctrica, suministro de agua, mayor seguridad y calidad en el servicio, entre otros); siendo así que durante el 2012 se cerró el circulo de información y conocimiento sobre esta ciudad prehispánica a través de la conclusión y apertura del Museo de Sitio en Cantona. Bajo esta perspectiva podemos asegurar que Cantona seguirá siendo factor primordial en el desarrollo socioeconómico, no sólo de la región sino del Estado de Puebla.
Acceso
A partir de la Ciudad de Puebla, es necesario tomar la Autopista No. 150 (México-Veracruz) en dirección oriente, donde a la altura del poblado de Amozoc se debe tomar la Carretera Federal No. 129 (Puebla-Teziutlán) hacia el norte, hasta llegar al poblado de Oriental. Desde este sitio se debe continuar por la carretera que conduce a Tepeyahualco, punto donde se desprende el camino que dirige a la zona arqueológica. De igual forma, es posible arribar al sitio desde el estado de Veracruz, partiendo del poblado Perote. En este punto se debe tomar la Carretera Federal No. 140 hacia el suroeste, transitando aproximadamente 22 kilómetros, para después tomar la desviación hacia el poniente que conduce a Tepeyahualco, desde donde se recorrerá la distancia anteriormente señalada..
Horario
Abierto todos los días del año de 09:00 a 18:00 horas y el Museo de Miércoles a Domingo de 09:00 a 18:00 horas.



¡Vamos todos a leer!
Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés:

¡Visita mis otros posts!