En 1982, el imperialismo británico se volvía hacia el sur para retomar y usurpar sus colonias justamente recuperadas por nuestra patria, nosotros supimos extraer un puñado de nuestros más valiosos heróes y los enviamos a las islas para defenderlas empuñando el fusil con valentía y coraje, tal como nuestros antepasados con gloria y temeridad defendieron la patria en 1806 y 1807 otra vez del invasor inglés.
Estos valientes soldados son algunos de muchos de los heroes que argentina tuvo durante esa guerra, algunos volvieron a su patria, pero otros calleron luchando, en defensa de la soberania de las islas, cuya guerra tenía un futuro nublado para la Argentina, teniendo en cuenta que en aquel momento nos enfrentábamos, no sólo a Gran Bretaña, sino a toda la OTAN y los demás países aliados incondicionales del Imperio Inglés.
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Heroes:
Subteniente Silva
Coronel Seineldín
Sargento Cisneros
Teniente Estévez
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Historia del Subteniente Silva:
Sus subordinados y camaradas cuentan que el Subteniente Oscar “el Sapo” Silva por no replegarse, a pesar de que estaba impartida la orden eligió desplazarse hasta las posiciones de sus hermanos los gloriosos infantes de marina del Batallón de Infantería de Marina 5 que aun resistían y se sumo a la desesperada pelea que mantenían contra un enemigo superior en numero y medios. Lo hallaron empuñand...o firmemente su fusil, caído para siempre en la turba malvinense. Pero todavía se escucha sus gritos de furia alentando a proseguir el combate.
Del liceo militar General Espejo a la Escuela Naval y por ultimo al Colegio Militar de la Nación, su carrera militar no tiene sobresalto, no busca llamar la atención al igual que todos los héroes argentinos sino nada mas que sigan su ejemplo de bien.
“Un grito de León”, el arco luminoso de una bengala rasga la noche teñida de tinieblas. Por unos instantes, el admira la estela que termina desplegando sus vigorosos rayos de luz. Pero la magia concluye enseguida. Crecen gritos en el silencio. Gritos de guerra, gritos de odio. El enemigo comienza a trepar las laderas disparando sus balas trazantes. Es la noche del 11 de junio de 1982 y la guerra se aproxima a su fin. Se ha impartido la orden de replegarse hacia Puerto Argentino pues el dispositivo de defensa nacional ha sido quebrado luego de durísimos combates.
La cuarta sección de la infantería de marina del “BIM5” al mando del teniente de corbeta Vázquez sigue en sus posiciones pero no esta sola, un puñado de hombres del ejército , perteneciente a la sección de tiradores de la compañía “A” del RI4, encabezado por el subteniente Silva se le ha unido horas antes. Silva, usando su iniciativa, ha resuelto quedarse a luchar con sus hermanos. Y ahora aguarda, fusil en mano, junto al resto de los que allí están, el combate final. La batalla entra a su punto culminante.
En el frente (Monte Tumbledown) se combatía encarnizadamente para mantener la línea de defensa, el enemigo había tropezado con una posición dura, de resistencia feroz, de fuego intenso.
"Subteniente se me trabó el FAP" grito un soldado, tomó su FAL y continúo disparando.
El subteniente Silva al ver al soldado en esa condición, sale de su pozo de zorro, destraba el FAP, y se lo alcanza a otro soldado quien nuevamente continua disparando, es el arma principal de la fracción para detener a los ingleses que atacan incesantemente las líneas defensoras.
De repente se distrae del combate,tiene una pausa, siente que le quema el hombro, el dolor es profundo, no puede mover su brazo izquierdo, mira su mano y ve correr sangre; está herido. Es sangre de valiente, sangre del que va a combatir hasta el fin por lo que cree.
Una y otra vez los han rechazado, una y otra vez vuelven, de repente el héroe se queda sin municiones, mira al rededor y ve unos de sus soldados ya sin vida a su lado. Toma su FAL y sigue disparando hasta agotar las municiones. A su alrededor sus hombres y los infantes de marina van cayendo, uno a uno. Se esta quedando solo. Silva se encomienda a Dios.
El subteniente del Ejército Argentino abandona nuevamente su posición y va en ayuda de un herido, en el trayecto de un pozo a otro, ve que el soldado, a quien había dejado con el FAP cae muerto por el fuego enemigo.
Entre el fuego y el fragor de la lucha toma al herido y lo traslada sobre sus hombros, arrastrado, agazapado, a otra posición más segura, unos treinta metros detrás.
Con el FAL en las manos dispara y avanza a la línea de fuego, recupera el FAP, es fundamental para resistir, se lo acerca a otro soldado quien también es herido, nuevamente su jefe lo arrastra como al primero y lo pone en un lugar seguro, mientras grita, da órdenes, infundiendo valor a sus hombres.
Regresa al frente, tomó nuevamente el FAP siguió disparando y gritando para conducir a algún hombre que aun quedaba.
La desproporción de tropas es tremenda, pero la resistencia argentina inscribió epopeyas en tinta de sangre.
Los ingleses intentaron una y otra vez romper la defensa desde la tarde del 13 y hasta la mañana del 14 de junio de 1982.
El heroísmo manifiesto de la resistencia ante la embestida invasora hizo que los británicos se replegaran más de una vez.
Allí estaba Oscar Augusto Silva, subteniente del Ejército Argentino, tenía 24 años y se iba a casar ese mismo año. Su voz firme y viril desgarraba su garganta al bramar: “...vamos soldados de hierro... ¡Viva la patria! ...fuerza soldados de mi patria!!!..." mil veces rugió mientras dirigía una y otra vez, mortal y certeramente el fuego de las armas defensoras de nuestra querida Argentina.
La lucha era terrible, el fuego contra el fuego, el sol despuntaba en el horizonte cuando su fracción es sobrepasada por la masa de las fuerzas enemigas.
No retroceder jamás, la dignidad y la palabra empeñada de “no ceder” era suficiente para no quebrarle el ánimo, él era un soldado del Ejército Argentino.
Miró y vio que estaban siendo arrasados, sobrepasados, tomó su fusil y colocó la bayoneta, ya se había quedado sin municiones, y con fusil armado a la bayoneta emprendió su último combate cuerpo a cuerpo.
En un supremo esfuerzo saltó de su pozo y emprendió contra los invasores de su patria. Entonces grita, emite un alarido de horroroso coraje. Es el bravo rugido del león herido y acosado por la jauría. Grita mientras hace trepidar su arma que vomita un mortal mensaje de plomo, Viva la Patria carajo!!!
Un ciego instante de eternidad que retrata su gesto, el frío viento de la mañana templó su rostro, el horizonte permitió al sol depositar en sus ojos el brillo de los héroes y fue un león rugiente, de frente, cara a cara y a la carga. Irónicamente los ingleses colonialistas no pudieron matar de frente a este león y lo abatieron a tiros por la espalda.
Murió defendiendo esa pequeña porción de terreno que representaba su Nación, su patria.
Al amanecer pasan a identificar los muertos y ven al soldado muerto que esta sosteniendo firmemente el fusil sin poderlo sacárselo.
Subteniente Oscar Augusto Silva el privilegio de los héroes marcaron tu camino y usted valiente del Ejército Argentino dejó en el turbal malvinense el último hálito de vida cumpliendo con su deber de soldado.
MONUMENTO AL SUBTENIENTE SILVA:
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Historia del Sargento Cisneros:
Nace en Catamarca el 11 Mayo de 1956. Ingresó a la ESSC en el año 1972, egresando como Cabo de Infantería en Diciembre de 1973. En 1977, hizo el Curso de Formación de Comandos.
A partir de allí se convierte en uno de los instructores más notorios del curso, influyendo decisivamente en la personalidad y el espíritu de muchos de los futuros Comandos de esa especialidad. Con el grado de Sargento, en la segunda quincena de mayo de 1982, llega a las Islas Malvinas, integrando la Ca Cdo(s) 602.
Muere heroicamente combatiendo contra fuerzas del SAS del Ejército Británico.
Por su perseverancia y fidelidad a sus principios, lo apodaban "Perro".
El Sargento Cisneros es una verdadera leyenda entre los que ostentan con orgullo la aptitud de comando, y un ejemplo para todos los que pertenecen al Arma de Infantería. Recibió la condecoración de “La Nación Argentina al Muerto en Combate”.
Durante su preparación militar, el Sargento Cisneros cumplió misiones como instructor de comandos en un destacamento militar de la provincia de La Pampa.
Al estallar el conflicto, donó el 50% de su sueldo al Fondo Patriótico y solicitó en reiteradas oportunidades ser trasladado al frente de lucha.
En mayo logra finalmente su traslado. Cuando salió de La Pampa les escribió a sus camaradas “...no me entrego prisionero, ganamos o no vuelvo”.
Cuando partió de Buenos Aires hacia el sur, le dijo a su hermano que lo acompañaba “si no vuelvo no me lloren...”.
Su nombre y sus hazañas recogieron toda la admiración de la Patria Sudamericana. En su honor llevan el nombre de Mario Antonio Cisneros la 1° sección de la Compañía de Tropas Especiales de la República de Panamá, la Compañía de Comandos “Chorrillos”, en la República de Perú, país en donde fue declarado Héroe Nacional, el Hall Histórico de la Compañía de Comandos 601en Campo de Mayo, el aula de Instrucción en el Destacamento de Inteligencia 143 en Neuquén, el aula de instrucción de Cuadros en el Destacamento de Inteligencia 162 de La Pampa, el Casino de Suboficiales de La Pampa, entre otros lugares.
En la preparación de una emboscada a soldados del grupo de élite SAS, tuvo suceso esta conversación entre el Teniente primero Quiroga y el Sargento Mario "Perro" Cisneros...
En esos momentos Quiroga aprovechó unos minutos para acercarse al lugar donde estaba Cisneros, sentado detrás de una gran piedra buscando protección. Cruzaron un par de frases y fue en ese momento que tuvo una extraña sensación. Nunca supo si por efecto de la luz de la luna, su rostro reflejó mucha paz, como presintiendo que algo le iba pasar. Lo percibió a flor de piel. Estaban a centímetros uno del otro.
-"¿Todo bien?", le dijo.
-"Sí, todo bien".
La respuesta despertó aun más su atención y sobre todo por la expresión del rostro. Quiroga insistió.
-"¿Hay algo que te preocupa? ¿Está todo tranquilo?, ¿todo bien?"
-"Está todo bien". Repitió.
-"¿Estás cansado?"
-"No, para nada. En estos momentos estuve pensando y haciendo como un balance de mi vida."
- "Pero Perro, ¿por qué ahora? No me estás hablando de cómo está el terreno más adelante o si tenemos cobertura para hacer la emboscada. ¿Por qué me hablas sobre esas cosas?"
-"No sé".
Y volvió a repetirle, en medio de un gran silencio que los rodeaba.
-"Estuve pensando sobre mi vida, recordando mi infancia, a mis padres. Y vos, ¿tuviste noticias de tu familia?"
-"Sí". Contestó.
Hablaron sobre la emboscada y lo dejó solo con sus pensamientos.
Otra vez el silencio. En esas horas desesperantes, de gran incertidumbre, Vizoso le ofreció un pedazo de chocolate. Cortó la mitad con su cuchillo y se lo pasó.
-"Le agradezco mucho su gesto, mi teniente primero. Con la hambruna que tenemos de varios días sin comer, me parece admirable que lo comparta conmigo." – (Lo dijo con voz impostada producto de no haber hablado por largo tiempo).
-"Es que los comandos debemos ser como los mosqueteros, 'uno para todos y todos para uno'. Y compartirlo con usted me permite comer a mí también", respondió restándole importancia.
Cisneros siguió hablando.
-"Aunque a usted le parezca mentira le tengo mucho aprecio, mi familia conoce a la suya y son de buena semilla, se lo digo de todo corazón porque en estas circunstancias no caben las obsecuencias."
-"Le agradezco su sinceridad y nosotros compartimos los mismos sentimientos respecto de la suya. Sabemos que son hombres de palabra", acotó el oficial.
-"Al igual que ustedes, buscamos siempre la verdad. Usted me permitió que tuviese la ametralladora y no se arrepentirá de habérmela dejado. Estoy muy contento por eso".
-"Somos personas simples. Estamos en peligro de muerte y las cosas que valoro son las espirituales y no quisiera presentarme ante el Creador sorprendido en medio de mis vicios".
-"Tiene razón, mi teniente primero pienso lo mismo. Lo único que me interesa es mantener, aun a costa de mi vida, los ideales de Dios, Patria y Familia."
-"Sargento, creo firmemente que estamos en este mundo para probar nuestro amor, mantener la verdad más allá de los sufrimientos. La mentira está por todas partes con sus atracciones que nos arrastran por el lodo, pero cuando uno se encuentra, en un lugar olvidado de Dios, con un hombre que sé los quilate que pesa, me llena de fuerza para continuar la lucha. Ambos sabemos que las cosas no están bien, a pesar de ello estoy dispuesto a dar todo de mí, cueste lo que cueste."
-"Esas últimas palabras me resultan familiares. Se las puse a mi familia en carta."
-"Usted es famoso por su perseverancia, fidelidad a sus principios y por eso le dicen el Perro. Sé que esta noche no será fácil para nosotros, pero también sé que tanto la vida actual como la muerte no tienen sentido si no pensamos en la Resurrección. Y donde los que compartimos los ideales cristianos nos volveremos a ver."
-"En la Resurrección nos veremos, mi teniente primero."
-"Sargento, en el encuentro con la eternidad hace mucho frío, tuve una experiencia muy desagradable en la cordillera de los Andes. Me siento entumecido. Allí aprendí que la unión hace la fuerza. ¿Por qué no nos juntarnos espalda contra espalda y conformamos nuestros sectores de fuego?"
- "Estoy de acuerdo."
Y así lo hicieron. El Perro quedó mirando hacia la izquierda y Vizoso hacia la derecha y en mejores condiciones para enfrentar al enemigo.
Callaron, ensimismados en sus pensamientos. Pasaron varias horas. Cerca de la medianoche los cañones del enemigo dejaron de tronar. Sobrevino la calma.
Sabían que la muerte acechaba. Repentinamente, el cielo se encendió con una intensa luz que iluminó la zona de combate.
Las bengalas buscaban señalar los objetivos para la artillería. Desde su posición divisaron los fogonazos de las bocas de los cañones. El fuego no duró mucho. No dijeron nada. De nuevo el silencio. El intenso frío los afectaba cada vez más. Ateridos, entumecidos, las manos doloridas por el contacto con el helado acero de las armas.
Los ingleses aparecieron como buscándolos, desplazándose hacia la zona de muerte de la emboscada. Eran las fuerzas de elite del SAS.
Vizoso recuerda: "Su presencia había sido advertida por el escalón de seguridad del teniente Rivas que estaba ahí y nosotros del otro lado. Mientras daban la voz de alarma, dejaron pasar la vanguardia inglesa compuesta por alrededor de 10 soldados, lo que indicaba que se trataba de una fuerza completa de entre 20 y 30 hombres. Entraron por la derecha y nosotros estábamos casi en el extremo izquierdo, y por esas cosas de la guerra, el alerta rojo no llegó al escalón apoyo que integrábamos Cisnero y yo”. De pronto, sintió tensionada la espalda de Cisnero. Giró la cabeza hacia él, sorprendido. Vio cuando abrió fuego con la Mag.
En aquella emboscada a un grupo de comandos de elite ingleses, el perro murió del impacto de un cohete Law, de 66 mm, que dio de lleno en su pecho que lo mató instantáneamente.
La onda expansiva levantó a Vizoso por los aires, que cayó pesadamente sobre las rocas. Cuando reaccionó, le preguntó a su compañero
-"¿Qué te pasa hermano?"
El silencio fue la única respuesta. Lo dio vuelta tomándolo con sus dos manos. Estaba muerto, con los ojos muy abiertos. Quiso tomar la ametralladora, pero el pedazo más grande era una parte de la culata, otro de la armadura y tramos de la banda con municiones. Después de enfrentar a los ingleses con heroísmo, herido y sangrante, escuchó la llamada de sus camaradas. Estaba salvado. Se dio vuelta y saludó al inerte sargento.
-Chau, Perro, hasta el encuentro con la eternidad. Lo tocó y se fue casi desangrándose.
Escrito encontrado en la libreta de combate del Sargento Mario Antonio "perro" Cisneros. Caído en combate en la Gesta de Malvinas en 1982.
Oh Dios, señor de los que dominan, Guía Supremo que tienes en tus manos las riendas de la vida y la muerte.
Escúchame:
Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate, y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo. Haz que te sea fiel en la guerra, como lo fui en la paz. Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegren mi corazón. Haz que mi espíritu no sienta la sed, el hambre, el cansancio y la fatiga, aunque lo sientan mis carnes y mis huesos.
Haz que mi alma, Señor, esté siempre dispuesta al sacrificio y al dolor, que no rehúya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto de combate, la guardia mas dura en la trinchera, la misión más difícil en el ataque. Pon destreza en mi mano para que el tiro sea certero, y caridad en mi corazón. Haz, por favor, que sea capaz de cumplir lo imposible, que desee morir y vivir al mismo tiempo. Morir como tus Santos Apóstoles, como tus Viejos Profetas, para llegar a Ti. Señor te pido que mi cuerpo sepa morir con la sonrisa en los labios, como murieron tus mártires.
Te ruego mantengas mi arma en vela y mi oído atento a los ruidos de la noche. Te pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día y por mis jornadas de sed, hambre, fatiga y dolor. Si llegara a cumplir estos anhelos, podrá entonces mi sangre correr con júbilo por los campos de mi Patria, y mi alma subir tranquila a gozarte en el tiempo sin tiempo de la eternidad.
Señor, ayúdame a vivir, y de ser necesario, a morir como un soldado.
Concédeme Oh! Rey de las Victorias, el perdón de la soberbia. He querido ser el soldado mas valiente de mi Ejército y el argentino más amante de mi Patria. Perdóname este orgullo, Señor.
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TENIENTE ESTÉVEZ:


Teniente Roberto Néstor Estévez condecorado post mortem con la medalla “La Nación Argentina al heroico valor en combate”
Hago este pequeño homenaje sin desmerecer a los demás soldados que participaron en el conflicto de Malvinas
El Teniente Roberto Néstor Estévez nació un 24 de febrero de 1957. Era del signo de Piscis. Oriundo de Posadas, Misiones, era el séptimo de nueve hermanos. Hijo de Rober...to Néstor Estévez y Julia Berta Benítez Chapo. El “Toto” como le decían quienes lo querían, era un personaje.
Con tan sólo ocho años de edad, había hecho una historieta muy bien dibujada, donde el héroe de la misma, Rob-Dick (Rob, de Roberto, y Dick, vaya a saber por qué) era un gaucho con capa que libraba distintas aventuras, todas con un sentido nacional. Las historietas de Rob-Dick se extendieron durante cuatro años, y durante ese tiempo, el superhéroe nacional iniciaba una campaña para recuperar las islas Malvinas (de allí la mención que hace Estévez a su padre, en la carta póstuma: “…¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todo destinado a recuperar las Islas Malvinas?…”)
Fanático lector, era común que se quedara dormido con la luz encendida. De todos los temas que gustaba leer, su predilecto era la Historia Argentina. Inteligente y crítico, cuestionaba todo lo que no le parecía justo o verdadero, al extremo de que las maestras lo echaron varias veces del aula. No soportaba la mentira.
Solía decir, desengañado por lo mucho que le costaba todo, que era producto de que escribía con la mano izquierda, porque para los zurdos el mundo era al revés. No se daba cuenta de que justamente, el iba por el recto camino, y que era el mundo, quien iba, y sigue llendo, al revés.
Todo lo que se proponía no paraba hasta lograrlo. Sus metas no se las sacaba nunca de la cabeza. Descubierta su vocación militar, un amigo le comento que los zurdos no entraban al Colegio Militar porque tenían problemas para manejar las armas y disparar. Estévez tenía diecisiete años. Frente a la posibilidad de quedarse sin ingresar a la Colegio Militar De La Nación aprendió a escribir y manejarse con la mano derecha. De lo que resultó, ambidiestro.
Inicialmente, Estévez decía que quería entrar al arma de Caballería, pero una vez en tema, se le escuchaba que prefería la Infantería porque sentía más ambiente de camaradería.
Ya en las FFAA se destacó por su voluntad y esfuerzo, amén de su gran inteligencia.
En su destino en el Regimiento 25 recibió el premio “Al mejor Infante”, además de ser distinguido con el honor de ser abanderado.
Sobresalió entre sus camaradas por su gran profesionalismo, su capacidad, y también, cuando la férrea disciplina lo permitía, por su alegría.
Excelente amigo y compañero; le gustaba toda la música, desde el chamamé hasta la clásica.
Dueño de una personalidad llana; hombre franco y directo, poseía una fe inquebrantable. Era un ferviente católico.
Queriendo ser el mejor en su especialidad, realizó el curso de Comandos a fines de 1981 y comienzo de 1982.
Su familia lo vio por última vez en ocasión de dicho curso, al realizarse el adiestramiento en la parte de “selva”, justamente en la provincia de Misiones, de donde eran oriundos.
Cuando el Teniente Estévez desarrollaba el Curso de Comandos en la Escuela de Infantería, durante el año 1982, durante el desarrollo de una exigente ejercitación propia de la especialidad, tuvo un paro cardíaco. El médico que lo atendió, no obstante declararlo muerto, continuó prodigándole los auxilios correspondientes; milagrosamente, reaccionó. En forma inmediata, sufre un segundo paro, del que vuelve a recuperarse. Fue enviado al Hospital en forma inmediata. Todos se quedaron sorprendidos cuando, al día siguiente, se presentó para continuar el curso y lo finalizo con éxito.
Sin duda, el Señor prevé los mejores destinos para sus mejores hijos.
Posteriormente Estévez es destinado al Regimiento de Infantería Mecanizado 25.
Partió a Malvinas el día 27 de marzo de 1982 con el convencimiento de que no regresaría.
La carta póstuma para su padre y su familia quedó en el Regimiento, y les fue entregada a los familiares en julio de 1982, una vez conocido su fallecimiento, junto con sus objetos personales y una carta para su novia.
A continuación relato de un soldado que lucho con este bravo oficial:
“Ingresé en febrero de 1982 en el Regimiento de Infantería 25, que tiene asiento en la localidad de Sarmiento, provincia del Chubut. A poco de haber llegado, los que teníamos estudios fuimos separados del resto de los soldados conscriptos. Yo estaba cursando la carrera de analista de sistemas en el primer año; me ubicaron en la sección de aspirantes. El Teniente Roberto Néstor Estévez, quien posteriormente dejaría un recuerdo imborrable en todos nosotros, fue el que nos seleccionó personalmente uno a uno.
Comenzó una instrucción, que no vacilo en calificar de dura y severa, hasta el 24 de marzo a cargo de Estévez, que pertenecía el grupo de Comandos, y su segundo jefe de sección, el Cabo Primero Faustino Olmos, también de esa misma especialidad.
La instrucción era diurna y nocturna con todo tipo de armamentos, teórica – práctica, y estaba destinada solamente a este grupo seleccionado, que yo, gracias a Dios, tuve la suerte de integrar. Debo añadir que esta instrucción fue altamente valiosa a la hora del combate y Estévez, un jefe calificado que no sólo se preocupaba por nuestro estado físico sino también por nuestra espiritualidad, no cesaba de darnos ánimo y valor con sus propios gestos personales. Les cuento un ejemplo:
Allá, en el sur, hay unos pastos ásperos y filosos llamados coirones y durante nuestros habituales “cuerpo a tierra” y posteriores deslizamientos, tratábamos de evitarlos. Al darse cuenta de esto, Estévez hizo él mismo el ejercicio, sin importarle las lastimaduras que tales matas le ocasionaron, y luego nos dijo: “Si están en pleno combate, no van a tener tiempo de bordearlos, la guerra es así”.
Este tipo de ejemplos estaban muy a tono con su naturaleza de persona de una alta moral, ética y honor. Y sólo tenía 24 años. Nosotros, los AOR (Aspirantes a Oficiales de Reserva) en la mitad de la noche, más de una vez fuimos levantados y nos hacían salir a correr sorpresivamente bajo fina lluvia o nevisca, sólo vestidos con pantaloncitos cortos y ballenera (remera de manga corta).
Y como decía Nietzsche, lo que no te mata te fortifica. Ese fue nuestro caso. Del inicial grupo escogido, cuarenta y cinco, quedamos cuarenta. Y esos cuarenta fuimos a Malvinas.
Aquel inolvidable 2 de abril nos tocó desembarcar al mediodía y nos sentíamos muy orgullosos en razón de pertenecer al único elemento del Ejército que participó de la operación de neto corte aeronaval en aquel momento. A bordo del Almirante Irizar fuimos partícipes de una tocante ceremonia que nos concernía de un modo muy especial.
Como no habíamos tenido tiempo de jurar la bandera se organizó para nosotros una jura de nuestra enseña nacional, que tuvo el carácter de provisoria y levantó nuestro orgullo hacia las nubes. Y ahí nos enteramos de que íbamos a Malvinas. Puedo afirmar que, entre lágrimas y abrazos, ahí mismo se terminó de consolidar nuestro grupo.
Estuvimos brevemente en Puerto Argentino y luego, a bordo del barco Isla de los Estados fuimos enviados a Darwin con el objetivo de tomarlo. Nuestro grupo de AOR era parte de la Compañía C, formada por tres secciones, Gato, Bote (la de Estévez) y Romeo, a cargo de Gómez Centurión. Entre el 4 y 5 de abril nos asentamos en Darwin y comenzamos nuestras tareas de limpieza, minado y excavación de “pozos de zorro” y puestos de ametralladora. Nuestro jefe directo era Estévez y el jefe de la compañía, el Teniente Primero Daniel Esteban. Yo era tirador de MAG (ametralladora pesada) y fui elegido para eso debido a mi buena puntería en aquellos ejercicios anteriores en Chubut. Disponíamos de 2 MAG, 2 lanzacohetes y fusiles FAP y FAL. Nuestra base de operaciones era una escuela kelper construida íntegramente de madera, que constaba de dos pisos; ahí estaba ubicada la compañía C. Recuerdo que, faltando algo de raciones, algunos oficiales y suboficiales se fueron a cazar avutardas y durante tres días esos pajarracos fueron parte distinguida de nuestro menú. Disponíamos de un buen equipo de abrigo, muchas medias de recambio y guantes que nos protegían manos y pies del frío.
El 1º de mayo, a las 8 de la mañana, los Harrier ingleses atacaron a los Pucará estacionados en el aeropuerto de Darwin. Nosotros estábamos ubicados a unos 500 metros del aeropuerto y vimos perfectamente todo. Darwin es un caserío, una especie de pequeña bahía, todo bastante plano geográficamente hablando. Luego del ataque abandonamos la escuela y nos instalamos en nuestros “pozos de zorro”. De ahí en más, el agua y el frío fueron nuestros íntimos compañeros. Recuerdo que rezábamos al levantarnos y al acostarnos. En los respiros que nos daban los desayunos hablábamos de nuestras respectivas familias y el hecho histórico y singular que estábamos protagonizando. Todas esas cosas no hacían más que reforzar la alta moral que, inculcada por la labor encomiable de Estévez, existía en el grupo. Debo añadir que el día 24 de abril hicimos nuestro juramento oficial a la bandera en suelo malvinense, privilegio que, creo, nadie lo tuvo. La compañía se dividió. Rumbo a San Carlos marcharon Esteban y los suyos al caserío de Darwin, Gómez Centurión con su gente y nosotros quedamos en nuestros “pozos de zorro” a cargo de Estévez. Y permanecimos en aquel sitio hasta el 27 de mayo, momento en que el Teniente Coronel Piaggi le ordenó a Estévez que debíamos marchar hacia la primera línea de combate, debido a que los ingleses, que habían desembarcado en San Carlos el 1º de mayo, avanzaban hacia Darwin y ya se habían producido enfrentamientos con efectivos del Regimiento de Infantería 12. Según nos testimonió el capellán militar padre Mora, al recibir la orden, Estévez se puso contento. “Era lo que estaba esperando”, dijo. A las 2 de la madrugada del 28 de mayo llegamos a Boca House (Casa Boca), sitio cercano al cementerio de Darwin que ya era zona de combate. Al hacerlo, nos cruzamos con gente del Regimiento 12, a cargo del Subteniente Peluffo, que venía de combatir. Estévez nos hizo desplegar en abanico y quedamos distribuidos allí. Luego, a la derecha del abanico, entró en contacto con el enemigo y nosotros, que aún no estábamos en las posiciones que debíamos ocupar, según las órdenes recibidas, nos unimos con los del 12 para permitirles un respiro pues, mientras ellos se replegaron, nosotros contraatacamos. Al hacerlo, chocamos con la compañía A del batallón de paracaidistas ingleses, que tenía unos ciento cincuenta efectivos y estaban muy bien armados. Se peleó muy duro, sin dar ni pedir cuartel, en un combate que desde las 5 de la mañana se prolongó hasta casi las 10. Fueron casi cinco horas de auténtica estadía en el infierno. Nosotros efectuamos tres repliegues y sucesivos contraataques. Ellos tenían apoyos de las fragatas que estaban en San Carlos y de artillería, combinada con los Blowpipe (misiles antiaéreos) que barrían el terreno. La disparidad de fuerzas era abrumadora a favor del enemigo. Al hablar de lo que fue ese combate, recuerdo las balas trazantes que iluminaban la oscuridad, los morterazos, los gritos de dolor y de furia con que unos a otros nos animábamos. Debido a la elevada preparación física espiritual con que contábamos, durante el combate estábamos calmos, tranquilos. La angustia previa al choque con el enemigo nos había tenido nerviosos, pero ahora, en plena lucha, las cosas se revelaban tan simples como terribles. Y en la sencillez del “matar o morir” todo estaba resumido. Yo estaba a cargo de una de las dos MAG que teníamos y Zabala, otro soldado conscripto, era mi cargador de municiones. Desde nuestro puesto disparaba a todo lo que veía o creía ver frente a mí. De pronto, un proyectil de mortero cayó muy cerca de nosotros. El pobre Zabala recibió de lleno las esquirlas y murió en el acto. Yo recibí impactos de esquirlas en el perineal izquierdo. Recuerdo que antes de perder la lucidez, atontado por la onda explosiva, le pedí a Dios que no me dejara morir allí. Realmente no sé cuánto tiempo estuve inconsciente o atontado. Luego, sin soltar mi MAG, me arrastré hasta un pozo cercano mientras sentía la tibieza de la sangre en mi piel y no sabía qué tan herido estaba. Me zambullí en el pozo y encontré que allí había soldados del 12.
Ese pozo era como tener una butaca para contemplar el infierno. El Cabo Castro había intentado llegar también al pozo donde yo estaba cuando un proyectil de fósforo lo alcanzó y lo envolvió, convirtiéndolo en una antorcha humana. Oíamos sus gritos desgarradores. El pobre decía: “¡Rodríguez, máteme!”- gritaba mientras se quemaba vivo.
A Romero, otro soldado que estaba allí, le gritó lo mismo, pero nadie se atrevió a dispararle y terminar con su agonía. Un rato después no escuchamos más su voz; que Dios lo tenga en la gloria.
Y llego en mi relato a lo que considero el instante supremo del combate, desde mi situación personal por supuesto. No hay que olvidar que en medio de ese caos del combate muchos estaban sufriendo experiencias únicas e indelebles. La que les narro a continuación fue la mía:
El Teniente Estévez estaba recorriendo las posiciones, gritando órdenes a derecha e izquierda, todo esto, repito, bajo el terrible fuego enemigo. Al salir del pozo contiguo al mío recibió dos balazos en el brazo y pierna izquierda, respectivamente. Tambaleándose, llegó al pozo donde yo me encontraba. Este valeroso oficial, sin preocuparse de sus propias heridas, me preguntó por las mías, pues yo estaba ensangrentado. Le contesté que podía arreglármelas. Estévez tomó un FAL y comenzó a disparar; luego, por radio estuvo dando nuevas órdenes. Mi MAG la tomó otro soldado del 12 y abrió fuego contra el enemigo. Ese soldado recibió un balazo en la cabeza, obra de francotiradores –los que mayores bajas causaron en nuestra dotación– y cayó muerto. Éramos cinco en el pozo en ese momento. Comenzamos a soportar fuego directo de morteros y las cercanas explosiones de los proyectiles que caían nos arrojaban lluvia de tierra sobre nuestras cabezas. Estévez, lo repito, sin importarle sus heridas, tomó el casco del soldado muerto del 12 y me lo colocó en la cabeza para protegerme, ya que nosotros usábamos boinas verdes y eso no protege nada ante una bala o una esquirla.
En ese momento recibió un nuevo balazo en el pómulo derecho y se desplomó pesadamente a mi lado. Tratamos de auxiliarlo y le oímos decir algo, que nadie entendió, y luego expiro. Como estaba cargado de granadas, cualquier proyectil podía impactarlas y volarnos a todos, se las quitamos y sacamos el cuerpo fuera del pozo. Luego, afuera, su cuerpo de héroe recibió numerosos balazos más, quedó casi irreconocible y la prueba de esto es que luego del combate lo reconocieron por la manera especial que tenía, como lo hacen los comandos, de atarse los cordones de los borceguíes. Tomé la radio y después de algunos intentos logré comunicarme con el Teniente Coronel Piaggi y le informé que Bote (nombre clave de Estévez) estaba muerto. Le pedí instrucciones: “Esperen y aguanten hasta que lleguen los Pucará de apoyo”- me contestó. Los Pucará nunca llegaron. Entretanto, los ingleses habían logrado tomar las alturas y desde allí su fuego nos estaba acribillando. El Subteniente Peluffo, para evitar un inútil derramamiento de sangre, ya que habíamos agotado todas nuestras municiones, alzó la bandera blanca y todo terminó para nosotros. Recuerdo que en nuestras posiciones los muchachos se pusieron a fumar o comer chocolates y caramelos, embargados de una total tranquilidad y satisfacción por haberse batido como bravos.
Al tomarnos, nos registraron como prisioneros y los ingleses descubrieron que teníamos ocultos cuchillos y “ahorcadores” (tanzas usadas para estrangular) y algunos recuerdos de tropas británicas que habíamos conseguido después de desembarcar. Eso, más que nada, los hizo entrar en furia y nos golpearon. A mí, que estaba herido en el suelo, tendido sobre un chapón, me propinaron un puntapié.
Debí soportar, como todos mis compañeros, el interrogatorio de la inteligencia inglesa. El hecho de tener prisioneros “boinas verdes” en San Carlos y Darwin y la enconada resistencia que les opusimos les hacía no creer que cincuenta efectivos con sólo dos MAG, dos lanzacohetes y fusiles, hubieran podido detener a toda una compañía de tropas altamente especializadas, obligándolas a replegarse tres veces durante aquellas cinco horas infernales. Así fue, ciertamente, el combate de Goose Green o Pradera del Ganso. Algunos pocos soldados del 8 y del 12 y nuestra sección AOR dio material al jefe del comando inglés, Brigadier Mayor Julián Thompson, que en su libro No pic-nic describió la dureza de esta batalla que retrasó considerablemente los planes ingleses de tomar Darwin.
También supe que en otra acción durante el 29, el Teniente Coronel Jones, Jefe del Batallón de paracaidistas ingleses, murió en un choque con las fuerzas de la sección Romeo, a cargo del Subteniente Gómez Centurión.”
El Teniente Estévez es un argentino ilustre, ilustre no por que lo adornaran las luminarias del éxito mundano y el reconocimiento publico, sino todo lo contrario, podemos decir que es tan heroico como anónimo. Como esas obras de arte medieval que los autores no firmaban, pues solo les interesaba el reconocimiento que Dios le pudiere dar a la misma y que por ello la hacían, para agradarlo.
En esta Argentina democrática donde cualquier héroe es desvalorado por historiadores o politicos de hoy, parecería que es mejor que nuestro Teniente Estévez sea casi ignorado. No hace falta ser conocido para ser héroe y si parece hacer falta los autógrafos y el foco de luz para los antihéroes, de costumbres degradadas y alma negra.
Por todo ello queremos hoy rescatar algunas cosas importantes de este joven que viviera una corta y fecunda vida, mas fecunda que la de muchos viejos que han pasado la suya tratando de salvarla, sustrayéndose al riesgo, al peligro, a la lucha.
La caída en combate de nuestro Teniente en la batalla de Pradera del Ganso durante la gesta de Malvinas nos lo muestra como un gaucho argentino cabal, con todo lo que conlleva ello, la espiritualidad netamente católica. La valentía: va al primer lugar del combate a poner el pecho al fuego del invasor colonialista para cubrir la retirada de sus camaradas. El resignado espíritu de sacrificio que nos recuerda aquella frase evangélica “No hay nada mas hermoso que dar la vida por los amigos”. Le dice al capellán que era “justamente lo que esperaba” estar en la primera línea de combate cubriendo el repliegue de una compañía, aquella terrible noche del 28 de mayo, cuando los ingleses se empeñaron a pleno con los paracaidistas y la infantería de marina apoyados por las fragatas.
Nuestro teniente, le enseñaría al enemigo como lucha y como muere un gaucho argentino. No rindió su posición cuando cualquier otro militar extranjero la hubiera evacuado estando el enemigo ingles a menos de 100 metros, perforado por varios balazos seguía combatiendo y dando órdenes a sus subordinados. Claramente manifestó que no se replegaría.
Desde chico demostró inclinaciones nacionalistas y patrióticas, lo cuenta en la carta póstuma que dirige a su padre. Ya en aquel entonces el anhelo de Roberto era a servir a algo que intuía superior, a esa unidad de destino que luego amaría locamente por amor a Dios: la Argentina.
Ya en aquel entonces la causa Malvinas estaba presente en su espíritu. Hasta sus juegos de niño estarían orientados a la recuperación de la soberanía conculcada de la Patria y así se rebelaría su vocación tendiente a defenderla.
En el momento supremo de luchar no se preguntó si era oportuno hacerlo. No actuó con la mente de un político, sino con la de un patriota dispuesto a entregarlo todo sin pedir absolutamente nada. Es que el patriotismo llevado a la heroicidad implica la magnanimidad. Aplicar la grandeza del alma ordenada a las necesidades superiores de la Patria y de ser necesario como en el caso de nuestro Teniente a morir por ella. Nada tenia mas valor para él que cumplir con ese mandato, ni su propia vida ofrendada si se quiere con terquedad y empecinamiento, un santo empecinamiento.
Su patriotismo no era meramente sentimental sino que era esclarecido, sabia perfectamente quien era el enemigo y cual era el poder que tenia. Sabía que ese poder era el sionismo, el imperialismo norteamericano y el Poder Internacional del Dinero y finalmente sabía que iba a enfrentarse a ese poder encarnado en los británicos.
Una anécdota nos ilustra al Estévez soldado y su espíritu de sacrificio. Sus ansias de tener conocimientos y dotes técnicas lo llevaría a seguir el curso de Comandos en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Durante uno de los durísimos ejercicios sufre un paro cardio respiratorio. Ante esto casi siempre los alumnos abandonan el curso. Estévez continuo y pese a todo concluyo con éxito el mismo. Ya era conocido desde el Colegio Militar como un soldado de tomo y lomo que no solo ordenaba y marcaba el camino a seguir sino que era el primero en recorrerlo. Si bien era férreo en el mando también era al mismo tiempo un gran camarada. Ser soldado, esa era su misión. No le interesaba y le parecía detestable seguir la carrera militar para tener una profesión de prestigio y un sueldo relativamente pasable o como era común en ciertos casos para practicar equitación o aprender a jugar al polo, lograr ascenso social y revestirse de oropeles de falsa aristocracia.
Tenia una clara visión política, ante el hecho Malvinas. Advierte sagazmente y evaluaba que había un retorno a la Religión Católica, se producía una unidad en Hispanoamérica que contradecía a la “farsa liberal”. Se lograba unidad nacional ante la causa común y especulaba con tirar por la borda 132 años de claudicaciones para que brillara de nuevo la Argentina Católica e Hispánica. Ese es el modelo de soldado al que aspiramos como nacionalistas. Ese será el modelo en el que forjaremos las futuras Fuerzas Armadas Argentinas si Dios nos lo permite
Como podemos ver el espíritu del Teniente es el espíritu de la Gesta de Malvinas, espíritu de gauchos, de patriotas y de soldados, Ese espíritu que nos hizo ver que debajo de la hojarasca, debajo de la basura que ya se descargaba contra nuestra Patria, aun había un resplandor de gloria esperando ser rescatado. Un resplandor que hoy a un cuarto de siglo después, y mas allá de la traición y la destrucción sufrida, aun se encuentra allí destellando bajo la turba junto a los huesos sagrados de nuestros queridos muertos.
A continuación la carta que escribió el Teniente Estévez la cual se convirtió en documento histórico nacional:
Querido papá,
Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. El, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión? ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?. Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.
Lo único que a todos quiero pedirles es:
1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.
2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante,
3) que recen por mí.
Papa, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.
Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo.
Dios y Patria ¡O muerte!
Roberto
Algunos fragmentos del principio del relato pertenecen al libro "Estévez, vida de un cruzado" del autor Federico Gastón Addisi.
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HISTORIA DEL CORONEL SEINELDÍN:
Mohamed Alí Seineldin nació en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Rios, el 12 de noviembre de 1933 y murió el 2 de septiembre de 2009 en Buenos Aires, luego de un ataque cardíaco. Es un ex militar argentino. Fue oficial del arma de infantería egresado del Colegio Militar de la Nación, paracaidista, comando, buzo Táctico de la Infantería de Marina egresado en Mar del Plata, oficial de Estado Mayor de la Escuela Superior de Guerra. Instruyó y dirigió las fuerzas de elite de la República de Panamá. Fue instructor de numerosos comandos de oficiales y suboficiales argentinos en el Colegio Militar y en la Escuela de Infantería instruyó a hombres de las tres FFAA y de las fuerzas de seguridad. El 2 de abril de 1982 comandó al heroico regimiento de Infantería 25 que peleó bravamente y asestó muchas bajas a los británicos. Los soldados veteranos aún hoy veneran a Seindelín, porque recuerdan que los acompañó en las trincheras.
Fue condenado a cadena perpetua por el levantamiento carapintada de diciembre de 1990. Pero en el 2003 recibió el indulto presidencial de Eduardo Duhalde. Mezcla de cruzado y falangista, el coronel Mohamed Ali Seineldin encarna al prototipo de militar católico y nacionalista de Argentina. A diferencia de algunos de sus pares no fue denunciado por corrupción, ni asesinato de opositores, ni torturas durante la dictadura de 1976 a 1983.
Murió a los 75 años y la ministro de Defensa de Argentina, la ex terrorista Nilda Garré, prohibió que reciba los honores de militar atento a su jerarquía.
Sus estudios primarios y secundarios los realizó en Concordia, ciudad hasta donde se trasladó su familia. En 1957 egresó del colegio militar de la Nación, con el grado de Subteniente del arma de infantería. Su primer destino militar fue en la ciudad de Monte Caseros, en Corrientes; posteriormente, prestó servicios en la Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral" y en el Colegio Militar de la Nación, establecimientos de formación de los futuros suboficiales y oficiales del Ejército Argentino.
Más tarde fue jefe de una compañía de paracaidistas en Catamarca. Cuando completó sus estudios superiores en la Escuela Superior de Guerra, se le otorgó el título de Oficial de Estado Mayor. Luego se desempeñó como profesor en esta misma escuela. Colaboró en los planes de estudio de diversos organismos de la Policía Federal Argentina. Fue jefe de los cursos de "Comandos" del Ejército; y participó en el operativo Independencia de la Provincia de Tucumán.
Como consecuencia de su manifiesta oposición al relevo del Comandante en Jefe del Ejército, General Numa Laplane, por cuanto vislumbraba que este episodio no era aislado sino que formaba arte de una estrategia para el desplazamiento del Gobierno Nacional, fue relevado de sus funciones en la Escuela de Infantería, en 1975. No obstante, fue seleccionado para la formación y conducción de una unidad especial de "Comandos" para la prevención de atentados terroristas durante la realización de la Copa Mundial de Fútbol de 1978.
En oportunidad de suscitarse el conflicto con Chile, fue trasladado hacia la Patagonia. En 1981 y 1982 fue Jefe del Regimiento de Infantería 25, en Sarmiento, provincia de Chubut. El 2 de Abril de 1982 compartió, con esta Unidad militar, el honor del desembarco en las Islas Malvinas; las páginas de gloria que este Regimiento logró se forjaron con los actos del heroísmo y los éxitos en el cumplimiento de las misiones asignadas.
Luego de su ascenso al grado de Coronel, en 1984, fue asignado a la República de Panamá como Agregado Militar, por el Gobierno Nacional. En ese cargo se desempeñó durante 1985 y 1986; concluido ese período y, por especial solicitud del Gobierno de Panamá, le fue extendida su comisión en ese país en el carácter de "Asesor Militar". Desde ese puesto clave, contribuyó a la formación del Ejército de Panamá, comenzando con sus Institutos de Formación. Cuando los Estados Unidos invadieron Panamá, en 1998, fue el único militar argentino que rechazó públicamente esta arbitrariedad.
Alzamiento carapintada
En 1988, Seineldín encabezó la rebelión militar carapintada de Villa Martelli, durante la presidencia del marxista Raúl Alfonsín. La rebelión concluyó con un acuerdo entre el líder carapintada y el Gral. Isidro Cáceres (jefe del ejército).
Seineldín, fue el líder del alzamiento carapintada contra el gobierno pro estadounidense de Carlos Menem del 3 de diciembre de 1990, donde unos 50 soldados se hicieron con el control de instalaciones militares de la provincia Buenos Aires. El mismo día, el gobierno declaró el estado de sitio durante 60 días. Los rebeldes se rindieron el 4 de diciembre y ese mismo día se levantó el estado de sitio.
Un tribunal militar condenó a los oficiales rebeldes a períodos de cárcel que oscilaban entre los 12 años y el "encarcelamiento indefinido".
Su participación en los Pronunciamientos militares argentinos tuvieron el único objetivo de impedir la disolución de las Fuerzas Armadas, espiritualmente afectadas tras Malvinas y la lucha contra la Subversión. Conocedor de los planes internacionales para con Latinoamérica, buscó, a través de éstas manifestaciones, impedir que se cumplieran los esquemas contra las Fuerzas Armadas propuestas por el señor el ex presidente de Estados Unidos Bush, en su "Manual para destruir a las Fuerzas Armadas de Latinoamérica".
Desde el 3 de diciembre de 1990 cumplió condena por "tiempo indeterminado", en el Penal Militar de Campo de Mayo, por amar a su Patria y ser fiel al Ejército de la Nación Argentina. El 20 de mayo de 2003, con un indulto del ex Presidente Eduardo Duhalde, recupera su libertad.
Posiciones
Se consideraba a sí mismo un oficial encuadrado dentro de la rama nacionalista del Ejército argentino, vinculada históricamente a José de San Martín, Juan Manuel de Rosas y Juan Domingo Perón. Por esto último muchos simpatizantes del Partido Justicialista reivindican públicamente su figura y lo consideran un auténtico héroe nacional de la guerra malvinense, además de haber sido condecorado por el propio General en vida. Era Presidente Honorario del Comando Superior Peronista.
También:
Crítica al Fondo Monetario Internacional.
Se opone a la política intervencionista de Estados Unidos.
Ataca la política de israelí en Palestina.
Se opone al modelo neoliberal y a la globalización.
Es nacionalista.
Declaró su preocupación por la revolución mundial anticristiana y contra el enemigo invisible que controla el Nuevo Orden Mundial.
Habla de refundar la República.
Reclama de la falta de representatividad.
Estuvo enfrentado a la junta militar liberal en 1976.
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Panamá
En medio del silencio del generalato de escritorio, el coronel Seineldín, vistiendo uniforme de combate, el 20 de diciembre de 1989, leyó un pronunciamiento de solidaridad con el pueblo y las Fuerzas de Defensa de la hermana República de Panamá titulado: Severa condena a la agresión imperialista en Panamá. El general Isidro Bonifacio Cáceres no dudó en aplicar 10 días de prisión a quien había osado defender la soberanía nacional de la tierra de Torrijos, fragmento de la Patria Grande Latinoamericana.
A continuación transcribimos los aspectos más salientes del comunicado de Seineldín:
"Con dolor espiritual comparto la justa indignación y el sufrimiento de las Fuerzas de Defensa y el Pueblo de la hermana república de Panamá, martirizados por la agresión al principio de soberanía nacional que dio fundamento a todos los estados de América, incluido el de la potencia agresora.
Como militar argentino he desarrollado una prolongada misión profesional en Panamá, contribuyendo a la consolidación de sus fuerzas armadas y en cumplimiento de objetivos superiores de la política exterior argentina.
De la misma manera que en 1982 la república de Panamá se solidarizó con la causa de Malvinas, hoy nuestra hombría de bien nos obliga a declarar públicamente lo siguiente:
Se ha quebrado el principio de autodeterminación de los pueblos.
Se ha roto la solidaridad debida entre los Estados americanos, ejerciéndose de hecho la intervención directa en asuntos internos de una Nación soberana, en violación del Derecho internacional y americano.
Se ha creado un precedente peligroso, que afectará la seguridad hemisférica.
Se han generado serias dudas acerca de la sinceridad de las intenciones del cumplimiento del Tratado Torrijos-Carter, que importa el reintegro a Panamá de la plena soberanía sobre el Canal.
Señores Jefes, Oficiales y Suboficiales del Ejército Argentino, compatriotas argentinos y americanos todos:
La causa de Panamá es la Causa de Malvinas.
Ayer fue Hungría y Suez.
En 1982, Afganistán y Islas Malvinas.
Hoy es Rumania y Panamá.
Fortalezcamos nuestro ánimo e iluminemos nuestra inteligencia frete a los hechos actuales y eventuales futuros, reflexionando con el Libertador San Martín a propósito del bloqueo anglofrancés a nuestras tierras: Lo que no puedo concebir es que haya americanos que, por un indigno espíritu de partido, se unan al extranjero para humillar a la Patria; una tal felonía ni el sepulcro los hará desaparecer.
El año 2000 nos encontrará unidos o dominados. ¡Latinoamericanos, ahora o nunca!"
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Entrevista
(Entrevista concedida a el diario "El Mundo" en donde por primera vez habla con la prensa escrita española de lo que vivió durante la guerra de Malvinas)
Pregunta.- ¿ Por qué dieron el salto de ocupar las islas ?
Respuesta.- En 1977 yo me presenté en el Estado Mayor del Ejército para preparar la hipótesis de guerra Malvinas. Mi jefe la rechazó y me dijo: "No podemos ir contra Gran Bretaña, contra Estados Unidos". Me trató como si estuviera borracho. Sin embargo, cinco años después sucedió la recuperación. Entonces, hay que concluir que en lo de Malvinas actuó la Providencia, yo creo en la Providencia.
P.- ¿ No hubo una planificación estratégica ?
R.- La operación no estaba preparada, fue improvisada. Era una operación más política que militar. Hay guerras que se preparan durante 20 años pero ésta se montó en 2 meses. Iba a ser el 24 de mayo, así el 25 de mayo (fecha de la independencia de España) festejábamos una nueva independencia, esta vez de Inglaterra. Pero los ingleses se alertaron y hubo que adelantarla al 2 de abril.
P.- ¿ Los militares argentinos estaban preparados ?
R.- Las instrucciones que recibí eran ocupar las islas y evitar muertes de ingleses, porque las diferencias se iban a arreglar en los foros internacionales. Nuestros jefes pensaban que esas islas a Gran Bretaña le daban pérdidas económicas. Y que Londres iba a terminar aceptando la presencia argentina. Sin embargo fue al revés. En el medio del camino hubo que cambiar de una operación política a una militar.
P.- ¿ Qué papel cumplió Estados Unidos, que tenía excelentes relaciones con la dictadura argentina ?
R.- Hubo un acuerdo del Gobierno militar con alguien de los Estados Unidos, que indujo a Argentina a atacar pero nunca vamos a saber quién fue. Igual le pasó a Saddam Hussein cuando invadió Kuwait. Existió una trampa que preparó el imperio angloamericano, Estados Unidos e Inglaterra. No se olvide que para los estadounidenses la reina de Inglaterra es el papa. Nunca los americanos renunciaron a ese papado. Ellos estaban por independizar las islas - aún hoy lo quieren hacer - y considerarlas un Estado autónomo. A partir de ese momento Argentina nunca recuperaría las islas.
P.- ¿ Cómo entró en combates su regimiento ?
R.- Desembarcamos y hubo algunas escaramuzas. Luego parte de mi regimiento - eran 1.000 hombres - enfrentó en Puerto Darwin el desembarco de los ingleses. Yo estaba lejos, a muchos kilómetros. Mis soldados causaron muchas bajas a los ingleses. Por ejemplo, liquidaron al jefe de los paracaidistas y derribaron helicópteros. Y luego sufrimos muchos heridos, estábamos muy dispersos.
P.- ¿ Cuántos de sus soldados murieron en total ?
R.- Doce hombres que pelearon duro. Y hubo 35 heridos. El 90% de mis hombres atropelló a la bala, o sea que la bala no los atropelló a ellos, y pelearon heroicamente. El único regimiento con soldados de apenas 18 años era el nuestro. El uniforme les quedaba grande, pero pelearon como leones. Los ingleses creían que eran fuerzas especiales y como sufrieron muchas bajas se replegaron.
P.- ¿ Por qué Argentina perdió la guerra ?
R.- Perdimos una batalla. La guerra se sigue desarrollando. Esa batalla se perdió porque no hubo planificación. La primera fase, de recuperación, fue exitosa. La segunda, de defensa, falló porque de entrada nos bloquearon el abastecimiento, con aviones satelitales, submarinos atómicos, etc. Quedamos encerrados y no pudimos defenderlas.
P.- ¿ Cómo sobrevive un jefe militar a la derrota ?
R.- Una derrota es lo peor que le puede suceder a un soldado. Es una marca tremenda en el corazón. Yo siempre digo que preferiría haber muerto en las Malvinas a no volver a casa derrotados. Pero las muertes heroicas son privilegio de las buenas personas. Se ve que no soy buena persona porque no me lo otorgaron (Se ríe). Morir en combate, morir por una causa noble, es una santificación.
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Tema del Grupo Almafuerte a Seineldín
Siempre me opuse a que me pase.
Tener que callar la verdad por miedo.
Por eso perdí amigos y me gané el desprecio,
de los muchos jodidos que hay en mi suelo.
Prefiero a José Larralde, que al Che Guevara.
Guardo de un hombre grande,
guerrero nacional que hoy tienen preso.
Puede haber caballo verde más no uno de ellos honesto.
Y en ésta, mi canción, lo manifiesto.
Estas verdades me llegan por intuición,
pues jamás nunca a mi me hablo el corazón.
Y sigo en esta huella cumpliendo mi destino.
Será pecado sentirse argentino.
No lo sé!!!
Diganmelo ustedes.
Malditos mentidores.
Estas verdades me llegan por intuición,
pues jamás nunca a mi me hablo el corazón.
Y sigo en esta huella cumpliendo mi destino.
Será pecado sentirse argentino.
No lo sé!!!
Diganmelo ustedes.
Malditos mentidores.
Y sigo en esta huella cumpliendo mi destino.
Será pecado sentirse argentino.
No lo sé!!!
PEQUEÑA ANECDOTA SOBRE EL CORONEL:
La batalla por Puerto Argentino, había terminado. El Teniente Coronel inglés DAVID, encargado de la evacuación del personal argentino se acerca al Teniente Coronel Seineldín a ofrecerle su vehículo para trasladarlo hasta el campo de prisioneros, en razón de no verlo bien de salud, después d
Estos valientes soldados son algunos de muchos de los heroes que argentina tuvo durante esa guerra, algunos volvieron a su patria, pero otros calleron luchando, en defensa de la soberania de las islas, cuya guerra tenía un futuro nublado para la Argentina, teniendo en cuenta que en aquel momento nos enfrentábamos, no sólo a Gran Bretaña, sino a toda la OTAN y los demás países aliados incondicionales del Imperio Inglés.
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Heroes:
Subteniente Silva
Coronel Seineldín
Sargento Cisneros
Teniente Estévez
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Historia del Subteniente Silva:
Sus subordinados y camaradas cuentan que el Subteniente Oscar “el Sapo” Silva por no replegarse, a pesar de que estaba impartida la orden eligió desplazarse hasta las posiciones de sus hermanos los gloriosos infantes de marina del Batallón de Infantería de Marina 5 que aun resistían y se sumo a la desesperada pelea que mantenían contra un enemigo superior en numero y medios. Lo hallaron empuñand...o firmemente su fusil, caído para siempre en la turba malvinense. Pero todavía se escucha sus gritos de furia alentando a proseguir el combate.
Del liceo militar General Espejo a la Escuela Naval y por ultimo al Colegio Militar de la Nación, su carrera militar no tiene sobresalto, no busca llamar la atención al igual que todos los héroes argentinos sino nada mas que sigan su ejemplo de bien.
“Un grito de León”, el arco luminoso de una bengala rasga la noche teñida de tinieblas. Por unos instantes, el admira la estela que termina desplegando sus vigorosos rayos de luz. Pero la magia concluye enseguida. Crecen gritos en el silencio. Gritos de guerra, gritos de odio. El enemigo comienza a trepar las laderas disparando sus balas trazantes. Es la noche del 11 de junio de 1982 y la guerra se aproxima a su fin. Se ha impartido la orden de replegarse hacia Puerto Argentino pues el dispositivo de defensa nacional ha sido quebrado luego de durísimos combates.
La cuarta sección de la infantería de marina del “BIM5” al mando del teniente de corbeta Vázquez sigue en sus posiciones pero no esta sola, un puñado de hombres del ejército , perteneciente a la sección de tiradores de la compañía “A” del RI4, encabezado por el subteniente Silva se le ha unido horas antes. Silva, usando su iniciativa, ha resuelto quedarse a luchar con sus hermanos. Y ahora aguarda, fusil en mano, junto al resto de los que allí están, el combate final. La batalla entra a su punto culminante.
En el frente (Monte Tumbledown) se combatía encarnizadamente para mantener la línea de defensa, el enemigo había tropezado con una posición dura, de resistencia feroz, de fuego intenso.
"Subteniente se me trabó el FAP" grito un soldado, tomó su FAL y continúo disparando.
El subteniente Silva al ver al soldado en esa condición, sale de su pozo de zorro, destraba el FAP, y se lo alcanza a otro soldado quien nuevamente continua disparando, es el arma principal de la fracción para detener a los ingleses que atacan incesantemente las líneas defensoras.
De repente se distrae del combate,tiene una pausa, siente que le quema el hombro, el dolor es profundo, no puede mover su brazo izquierdo, mira su mano y ve correr sangre; está herido. Es sangre de valiente, sangre del que va a combatir hasta el fin por lo que cree.
Una y otra vez los han rechazado, una y otra vez vuelven, de repente el héroe se queda sin municiones, mira al rededor y ve unos de sus soldados ya sin vida a su lado. Toma su FAL y sigue disparando hasta agotar las municiones. A su alrededor sus hombres y los infantes de marina van cayendo, uno a uno. Se esta quedando solo. Silva se encomienda a Dios.
El subteniente del Ejército Argentino abandona nuevamente su posición y va en ayuda de un herido, en el trayecto de un pozo a otro, ve que el soldado, a quien había dejado con el FAP cae muerto por el fuego enemigo.
Entre el fuego y el fragor de la lucha toma al herido y lo traslada sobre sus hombros, arrastrado, agazapado, a otra posición más segura, unos treinta metros detrás.
Con el FAL en las manos dispara y avanza a la línea de fuego, recupera el FAP, es fundamental para resistir, se lo acerca a otro soldado quien también es herido, nuevamente su jefe lo arrastra como al primero y lo pone en un lugar seguro, mientras grita, da órdenes, infundiendo valor a sus hombres.
Regresa al frente, tomó nuevamente el FAP siguió disparando y gritando para conducir a algún hombre que aun quedaba.
La desproporción de tropas es tremenda, pero la resistencia argentina inscribió epopeyas en tinta de sangre.
Los ingleses intentaron una y otra vez romper la defensa desde la tarde del 13 y hasta la mañana del 14 de junio de 1982.
El heroísmo manifiesto de la resistencia ante la embestida invasora hizo que los británicos se replegaran más de una vez.
Allí estaba Oscar Augusto Silva, subteniente del Ejército Argentino, tenía 24 años y se iba a casar ese mismo año. Su voz firme y viril desgarraba su garganta al bramar: “...vamos soldados de hierro... ¡Viva la patria! ...fuerza soldados de mi patria!!!..." mil veces rugió mientras dirigía una y otra vez, mortal y certeramente el fuego de las armas defensoras de nuestra querida Argentina.
La lucha era terrible, el fuego contra el fuego, el sol despuntaba en el horizonte cuando su fracción es sobrepasada por la masa de las fuerzas enemigas.
No retroceder jamás, la dignidad y la palabra empeñada de “no ceder” era suficiente para no quebrarle el ánimo, él era un soldado del Ejército Argentino.
Miró y vio que estaban siendo arrasados, sobrepasados, tomó su fusil y colocó la bayoneta, ya se había quedado sin municiones, y con fusil armado a la bayoneta emprendió su último combate cuerpo a cuerpo.
En un supremo esfuerzo saltó de su pozo y emprendió contra los invasores de su patria. Entonces grita, emite un alarido de horroroso coraje. Es el bravo rugido del león herido y acosado por la jauría. Grita mientras hace trepidar su arma que vomita un mortal mensaje de plomo, Viva la Patria carajo!!!
Un ciego instante de eternidad que retrata su gesto, el frío viento de la mañana templó su rostro, el horizonte permitió al sol depositar en sus ojos el brillo de los héroes y fue un león rugiente, de frente, cara a cara y a la carga. Irónicamente los ingleses colonialistas no pudieron matar de frente a este león y lo abatieron a tiros por la espalda.
Murió defendiendo esa pequeña porción de terreno que representaba su Nación, su patria.
Al amanecer pasan a identificar los muertos y ven al soldado muerto que esta sosteniendo firmemente el fusil sin poderlo sacárselo.
Subteniente Oscar Augusto Silva el privilegio de los héroes marcaron tu camino y usted valiente del Ejército Argentino dejó en el turbal malvinense el último hálito de vida cumpliendo con su deber de soldado.
MONUMENTO AL SUBTENIENTE SILVA:
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Historia del Sargento Cisneros:
Nace en Catamarca el 11 Mayo de 1956. Ingresó a la ESSC en el año 1972, egresando como Cabo de Infantería en Diciembre de 1973. En 1977, hizo el Curso de Formación de Comandos.
A partir de allí se convierte en uno de los instructores más notorios del curso, influyendo decisivamente en la personalidad y el espíritu de muchos de los futuros Comandos de esa especialidad. Con el grado de Sargento, en la segunda quincena de mayo de 1982, llega a las Islas Malvinas, integrando la Ca Cdo(s) 602.
Muere heroicamente combatiendo contra fuerzas del SAS del Ejército Británico.
Por su perseverancia y fidelidad a sus principios, lo apodaban "Perro".
El Sargento Cisneros es una verdadera leyenda entre los que ostentan con orgullo la aptitud de comando, y un ejemplo para todos los que pertenecen al Arma de Infantería. Recibió la condecoración de “La Nación Argentina al Muerto en Combate”.
Durante su preparación militar, el Sargento Cisneros cumplió misiones como instructor de comandos en un destacamento militar de la provincia de La Pampa.
Al estallar el conflicto, donó el 50% de su sueldo al Fondo Patriótico y solicitó en reiteradas oportunidades ser trasladado al frente de lucha.
En mayo logra finalmente su traslado. Cuando salió de La Pampa les escribió a sus camaradas “...no me entrego prisionero, ganamos o no vuelvo”.
Cuando partió de Buenos Aires hacia el sur, le dijo a su hermano que lo acompañaba “si no vuelvo no me lloren...”.
Su nombre y sus hazañas recogieron toda la admiración de la Patria Sudamericana. En su honor llevan el nombre de Mario Antonio Cisneros la 1° sección de la Compañía de Tropas Especiales de la República de Panamá, la Compañía de Comandos “Chorrillos”, en la República de Perú, país en donde fue declarado Héroe Nacional, el Hall Histórico de la Compañía de Comandos 601en Campo de Mayo, el aula de Instrucción en el Destacamento de Inteligencia 143 en Neuquén, el aula de instrucción de Cuadros en el Destacamento de Inteligencia 162 de La Pampa, el Casino de Suboficiales de La Pampa, entre otros lugares.
En la preparación de una emboscada a soldados del grupo de élite SAS, tuvo suceso esta conversación entre el Teniente primero Quiroga y el Sargento Mario "Perro" Cisneros...
En esos momentos Quiroga aprovechó unos minutos para acercarse al lugar donde estaba Cisneros, sentado detrás de una gran piedra buscando protección. Cruzaron un par de frases y fue en ese momento que tuvo una extraña sensación. Nunca supo si por efecto de la luz de la luna, su rostro reflejó mucha paz, como presintiendo que algo le iba pasar. Lo percibió a flor de piel. Estaban a centímetros uno del otro.
-"¿Todo bien?", le dijo.
-"Sí, todo bien".
La respuesta despertó aun más su atención y sobre todo por la expresión del rostro. Quiroga insistió.
-"¿Hay algo que te preocupa? ¿Está todo tranquilo?, ¿todo bien?"
-"Está todo bien". Repitió.
-"¿Estás cansado?"
-"No, para nada. En estos momentos estuve pensando y haciendo como un balance de mi vida."
- "Pero Perro, ¿por qué ahora? No me estás hablando de cómo está el terreno más adelante o si tenemos cobertura para hacer la emboscada. ¿Por qué me hablas sobre esas cosas?"
-"No sé".
Y volvió a repetirle, en medio de un gran silencio que los rodeaba.
-"Estuve pensando sobre mi vida, recordando mi infancia, a mis padres. Y vos, ¿tuviste noticias de tu familia?"
-"Sí". Contestó.
Hablaron sobre la emboscada y lo dejó solo con sus pensamientos.
Otra vez el silencio. En esas horas desesperantes, de gran incertidumbre, Vizoso le ofreció un pedazo de chocolate. Cortó la mitad con su cuchillo y se lo pasó.
-"Le agradezco mucho su gesto, mi teniente primero. Con la hambruna que tenemos de varios días sin comer, me parece admirable que lo comparta conmigo." – (Lo dijo con voz impostada producto de no haber hablado por largo tiempo).
-"Es que los comandos debemos ser como los mosqueteros, 'uno para todos y todos para uno'. Y compartirlo con usted me permite comer a mí también", respondió restándole importancia.
Cisneros siguió hablando.
-"Aunque a usted le parezca mentira le tengo mucho aprecio, mi familia conoce a la suya y son de buena semilla, se lo digo de todo corazón porque en estas circunstancias no caben las obsecuencias."
-"Le agradezco su sinceridad y nosotros compartimos los mismos sentimientos respecto de la suya. Sabemos que son hombres de palabra", acotó el oficial.
-"Al igual que ustedes, buscamos siempre la verdad. Usted me permitió que tuviese la ametralladora y no se arrepentirá de habérmela dejado. Estoy muy contento por eso".
-"Somos personas simples. Estamos en peligro de muerte y las cosas que valoro son las espirituales y no quisiera presentarme ante el Creador sorprendido en medio de mis vicios".
-"Tiene razón, mi teniente primero pienso lo mismo. Lo único que me interesa es mantener, aun a costa de mi vida, los ideales de Dios, Patria y Familia."
-"Sargento, creo firmemente que estamos en este mundo para probar nuestro amor, mantener la verdad más allá de los sufrimientos. La mentira está por todas partes con sus atracciones que nos arrastran por el lodo, pero cuando uno se encuentra, en un lugar olvidado de Dios, con un hombre que sé los quilate que pesa, me llena de fuerza para continuar la lucha. Ambos sabemos que las cosas no están bien, a pesar de ello estoy dispuesto a dar todo de mí, cueste lo que cueste."
-"Esas últimas palabras me resultan familiares. Se las puse a mi familia en carta."
-"Usted es famoso por su perseverancia, fidelidad a sus principios y por eso le dicen el Perro. Sé que esta noche no será fácil para nosotros, pero también sé que tanto la vida actual como la muerte no tienen sentido si no pensamos en la Resurrección. Y donde los que compartimos los ideales cristianos nos volveremos a ver."
-"En la Resurrección nos veremos, mi teniente primero."
-"Sargento, en el encuentro con la eternidad hace mucho frío, tuve una experiencia muy desagradable en la cordillera de los Andes. Me siento entumecido. Allí aprendí que la unión hace la fuerza. ¿Por qué no nos juntarnos espalda contra espalda y conformamos nuestros sectores de fuego?"
- "Estoy de acuerdo."
Y así lo hicieron. El Perro quedó mirando hacia la izquierda y Vizoso hacia la derecha y en mejores condiciones para enfrentar al enemigo.
Callaron, ensimismados en sus pensamientos. Pasaron varias horas. Cerca de la medianoche los cañones del enemigo dejaron de tronar. Sobrevino la calma.
Sabían que la muerte acechaba. Repentinamente, el cielo se encendió con una intensa luz que iluminó la zona de combate.
Las bengalas buscaban señalar los objetivos para la artillería. Desde su posición divisaron los fogonazos de las bocas de los cañones. El fuego no duró mucho. No dijeron nada. De nuevo el silencio. El intenso frío los afectaba cada vez más. Ateridos, entumecidos, las manos doloridas por el contacto con el helado acero de las armas.
Los ingleses aparecieron como buscándolos, desplazándose hacia la zona de muerte de la emboscada. Eran las fuerzas de elite del SAS.
Vizoso recuerda: "Su presencia había sido advertida por el escalón de seguridad del teniente Rivas que estaba ahí y nosotros del otro lado. Mientras daban la voz de alarma, dejaron pasar la vanguardia inglesa compuesta por alrededor de 10 soldados, lo que indicaba que se trataba de una fuerza completa de entre 20 y 30 hombres. Entraron por la derecha y nosotros estábamos casi en el extremo izquierdo, y por esas cosas de la guerra, el alerta rojo no llegó al escalón apoyo que integrábamos Cisnero y yo”. De pronto, sintió tensionada la espalda de Cisnero. Giró la cabeza hacia él, sorprendido. Vio cuando abrió fuego con la Mag.
En aquella emboscada a un grupo de comandos de elite ingleses, el perro murió del impacto de un cohete Law, de 66 mm, que dio de lleno en su pecho que lo mató instantáneamente.
La onda expansiva levantó a Vizoso por los aires, que cayó pesadamente sobre las rocas. Cuando reaccionó, le preguntó a su compañero
-"¿Qué te pasa hermano?"
El silencio fue la única respuesta. Lo dio vuelta tomándolo con sus dos manos. Estaba muerto, con los ojos muy abiertos. Quiso tomar la ametralladora, pero el pedazo más grande era una parte de la culata, otro de la armadura y tramos de la banda con municiones. Después de enfrentar a los ingleses con heroísmo, herido y sangrante, escuchó la llamada de sus camaradas. Estaba salvado. Se dio vuelta y saludó al inerte sargento.
-Chau, Perro, hasta el encuentro con la eternidad. Lo tocó y se fue casi desangrándose.
Escrito encontrado en la libreta de combate del Sargento Mario Antonio "perro" Cisneros. Caído en combate en la Gesta de Malvinas en 1982.
Oh Dios, señor de los que dominan, Guía Supremo que tienes en tus manos las riendas de la vida y la muerte.
Escúchame:
Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate, y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo. Haz que te sea fiel en la guerra, como lo fui en la paz. Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegren mi corazón. Haz que mi espíritu no sienta la sed, el hambre, el cansancio y la fatiga, aunque lo sientan mis carnes y mis huesos.
Haz que mi alma, Señor, esté siempre dispuesta al sacrificio y al dolor, que no rehúya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto de combate, la guardia mas dura en la trinchera, la misión más difícil en el ataque. Pon destreza en mi mano para que el tiro sea certero, y caridad en mi corazón. Haz, por favor, que sea capaz de cumplir lo imposible, que desee morir y vivir al mismo tiempo. Morir como tus Santos Apóstoles, como tus Viejos Profetas, para llegar a Ti. Señor te pido que mi cuerpo sepa morir con la sonrisa en los labios, como murieron tus mártires.
Te ruego mantengas mi arma en vela y mi oído atento a los ruidos de la noche. Te pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día y por mis jornadas de sed, hambre, fatiga y dolor. Si llegara a cumplir estos anhelos, podrá entonces mi sangre correr con júbilo por los campos de mi Patria, y mi alma subir tranquila a gozarte en el tiempo sin tiempo de la eternidad.
Señor, ayúdame a vivir, y de ser necesario, a morir como un soldado.
Concédeme Oh! Rey de las Victorias, el perdón de la soberbia. He querido ser el soldado mas valiente de mi Ejército y el argentino más amante de mi Patria. Perdóname este orgullo, Señor.
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TENIENTE ESTÉVEZ:


Teniente Roberto Néstor Estévez condecorado post mortem con la medalla “La Nación Argentina al heroico valor en combate”
Hago este pequeño homenaje sin desmerecer a los demás soldados que participaron en el conflicto de Malvinas
El Teniente Roberto Néstor Estévez nació un 24 de febrero de 1957. Era del signo de Piscis. Oriundo de Posadas, Misiones, era el séptimo de nueve hermanos. Hijo de Rober...to Néstor Estévez y Julia Berta Benítez Chapo. El “Toto” como le decían quienes lo querían, era un personaje.
Con tan sólo ocho años de edad, había hecho una historieta muy bien dibujada, donde el héroe de la misma, Rob-Dick (Rob, de Roberto, y Dick, vaya a saber por qué) era un gaucho con capa que libraba distintas aventuras, todas con un sentido nacional. Las historietas de Rob-Dick se extendieron durante cuatro años, y durante ese tiempo, el superhéroe nacional iniciaba una campaña para recuperar las islas Malvinas (de allí la mención que hace Estévez a su padre, en la carta póstuma: “…¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todo destinado a recuperar las Islas Malvinas?…”)
Fanático lector, era común que se quedara dormido con la luz encendida. De todos los temas que gustaba leer, su predilecto era la Historia Argentina. Inteligente y crítico, cuestionaba todo lo que no le parecía justo o verdadero, al extremo de que las maestras lo echaron varias veces del aula. No soportaba la mentira.
Solía decir, desengañado por lo mucho que le costaba todo, que era producto de que escribía con la mano izquierda, porque para los zurdos el mundo era al revés. No se daba cuenta de que justamente, el iba por el recto camino, y que era el mundo, quien iba, y sigue llendo, al revés.
Todo lo que se proponía no paraba hasta lograrlo. Sus metas no se las sacaba nunca de la cabeza. Descubierta su vocación militar, un amigo le comento que los zurdos no entraban al Colegio Militar porque tenían problemas para manejar las armas y disparar. Estévez tenía diecisiete años. Frente a la posibilidad de quedarse sin ingresar a la Colegio Militar De La Nación aprendió a escribir y manejarse con la mano derecha. De lo que resultó, ambidiestro.
Inicialmente, Estévez decía que quería entrar al arma de Caballería, pero una vez en tema, se le escuchaba que prefería la Infantería porque sentía más ambiente de camaradería.
Ya en las FFAA se destacó por su voluntad y esfuerzo, amén de su gran inteligencia.
En su destino en el Regimiento 25 recibió el premio “Al mejor Infante”, además de ser distinguido con el honor de ser abanderado.
Sobresalió entre sus camaradas por su gran profesionalismo, su capacidad, y también, cuando la férrea disciplina lo permitía, por su alegría.
Excelente amigo y compañero; le gustaba toda la música, desde el chamamé hasta la clásica.
Dueño de una personalidad llana; hombre franco y directo, poseía una fe inquebrantable. Era un ferviente católico.
Queriendo ser el mejor en su especialidad, realizó el curso de Comandos a fines de 1981 y comienzo de 1982.
Su familia lo vio por última vez en ocasión de dicho curso, al realizarse el adiestramiento en la parte de “selva”, justamente en la provincia de Misiones, de donde eran oriundos.
Cuando el Teniente Estévez desarrollaba el Curso de Comandos en la Escuela de Infantería, durante el año 1982, durante el desarrollo de una exigente ejercitación propia de la especialidad, tuvo un paro cardíaco. El médico que lo atendió, no obstante declararlo muerto, continuó prodigándole los auxilios correspondientes; milagrosamente, reaccionó. En forma inmediata, sufre un segundo paro, del que vuelve a recuperarse. Fue enviado al Hospital en forma inmediata. Todos se quedaron sorprendidos cuando, al día siguiente, se presentó para continuar el curso y lo finalizo con éxito.
Sin duda, el Señor prevé los mejores destinos para sus mejores hijos.
Posteriormente Estévez es destinado al Regimiento de Infantería Mecanizado 25.
Partió a Malvinas el día 27 de marzo de 1982 con el convencimiento de que no regresaría.
La carta póstuma para su padre y su familia quedó en el Regimiento, y les fue entregada a los familiares en julio de 1982, una vez conocido su fallecimiento, junto con sus objetos personales y una carta para su novia.
A continuación relato de un soldado que lucho con este bravo oficial:
“Ingresé en febrero de 1982 en el Regimiento de Infantería 25, que tiene asiento en la localidad de Sarmiento, provincia del Chubut. A poco de haber llegado, los que teníamos estudios fuimos separados del resto de los soldados conscriptos. Yo estaba cursando la carrera de analista de sistemas en el primer año; me ubicaron en la sección de aspirantes. El Teniente Roberto Néstor Estévez, quien posteriormente dejaría un recuerdo imborrable en todos nosotros, fue el que nos seleccionó personalmente uno a uno.
Comenzó una instrucción, que no vacilo en calificar de dura y severa, hasta el 24 de marzo a cargo de Estévez, que pertenecía el grupo de Comandos, y su segundo jefe de sección, el Cabo Primero Faustino Olmos, también de esa misma especialidad.
La instrucción era diurna y nocturna con todo tipo de armamentos, teórica – práctica, y estaba destinada solamente a este grupo seleccionado, que yo, gracias a Dios, tuve la suerte de integrar. Debo añadir que esta instrucción fue altamente valiosa a la hora del combate y Estévez, un jefe calificado que no sólo se preocupaba por nuestro estado físico sino también por nuestra espiritualidad, no cesaba de darnos ánimo y valor con sus propios gestos personales. Les cuento un ejemplo:
Allá, en el sur, hay unos pastos ásperos y filosos llamados coirones y durante nuestros habituales “cuerpo a tierra” y posteriores deslizamientos, tratábamos de evitarlos. Al darse cuenta de esto, Estévez hizo él mismo el ejercicio, sin importarle las lastimaduras que tales matas le ocasionaron, y luego nos dijo: “Si están en pleno combate, no van a tener tiempo de bordearlos, la guerra es así”.
Este tipo de ejemplos estaban muy a tono con su naturaleza de persona de una alta moral, ética y honor. Y sólo tenía 24 años. Nosotros, los AOR (Aspirantes a Oficiales de Reserva) en la mitad de la noche, más de una vez fuimos levantados y nos hacían salir a correr sorpresivamente bajo fina lluvia o nevisca, sólo vestidos con pantaloncitos cortos y ballenera (remera de manga corta).
Y como decía Nietzsche, lo que no te mata te fortifica. Ese fue nuestro caso. Del inicial grupo escogido, cuarenta y cinco, quedamos cuarenta. Y esos cuarenta fuimos a Malvinas.
Aquel inolvidable 2 de abril nos tocó desembarcar al mediodía y nos sentíamos muy orgullosos en razón de pertenecer al único elemento del Ejército que participó de la operación de neto corte aeronaval en aquel momento. A bordo del Almirante Irizar fuimos partícipes de una tocante ceremonia que nos concernía de un modo muy especial.
Como no habíamos tenido tiempo de jurar la bandera se organizó para nosotros una jura de nuestra enseña nacional, que tuvo el carácter de provisoria y levantó nuestro orgullo hacia las nubes. Y ahí nos enteramos de que íbamos a Malvinas. Puedo afirmar que, entre lágrimas y abrazos, ahí mismo se terminó de consolidar nuestro grupo.
Estuvimos brevemente en Puerto Argentino y luego, a bordo del barco Isla de los Estados fuimos enviados a Darwin con el objetivo de tomarlo. Nuestro grupo de AOR era parte de la Compañía C, formada por tres secciones, Gato, Bote (la de Estévez) y Romeo, a cargo de Gómez Centurión. Entre el 4 y 5 de abril nos asentamos en Darwin y comenzamos nuestras tareas de limpieza, minado y excavación de “pozos de zorro” y puestos de ametralladora. Nuestro jefe directo era Estévez y el jefe de la compañía, el Teniente Primero Daniel Esteban. Yo era tirador de MAG (ametralladora pesada) y fui elegido para eso debido a mi buena puntería en aquellos ejercicios anteriores en Chubut. Disponíamos de 2 MAG, 2 lanzacohetes y fusiles FAP y FAL. Nuestra base de operaciones era una escuela kelper construida íntegramente de madera, que constaba de dos pisos; ahí estaba ubicada la compañía C. Recuerdo que, faltando algo de raciones, algunos oficiales y suboficiales se fueron a cazar avutardas y durante tres días esos pajarracos fueron parte distinguida de nuestro menú. Disponíamos de un buen equipo de abrigo, muchas medias de recambio y guantes que nos protegían manos y pies del frío.
El 1º de mayo, a las 8 de la mañana, los Harrier ingleses atacaron a los Pucará estacionados en el aeropuerto de Darwin. Nosotros estábamos ubicados a unos 500 metros del aeropuerto y vimos perfectamente todo. Darwin es un caserío, una especie de pequeña bahía, todo bastante plano geográficamente hablando. Luego del ataque abandonamos la escuela y nos instalamos en nuestros “pozos de zorro”. De ahí en más, el agua y el frío fueron nuestros íntimos compañeros. Recuerdo que rezábamos al levantarnos y al acostarnos. En los respiros que nos daban los desayunos hablábamos de nuestras respectivas familias y el hecho histórico y singular que estábamos protagonizando. Todas esas cosas no hacían más que reforzar la alta moral que, inculcada por la labor encomiable de Estévez, existía en el grupo. Debo añadir que el día 24 de abril hicimos nuestro juramento oficial a la bandera en suelo malvinense, privilegio que, creo, nadie lo tuvo. La compañía se dividió. Rumbo a San Carlos marcharon Esteban y los suyos al caserío de Darwin, Gómez Centurión con su gente y nosotros quedamos en nuestros “pozos de zorro” a cargo de Estévez. Y permanecimos en aquel sitio hasta el 27 de mayo, momento en que el Teniente Coronel Piaggi le ordenó a Estévez que debíamos marchar hacia la primera línea de combate, debido a que los ingleses, que habían desembarcado en San Carlos el 1º de mayo, avanzaban hacia Darwin y ya se habían producido enfrentamientos con efectivos del Regimiento de Infantería 12. Según nos testimonió el capellán militar padre Mora, al recibir la orden, Estévez se puso contento. “Era lo que estaba esperando”, dijo. A las 2 de la madrugada del 28 de mayo llegamos a Boca House (Casa Boca), sitio cercano al cementerio de Darwin que ya era zona de combate. Al hacerlo, nos cruzamos con gente del Regimiento 12, a cargo del Subteniente Peluffo, que venía de combatir. Estévez nos hizo desplegar en abanico y quedamos distribuidos allí. Luego, a la derecha del abanico, entró en contacto con el enemigo y nosotros, que aún no estábamos en las posiciones que debíamos ocupar, según las órdenes recibidas, nos unimos con los del 12 para permitirles un respiro pues, mientras ellos se replegaron, nosotros contraatacamos. Al hacerlo, chocamos con la compañía A del batallón de paracaidistas ingleses, que tenía unos ciento cincuenta efectivos y estaban muy bien armados. Se peleó muy duro, sin dar ni pedir cuartel, en un combate que desde las 5 de la mañana se prolongó hasta casi las 10. Fueron casi cinco horas de auténtica estadía en el infierno. Nosotros efectuamos tres repliegues y sucesivos contraataques. Ellos tenían apoyos de las fragatas que estaban en San Carlos y de artillería, combinada con los Blowpipe (misiles antiaéreos) que barrían el terreno. La disparidad de fuerzas era abrumadora a favor del enemigo. Al hablar de lo que fue ese combate, recuerdo las balas trazantes que iluminaban la oscuridad, los morterazos, los gritos de dolor y de furia con que unos a otros nos animábamos. Debido a la elevada preparación física espiritual con que contábamos, durante el combate estábamos calmos, tranquilos. La angustia previa al choque con el enemigo nos había tenido nerviosos, pero ahora, en plena lucha, las cosas se revelaban tan simples como terribles. Y en la sencillez del “matar o morir” todo estaba resumido. Yo estaba a cargo de una de las dos MAG que teníamos y Zabala, otro soldado conscripto, era mi cargador de municiones. Desde nuestro puesto disparaba a todo lo que veía o creía ver frente a mí. De pronto, un proyectil de mortero cayó muy cerca de nosotros. El pobre Zabala recibió de lleno las esquirlas y murió en el acto. Yo recibí impactos de esquirlas en el perineal izquierdo. Recuerdo que antes de perder la lucidez, atontado por la onda explosiva, le pedí a Dios que no me dejara morir allí. Realmente no sé cuánto tiempo estuve inconsciente o atontado. Luego, sin soltar mi MAG, me arrastré hasta un pozo cercano mientras sentía la tibieza de la sangre en mi piel y no sabía qué tan herido estaba. Me zambullí en el pozo y encontré que allí había soldados del 12.
Ese pozo era como tener una butaca para contemplar el infierno. El Cabo Castro había intentado llegar también al pozo donde yo estaba cuando un proyectil de fósforo lo alcanzó y lo envolvió, convirtiéndolo en una antorcha humana. Oíamos sus gritos desgarradores. El pobre decía: “¡Rodríguez, máteme!”- gritaba mientras se quemaba vivo.
A Romero, otro soldado que estaba allí, le gritó lo mismo, pero nadie se atrevió a dispararle y terminar con su agonía. Un rato después no escuchamos más su voz; que Dios lo tenga en la gloria.
Y llego en mi relato a lo que considero el instante supremo del combate, desde mi situación personal por supuesto. No hay que olvidar que en medio de ese caos del combate muchos estaban sufriendo experiencias únicas e indelebles. La que les narro a continuación fue la mía:
El Teniente Estévez estaba recorriendo las posiciones, gritando órdenes a derecha e izquierda, todo esto, repito, bajo el terrible fuego enemigo. Al salir del pozo contiguo al mío recibió dos balazos en el brazo y pierna izquierda, respectivamente. Tambaleándose, llegó al pozo donde yo me encontraba. Este valeroso oficial, sin preocuparse de sus propias heridas, me preguntó por las mías, pues yo estaba ensangrentado. Le contesté que podía arreglármelas. Estévez tomó un FAL y comenzó a disparar; luego, por radio estuvo dando nuevas órdenes. Mi MAG la tomó otro soldado del 12 y abrió fuego contra el enemigo. Ese soldado recibió un balazo en la cabeza, obra de francotiradores –los que mayores bajas causaron en nuestra dotación– y cayó muerto. Éramos cinco en el pozo en ese momento. Comenzamos a soportar fuego directo de morteros y las cercanas explosiones de los proyectiles que caían nos arrojaban lluvia de tierra sobre nuestras cabezas. Estévez, lo repito, sin importarle sus heridas, tomó el casco del soldado muerto del 12 y me lo colocó en la cabeza para protegerme, ya que nosotros usábamos boinas verdes y eso no protege nada ante una bala o una esquirla.
En ese momento recibió un nuevo balazo en el pómulo derecho y se desplomó pesadamente a mi lado. Tratamos de auxiliarlo y le oímos decir algo, que nadie entendió, y luego expiro. Como estaba cargado de granadas, cualquier proyectil podía impactarlas y volarnos a todos, se las quitamos y sacamos el cuerpo fuera del pozo. Luego, afuera, su cuerpo de héroe recibió numerosos balazos más, quedó casi irreconocible y la prueba de esto es que luego del combate lo reconocieron por la manera especial que tenía, como lo hacen los comandos, de atarse los cordones de los borceguíes. Tomé la radio y después de algunos intentos logré comunicarme con el Teniente Coronel Piaggi y le informé que Bote (nombre clave de Estévez) estaba muerto. Le pedí instrucciones: “Esperen y aguanten hasta que lleguen los Pucará de apoyo”- me contestó. Los Pucará nunca llegaron. Entretanto, los ingleses habían logrado tomar las alturas y desde allí su fuego nos estaba acribillando. El Subteniente Peluffo, para evitar un inútil derramamiento de sangre, ya que habíamos agotado todas nuestras municiones, alzó la bandera blanca y todo terminó para nosotros. Recuerdo que en nuestras posiciones los muchachos se pusieron a fumar o comer chocolates y caramelos, embargados de una total tranquilidad y satisfacción por haberse batido como bravos.
Al tomarnos, nos registraron como prisioneros y los ingleses descubrieron que teníamos ocultos cuchillos y “ahorcadores” (tanzas usadas para estrangular) y algunos recuerdos de tropas británicas que habíamos conseguido después de desembarcar. Eso, más que nada, los hizo entrar en furia y nos golpearon. A mí, que estaba herido en el suelo, tendido sobre un chapón, me propinaron un puntapié.
Debí soportar, como todos mis compañeros, el interrogatorio de la inteligencia inglesa. El hecho de tener prisioneros “boinas verdes” en San Carlos y Darwin y la enconada resistencia que les opusimos les hacía no creer que cincuenta efectivos con sólo dos MAG, dos lanzacohetes y fusiles, hubieran podido detener a toda una compañía de tropas altamente especializadas, obligándolas a replegarse tres veces durante aquellas cinco horas infernales. Así fue, ciertamente, el combate de Goose Green o Pradera del Ganso. Algunos pocos soldados del 8 y del 12 y nuestra sección AOR dio material al jefe del comando inglés, Brigadier Mayor Julián Thompson, que en su libro No pic-nic describió la dureza de esta batalla que retrasó considerablemente los planes ingleses de tomar Darwin.
También supe que en otra acción durante el 29, el Teniente Coronel Jones, Jefe del Batallón de paracaidistas ingleses, murió en un choque con las fuerzas de la sección Romeo, a cargo del Subteniente Gómez Centurión.”
El Teniente Estévez es un argentino ilustre, ilustre no por que lo adornaran las luminarias del éxito mundano y el reconocimiento publico, sino todo lo contrario, podemos decir que es tan heroico como anónimo. Como esas obras de arte medieval que los autores no firmaban, pues solo les interesaba el reconocimiento que Dios le pudiere dar a la misma y que por ello la hacían, para agradarlo.
En esta Argentina democrática donde cualquier héroe es desvalorado por historiadores o politicos de hoy, parecería que es mejor que nuestro Teniente Estévez sea casi ignorado. No hace falta ser conocido para ser héroe y si parece hacer falta los autógrafos y el foco de luz para los antihéroes, de costumbres degradadas y alma negra.
Por todo ello queremos hoy rescatar algunas cosas importantes de este joven que viviera una corta y fecunda vida, mas fecunda que la de muchos viejos que han pasado la suya tratando de salvarla, sustrayéndose al riesgo, al peligro, a la lucha.
La caída en combate de nuestro Teniente en la batalla de Pradera del Ganso durante la gesta de Malvinas nos lo muestra como un gaucho argentino cabal, con todo lo que conlleva ello, la espiritualidad netamente católica. La valentía: va al primer lugar del combate a poner el pecho al fuego del invasor colonialista para cubrir la retirada de sus camaradas. El resignado espíritu de sacrificio que nos recuerda aquella frase evangélica “No hay nada mas hermoso que dar la vida por los amigos”. Le dice al capellán que era “justamente lo que esperaba” estar en la primera línea de combate cubriendo el repliegue de una compañía, aquella terrible noche del 28 de mayo, cuando los ingleses se empeñaron a pleno con los paracaidistas y la infantería de marina apoyados por las fragatas.
Nuestro teniente, le enseñaría al enemigo como lucha y como muere un gaucho argentino. No rindió su posición cuando cualquier otro militar extranjero la hubiera evacuado estando el enemigo ingles a menos de 100 metros, perforado por varios balazos seguía combatiendo y dando órdenes a sus subordinados. Claramente manifestó que no se replegaría.
Desde chico demostró inclinaciones nacionalistas y patrióticas, lo cuenta en la carta póstuma que dirige a su padre. Ya en aquel entonces el anhelo de Roberto era a servir a algo que intuía superior, a esa unidad de destino que luego amaría locamente por amor a Dios: la Argentina.
Ya en aquel entonces la causa Malvinas estaba presente en su espíritu. Hasta sus juegos de niño estarían orientados a la recuperación de la soberanía conculcada de la Patria y así se rebelaría su vocación tendiente a defenderla.
En el momento supremo de luchar no se preguntó si era oportuno hacerlo. No actuó con la mente de un político, sino con la de un patriota dispuesto a entregarlo todo sin pedir absolutamente nada. Es que el patriotismo llevado a la heroicidad implica la magnanimidad. Aplicar la grandeza del alma ordenada a las necesidades superiores de la Patria y de ser necesario como en el caso de nuestro Teniente a morir por ella. Nada tenia mas valor para él que cumplir con ese mandato, ni su propia vida ofrendada si se quiere con terquedad y empecinamiento, un santo empecinamiento.
Su patriotismo no era meramente sentimental sino que era esclarecido, sabia perfectamente quien era el enemigo y cual era el poder que tenia. Sabía que ese poder era el sionismo, el imperialismo norteamericano y el Poder Internacional del Dinero y finalmente sabía que iba a enfrentarse a ese poder encarnado en los británicos.
Una anécdota nos ilustra al Estévez soldado y su espíritu de sacrificio. Sus ansias de tener conocimientos y dotes técnicas lo llevaría a seguir el curso de Comandos en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Durante uno de los durísimos ejercicios sufre un paro cardio respiratorio. Ante esto casi siempre los alumnos abandonan el curso. Estévez continuo y pese a todo concluyo con éxito el mismo. Ya era conocido desde el Colegio Militar como un soldado de tomo y lomo que no solo ordenaba y marcaba el camino a seguir sino que era el primero en recorrerlo. Si bien era férreo en el mando también era al mismo tiempo un gran camarada. Ser soldado, esa era su misión. No le interesaba y le parecía detestable seguir la carrera militar para tener una profesión de prestigio y un sueldo relativamente pasable o como era común en ciertos casos para practicar equitación o aprender a jugar al polo, lograr ascenso social y revestirse de oropeles de falsa aristocracia.
Tenia una clara visión política, ante el hecho Malvinas. Advierte sagazmente y evaluaba que había un retorno a la Religión Católica, se producía una unidad en Hispanoamérica que contradecía a la “farsa liberal”. Se lograba unidad nacional ante la causa común y especulaba con tirar por la borda 132 años de claudicaciones para que brillara de nuevo la Argentina Católica e Hispánica. Ese es el modelo de soldado al que aspiramos como nacionalistas. Ese será el modelo en el que forjaremos las futuras Fuerzas Armadas Argentinas si Dios nos lo permite
Como podemos ver el espíritu del Teniente es el espíritu de la Gesta de Malvinas, espíritu de gauchos, de patriotas y de soldados, Ese espíritu que nos hizo ver que debajo de la hojarasca, debajo de la basura que ya se descargaba contra nuestra Patria, aun había un resplandor de gloria esperando ser rescatado. Un resplandor que hoy a un cuarto de siglo después, y mas allá de la traición y la destrucción sufrida, aun se encuentra allí destellando bajo la turba junto a los huesos sagrados de nuestros queridos muertos.
A continuación la carta que escribió el Teniente Estévez la cual se convirtió en documento histórico nacional:
Querido papá,
Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. El, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión? ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?. Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.
Lo único que a todos quiero pedirles es:
1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.
2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante,
3) que recen por mí.
Papa, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.
Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo.
Dios y Patria ¡O muerte!
Roberto
Algunos fragmentos del principio del relato pertenecen al libro "Estévez, vida de un cruzado" del autor Federico Gastón Addisi.
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HISTORIA DEL CORONEL SEINELDÍN:
Mohamed Alí Seineldin nació en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Rios, el 12 de noviembre de 1933 y murió el 2 de septiembre de 2009 en Buenos Aires, luego de un ataque cardíaco. Es un ex militar argentino. Fue oficial del arma de infantería egresado del Colegio Militar de la Nación, paracaidista, comando, buzo Táctico de la Infantería de Marina egresado en Mar del Plata, oficial de Estado Mayor de la Escuela Superior de Guerra. Instruyó y dirigió las fuerzas de elite de la República de Panamá. Fue instructor de numerosos comandos de oficiales y suboficiales argentinos en el Colegio Militar y en la Escuela de Infantería instruyó a hombres de las tres FFAA y de las fuerzas de seguridad. El 2 de abril de 1982 comandó al heroico regimiento de Infantería 25 que peleó bravamente y asestó muchas bajas a los británicos. Los soldados veteranos aún hoy veneran a Seindelín, porque recuerdan que los acompañó en las trincheras.
Fue condenado a cadena perpetua por el levantamiento carapintada de diciembre de 1990. Pero en el 2003 recibió el indulto presidencial de Eduardo Duhalde. Mezcla de cruzado y falangista, el coronel Mohamed Ali Seineldin encarna al prototipo de militar católico y nacionalista de Argentina. A diferencia de algunos de sus pares no fue denunciado por corrupción, ni asesinato de opositores, ni torturas durante la dictadura de 1976 a 1983.
Murió a los 75 años y la ministro de Defensa de Argentina, la ex terrorista Nilda Garré, prohibió que reciba los honores de militar atento a su jerarquía.
Sus estudios primarios y secundarios los realizó en Concordia, ciudad hasta donde se trasladó su familia. En 1957 egresó del colegio militar de la Nación, con el grado de Subteniente del arma de infantería. Su primer destino militar fue en la ciudad de Monte Caseros, en Corrientes; posteriormente, prestó servicios en la Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral" y en el Colegio Militar de la Nación, establecimientos de formación de los futuros suboficiales y oficiales del Ejército Argentino.
Más tarde fue jefe de una compañía de paracaidistas en Catamarca. Cuando completó sus estudios superiores en la Escuela Superior de Guerra, se le otorgó el título de Oficial de Estado Mayor. Luego se desempeñó como profesor en esta misma escuela. Colaboró en los planes de estudio de diversos organismos de la Policía Federal Argentina. Fue jefe de los cursos de "Comandos" del Ejército; y participó en el operativo Independencia de la Provincia de Tucumán.
Como consecuencia de su manifiesta oposición al relevo del Comandante en Jefe del Ejército, General Numa Laplane, por cuanto vislumbraba que este episodio no era aislado sino que formaba arte de una estrategia para el desplazamiento del Gobierno Nacional, fue relevado de sus funciones en la Escuela de Infantería, en 1975. No obstante, fue seleccionado para la formación y conducción de una unidad especial de "Comandos" para la prevención de atentados terroristas durante la realización de la Copa Mundial de Fútbol de 1978.
En oportunidad de suscitarse el conflicto con Chile, fue trasladado hacia la Patagonia. En 1981 y 1982 fue Jefe del Regimiento de Infantería 25, en Sarmiento, provincia de Chubut. El 2 de Abril de 1982 compartió, con esta Unidad militar, el honor del desembarco en las Islas Malvinas; las páginas de gloria que este Regimiento logró se forjaron con los actos del heroísmo y los éxitos en el cumplimiento de las misiones asignadas.
Luego de su ascenso al grado de Coronel, en 1984, fue asignado a la República de Panamá como Agregado Militar, por el Gobierno Nacional. En ese cargo se desempeñó durante 1985 y 1986; concluido ese período y, por especial solicitud del Gobierno de Panamá, le fue extendida su comisión en ese país en el carácter de "Asesor Militar". Desde ese puesto clave, contribuyó a la formación del Ejército de Panamá, comenzando con sus Institutos de Formación. Cuando los Estados Unidos invadieron Panamá, en 1998, fue el único militar argentino que rechazó públicamente esta arbitrariedad.
Alzamiento carapintada
En 1988, Seineldín encabezó la rebelión militar carapintada de Villa Martelli, durante la presidencia del marxista Raúl Alfonsín. La rebelión concluyó con un acuerdo entre el líder carapintada y el Gral. Isidro Cáceres (jefe del ejército).
Seineldín, fue el líder del alzamiento carapintada contra el gobierno pro estadounidense de Carlos Menem del 3 de diciembre de 1990, donde unos 50 soldados se hicieron con el control de instalaciones militares de la provincia Buenos Aires. El mismo día, el gobierno declaró el estado de sitio durante 60 días. Los rebeldes se rindieron el 4 de diciembre y ese mismo día se levantó el estado de sitio.
Un tribunal militar condenó a los oficiales rebeldes a períodos de cárcel que oscilaban entre los 12 años y el "encarcelamiento indefinido".
Su participación en los Pronunciamientos militares argentinos tuvieron el único objetivo de impedir la disolución de las Fuerzas Armadas, espiritualmente afectadas tras Malvinas y la lucha contra la Subversión. Conocedor de los planes internacionales para con Latinoamérica, buscó, a través de éstas manifestaciones, impedir que se cumplieran los esquemas contra las Fuerzas Armadas propuestas por el señor el ex presidente de Estados Unidos Bush, en su "Manual para destruir a las Fuerzas Armadas de Latinoamérica".
Desde el 3 de diciembre de 1990 cumplió condena por "tiempo indeterminado", en el Penal Militar de Campo de Mayo, por amar a su Patria y ser fiel al Ejército de la Nación Argentina. El 20 de mayo de 2003, con un indulto del ex Presidente Eduardo Duhalde, recupera su libertad.
Posiciones
Se consideraba a sí mismo un oficial encuadrado dentro de la rama nacionalista del Ejército argentino, vinculada históricamente a José de San Martín, Juan Manuel de Rosas y Juan Domingo Perón. Por esto último muchos simpatizantes del Partido Justicialista reivindican públicamente su figura y lo consideran un auténtico héroe nacional de la guerra malvinense, además de haber sido condecorado por el propio General en vida. Era Presidente Honorario del Comando Superior Peronista.
También:
Crítica al Fondo Monetario Internacional.
Se opone a la política intervencionista de Estados Unidos.
Ataca la política de israelí en Palestina.
Se opone al modelo neoliberal y a la globalización.
Es nacionalista.
Declaró su preocupación por la revolución mundial anticristiana y contra el enemigo invisible que controla el Nuevo Orden Mundial.
Habla de refundar la República.
Reclama de la falta de representatividad.
Estuvo enfrentado a la junta militar liberal en 1976.
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Panamá
En medio del silencio del generalato de escritorio, el coronel Seineldín, vistiendo uniforme de combate, el 20 de diciembre de 1989, leyó un pronunciamiento de solidaridad con el pueblo y las Fuerzas de Defensa de la hermana República de Panamá titulado: Severa condena a la agresión imperialista en Panamá. El general Isidro Bonifacio Cáceres no dudó en aplicar 10 días de prisión a quien había osado defender la soberanía nacional de la tierra de Torrijos, fragmento de la Patria Grande Latinoamericana.
A continuación transcribimos los aspectos más salientes del comunicado de Seineldín:
"Con dolor espiritual comparto la justa indignación y el sufrimiento de las Fuerzas de Defensa y el Pueblo de la hermana república de Panamá, martirizados por la agresión al principio de soberanía nacional que dio fundamento a todos los estados de América, incluido el de la potencia agresora.
Como militar argentino he desarrollado una prolongada misión profesional en Panamá, contribuyendo a la consolidación de sus fuerzas armadas y en cumplimiento de objetivos superiores de la política exterior argentina.
De la misma manera que en 1982 la república de Panamá se solidarizó con la causa de Malvinas, hoy nuestra hombría de bien nos obliga a declarar públicamente lo siguiente:
Se ha quebrado el principio de autodeterminación de los pueblos.
Se ha roto la solidaridad debida entre los Estados americanos, ejerciéndose de hecho la intervención directa en asuntos internos de una Nación soberana, en violación del Derecho internacional y americano.
Se ha creado un precedente peligroso, que afectará la seguridad hemisférica.
Se han generado serias dudas acerca de la sinceridad de las intenciones del cumplimiento del Tratado Torrijos-Carter, que importa el reintegro a Panamá de la plena soberanía sobre el Canal.
Señores Jefes, Oficiales y Suboficiales del Ejército Argentino, compatriotas argentinos y americanos todos:
La causa de Panamá es la Causa de Malvinas.
Ayer fue Hungría y Suez.
En 1982, Afganistán y Islas Malvinas.
Hoy es Rumania y Panamá.
Fortalezcamos nuestro ánimo e iluminemos nuestra inteligencia frete a los hechos actuales y eventuales futuros, reflexionando con el Libertador San Martín a propósito del bloqueo anglofrancés a nuestras tierras: Lo que no puedo concebir es que haya americanos que, por un indigno espíritu de partido, se unan al extranjero para humillar a la Patria; una tal felonía ni el sepulcro los hará desaparecer.
El año 2000 nos encontrará unidos o dominados. ¡Latinoamericanos, ahora o nunca!"
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Entrevista
(Entrevista concedida a el diario "El Mundo" en donde por primera vez habla con la prensa escrita española de lo que vivió durante la guerra de Malvinas)
Pregunta.- ¿ Por qué dieron el salto de ocupar las islas ?
Respuesta.- En 1977 yo me presenté en el Estado Mayor del Ejército para preparar la hipótesis de guerra Malvinas. Mi jefe la rechazó y me dijo: "No podemos ir contra Gran Bretaña, contra Estados Unidos". Me trató como si estuviera borracho. Sin embargo, cinco años después sucedió la recuperación. Entonces, hay que concluir que en lo de Malvinas actuó la Providencia, yo creo en la Providencia.
P.- ¿ No hubo una planificación estratégica ?
R.- La operación no estaba preparada, fue improvisada. Era una operación más política que militar. Hay guerras que se preparan durante 20 años pero ésta se montó en 2 meses. Iba a ser el 24 de mayo, así el 25 de mayo (fecha de la independencia de España) festejábamos una nueva independencia, esta vez de Inglaterra. Pero los ingleses se alertaron y hubo que adelantarla al 2 de abril.
P.- ¿ Los militares argentinos estaban preparados ?
R.- Las instrucciones que recibí eran ocupar las islas y evitar muertes de ingleses, porque las diferencias se iban a arreglar en los foros internacionales. Nuestros jefes pensaban que esas islas a Gran Bretaña le daban pérdidas económicas. Y que Londres iba a terminar aceptando la presencia argentina. Sin embargo fue al revés. En el medio del camino hubo que cambiar de una operación política a una militar.
P.- ¿ Qué papel cumplió Estados Unidos, que tenía excelentes relaciones con la dictadura argentina ?
R.- Hubo un acuerdo del Gobierno militar con alguien de los Estados Unidos, que indujo a Argentina a atacar pero nunca vamos a saber quién fue. Igual le pasó a Saddam Hussein cuando invadió Kuwait. Existió una trampa que preparó el imperio angloamericano, Estados Unidos e Inglaterra. No se olvide que para los estadounidenses la reina de Inglaterra es el papa. Nunca los americanos renunciaron a ese papado. Ellos estaban por independizar las islas - aún hoy lo quieren hacer - y considerarlas un Estado autónomo. A partir de ese momento Argentina nunca recuperaría las islas.
P.- ¿ Cómo entró en combates su regimiento ?
R.- Desembarcamos y hubo algunas escaramuzas. Luego parte de mi regimiento - eran 1.000 hombres - enfrentó en Puerto Darwin el desembarco de los ingleses. Yo estaba lejos, a muchos kilómetros. Mis soldados causaron muchas bajas a los ingleses. Por ejemplo, liquidaron al jefe de los paracaidistas y derribaron helicópteros. Y luego sufrimos muchos heridos, estábamos muy dispersos.
P.- ¿ Cuántos de sus soldados murieron en total ?
R.- Doce hombres que pelearon duro. Y hubo 35 heridos. El 90% de mis hombres atropelló a la bala, o sea que la bala no los atropelló a ellos, y pelearon heroicamente. El único regimiento con soldados de apenas 18 años era el nuestro. El uniforme les quedaba grande, pero pelearon como leones. Los ingleses creían que eran fuerzas especiales y como sufrieron muchas bajas se replegaron.
P.- ¿ Por qué Argentina perdió la guerra ?
R.- Perdimos una batalla. La guerra se sigue desarrollando. Esa batalla se perdió porque no hubo planificación. La primera fase, de recuperación, fue exitosa. La segunda, de defensa, falló porque de entrada nos bloquearon el abastecimiento, con aviones satelitales, submarinos atómicos, etc. Quedamos encerrados y no pudimos defenderlas.
P.- ¿ Cómo sobrevive un jefe militar a la derrota ?
R.- Una derrota es lo peor que le puede suceder a un soldado. Es una marca tremenda en el corazón. Yo siempre digo que preferiría haber muerto en las Malvinas a no volver a casa derrotados. Pero las muertes heroicas son privilegio de las buenas personas. Se ve que no soy buena persona porque no me lo otorgaron (Se ríe). Morir en combate, morir por una causa noble, es una santificación.
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Tema del Grupo Almafuerte a Seineldín
Siempre me opuse a que me pase.
Tener que callar la verdad por miedo.
Por eso perdí amigos y me gané el desprecio,
de los muchos jodidos que hay en mi suelo.
Prefiero a José Larralde, que al Che Guevara.
Guardo de un hombre grande,
guerrero nacional que hoy tienen preso.
Puede haber caballo verde más no uno de ellos honesto.
Y en ésta, mi canción, lo manifiesto.
Estas verdades me llegan por intuición,
pues jamás nunca a mi me hablo el corazón.
Y sigo en esta huella cumpliendo mi destino.
Será pecado sentirse argentino.
No lo sé!!!
Diganmelo ustedes.
Malditos mentidores.
Estas verdades me llegan por intuición,
pues jamás nunca a mi me hablo el corazón.
Y sigo en esta huella cumpliendo mi destino.
Será pecado sentirse argentino.
No lo sé!!!
Diganmelo ustedes.
Malditos mentidores.
Y sigo en esta huella cumpliendo mi destino.
Será pecado sentirse argentino.
No lo sé!!!
PEQUEÑA ANECDOTA SOBRE EL CORONEL:
La batalla por Puerto Argentino, había terminado. El Teniente Coronel inglés DAVID, encargado de la evacuación del personal argentino se acerca al Teniente Coronel Seineldín a ofrecerle su vehículo para trasladarlo hasta el campo de prisioneros, en razón de no verlo bien de salud, después d